Las fascias son tejidos que actúan como capas protectoras de todos los órganos mantienen unidos la piel los músculos, huesos, órganos y sistemas y ofrece un escudo de protección y lubricación. Los libros de medicina enumeran más de 100 tipos diferentes de fascias.
Las fascias son estructuras de energía chi a las que es posible cargar con grandes cantidades de energía para fortalecerlas y conservarlas húmedas y flexibles. Cuando no tienen demasiada energía, se endurecen y se vuelvan frágiles. Las fascias son como fines conductos de energía que circulan por el cuerpo y los canales y meridianos de energía de los órganos pasan por las fascias. Cuando la persona pierde su energía o no que circula bien, el cuerpo se endurece y los movimientos pueden resultar dolorosos y poco armónicos. Las fascias sanas son sinónimo de flexibilidad, de unidad estructural, es decir dispondremos de un cuerpo sano y vigoroso. La fascias sanas es como láminas tirantes de material delgado y resistente que ofrece un escudo protector flexible.
El abdomen tiene varias capas de fascias, en realidad allí es donde se encuentra la mayor concentración de fascias del cuerpo. Mejorar nuestra energía equivale a mejorar nuestro sistema fascial.
CADENAS MUSCULARES Y TEJIDO FASCIAL
Hubo un médico francés en 1975 que se puso a investigar el tejido fascial, observó que el alineamiento de las fibras de las fascias provocaba que tras un golpe se produjera un acortamiento de las fascias que llegaba hasta la otra punta del cuerpo, produciendo dolores en estas zonas más dístales.
Si una persona tiene un dolor en el hombro y nosotros le masajeamos ahí, este notará un alivio momentáneo y superficial, pero al día siguiente cuando exista la isquemia nocturna y el enfriamiento, el tejido muscular y tendinoso volverá a su posición y el dolor de nuevo sobrevendrá.
Esto es porque en las zonas profundas el tejido fascial sigue retorcido, guarda la memoria de la retracción del impacto tirando hacia zonas más dístales. El sujeto estará otra vez igual y tendrá que ir a otro terapeuta.
Es como las técnicas de cadenas musculares de Messier (1780) y otros autores, que no son más que las cadenas longitudinales de fascias, de tendón, de músculo, de túnicas, que cuando tiras de una punta se produce efecto en la otra punta.
Simplemente le han puesto diferentes nombres a este hecho de cadenas musculares, que no es mas que la maravillosa unidad y entrelazado de todas las fascias que actúan y son una misma pieza.
Hasta que no hemos llegado a la época de la electrónica, gracias a los microscopios digitales, no hemos podido ver la estructura interna de las fascias, que es muy parecida a la muscular.
Todas las fascias como todo el músculo están huecos en su interior y esto quiere decir que algo está circulando por su interior.
Algunos conductos llevan sangre, otros llevan linfa y un descubrimiento reciente nos dice que en algunos de los conductos se ha encontrado líquido cefalorraquídeo. Anteriormente se creía que este líquido sólo se encontraba en la cabeza y en la columna vertebral, funcionando como una bomba hidrostática.
Este líquido es un material muy especializado, pues está en contacto con el sistema nervioso y tiene la función de alimentar a todo el organismo. Se encuentra en todas las partes del cuerpo, en menor cantidad en las partes más dístales del cuerpo.
Dependiendo del PH de este líquido van a depender las funciones motoras y sensitivas de la persona.
Cualquier desequilibrio de éste líquido que está en contacto con el cerebro y el sistema nervioso periférico, puede provocar muchas patologías.
Cuando tuvimos la oportunidad de observar que las fascias interconectan con todo el cuerpo, hubo osteópatas y quiroprácticos que observaron que estas fascias dan forma al cuerpo humano. Empezaron a estudiar como daban forma al perímetro humano y observaron los diferentes diafragmas que existían: diafragma pélvico, torácico bajo, torácico alto, cervical y craneal.
Estos diafragmas están hechos para mantener la estructura morfológica externa del cuerpo. Es como tener muchos hilos longitudinales y según ponemos y apretamos uno hilos transversales dan forma al perímetro del cuerpo, en la cintura más estrecho y en el tórax más ancho.
La calidad de transmisión de la información del tejido fascial longitudinal depende de ¿cómo? están las tensiones reciprocas del tejido fascial transversal que forman los diafragmas del cuerpo humano. Por lo tanto una de las técnicas cráneo-sacrales es devolver la movilidad a estos diafragmas.
Si queremos que la transmisión de la información por vía fascial y neurológica sea correcta desde la cabeza hasta los pies y desde los pies a la cabeza, tenemos que devolver la total movilidad a estos diafragmas.
