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Hipófisis y el proceso de envejecimiento

Las membranas craneales Anatomía del sistema nervioso 1 Anatomía del sistema nervioso 2

 

HIPÓFISIS Y PROCESO DE
ENVEJECIMIENTO EN RELACIÓN
CON EL CONCEPTO CRANEAL

Cuando una máquina vieja, una licuadora, un coche, o el propio cuerpo humano están gastados, sólo a costa de recambios podemos devolverles, en cierto modo, su aspecto inicial y obtener que funcionen como cuando eran nuevos, pero si se cuidan y se usan juiciosamente, facilitaremos su trabajo y reduciremos su esfuerzo y desgaste. Si se trata de la máquina humana, nosotros, los médicos osteópatas, podremos aportar nuestra pericia y nuestros conocimientos al servicio del bienestar de las personas de edad avanzada.
Hace un años, las hipófisis de dichas personas ocupaban un lugar importante en sus actividades. A partir de cierta edad muchos piensan que esta glándula ya no sirva para nada, cuando en realidad sigue siendo tan importante como en cualquier otro momento, pese a que el grado de funcionalidad haya podido modificarse en algunas fases. Antes de entrar en el detalle de las técnicas de tratamiento que contribuyen a atenuar el proceso de la senectud, veamos brevemente para qué sirve la hipófisis.
Al tratar sobre el proceso de envejecimiento y la hipófisis o respecto a la disfunción de la glándula a cualquier edad, conviene tener presente que se trata de una enfermedad sistémica. No sólo respecto a una gáldula, sino respecto a los efectos del conjunto del organismo sobre esta glán­dula y sus funciones.
Dicho en otras palabras, la hipófisis no es la glándula dominante como se consideraba en el pasado sino que, a la luz de los descubri­mientos más recientes, incluidos los relativos a la osteopatía del campo craneal, la hipófisis es más bien un centro de datos que recibe informa­ción de los efectos a través de todos los sistemas del organismo y reac­ciona de acuerdo con los datos recibidos.
La hipófisis está influida por el hipotálamo puesto que todas las radiaciones hipofisarias pasan por los centros hipotalámicos. A su vez, el hipotálamo es afectado por la corteza cerebral.
La regulación y la coordinación de todo el metabolismo -crecimiento, reproducción, respuestas al stress= surgen a raíz de la actividad sincro­nizada de todas las glándulas de secreción interna y del sistema nervioso.
El conjunto de factores hereditarios contiene centenares de miles de genes estructurales y reguladores. Como quiera que cada gen es capaz de asumir varias mutaciones distintas y que es muy escasa la información disponible sobre los cambios químicos fundamentales, la investigación resulta muy complicada. A partir de 1967 se ha dado prioridad al estu­dio de la composición de los líquidos corporales, estudio que se realiza en estrecha colaboración entre endocrinólogos y bioquímicos.

El estudio básico concierne al ácido desoxirribonucleico (ADN) del gen que incluye el ácido ribunucleico mensajero (ARN,,,), que incluye, a su vez, proteínas en forma de enzimas, hormonas, inductores, repre­sores, etc. Estas forman la base de las manifestaciones funcionales de los organismos adultos. La cadena genética molecular conserva las fun­ciones específicas y responsables del «status quo» de los sitemas vivientes.
Los genes son autorreproductores. Su duplicación en el curso de la división miótica atribuye a cada célula hija todo el potencial bioquímico hereditario específico y los mecanismos de la célula madre. Los genes son igualmente capaces de mutación. Las enzimas son las principales responsa­bles de la selección de las características bioquímicas de la célula. Las proteínas del ADN intervienen en la síntesis de esas sustancias. Se supone que el ADN cromosómico transporta información genética en la forma de nucleótidos codificados. La información que se va transmitiendo produce una secuencia de nucleótidos en el ARN «patrón» de los micro­somas. Estos reordenarán la secuencia en la síntesis de los aminoácidos en proteínas y enzimas.
Las nucleoproteínas de todas las células están sometidas a una de­gradación y resíntesis ininterrumpidas. Las del ARN son más reactivas que las del núcleo (ADN). Los cambios en la concentración de ARN en un tejido están casi siempre condicionados por la velocidad con que cursa la síntesis de la proteína citoplasmática. El ADN está en relación con la velocidad de la división celular. El resultado final es la creación de mononucleótidos susceptibles de ser separados por las enzimas en sus partes componentes.
Las mutaciones son producidas por los cambios en la secuencia de los nucleótidos del ADN, y el envejecimiento es una acumulación de mutaciones somáticas.
Las mutaciones que intervienen son:

- Reducción del número de células nerviosas.
- Unión entrecruzada de elastina y colágeno.
- Acumulación de pigmento metabólico.
- Reducción de las secreciones hormonales.

