ANATOMÍA QUIRÚRGICA DE LA PELVIS
Manuel Carmona Salgado
Actualización en Cirugía Ginecológica
Toda intervención quirúrgica requiere un conocimiento preciso del
territorio anatómico en el cual se va a desarrollar el acto operatorio. El
ginecólogo, tanto en la cirugía abdominal como en la vaginal y en la
laparoscópica, debe tener un adecuado conocimiento de la zona sobre la que
se desarrolla su actividad, que incluye la pared abdominal anterior, la
distribución de las diferentes vísceras dentro de la pelvis, la anatomía del
retroperitoneo, las diferentes estructuras conectivas que configuran la red de
soporte visceral denominada fascia endopélvica y el soporte muscular que
forma el suelo pélvico y el diafragma urogenital. Cuanto más adecuado sea el
conocimiento de la anatomía topográfica, mejor será la disección quirúrgica y
menos peligro de producir complicacines hemorrágicas. También se conseguirá
una más adecuada corrección de los defectos.
En la cirugía vaginal esta necesidad es aún mayor, habida cuenta de
que el abordaje y las maniobras quirúrgicas se realizan a través de espacios
naturales.
PARED ANTERIOR DEL ABDOMEN
Existen unos marcadores en la pared anterior del abdomen que tienen
especial relevancia en la cirugía laparoscópica, que son el ombligo, las espinas
iliacas anterosuperiores, la sínfisis del pubis y los tubérculos del pubis. Con
algunas variaciones, sobre todo en pacientes obesas, el ombligo suele estar
situado encima de la bifurcación de la aorta. La arteria iliaca primitiva izquierda,
cruza la línea media corporal a 5 ó 6 cm por debajo del ombligo. Estas
relaciones se tendrán siempre en consideración cuando se utiliza la Verres en
la laparoscopia, por el peligro de punción.
Los accesos laterales deberán evitar los vasos epigástricos inferior y
superficial. Estos vasos discurren en el espesor del músculo recto del
abdomen, en su tercio lateral, en el cuadrante inferior del abdomen. Son vasos
tributarios de la iliaca externa, originándose justo antes de que esta abandone
la pelvis, bajo el ligamento inguinal. Estos vasos deben ser indentificados por
transiluminación, sobre todo en pacientes delgadas. La lesión de los mismos
constituye una causa importante de complicación en laparoscopia.
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Otra estructura que es olvidada con frecuencia tanto en cirugía abierta
como en laparoscopia es el uraco que transcurre desde la vejiga, hasta el
ombligo, bajo la musculatura abdominal. No debe escindirse pues en algunas
circunstancias, puede comunicar con la vejiga y su rotura producir
extravasación de orina.
El tubérculo del pubis, situado aproximadamente a 2 cm lateral de la
sínfisis del pubis, sirve de identificador del inicio del ligamento de Cooper o
iliopectineo, que tiene importancia para las intervenciones de incontinencia
urinaria y que además marca el límite inferior del paso del nervio ilioinguinal,
por lo que la lesión del mismo es factible cuando se colocan suturas muy cerca
de la sínfisis, y sobre todo en las laparoscópicas.
De las incisiones practicadas para el abordaje laparotómico en
ginecología merece la pena comentar la más frecuente utilizada en la
actualidad de la incisión de Pfannenstiel. Es una incisión baja, sin cortar
músculo, que se ha empleado en los procesos ginecológicos benignos y
obstétricos, por la ventaja estética y fisiológica de la incisión transversa baja,
probablemente por la menor tensión de la línea de incisión, con lo que son
menos frecuentes las eventraciones y hernias, al igual que es menos dolorosa
e inhibe menos los movimientos respiratorios. En el lado negativo hay que
destacar que el campo siempre es menor, con el entorpecimiento de la vejiga,
que el tiempo de acceso es mayor y que hay mayor riesgo de sangrado
postquirúrgico por la mayor disección músculo aponeurótica. De ahí, que esté
indicado el drenaje de la herida durante 48 h.
Aquí, igual que se describió anteriormente, los vasos epigástricos
inferiores deben identificarse y ligarse, cerca de los bordes laterales de los
músculos rectos.