En muchos casos esto no sucede y suele haber fallos en alguno de estos diafragmas y las respuestas neuro-vegetativas están atascadas. Muchas personas tienen algún trauma psíquico o físico en algunos de estos diafragmas.
Esto afecta a toda la funcionalidad y fisiología de los órganos que se encuentran en ese diafragma.
Si es el diafragma de la pelvis, estará afectando a todo el aparato reproductor, con sus consecuentes patologías.
Si afecta al diafragma torácico estará afectando a las funciones respiratorias, la respiración correcta debe de ser el perfecto equilibrio entre oxígeno y anhídrido carbónico.
Si fallara el diafragma torácico alto estaría afectando a todas las patologías de origen circulatorio cefálico, una mala circulación hacia la cabeza, una mala nutrición cerebral.
Si se ve afectado el diafragma cervical las patologías tendrán que ver con la deglución, comunicación y expresión.
Si se ve afectado el diafragma craneal es la suma de todas las anteriores más las relacionadas con la central que es el cerebro. Un cortocircuito aquí en el cerebro es de lo más importante, pues de aquí se gobierna todo el organismo.
Si una persona muy sensible se conecta mentalmente con todo su sistema de fascias, con sus cadenas musculares, con la globalidad de su cuerpo desde la cabeza hasta los pies, descubrirá la perfecta interrelación tensional de membranas que hay por todo su cuerpo.
Yo mismo en pequeños estados de meditación me he dado cuenta de esta sensación. Me he concentrado en alguna parte de mi cuerpo para aliviar la tensión de sus tejidos y enseguida he notado como en partes más distales, por ejemplo los pies, se iba realizando un nuevo ajuste, se iba relajando otros tejidos bastante separados de la zona donde estaba realizando la curación o transmisión de energía. La impresión o sensación es maravillosa. Es como tratarte con energía el cuello y ajustarte automáticamente el estómago o las caderas, a la vez que percibes un cosquilleo en el pie.
Todo esta unido por el tejido fascial y todo tiene una inevitable interrelación en el ámbito de tensiones reciprocas y de canales de energía.
Ahora a veces noto como se desajusta el esfenoides, se anterioriza el lado derecho y percibo como todo mi lado derecho del cuerpo se anterioriza también, hasta las caderas. Esto simplemente puede ser un ajuste que el cuerpo necesita hacer para re-encontrar un mejor equilibrio o punto medio. Pongo mis manos en mis caderas y percibo las membranas de mi cadera y de mi pierna derecha mas baja que la otra.
Esto al principio me pareció impresionante, mágico y sorprendente. Me preguntaba por que notaba y sentía una pierna más larga que otra, ponía mis manos en las piernas y notaba la membrana derecha más baja que la otra, yo me decía que no podía ser. Fui siguiendo la tensión de las membranas hasta llegar al esfenoides, que por algún motivo lo tenía anteriorizada derecha.
Como ya sabéis, yo sigo la tensión de las membranas con una percepción algo extrasensorial, llamado percepción quinestésica. Es una percepción elevada a través del tacto, por eso me resulta tan fácil percibir los aspectos sutiles de los tejidos y su componente energético
Somos una fascia grande. Nuestros nervios, músculos, capilares, huesos, etc. existen y pueden realizar sus funciones gracias al orden y conexión que permiten las fascias. Este sistema fascial mantiene al sistema nervioso en constante conexión con todo el organismo, es decir, ayuda junto con los nervios a que todo el organismo esté interrelacionado.
Las fascias proveen de líquido lubricante a las diferentes estructuras con el fin de permitir el movimiento y la nutrición de tejidos y órganos.
En los tendones y ligamentos las fascias presentan características distintas, aunque comparten con la fascia general elementos como el colágeno, fibras elásticas y otras sustancias celulares. En estos componentes especializados de las fascias existen mecano receptor y propio receptores que envían información a la médula espinal y al cerebro sobre las posiciones corporales y los diferentes movimientos que realizamos.
El tejido fascial también ayuda en la defensa del sistema inmunitario ante cualquier agresión, sea ésta por impacto, por disminución del aporte nutritivo o de oxígeno, por el aumento de gas carbónico y de desechos metabólicos, proliferación de microbios o por la irritación de los receptores nerviosos. En estos casos las fascias tienden a inflamarse, enrojecerse, crear calor y producir dolor. Aquí tiene lugar un proceso automático de reparación y cicatrización basado en mecanismos complejos en los que el tejido fascial o conjuntivo juega un papel muy importante gracias entre otros al LCR que circula en su interior.
