2. Cómo redescubrir el séptimo sentido |
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2.
a) Aprende a sentir la energía con las manos De pie, como en el ejercicio anterior. Sacude los brazos, desde los hombros, tan relajadamente como puedas, durante un minuto. Gira las manos alrededor de las muñecas durante otro minuto. Luego, con los brazos extendidos, levantados a la altura de los hombros, deja colgar las manos desde las muñecas. Toma conciencia de tu sensación en las palmas. Puedes sentir "un cosquilleo", "la sangre circulando", "un hormigueo", "picor", "pinchazos", "electricidad", "calor" o"frío"... Sea lo que sea, concéntrate en esa sensación. Las personas que sientan calor o frío, normalmente sentirán una mano fría y otra caliente. Lo que sientes en tus manos es lo que está sucediendo en ellas. En otras palabras, la diferencia de intensidad está claramente causada por la respuesta del campo energético de tu mano al de las de la otra persona.
Una vez consciente de esta sensación, ya has "adquirido" un sentido perdido hace mucho tiempo: la capacidad para sentir lo que otro campo de energía produce en tu propio sistema energético. Para hacer este sentido aún más patente, haz los siguientes ejercicios: pide a tu compañero que se arrodille, cierre los ojos y se relaje. Deja que tus brazos caigan relajadamente desde los hombros y sacúdelos. Vuelve a colocarlos estirados a la altura de los hombros, con las palmas una frente a otra, como antes, y siente el cosquilleo o la sensación que tú tengas. Luego coloca la mano sobre la cabeza de tu compañero, sin tocarla. Muévela lentamente a izquierda y derecha. Presta atención a los cambios de intensidad que la palma de tu mano experimenta, sin tratar de sentir el campo energético del otro, sino sólo lo que sucede en tu mano mientras la mueves. Trata de localizar el lugar donde la sensación de tu mano es más fuerte; probablemente será un punto específico sobre la cabeza de tu compañero. Mantén la mano sobre ese punto durante algún tiempo. Pídele que esté atento a cualquier sensación que tenga en su cabeza o en cualquier otra parte del cuerpo. Comentad las sensaciones que ambos hayáis tenido durante el ejercicio. Observad la diferencia de sensaciones o de intensidad de vuestra experiencia. La intensidad con la que sientas los efectos del campo orgónico dependerán de tu relativa flexibilidad muscular y de tu grado de autoconciencia. Cuanto más blando y flexible sea tu sistema muscular, más fácil te será sentir el campo orgónico y más fuerte será tu respueta a éste. Los más jóvenes y los más sensibles lo sentirán con mayor facilidad que los de más edad o los que estén más bloqueados. Sin embargo, sé por experiencia que cualquiera que lo intente con la seriedad suficiente puede ser capaz de sentir los efectos del campo energético. Ahora, usando tu mano más sensible, la no dominante, trata de detectar las variaciones del campo energético a lo largo del cuerpo de tu compañero/a, de frente, por los lados, por la espalda. Hazlo recorriendo con tu mano, a unos centímetros de distancia, todo su cuerpo. Nota: comienza siempre por agitar la mano, antes de tomar contacto con el campo orgónico del otro, dejándola colgar en el aire hasta que sientas el "hormigueo" o lo que sea, en la palma. Trata de sentir otros campos energéticos de animales o plantas que tengas en casa, o de diferentes materiales y colores. Presta siempre atención a los cambios de intensidad en tus sensaciones. Quédate de pie o sientate en posición relajada. Haz girar tus manos alrededor de las muñecas, relajadamente, durante medio minuto. Luego coloca las palmas una frente a otra, con los pulgares hacia arriba y los dedos casi tocándose. Ahora mueve las manos lentamente, cada una en un sentido, arriba y abajo. Fíjate en que la sensación en tus dedos es más fuerte cuando las manos pasan una cerca de otra. Luego cierra los ojos mientras continúas moviendolas de la misma manera. Presta atención a las sensaciones en ellos. Trata de sentir los cambios que se producen en tus ojos mientras las manos se aproximan y se separan. Busca una especie de vibración en ellos o en el borde de los párpados, que aumenta si los dedos están exactamente enfrente unos de otros. Este debería ser el mismo lugar en el que has sentido con más inensidad los efectos del campo energético, cuando lo hacías con los ojos abiertos. Si no sientes ninguna vibración, cierra otra vez los ojos y mira hacia abajo manteniéndolos cerrados; de esta forma, lentamente, levanta la vista hasta que los párpados empiecen a vibrar. Repite el mismo ejercicio otra vez, de la misma forma. Después prueba sobre distintos campos, siempre con los ojos cerrados. En el cuerpo de tu compañero, en flores, luces, etc. Trata de localizar el punto que sientes con más intensidad el campo energético, usando las vibraciones oculares como detector. Las vibraciones de los ojos se activan cuando la energía fluye dentro de tu propio sistema, desde él o hacia él. No todo el mundo es inmediatamente sensible a las vibraciones oculares, pero con la práctica la sensibilidad puede desarrollarse. Es una herramienta particularmente importante para trabajar con campos energéticos, con masajes u otras manipulaciones corporales. Usar los ojos como indicadores del flujo energético puede ayudarnos a perfeccionar la eficacia terapéutica del trabajo. Las personas que después de intentarlo no sientan las vibraciones oculares, pueden intentar sentir las diferencias de intensidad en los labios, la frente o en cualquier otra parte de la cara, mientras hacen el ejercicio descrito anteriormente. Una herida o infección, o un grano infectado, pueden también servir como puntos de referencia.
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