Estos cambios se manifiestan en la composición de los líquidos cor­porales y son visibles en los tejidos escogidos por las hormonas, en fun­ción de los de los órganos endocrinos y cambios en la acción fisiológica y bioquímica de las hormonas. La senilidad se asocia, antes que nada, con el decaimiento de la función ovárica y testicular, después, en la actividad del hígado y del páncreas, que puede traducirse en los reflejos viscerosomáticos de los segmentos vertebrales hepáticos y pancreáticos. La glucosa es aportada a la sangre a partir del intestino por los hidratos de carbono ingeridos. El sobrante de glucosa, transformado en glucógeno, es almacenado en el hígado por la hormona corticosuprarrenal y la tiroides con la ayuda de la hormona del crecimiento hipofisaria.
El tejido conectivo influye en las funciones de la sustancia fundamental amorfa y por ende, las de las células. El tejido conectivo está formado a partir de las moléculas básicas de ADN y ARN. Las dos principales proteínas del tejido conectivo son el colágeno y la elastina; el primero constituye el 30-40 % de la masa proteica total. Con la edad, el metabo­lismo de las proteínas es modificado por:
- El intercambio de energía
- La velocidad de la síntesis de las proteínas
- La velocidad de la proteolisis
- La composición de los aminoácidos de la proteína total

El intercambio de energía se produce por ósmosis durante el movi­miento celular entre la célula y la sustancia fundamental. El movimiento en las vasos sanguíneos, glándulas linfáticas y fibras de colágeno afecta la sangre, la linfa y el líquido cefalorraquídeo.
Los vasos linfáticos se encargan de extraer la proteína y grasas pre­sentes en el líquido intersticial. Una vez dentro de los linfáticos, las pro­teínas ya no pueden volver atrás sino que se van acumulando y van ejerciendo presión osmótica sobre el líquido intersticial que empuja hacia los vasos, contribuyendo con la ayuda del movimiento muscular al des­plazamiento de la linfa.

El líquido intersticial es separado del plasma sanguíneo por el endo­telio capilar, y de la linfa por el endotelio linfático.
Las paratiroideas son responsables de la concentración del suero y del calcio. Cualquier estado que aumente la concentración de fosfato contribuye a la precipitación de este elemento para dar lugar a una solu­ción de fosfato de calcio. Entre ambos elementos debe establecerse un equilibrio recíproco.

El colágeno es un albuminoide y es el principal constituyente orgánico del tejido conjuntivo y de la sustancia orgánica de la piel, tendones, huesos, cartílagos. Muchas de esas estructuras están incluidas en las aponeurosis. Para el doctor Still, la función de las aponeurosis en la vida y la muerte está todavía lejos de ser conocida en toda su extensión.

Los errores acumulados por el ARN durante todo el tiempo de su fun­cionamiento, y los errores autonómicos producidos en la síntesis de las proteínas, junto con los errores en el ADN (mutaciones genéticas) cons­tituyen uno de los aspectos más importantes en el envejecimiento mo­lecular.

Dado que la pituitaria no es la glándula dominante sino que forma
parte de una cadena y es afectada por sus eslabones, es interesante ver esos eslabones y sus funciones y efectos sobre las relaciones del conjunto.
En primer lugar, el hipotálamo. Sus funciones, en las que contribuyen diferentes hormonas, sirven de punto de partida en los sitemas, puesto que controlan emociones, temperatura, apetito, reten(Jón hídrica y presión sanguínea. El metabolismo del agua es afectado por la hormona antidiuré­tica de la neurohipófisis o pars nervosa. El metabolismo de los hidratos de carbono es influido por la adrenalina, una secreción de la médula adrenal en respuesta al estímulo esplénico. La adrenalina es la sustancia vasopresora más potente que se conoce; aumenta la presión sanguínea por medio de la estimulación del músculo cardíaco, la aceleración del ritmo cardíaco y el flujo sanguíneo de salida. El metabolismo de los hidra­tos de carbono, lípidos y proteínas es controlado por la hormona cortico­suprarrenal.