Las fascias son tejidos de protección y unión que envuelven a todos y cada uno de los órganos de nuestro cuerpo. Hacen posible que nuestra piel, músculos, huesos, todos nuestros órganos y diferentes sistemas permanezcan unidos ofreciendo un escudo de protección y lubricación. Los libros de medicina enumeran más de 100 tipos diferentes de fascias.
Las fascias son estructuras de energía Chi a las que se puede fortalecer y conservar húmedas y flexibles cargándolas con grandes cantidades de energía. Son como finos conductos de energía que circulan por el cuerpo. Los canales y meridianos de energía de los órganos pasan por las fascias. Para mi entender las fascias son uno de los más importantes conductos físicos por donde la energía, el alma y el espíritu se mueven y habitan.
Cuando las fascias no tienen demasiada energía, se endurecen y vuelven frágiles. Cuando la persona pierde su energía o ésta no circula bien (como en el caso de una cicatriz), el cuerpo se endurece y los movimientos pueden resultar dolorosos y poco armónicos. Sabemos que en la mayoría de los casos de cicatrización el tejido dañado no recupera su suavidad ni calidad original. Lo que predomina en estos casos es el tejido fibroso responsable del aspecto rígido denominado fibrosis. Además, esta cicatrización va acompañada por adherencias responsables de diversas patologías como son irritaciones, espasmos o fallos energéticos en dicha zona producidos por la falta de comunicación eléctrica entre las células del tejido fascial y sus alrededores, así como el acortamiento de tejidos (una operación donde hay cicatriz siempre tendrá estos inconvenientes). Como ya hemos dicho, en el proceso de cicatrización se produce un acortamiento del tejido fascial que tiende a compensar dicho acortamiento ocasionando un exceso de tensión en zonas distales que posiblemente cause dolor o malestar en algún otro punto del cuerpo.
Vemos pues que a través de las cadenas musculares o fasciales estas cicatrices pueden producir molestias en otras partes del cuerpo.
De igual manera, cuando una persona recibe un impacto en la cabeza su sistema fascial intenta que el cerebro quede lo menos dañado mediante ajustes elásticos. Intenta protegerle amortiguando dicho impacto como si fuera un muelle, es decir, absorbiendo los impulsos del golpe y re-dirigiéndolo hacia zonas menos importantes.
Es como echar una piedra en un estanque: las ondas circulares que se forman tras el impacto de la piedra en el agua son simplemente un sistema de amortiguación.
Este impacto se transmite por las fascias de las suturas craneales externas, las fascias internas, las fascias longitudinales y transversales y por los envoltorios musculares del cuello.
Aunque es difícil percibir este principio en el tejido fascial, es cierto que tras un traumatismo existe un movimiento dinámico del tejido fascial o aponeurótico ya que funciona como sistema protector amortiguando el impacto.
Las fascias se caracterizan por su continuidad de una zona a otra, recubriendo completamente todos y cada uno de nuestros elementos corporales y llegando incluso a todas las células del organismo en un sistema complejo pero unificado y unitario.
Al hablar de fascias hablamos de diferentes tejidos que tienen la misma función. Dependiendo de dónde se ubique la fascia, de dónde esté el tejido de relleno, recibirá un nombre u otro.
El tejido aponeurótico, el envoltorio que se encuentra entre músculo y músculo, es una fascia.
El hueso tiene su propio envoltorio, el periostio, otra fascia que protege y nutre al hueso.
Una arteria tiene diferentes hojas o túnicas que la envuelven y cuya función es la de proteger y nutrir, pues bien, esto también forma parte del tejido fascial.
El abdomen tiene varias capas de fascias, en realidad allí es donde se encuentra la mayor concentración de fascias del cuerpo de ahí la necesidad de mantener sano y energetizado todo el abdomen. En técnicas orientales y en artes marciales mantienen esta zona, el punto hara como el lugar donde almacenar la energía y donde sale el poder y fuerza descomunal que un practicante necesita sacar en un momento dado.
Mejorar nuestra energía equivale a mejorar nuestro sistema fascial, especialmente si tenemos en cuenta que las fascias son los distribuidores y almacenadores de la energía de nuestro cuerpo.
Las fascias sanas son como láminas tirantes de un material delgado y resistente que ofrece un escudo protector flexible. Fascias sanas son sinónimo de flexibilidad, de unidad estructural y de que disponemos de un cuerpo sano y vigoroso. Son ellas las responsables en gran medida de nuestro estado de salud y es ahora cuando nos estamos dando cuenta de la importancia de este tejido.
Como ya hemos dicho, la fascia posee una elasticidad y ésta le permite tanto mantener su forma como responder a la deformación.