Al escindir la aponeurosis de los rectos lateralmente, nos encontramos
con varias hojas aponeuróticas, que se corresponden con las de los músculos
oblicuos mayor y menor. Fig 1. Pared anterior del abdomen
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ESPACIO CONJUNTIVO PÉLVICO SUBPERITONEAL
El espacio pélvico que se encuentra debajo del peritoneo, se denomina
fascia endopélvica y está constituida por un magma de tejido conectivo en el
que se alojan los órganos del tracto urogenital, el recto, los grandes vasos
parietales, con sus diferentes ramificaciones destinadas a la irrigación de las
vísceras. El conocimiento de esta estructura será de vital importancia tanto en
la cirugía vaginal, en la que con frecuencia habrá que sustituir alguna parte de
la misma con tejido artificial, como en la cirugía abdominal, sobre todo en la
oncología, donde la disección precisa de los diferentes tabiques o fascia,
permitirá la adecuada extirpación de tejido potencialmente peligroso, o de
posible contaminación.
Además de esta organización conectivo-fibrosa, el segundo grupo de
estructuras importantes en la anatomía de la pelvis lo constituye el diafragma
pelviano, formado por varios planos de músculos y sus fascias que configuran
el armazón que permite sustentar los órganos de la pelvis, así como facilitar las
diferentes misiones de estos, entre las que se incluyen las evacuadoras, las de
retención en los momentos de esfuerzo, las de relaciones sexuales, y las del
parto.
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Así, los órganos pélvicos se encuentran enclaustrados en una estructura
infundibular que está constituida por una estructura ósea, la pelvis, y una
estructura músculo-aponeurótica, cuya misión es sustentar estos órganos,
permitiendo que estos cambien de forma, pero no sufran grandes
desplazamientos ni descensos.
ORGANIZACIÓN DEL TEJIDO CONJUNTIVO PÉLVICO.
El tejido conjuntivo pélvico constituye la armazón donde se van a ubicar
las vísceras de la pelvis y donde estas estarán ancladas, para impedir grandes
desplazamientos y permitir asimismo los bruscos aumentos de tamaño.
Esta armazón de tejido fibroconectivo constituye lo que se conoce como
fascia endopelviana, consiste en un entramado reticular, de gran complejidad
estructural, que se extiende, sin solución de continuidad desde el peritoneo
hasta el suelo de la pelvis. Este bloque de tejido fascial no muestra una
estructura uniforme, sino que adquiere diferencias texturas, dependiendo de la
zona donde se encuentre y de las características del órganos que cubre. Es
pues una estructura tridimensional y que constará de diversas densidades,
siempre en relación con la función de los distintos componentes de la pelvis.
De esta forma, cuando la fascia endopelviana, ocupe espacio junto a aquellas
vísceras huecas que precisen de cambios de tamaño importantes como la
vejiga o el recto, el conectivo de aquella adquiere aspecto de estructura laxa y
areolar y se denomina espacios o fosas como la paravesical de Retzius o
pararrectal.
El tejido endopelviano condensado alrededor de los grandes vasos,
constituye un sólido armazón, que se denominará ligamento o pilar, siendo el
cuello uterino el lugar donde está representado con mayor abundancia,
dirigiendo desde aquí de forma radial, para fijarse en la pared de la pelvis:
constituye el ligamento cardinal de Makenrodt, y su papel será primordial en la
fijación del aparato genital, al tiempo que desempeña un importante papel
como lámina conductora de vasos y nervios. Su conocimiento en anatomía
quirúrgica estriba en la importancia que tiene para el tratamiento de los
prolapsos uterinos, y en la cirugía radical para poder acceder a los espacios
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parauterinos y de los grandes vasos. (figura 2): Esquema de fascia
endopelviana
1. Espacio Retzius
2. Espacio paravesical
3. Espacio vésico-cervical
4. Espacio rectovaginal
5. Fosa pararectal
6. Espacio retrorrectal
7. Ligamento pubovesical
8. Pilar vesical
9. Ligamento cardinal
10. Ligamento uterosacro
11. Fasciavesical
12. Fasciacervical
13. Fasciarectal
En tercer lugar, cuando la fascia endopelviana se introduce entre las
distintas vísceras, para evitar grandes desplazamientos de una sobre otra se
denomina Tabique o fascias, como son el tabique recto-vaginal, el vésico-
cervical o el pubo-cervical. La fascia o tabique es un tejido que se condensa
alrededor de las paredes musculares de los órganos pélvicos formando una
túnica envolvente, que cumple una doble misión de refuerzo y de
mantenimiento de la estática.