Como ya se ha dicho, la tensión y exceso de carga funcional en la fisiología del individuo causa efectos en el hipotálamo y la hipófisis, en la cadena y en las relaciones entre glándulas. Veamos ahora los tipos de tensión que influyen en esta larga cadena.
La duramadre, las sillas diafragmáticas, la hoz y la tienda (en mo­vimiento). tienden a colocar la hipófisis en la proximidad de la sínfisis esfenobasilar. Por consiguiente, cualquier posición antifisiológica: torsión, tensión vertical, deformación lateral de la sínfisis esfenobasilar, afecta a la hipófisis a través de esas membranas. La posición del occipucio incita a examinar la sutura occipital y todo cambio posible en el agujero rasgado posterior a causa de las implicaciones del hígado y el páncreas y sus conexiones con el vago.

El aspecto general antifisiológico de la sínfisis esfenobasilar servirá de guía para el tratamiento.

Una corrección sutural específica, como la de la sutura occipitomastoi­dea, puede normalizar la forma del agujero rasgado posterior. Otra técnica local consiste en operar en el círculo de Zinn, envolviendo el occipucio con una mano y contactando los músculos rectos con los dedos de la otra. El círculo de Zinn forma parte de la duramadre y se halla muy cerca de la duramadre que interesa la silla turca.