La deformación elástica es la capacidad de la fascia para recuperar su forma original cuando ha desaparecido la carga.
Sin embargo, aunque la fascia tiene la capacidad de dar de sí cuando se la somete a una carga de estiramiento constante, si esta carga es grande y se aplica durante un periodo de tiempo prolongado, la fascia puede no ser capaz de recobrar su tamaño y formas originales pudiendo dar lugar a una deformación plástica y pérdida de energía. A éste fenómeno se le llama histéresis.
Tras la relajación que se acompaña a esta nueva adaptación del tejido estirado, éste recibe un desgaste y posteriormente dispone de menor resistencia a una segunda aplicación de carga. Éste fenómeno es de importancia clínica para el terapeuta cuando se observan los efectos del tejido conectivo o fascial provocados por lesiones agudas, micro-traumatismos repetitivos o debido a una tensión constante.
Siguiendo el principio de “dañar lo menos posible a lo más importante” y gracias a la inherente tendencia a la salud, supervivencia y conservación del cuerpo, este tejido siempre intentará alejar el trauma físico de las zonas más importantes.
EL TEJIDO FASCIAL ES RESISTENTE Y SENSIBLE A LA VEZ
Podemos decir que las fascias son resistentes a los traumatismos y realizan un papel de protección, pero sin embargo son sensibles a las energías de baja vibración o energías negativas. Este tejido se da cuenta de muchas cosas que nosotros no nos damos cuenta, de muchas energías que son o no son buenas para nuestro organismo. Este tejido tiene su propia inteligencia y memoria y si ha sido dañado por ejemplo por los cafés o el alcohol, cuando queramos o tengamos intención de tomar algo de esto, el cuerpo entero se pondrá malo incluso antes de haber tomado nada. Es la sabiduría natural del cuerpo. El tejido fascial es extremadamente sensible a las influencias energéticas del entorno y del interior.
La fascia está hecha de colágeno, elastina y ácidos. Esta constitución la convierte en una estructura elástica, dura y resistente.
El tejido conjuntivo tiene la capacidad de responder a influencias mecánicas o químicas realizando cambios en su estructura y forma.
Como ya hemos visto, una carga constante en el cuerpo hace que éste modifique su configuración para acomodar dicha carga y como consecuencia puede dejar rasgos permanentes en el cuerpo. Las experiencias traumáticas pueden provocar el acortamiento de un músculo y de sus fascias. Bajo tensión los músculos se contraen, pero si esta tensión persiste, el acortamiento se puede hacer permanente ya que la fascia empieza a unirse al músculo y a entremezclarse con éste en patrones de acortamiento. Esto hace que el músculo se endurezca causando al conjunto del cuerpo que se acople en una postura desviada o asimétrica.
Si las influencias externas dejan rasgos permanentes en la estructura del cuerpo, entonces deducimos que al realizar el proceso inverso devolveremos al organismo su estructura corporal correcta.
Veamos qué puede suceder tras un trauma físico o psíquico.
Un traumatismo físico puede ser una lesión o golpe tras un accidente de motociclismo o de cualquier otro deporte y un trauma psíquico puede ser el ocasionado por un miedo intenso o por el enorme sufrimiento por la pérdida de un ser querido.
Como consecuencia de un trauma lo normal es que la onda expansiva del tejido fascial adopte una dirección determinada para protegernos y aliviar el dolor y que luego vuelva a su posición inicial. No obstante, ocasionalmente en el proceso de retroceso las fibras no se alinean bien y se atascan. Debido a que las fascias están repartidas por todo el cuerpo de forma continua y a que los músculos se complementan y equilibran unos con otros, dicho traumatismo tensará y acortará el músculo en la zona local, pero de igual manera se producirá una tensión compensatoria en otra parte del cuerpo.
Al cabo de años o meses el sujeto puede tener problemas de pérdida de olfato, de oído, dolor de hombro, molestias en el cuello, en la cabeza, problemas respiratorios, fallo de memoria, etc. que difícilmente podremos asociar con algo que nos sucedió hace 3 ó 4 años.
Por supuesto el proceso de deterioro provocado por un traumatismo es reversible en la mayoría de los casos. El cuerpo se puede manipular y dirigir a una posición mejorada, ya que el cuerpo es maleable. Incluso los huesos están continuamente regenerándose y cambiando su estructura.
La energía del terapeuta cráneo-sacral calienta y libera las fascias de todo el cuerpo, ayudando al paciente a recobrar su mejoría.
Aquí prestaremos especial interés a la duramadre raquídea o médula espinal.