Todas las fascias van a intervenir activamente en el mantenimiento de
las vísceras en su lugar cuando se produzca algún esfuerzo, y sobre todo a lo
largo de la vida y después de factores que desencadenan prolapsos como los
partos.
Espacios, tabiques, fascias y ligamentos
Como hemos visto, la fascia endopélvica, comprende zonas débiles, de
fácil progresión quirúrgica y zonas densas o ligamentosas que debe cortar para
poder progresar y que servirán para recurrir a la cirugía de reparación.
Se reconocen 6 espacios, dos mediales y 4 laterales:
- Espacio retropubiano: Retzius, que se encuentra por detrás de la sínfisis,
que en cirugía ha sido célebre por la gran cantidad de venas que han
complicado las intervenciones de suspensión vaginal para la incontinencia urinaria
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- Las dos fosas paravesicales: que tienen gran importancia en la cirugía
radical para crear los espacios de disección. Están limitadas por los vasos
iliacos por fuera, la arteria umbilical por dentro, el músculo elevador por
abajo y cerradas por el músculo obturador.
- Las dos fosas pararrectales: más estrechas, con el recto en medio,
siendo espacios muy vascularizados.
- El espacio retrorrrectal: que es de fácil disección en cirugía, vaginal, pero
que está muy cerca del espacio presacro ,peligroso debido a la
vascularización.
Estas zonas de tejido conectivo areolar, no son espacios reales, ya que
constituyen espacios virtuales, con tejidos parecidos al fieltro, que proporciona
un tejido flexible que imprescindible en la dinámica pelviana, por eso está
rodeando las vísceras huecas que necesitan espacio para dilatarse
periódicamente. Para el cirujano es fácil acceder a estos espacios y disecar
para abordar las zonas donde deberá actuar. Existe una importante diferencia
cuando abordamos estos espacios desde el acceso abdominal al vaginal: En el
abordaje abdominal las fosas paravesicales tienen orificio superior (abdominal)
ancho y uno inferior (vaginal) estrecho, por su constitución en forma de
embudo. Las fosas pararrectales son al contrario, estrechas por su acceso
superior y anchas por el inferior.
Fascias y tabiques
Las fascias son un plano de tejido conectivo que envuelven a las
vísceras y músculos. Se deben denominar adventicias cuando recubren la
víscera y epimisio cuando lo hacen al músculo, siendo el término aponeurosis
solo adecuado para las láminas de inserción muscular. Las fascias que nos
interesan en la anatomía de la pelvis son la rectal, vaginal, uterina, vesical y
uretral, por lo que respecta a las vísceras y la fascia del diafragma pélvico
antes llamada aponeurosis pelviana. En las figura 3 se aprecia como recubre la
fascia vaginal (pubo-cérvico-vaginal) a este órgano, cuya misión será de vital
importancia en la teoría de incontinencia y del prolapso genital.
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Figura 3. Fascia pubovaginal y rectal
Estas fascias se encuentran alteradas en mayor o menor medida en los
prolapsos genitales, de forma que dependiendo de la zona donde se aprecia la
menor debilidad o alteración aparecerá prolapso del compartimento anterior,
medio o posterior.
Tabiques o septos: Merecen especial atención el septo vesicovaginal y
vesicouterino, que está limitado por abajo por la íntima conexión entre uretra y
vagina. Igualmente el septo rectovaginal ubicado entre los dos tercios
superiores de la vagina y el recto.
Ligamentos
Los ligamentos viscerales son reforzamientos conectivos del tejido
celular pelviano. Se trata de la continuación del tejido areolar y de las fascias,
que se especializan con la consiguiente densificación del conectivo, para su
misión de contener grandes vasos y de suspensión de los órganos.
