Estaciones de información
y encéfalo
Irwin Korr (1970), un importante investigador osteópata
de la fisiología del sistema musculoesquelético, describió éste
como la «principal maquinaria de la vida».
El sistema musculoesquelético (y no nuestros sistemas digestivo
o inmune) es el más importante consumidor de energía
del organismo. Nos permite efectuar tareas, jugar y tocar
instrumentos musicales, hacer el amor, brindar tratamiento,
pintar y, en una multitud de otras formas, involucrarnos con
la vida. Korr señala que las partes del cuerpo actúan conjuntamente
«para transmitir y modificar las fuerzas y los movimientos
a través de los cuales el ser humano actúa en su vida
». Esta integración coordinada se produce bajo el control
del sistema nervioso central, al responder a una enorme cantidad
de información sensorial ingresada desde los ambientes
tanto interno como externo.
Nuestro viaje a través de las estructuras que constituyen
estas vías de comunicación incluye un panorama de las maneras
en que la información, sobre todo a partir de los tejidos
blandos, alcanza los centros superiores. Las estaciones informativas
neurales representan «la primera línea de contacto
entre el ambiente y el sistema humano» (Boucher, 1996).
PROPIOCEPCIÓN
La información incorporada a los sistemas de control centrales
del organismo en relación con el ambiente externo fluye
desde los exteroceptores (que incluyen principalmente
datos relacionados con las cosas que vemos, oímos y olemos).
Una amplia variedad de estaciones de información internas
transmite asimismo datos de todo lo que tenga que
ver con el tono de los músculos a la posición y el movimiento
de todas las partes del cuerpo. El volumen de información
que ingresa al sistema nervioso central para su procesamiento
desafía la comprensión, y no sorprende que en ocasiones
los mecanismos que proporcionan la información o el modo
en que ésta es transmitida o recibida o el modo en que ella es
procesada y contestada disfuncionen.
La propiocepción puede ser descrita como el proceso de
aporte de información al sistema nervioso central respecto
de la posición y el movimiento de las partes internas del organismo.
La información proviene de estaciones de información
neural (receptores aferentes) en los músculos, la piel,
otros tejidos blandos y las articulaciones. El término propiocepción
fue utilizado por primera vez por Sherrington en
Irwin Korr (1970), un importante investigador osteópata
De la fisiologia del sistema esquelético describio este
como la «principal maquinaria de la vida».
El sistema musculoesquelético (y no nuestros sistemas di-
gestivo o inmune) es el más importante consumidor de ener-
gía del organismo. Nos permite efectuar tareas, jugar y tocar
instrumentos musicales, hacer el amor, brindar tratamiento,
pintar y, en una multitud de otras formas, involucrarnos con
la vida. Korr señala que las partes del cuerpo actúan conjun-
tamente «para transmitir y modificar las fuerzas y los movi-
mientos a través de los cuales el ser humano actúa en su vi-
da». Esta integración coordinada se produce bajo el control
del sistema nervioso central, al responder a una enorme can-
tidad de información sensorial ingresada desde los ambien-
tes tanto interno como externo.
Nuestro viaje a través de las estructuras que constituyen
estas vías de comunicación incluye un panorama de las ma-
neras en que la información, sobre todo a partir de los tejidos
blandos, alcanza los centros superiores. Las estaciones infor-
mativas neurales representan «la primera línea de contacto
entre el ambiente y el sistema humano» (Boucher, 1996).
Causas de disfunción musculoesquelética
La lucha contra la gravedad constituye una batalla de por vida,
a menudo complicada por el espectro de tensiones adaptativas
a las cuales sometemos nuestro cuerpo mientras vivimos.
Adaptación y compensación son los procesos
por medio de los cuales nuestras funciones quedan gradual-
mente comprometidas al responder a una interminable serie
de demandas, que van desde el reposicionamiento postu-
ral de nuestro organismo y las actividades placenteras hasta
los patrones habituales (tales como la manera en que elegi-
mos sentarnos, caminar, permanecer de pie o respirar). Hay
cambios en los tejidos locales, así como compensaciones en
el cuerpo entero, debidos a impactos que se imponen al
cuerpo a corto y largo plazo. Una exposición resumida acer-
ca de los mecanismos de adaptación implicados, junto con
un examen más profundo de la evolución de la disfunción
musculoesquelética, apoyará la comprensión de cómo el
cuerpo se adapta, cómo lo podemos auxiliar y cuándo po-
dría ser apropiado dejar que se adapte por sí mismo.
ADAPTACIÓN: SGA Y SLA
Cuando examinamos la función y la disfunción musculo-
esqueléticas, nos hacemos conscientes de un sistema que
puede verse comprometido como resultado de demandas
adaptativas que exceden su capacidad para absorber la car-
ga, mientras intenta mantener algo que se aproxime a la fun-
ción normal. En ocasiones son los límites de la elasticidad los
que pueden verse excedidos, lo cual da lugar a modificacio-
nes estructurales y funcionales. La evaluación de estos patro-
nes disfuncionales –que da sentido a lo que podemos obser-
var, palpar, demostrar– permite la detección de las causas y
el establecimiento de criterios para una acción remedial.
Las demandas que conducen a disfunción pueden ser vio-
lentas o forzadas; puede tratarse de fenómenos aislados o de
la influencia acumulativa de numerosos fenómenos meno-
res. Cada uno de dichos fenómenos es una forma de tensión
y brinda una carga propia de ámbito local y en el cuerpo co-
mo un todo. Afin de entender mejor estos procesos, resulta-
rá muy útil volver a referirnos a su principal investigador,
Hans Selye. |