La médula espinal es fuerte y resistente así como rica en fibras de colágeno. Su débil rigidez proporciona cohesión entre las estructuras del cráneo internas y externas, la columna vertebral, el sacro y el cóccix.
Debido a tan estrecha vinculación entre estos componentes del cuerpo humano, un problema en el sacro repercute en la columna y en el cráneo, y viceversa.
Muchos problemas de origen psíquico, por no decir todos los problemas emocionales, mentales y sentimentales que a lo largo de la vida sufrimos, derivan en auténticos traumas que afectan a nuestras fascias.
Por ejemplo, situaciones emocionales traumáticas con los padres, con los hijos, con la pareja o cualquier otra relación, repercuten en la tensión de las fascias de todo nuestro organismo.
Es muy posible que una discusión, una pena o tristeza, un enfado, una depresión, una duda o incertidumbre, un no decir lo que uno quiere decir, o cualquier emoción negativa, pueda producirnos tensión en el tejido fascial y dolor en alguna parte del cuerpo.
Nuestras emociones entristecen nuestro cuerpo, alma y espíritu, y como el tejido fascial interconecta estos tres pilares del Ser, es de vital importancia el cuidado y relajación de este tejido tan especializado.
Es importante que seamos conscientes de que si nos vamos llenando de pequeñas capas de energía negativa o traumática sin aprender a liberarlas, al cabo del tiempo éstas se pueden convertir en una distorsión psicológica y finalmente materializarse en una lesión física. Sin embargo es muy posible que hasta que esto suceda continuemos viviendo sin apenas darnos cuenta, sin demasiadas molestias palpables. Quizá seamos un poco más infelices o tengamos cierta dosis de ansiedad hasta que estos estados “soportables” deriven en serios problemas, como por ejemplo en una esquizofrenia o un cáncer.
Hasta la fecha aún no se han efectuado estudios que relacionen la causa con el efecto, o lo que es lo mismo, lo psíquico-emocional con lo físico. Aunque sabido es por la comunidad científica que casi un 80% de las enfermedades actuales son de tipo psicosomático
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El sistema craneosacral esta basado en la comunicación energética a través de las fascias de todo el organismo como una totalidad. Las fascias longitudinales son las que mas nos interesan, ya que van a lo largo de la columna vertebral y comunican desde la cabeza hasta los pies en una unidad funcional.
Aquí entonces podemos entender las terapias de la reflexología podal o la auricultura, en donde tanto en el pie como en las orejas podemos encontrar todos los órganos reflejos en puntos de acupuntura. Aquí es donde podemos entender que una fibra nerviosa o fascial trasporta mucha información y energía de una parte distal a la otra. Estas fascias se caracterizan porque respiran el movimiento respiratorio primario y por tanto tienen una movilidad deslizante.
A lo largo de las fascias o tejidos longitudinales, desde la cabeza hasta los pies encontramos unas divisiones trasversas que llamamos diafragma.
Estos diafragmas tienen un tejido fascial que se orienta transversalmente respecto al cuerpo y pueden en la mayoría de los casos, provocar un deterioro en el movimiento respiratorio primario y por tanto en su deslizamiento longitudinal.
El diafragma torácico en el más importante por su funcionalidad y cantidad de tejidos importantes que lo atraviesan. Este diafragma divide el cuerpo en las cavidades torácica y abdominal. Es como un tabique musculofibroso muy importante para la respiración pulmonar. A través del diafragma muscular atraviesan los nervios vagos, los nervios esplácnicos mayor y menor, los nervios frénicos, el esófago, la aorta, la vena cava, los vasos sanguineos esofágicos, la arteria mamaria interna, entre otros. Las fibras del pericardio penetran en este diafragma por arriba y contribuyen a la fascia inferior del diafragma. Por la gran cantidad de tejidos importantes que lo atraviesan una contractura o hipertonia del músculo del diafragma afectara a las fascias longitudinales y la salud en general.
FASCIATERAPIA
Fasciaterapia viene de la palabra "fascia". Las "fascias", omnipresentes en nuestro organismo, son unas finas membranas que sirven de unión entre diferentes partes del cuerpo, envolviendo y uniendo músculos, huesos, vísceras y vasos sanguíneos como una tela de araña.
Las fascias acompañan los movimientos, permiten el intercambio de nutrientes corporales contribuyen al buen fluido nervioso y juegan un papel importante en el sistema neuroendocrino así que a nivel inmunitario. Estas membranas son muy sensibles a toda suerte de agresión y cuando hay un estrés físico o psíquico, se contracta, se tensionan y esto puede perturbar el buen funcionamiento del organismo. Así un problema en un punto cualquiera de nuestro cuerpo se repercute en una otra parte del cuerpo por intermedio de las fascias.