Si la sutura occipitomastoidea es del tipo compresivo, podremos sospechar un defecto epiploico o temprano como consecuencia de los efectos sore el vago en su emergencia del agujero rasgado posterior.
Los efectos epiploicos tempranos pueden explicar perfectamente cómo las personas de edad avanzada pretenden que sus digestiones ya no suelen ser lo que habían sido. Han aparecido unos pliegues peritoneales en forma de membranas, bandas y ligamentos; éstos, a su vez, provocan obstruc­ciones viscerales que cambian el flujo sanguíneo en las aponeurosis, producen tensión y síntomas viscerales, que el nervio vago remite a la hipófisis. Por consiguiente, en el proceso de envejecimiento y su relación con la hipófisis, podemos repetir el enunciado anterior según el cual si la sutura occipitomastoidea es del tipo compresivo, sospecharemos la presencia de defectos epiploicos tempranos y que para aliviar el malfun­cionamiento de la hipófisis en los ancianos deberemos tratar los pliegues peritoneales anormales que transmiten mensajes de angustia a la hipófisis.
Un examen minucioso de otra parte del epiplón, en la proximidad del páncreas, pone de manifiesto la interferencia del epiplón con la vena cava, los vasos mesentéricos, el conducto pancreático, la vena porta y el colédoco. Al tratar el proceso de envejecimiento en relación con la hipófisis, no podemos perder de vista al páncreas puesto que, como ya hemos señalado, este órgano interviene en el metabolismo de la glucosa. Los fisiólogos alemanes llamaban al páncreas la «glándula salival» del abdomen.
Tampoco debemos limitarnos a regionalizar el tratamiento de las manipulaciones del proceso de envejecimiento. Deberemos considerar las relaciones entre los sistemas fisiológicos y su intercambio de efectos. También el hígado, órgano muy eficaz para el conjunto del organismo, reviste especial interés por ser sede exclusiva de la formación de albúmina, fibrinógeno y protrombina, importantes constituyentes de las aponeurosis. El hígado contiene las enzimas que activan la insulina, la tiroxina y algunas de las hormonas de los lóbulos anterior y posterior de la hipófisis. Extrae, asimismo, los estrógenos libres de la circulación sistémica a través de la excreción biliar y de la degradación metabólica de esas hormonas trans­formándolas en compuestos inactivos o de actividad reducida.
Todas esas estructuras pueden ser alcanzadas de manera comparable al contacto de la bóveda craneal, utilizando la clave triangular y el sacro en el arco incurvado hacia abajo del diafragma pélvico y con la clave triangular, el xifoides en la curva ascendente del diafragma torácico.
Con el paciente en decúbito supino, el operador, sentado a su lado izquierdo, aproximadamente a la altura de las caderas, coloca la mano derecha por debajo del sacro del paciente, y la izquierda sobre la apófisis xifoides. Este último contacto activará el movimiento en el ligamento suspensorio del hígado, ligamento redondo del hígado, el peritoneo y aponeurosis transversas que se entrelazan en la pared anterior del abdo­men. Esta técnica equilibra los dos diafragmas mencionados e influye la circulación de líquidos entre ambos. Como quiera que el equilibrio puede tardar algún rato en producirse, el osteópata puede aprovechar la espera interrogando al paciente sobre su nutrición, otros síntomas experimentados, etc. Pero lo importante es que el osteópata tenga la paciencia de esperar que el equilibrio se establezca.
El proceso siguiente de equilibrio es el que se establecerá entre la pelvis y la aponeurosis transversa. El osteópata adopta aproximadamente la misma posición que en el caso precedente; su brazo y mano derechos deben estar colocados debajo las crestas ilíacas posterosuperiores y base del sacro. Con el paciente recostado, inmóvil, los dedos de la mano iz­quierda del osteópata localizan la porción transversa de máxima tensión, previamente determinada por palpación. Bajo este punto de tensión máxi­ma, coloca la mano izquierda con la palma contra la apófisis espinosa, los dedos en el otro lado, y mantiene esta posición hasta que se establezca el equilibrio. No obstante, si el movimiento de conjunto tarda en produ­cirse, el osteópata deberá buscar el origen de la lesión clave que interfiere con la actividad general. Puede que sea el hígado y entonces se abandona el contacto pélvico de la mano derecha y se recurre al reflejo de Chapman para el hígado. Una forma muy eficaz de incidir en la actividad del hígado consiste en establecer contacto con los segmentos V, VI, VII y VIII torácicos del lado derecho y la intersección del tensor de la fascia lata o aponeurosis femoral con la banda ileolateral. El otro doble contacto se efectúa en los mismos segmentos vertebrales y anteriormente a los mismos niveles sobre el esternón. Se incide sobre el páncreas de la misma manera, en el lado izquierdo del paciente.
La embriología nos enseña que la derivación de la capa germinal de las glándulas y de los órganos o sistemas orgánicos es la misma: el ecto­dermo, o capa germinal a partir de la cual se forma el canal alimen­tario; por consiguiente, los cambios en la función de este tubo o canal pueden producir mutaciones de ARN y ADN y ocasionar reacciones en cadena de la tiroides, paratiroides y conjunto del sistema endocrino, hipófisis incluida. La paratiroides es un regulador del calcio y es lícito creer que es responsable del aumento de los depósitos de calcio en las arterias y consiguiente disminución, por rozamiento, del flujo líquido y, como quiera que la hipófisis, pese a su reducido tamaño, dispone de una importante circulación sanguínea, dicha glándula será muy útil en el tratamiento de las personas de edad avanzada para la obtención de una circulación sanguínea normal en los sistemas.
La función de la tiroides y la de la glándula pancreática y la mucosa gastrointestinal, todas ellas sedes de reducción hormonal, están estrecha­mente integradas. Los trastornos del páncreas y del hígado se reflejan en el tracto intestinal. Las toxemias producidas por fermentación se re­flejan en la tiroides, la cual actúa en este sentido como una importante glándula de desintoxicación y de asistencia a la cadena hipofisaria.
Para el tratamiento de la tiroides se recurrirá en primera instancia a la articulación esternoclavicular y a la del esternón con la 1 y II cos­tillas. El osteópata se sienta a la cabecera del paciente y desliza la mano izquierda por debajo para conectar con las apófisis espinosas de las vértebras torácicas superiores mientras la mano izquierda permanece sobre el manubrio y las dos clavículas. Se mantiene el contacto hasta alcan­zar el equilibrio. Otra forma de alcanzarlo consiste en abarcar el occipu­cio con una mano mientras la otra permanece cruzada sobre el esternón y las dos clavículas. Este contacto incide sobre el origen del músculo constrictor superior de la faringe en el tubérculo faríngeo sobre el basi­occipital. Como quiera que el temporal se mueve con el occipucio, las aponeurosis del cuello y el esternocleidomastoideo -en sus inserciones mastoideas- pueden ser modificados. El esternocleidomastoideo se halla separado de la tiroides por la aponeurosis cervical profunda. La com­plejidad de las inserciones de esta aponeurosis es tal que el tratamiento o el movimiento en cualquiera de esas inserciones puede incidir en el tratamiento de la tiroides.
En resumen, lo que más resalta del estudio y tratamiento de la hipófisis y proceso de envejecimiento es que la hipófisis no es más que un eslabón de la cadena sistémica. Ninguna glándula ni ningún aspecto de nuestra fisiología son entidades independientes sino que están interrelacionados con otros órganos y funciones del cuerpo. Es por ello que repetimos que el tratamiento no puede aislarse o aplicarse regionalmente. En cual­quier fase de la vida humana, del nacimiento hasta los últimos años del anciano, el enfoque de la enfermedad y su tratamiento deben consi­derar el paciente en su unicidad.

Fuente: Libro Osteopatia craneal, de Denis Brookes

                

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