Los ligamentos se dividen en dos grandes grupos: ligamentos laterales
que acompañan a las arterias terminales de la hipogástrica, y los ligamentos
sagitales, que vehiculizan los nervios del plexo hipogástrico.
Los ligamentos laterales son tres: El rectal, el vesical y el genital. Este
último es el más complejo y se compone del parametrio que acompaña a la

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arteria uterina y del ligamento paracervical (cardinal) y paravaginal o
paracolpos.
Los ligamentos sagitales los forman los ligamentos uterosacros y los
vesicouterinos o pilares de la vejiga y los ligamentos pubo-uretrales de gran
importancia en la incontinencia de esfuerzo.
COMPONENTE MUSCULAR: SUELO PÉLVICO
El diafragma pelviano, fig 4, constituido por los músculos del suelo de la
pelvis, comprenden los músculos más incomprendidos del cuerpo humano. La
pelvis ósea se encuentra a la mitad del cuerpo humano, sosteniendo a la
columna vertebral, que se une a ella en la parte posterior y aporta los puntos de
articulación para los fémures y las extremidades. Aloja a los órganos
abdominopélvicos, que se encuentran por arriba y dentro de ella. No obstante,
la pelvis es un anillo óseo hueco y sin fondo para contener esas vísceras. Este
anillo se encuentra cerrado por abajo por el suelo pélvico que comprende los
músculos elevadores del ano y coxígeos; por delante por los músculos
obturadores y por detrás por los músculos piriformes y sacros.
Figura 4. Músculos del suelo pélvico.
La importancia de este componente muscular estriba en su misión de
sujeción de las vísceras de la pelvis, ejerciendo además misiones activas en el
normal funcionamiento de la dinámica y fisiología de los órganos pélvicos,
debiendo favorecer mediante contracciones rápidas la compresión de los
órganos, para evitar incontinencia urinaria y fecal.
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VASCULARIZACIÓN PÉLVICA
La disposición de los vasos iliacos en el retroperitoneo, tiene gran
importancia para una adecuada cirugía sin riesgos en los procesos
oncológicos. La arteria iliaca interna (hipogástrica), corre paralela y posterior al
uréter, mientras que la iliaca externa es varios centímetros anterior a aquella,
configurando con la iliaca primitiva una y griega asimétrica, en la que el brazo
interno que corresponde a la hipogástrica siempre es más profundo y por lo
tanto más complejo de aislar que la otra rama que es la iliaca externa. Las
venas que son de mayor grosor y pared mucho más fina, corren paralelas a las
arterias y siempre en un plano posterior y medial, lo que hace que la lesión sea
más fácil si no se localiza con exactitud.
Si se siguen los vasos iliacos internos e interno hacia arriba, nos
encontramos con la bifurcación de la iliaca primitiva, en el borde de la pelvis,
bordeando la unión sacroiliaca. Y, siguiendo hacia arriba, llegamos a la
bifurcación de la aorta, por encima del espacio presaco, aproximadamente en
la 4ª vértebra lumbar. Es más fácil identificar la iliaca primitiva derecha, pues la
izquierda se entrecruza con los vasos mesentéricos del colon sigmoide. Las
venas correspondientes se encuentran en posición medial y posterior con
respecto a las arterias. Todos estos vasos están envueltos en vainas de la
fascia endopelviana descrita anteriormente.
LINFÁTICOS
El sistema linfático pélvico está compuesto por multitud de ganglios
conectados por una extensa red de capilares y venas, que se manifiestan en la
linfadenectomía ilio-pelviana como pequeñas hemorragias de difícil coaptación.
De ahí la importancia de practicarla de forma reglada y con ligadura de todos
los vasos aferentes. Estas estructuras también están envueltas en vainas de la
fascia endopelviana. Para intentar documentar de forma clínica los ganglios de
esta zona se ha hecho una clasificación en grupos ganglionares, en relación
con la arteria más próxima, siendo los grupos más importantes los de la cadena
obturadora, los ganglios de la hipogástrica, de la iliaca externa, de la iliaca
común, e incluso los que rodean las arterias uterinas y sacras medias.