La fascioterapia es una practica manual ejercida con suavidad y en profundidad, respectando la " inteligencia " de nuestro cuerpo.
El fasciaterapeuta identifica las zonas de tensión y por medio de unos movimientos precisos y rigurosos interviene sobre los tejidos y suprime las tensiones y dolores. Se puede tratar de viejos bloqueos que se han producido muchos años antes.
La fasciaterapia equilibra y estimula el potencial energético. En esto se parece a la osteopatía.
En que casos se debe consultar un fasciaterapeuta ?
Niño o Adulto, todo el mundo puede consultar un fasciaterapeuta, las aplicaciones mas frecuentes son : El mal de espalda, las torceduras, las tendinitis, los lumbagos.
Los problemas circulatorios, los problemas digestivos de transito intestinal, migrañas y sinusitis….
La fascioterapia puede ayudar como complemento en problemas respiratorios como asma, bronquitis crónicas , esclerosis en placa.
Finalmente, es muy útil para las personas deportistas que están sometidas a micro traumatismos y agresiones físicas en la practica de un deporte
FIBROMIALGIA PRIMERA PARTE: EL MODELO FISIOPATOLOGICO FASCIAL Capítulo II UNA APROXIMACIÓN FASCIAL A LA FIBROMIALGIA
CONCEPTO DE SISTEMA FASCIAL: Función y disfunción fascial
La anatomía clásica reconoce la existencia de planos fasciales describiéndolos como una especie de sobres que envuelven los músculos y las vísceras fijando y protegiendo su espacio concreto dentro del cuerpo.
Ampliando esta definición (y en cierto modo oponíendose a ella) en 1995, Bienfait (19) “elevó” la fascia a sistema, describiendolo como un complejo sistema funcional entre cuyas funciones destacan el sostén, conexión muscular-intermuscular y conexión visceral-intervisceral.
Durante décadas, el tejido fascial ha sido el gran desconocido para los investigadores en favor del tejido muscular (quizás por ello la mayoría de estudios sobre la fibromialgia se dirigen al músculo). Una de las razones de esto es la propia definición que se da de la fascia en libros clásicos de anatomía pues la presentan como un tejido pasivo, como una membrana de tejido conjuntivo fibroso que cubre los músculos sin mayor interés para la anatomía que apartarlo para ver bien el tejido muscular.
En los últimos años, no obstante, numerosos estudios (20), (21) han descrito la fascia como un complejo sistema funcional de forma que se puede hablar a nivel funcional de un “sistema fascial”
Según este enfoque, el sistema fascial no es el elemento pasivo que se creía tradicionalmente, cuyo comportamiento mecánico dependía de estímulos generados en otros sistemas como por ejemplo el muscular.
Este nuevo concepto de “sistema fascial” se apoya en investigaciones sobre su microestructura, las cuales han determinado que existe una abundante red nerviosa y células musculares lisas propias del tejido fascial, lo que a priori dotaría a la fascia de la capacidad de tener “actividad propia” y por tanto desarrollar sus propios movimientos y reacciones.
La red nerviosa del sistema fascial incluye una densa población de lo que se ha dado en llamar llamar “receptores intrafasciales”:
• Las investigaciones sobre la microestructura fascial revelan la presencia de receptores de Golgi en el sistema fascial.
Esto es espcialmente significativo, puesto que tradicionalmente se había considerado la existencia de dichos receptores únicamente en ligamentos, cápsulas y uniones miotendinosas, sin embargo. Hoy en día se sabe que solamente un 10% de los receptores de Golgi se encuentra en los tendones, el 90% restante se encuentra en la porción muscular de la unión miotendinosa, en cápsulas articulares, ligamentos y fascia. (22)
• Además de estos órganos de Golgi, los estudios de Yahia (23) en 1992 demostraron la existencia en la fascia de otros receptores, como los corpúsculos de Pacini (atribuyendo por tanto a la fascia sensibilidad a la vibración), órganos de Ruffini (por tanto la fascia también es capaz de responder a impulsos lentos y presiones sostenidas) y un tercer grupo de receptores; las terminaciones nerviosas libres de fibras sensitivas tipo III (mielinicas) y tipo IV (no mielinizadas). Estos últimos son los elementos sobre los que se asienta el modelo fisiopatológico fascial de la fibromialgia al ser los responsables de la “recepción” de la sensación dolorosa.