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Linfáticos cervicales
La distribución es irregular. Los linfáticos de esta región salen de la
mucosa con una distribución perpendicular al eje mayor del cerviz, pero
inmediatamente se modifican para tomar una dirección logitudinal al canal
endocervical. Una vez que abandonan el cuello uterino toman diversas vías
que son las que nos interesan con vista a la progresión tumoral y al tipo de
cirugía que debe realizarse. Como se aprecia en la figura 5, uno o dos grupos
ganglionares se dirigen directamente hacia los parametrios y drenan en el
territorio de la hipogástrica y de la obturatriz, después de atravesar los vasos
uterinos. Constituyen los linfáticos obturadores y glúteos inferiores. Un tercer
grupo se dirige hacia la bifurcación de las iliacas (externa e hipogástrica),
crando un conglomerado ganglionar que se debe extirpar en las
linfadenectomías. Por último hay un cuarto grupo, que asciende casi
verticalmente, y se dirige hacia el recto, y la bifurcación de la aorta,
localizándose de preferencia en la zona baja paraaórtica.
1. Grupo obturador
2. Grupo gluteo inf
3. Grupo interiliaco
4. Grupo paraaórtico
fig 5. Grupo ganglionar del cérvix
Como se aprecia es en todo el territorio interiliacas donde predomina la
red linfática más importante, pero también hay paso directo a la región
paraaórtica, estando sin embargo el territorio de la iliaca común o primitiva,
bastante libre de afectación.

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Linfáticos del cuerpo del útero
La distribución de los linfáticos del cuerpo es más compleja y drena a
localizaciones más alejadas que las del cérvix, de ahí la recomendación de
hacer una linfadenectomía paraaórtica más extensa. En el cáncer de
endometrio se ha comprobado que con frecuencia, están afectados los
ganglios de la cadena iliaca externa y con menos frecuencia los ganglios
obturadores. Según Matsumoto, la clasificación de los territorios más afectados
por los tumores de endometrio se divide en 4 grupos que de arriba abajo son:
• Paraaórticos superiores, por encima de la mesentérica inferior (A1)
• Paraaórticos inferiores por debajo de esta (A2)
• Ganglios de la iliaca común (P1)
• Ganglios del territorio iliaco externo e interno (P2)
La afectación más frecuente es la que afecta a P2, es decir territorio de
las iliacas externas e interna. Le sigue en frecuencia la afectación A2 de la
zona paraaórtica inferior y en tercer lugar la A1, paraaórtica alta. Son menos
frecuentes la afectación P2 de la iliaca común y la obturadora. Pero lo más
destacado de esto es que se suele asociar afectación iliaca P2 con paraaórtica
en un 60% cuando hay afectación de miometrio y, sin embargo solo se aprecia
asociación iliaca P2 con iliaca primitiva P1 en un 7%.
Linfáticos ováricos
Como se aprecia en la figura 6, la afectación tiene preferencia por el
territorio alto paraaórtico, cerca de los vasos renales, aunque también se afecta
el territorio inmediatamente por debajo de la mesentérica inferior.
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Fig 6. Grupo ganglionar ovárico
NERVIOS VISCERALES
Los nervios viscerales, que como todas las estructuras anteriores se
encuentran envueltas por la fascia endopelviana, penetran en la pelvis desde el
plexo hipogástrico superior, que se encuentra en el espacio presacro. Los
nervios son múltiples y de fino grosor, haciendo muy difícil su localización, ni
tan siquiera con la magnificación laparoscópica. Los más importantes siguen un
trayecto lógico, siguiendo los grandes vasos, así los nervios hipogástricos
viajan a lo largo del trayecto de la iliaca interna hasta contactar con los plexos
hipogástricos inferiores. Estos plexos, contienen múltiples ganglios, y están
localizados lateralmente al ligamento uterosacro, en la pared lateral de la
pelvis. Posteriormente de estos plexos se originan los nervios viscerales que
forman los nervios uterinos, vaginales y cervicales, localizados alrededor de la
arteria uterina y del uréter. Al igual que las estructuras vasculares, estos
nervios están contenidos en el espesor de los ligamentos uterosacros y
parametrios, y parece ser que son los responsables de la pelvialgia crónica tras
su sección en la histerectomía. Todos estos nervios transmiten sensaciones
aferentes como dolor, presión, distensión. Aunque la exéresis selectiva de
algunos de estos nervios puede mejorar el dolor pelvico crónico, lo cierto es
que las ablaciones extensas en cirugía radical induce importantes disfunciones
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de las visceras que irrigan principalmente vejiga con disfunción urinaria o rectal
con disfunción de vaciado.