Paralelamente, basandose en los estudios de Heppelman (24) y en otros anteriores, el profesor Staubesand también concluyó que en la fascia existen receptores del dolor, los cuales llegó a identificar en numerosos orificios (perforaciones) de las capas superficiales de la fascia: se observaron orificios atravesados por un paquete vasculonervioso.
Estos receptores podrían ser los responsables de varios tipos de sensaciones dolorosas de origen miofascial. Es decir, que la fascia “duele”, o por lo menos “puede doler” puesto que dispone de receptores del dolor.
FUNCIONES DEL SISTEMA FASCIAL
Como ya se mencionó anteriormente, el cuerpo humano está envuelto, conectado y comunicado por medio de un tejido conectivo que se ha llamado “sistema fascial”. Este tejido, al contrario de lo que se creía hasta hace unos años, se ha demostrado (24) que forma un sistema activo, resistente y presente en todo el cuerpo. Se ha demostrado, además que tiene una gran transcendencia en procesos fundamentales del metabolismo corporal.
Pues bien, el sistema fascial cumple un papel fundamental también en el movimiento humano, como veremos a continuación.
Para este análisis es esencial conocer las funciones mecánicas del sistema fascial, puesto que el modelo fisiopatológico que se propone implica importantes alteraciones en dichas funciones.
Andrzej Pilat resume dichas funciones en:
• Protección
• Formación de los compartimentos corporales
• Revestimiento
Además se describen otra serie de aspectos funcionales a nivel del sistema fascial de gran importancia en las alteraciones asociadas a la fibromialgia:
• Mantenimiento del bombeo circulatorio de la sangre y de la linfa.
• Participación en los mecanismos bioquímicos del cuerpo a través de las actividades del líquido intersticial.
• Soporte de los tejidos al estrés mecánico (mediante la producción de colágeno).
FUNCIÓN DE PROTECCIÓN
El sistema protege a cada uno de los componentes corporales de una forma individual actuando también como un sistema de protección global. Por su resistencia, permite mantener la integridad anatómica de cada elemento (muscular, visceral...) y conservar su forma más conveniente. El tejido conectivo ajusta su tension (variando la orientación y densidad de sus fibras) en respuesta a las necesidades funcionales de cada elemento. Así, la densidad del tejido fascial del hígado no será la misma que la del intestino, puesto que las necesidades de movimiento de ambos órganos son distintas.
Nótese que esta estructura no es inamovible, puesto que el sistema fascial puede cambiar su densidad de acuerdo a los requerimientos mecánicos a través de la producción y alineación de nuevas fibras de colágeno. No obstante, existen límites, la condición fisiológica impone que no debe llegar nunca a la rigidez puesto que para su correcto funcionamiento debe tener cierto grado de elasticidad.
Esta elasticidad de la fascia le permite además ser un importante elemento de protección contra traumatismos, puesto que un impacto no es otra cosa que una variación puntual de presión. La fascia actúa como amortiguador y sistema de dispersión de impactos gracias a su capacidad para deformarse, aunque si el traumatismo es severo puede sobrepasar el límite elástico de la misma dañando el tejido fascial.
Como hemos visto, la capacidad protectora estará condicionada por la concentración local de proteoglucanos y ácido hialurónico .
Los proteoglucanos tienen la capacidad de transformarse en una sustancia viscoelástica, como demostró Yahia en sus investigaciones sobre la fascia toracolumbar (25) lo cual los hace muy útiles para la absorción de las sobrepresiones derivadas de un traumatismo.
La síntesis y el metabolismo de ambas sustancias puede verse afectada por múltiples factores, entre ellos la malnutrición, las infecciones, los traumatismos y el estrés. En cualquier caso, su déficit conduce a una densificación de las fibras que con el tiempo puede dar lugar al endurecimiento y rigidización de la fascia.
FUNCIÓN DE FORMACIÓN DE COMPARTIMENTOS CORPORALES
Como ya se mencionó con anterioridad, prácticamente no hay parte alguna del cuerpo que no esté cubierta por el sistema fascial. Ahora bien, la fascia compartimenta, pero también supone un elemento de integración de todos los elementos corporales puesto que cada capa o parte fascial está unida a otra formando así una red continua que conecta todo el organismo.
Los compartimentos formados por el sistema fascial facilitan el trabajo muscular, puesto que establecen grupos funcionales constituyendo planos de movimiento sobre los que se deslizan unos y otros músculos, adicionalmente, esta compartimentación protege al cuerpo de la difusión de infecciones entre compartimentos.
FUNCIÓN DE REVESTIMIENTO
La fascia constituye una especie de red continua que conecta todos los elementos del cuerpo. Esta configuración tiene importantes consecuencias funcionales sobre músculos y órganos:
• Sobre el músculo, la fascia permite conectar músculos entre sí formando grupos funcionales, pero a la vez también une esos grupos funcionales con otros anatómicamente muy separados entre sí. De esta forma, la fascia se constituye en el elemento que proporciona la noción de “globalidad” del aparato locomotor.
• El sistema fascial constituye el soporte, no solo del aparato locomotor, sino también de los sistemas nervioso, vascular y linfático.
A través del sistema fascial se produce la interdependencia entre los sistemas nervioso, vascular y musculoesquelético .
• El sistema fascial es un elemento “elástico” que reviste todas las estructuras del cuerpo y por tanto es el soporte del equilibrio postural .
Se considera que el desequilibrio del sistema fascial influye considerablemente en la formación de compensaciones posturales, compensaciones que, con el tiempo, crean hábitos inadecuados llevando a la aparición de diferentes patologías.
FUNCIÓN DE COORDINACIÓN HEMODINÁMICA
El sistema venoso y el sistema linfático son estructuralmente inestables puesto que no disponen de elementos estructurales propios de suficiente rigidez. Además, funcionalmente las válvulas de estos sistemas no son suficientes para garantizar el proceso de retorno (venoso y linfático respectivamente).
La fascia suple ambas carencias, por un lado proporcionando consistencia y elasticidad a los vasos venosos y linfáticos, y por otro trabajando como una bomba auxiliar que colabora en el envío sangre y linfa desde la periferia hacia el corazón y los ganglios linfáticos respectivamente.
Esta acción es posible gracias a las envolturas fasciales propias de los vasos así como a través de las estructuras fasciales de los músculos activadas a través de las contracciones musculares.
Nótese que la función hemodinámica en las arterias es mucho menos importante, casi anecdótica puesto que que tienen una estructura relativamente más rígida y que disponen de una bomba propia (el corazón).
LA DISFUNCIÓN FASCIAL
El cuerpo humano se lesiona con mucha frecuencia y por muchas causas. No obstante a menudo no hay una gran lesión primaria, sino que el organismo sufre microtraumatismos produciendose un fenómeno de acumulación lenta y gradual de pequeñas lesiones.
Estas pequeñas alteraciones afectarán a la fascia puesto que según se demostró anteriormente, el tejido conectivo cumple una función de protección del organismo a través de sus propiedades elásticas.
Los microtraumatismos de repetición, los grandes traumatismos y cualquier mecanismo que altere el metabolismo de los proteoglicanos y el Acido hialurónico, provocan cambios en la estructura y por tanto en el comportamiento mecánico de la fascia, disminuyendo su elasticidad.
El traumatismo, así como también el incremento del estrés mecánico, estimula la secreción de fibras de colágeno en el tejido afectado, quedando el tejido más sólido y menos fluido.
El endurecimiento del tejido conectivo altera la libre circulación de los fluidos, en consecuencia, queda total o parcialmente bloqueada la entrada de nutrientes y, simultáneamente, se produce el atrapamiento de desechos metabólicos. Esta restricción puede llegar al punto crítico de provocar una isquemia relativa en la zona.
Debido al endurecimiento, las capacidades elásticas, plásticas y viscoelásticas de la fascia quedan reducidas de forma que la capacidad de deslizamiento de las estructuras adyacentes queda también reducida o bloqueada. Así, el endurecimiento de las estructuras de colágeno podría ser responsable, por ejemplo, de las crepitaciones que se observan tras inmovilizaciones articulares prolongadas.
La hipomovilidad del tejido provoca que el entrecruzamiento de las nuevas fibras de colágeno secretadas pase de fisiológico a patológico, pudiendo formarse “enlaces” con fibras de colágeno propias de otras estructuras como las que conforman la estructura ósea.
En presencia de la disfunción, se produce una sobrecarga en todos los segmentos del sistema fascial y, particularmente, en la columna vertebral, alterando el funcionamiento de la estructura corporal.
Además, cuando existe una disfunción local, todo el sistema miofascial participa en la construcción de un nuevo nivel de equilibrio (homeostasis) para el funcionamiento óptimo del cuerpo, es decir, la fascia responde a la disfunción globalmente hasta encontrar un nuevo equilibrio.
Es importante tener en cuenta que la disfunción miofascial no supone estrictamente un problema muscular, pero implica a los músculos en tanto en cuanto compromete su vascularización, su capacidad para trabajar en el seno de un grupo funcional, la capacidad de deslizamiento en el compartimento...
FIBROMIALGIA Propuesta de modelo fisiopatológico fascial
El tejido fascial afecta al aura humana y el aura humana afecta al tejido fascial