ESPACIO PARAAÓRTICO
El espacio del retroperitoneal comprendido desde los vasos renales
hasta la bifurcación de la aorta se denomina espacio o región paraaórtica. La
necesidad de linfadenectomía paraaórtica obliga al ginecólogo a familiarizarse
con este espacio, y sus vías de acceso.
Con fines prácticos se divide en dos zonas virtuales, 7; la zona baja, que
comprende desde la bifurcación hasta la zona de la arteria mesentérica inferior,
que abarca unos 5 cm. Esta zona es donde puede haber con más frecuencia
progresión ganglionar, en tumores procedentes de útero, principalmente
endometrio, mientras que la zona alta o infrarrenal, es donde los tumores de
ovario tienen preferencia por progresar, teniendo en cuenta donde van a drenar
las venas ováricas.
fig 7 espacios paraaórrticos
La dificultad estriba en el acceso a este espacio, ya que en el lado
izquierdo se encuentra el sigma que entorpece la entrada, así como la arteria
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mesentérica inferior, y en el lado derecho el uréter y los vasos ováricos también
dificultan la entrada, por lo que se recomienda el acceso desde el ciego,
abriendo el retroperitoneo a ese nivel y rebatiendo el paquete intestinal hasta
que se aprecie el espacio en su totalidad. También, cuando solo se quiere
acceder a la zona baja se puede entrar abriendo el peritoneo sobre el
promontorio del sacro y ascendiendo desde la iliaca primitiva.
URÉTERES
El uréter entra en la pelvis justo sobre la bifurcación de la arteria iliaca
común y más profundo que los vasos ováricos. El uréter, como todas las
estructuras que hemos visto discurre cubierto por su fascia endopélvica que
está pegada al peritoneo parietal de la pared pélvica. Con la paciente en
posición de litotomía, el uréter lleva un curso casi horizontal, pasando
lateralmente al ligamento uterosacro, siendo este un punto importante donde se
puede producir el atrapamiento quirúrgico. Posteriormente cruza la uterina por
debajo, aproximadamente a 2 cm lateralmente del cerviz. Después describe un
acodamiento hacia dentro acercándose a la vagina hasta su entrada en la
vejiga, siempre dentro de su propio túnel de fascia endopélvica. Esta envoltura
facial será muy importante para mantener la vascularización y su
desvitalización es una de las causas más frecuentes de fístula tardía. Por lo
tanto la disección del uréter debe hacerse junto con su fascia, separándolo del
peritoneo.
Las posibilidades de lesión ureteral, además de las descritas en el
párrafo anterior, pueden ser en cualquier parte de su trayecto. Deben
recordarse las lesiones por cauterización en laparoscopia, las ligaduras o
sección en la zona parametrial, en la histerectomía abdominal y una lesión que
se olvida con frecuencia que es la ligadura en la histerectomía vaginal cuando
se practica la culdopexia de McCall.
CONCLUSIONES
La especial configuración infundibular de la pelvis y la gran
concentración de tejidos de diferentes texturas y características, hace que la
disección de los órganos contenidos en ella sea más difícil que en otras zonas,
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por lo que hay que aprovechar los espacios que se delimitan de forma virtual
para conseguir una adecuada disección. Cuando abordamos la cirugía por vía
vaginal, la configuración de los espacios cobra especial relevancia, pues de la
demarcación de los mismos, dependerá la posibilidad de poder anclar las
diferentes estructuras para conseguir una adecuada estática.
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