17. La comunicación esencial |
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17. Tocar, dar un masaje y contactar con el campo energético son formas de relacionarnos, de "acercarnos" unos a otros. Las palabras pueden tener el mismo efecto. Sin embargo, en la vida normal, a menudo tienen el contrario. Aprendemos muy pronto de nuestros padres y de los que nos rodean, que las palabras pueden usarse como armas. La comunicación puede ser una guerra en la que las utilizamos como defensa o para atacar al contrincante. Por eso, tocar es a veces la única forma de relacionarnos positivamente (como hacemos con los niños autistas). Las palabras pueden ayudarnos a contactar y a estrechar relaciones, en lugar de aislarnos y provocar fricciones, si hacemos con las personas con las que convivimos lo que a menudo haríamos sin problemas con perfectos extraños: hablar de nosotros mismos, de nuestros problemas y sentimientos. A un extraño no le decimos nada que entrañe juicio o crítica. No le damos órdenes. Le escuchamos y estamos atentos al efecto que sus palabras tienen sobre nosotros. Incluso no tememos mostrar nuestro lado débil porque con el extraño no establecemos esa relación "ataque-defensa". Podemos aprender a hacer lo mismo con los que convivimos: niños, compañeros, padres, amigos, colegas o con cualquiera que queramos mejorar nuestra relación. Aunque la forma de hacerlo es muy simple, no es ni mucho menos fácil. Después de haber aprendido, durante largos años, a atacar, manipular y defendernos, es tan difícil como aprender a movernos y a caminar de forma diferente (cosa que también hacemos en el aprendizaje corporal). Sin embargo, los resultados son tan positivos e inmediatos, especialmente si lo utilizamos con niños, que es lo suficientemente alentador como para que nos esforcemos en practicar esta técnica. La comunicación esencial consta de dos puntos fundamentales: 1) decir cómo me siento ahora física y emocionalmente Para hacer esto tengo que dejar de responsabilizar al otro de lo que me pasa y mirar dentro de mí. Esto significa no saber si el otro tiene razón o no, si es bueno o malo, justo o injusto, (juzgar, criticar, etiquetar, culpar) y en su lugar, observarme y sentir lo que su apariencia, sus actos o sus palabras provocan en mí, qué sentimientos me despiertan (rabia, miedo, amor, odio) y comunicárselos al otro. Una conversación así entre dos personas, normalmente no consta más que de unas pocas frases, pero puede cambiar completamente una relación. Con el fin de ayudarte a recordar la forma de hacerlo, copia la siguiente lista y cuélgala en la pared de tu habitación o en la puerta del cuarto de baño. Trata de practicarla y fíjate en los cambios que se producen en tus relaciones personales.
COMUNICACION PARA LA CONVIVENCIA QUE NO HACER QUE HACER TRATAR DE NO USAR LAS SIGUIENTES PALABRAS Eres un/una... El/ella es un/una... Deberías... Tienes que... No puedes... Para entender mejor la lista anterior y la comunicación esencial, y para facilitar su memorización, he aquí las siguientes reglas: Primera: Nunca respondas a lo que la otra persona dice, independientemente de si es una pregunta o una afirmación, de si es un padre de ochenta años o un hijo de corta edad. Si el otro no usa la comunicación esencial, lo más probable es que trate de manipularte. En lugar de responderle, presta atención a lo que te produce lo que él/ella dice; si te sientes feliz, triste, enfadado, distante; si te duele, te alegra o te deja indiferente. Di sólo lo que te produce. La otra persona puede insistir o preguntarte acerca de lo que acabas de decir. No caigas en esa nueva trampa. Presta atención a lo que te produce sus nuevas palabras, igual que antes, y díselo. Cuanto más manipulador sea él o ella, más firme debes ser en tu forma de responder. Los niños puede que reaccionen con sorpresa, pero responderán de forma seria y adulta. Los padres, cónyuges o parejas son normalmente mucho más manipuladores. Para cambiar su actitud necesitas ser constante en la comunicación esencial. No busques palabras complicadas ni trates de dar explicaciones, ni de justificarte. Felicidad, tristeza, rabia, odio, amor, dolor, etc., son las palabras que mejor pueden describir lo que te sucede. Utilízalas con frases cortas. Segunda: No hables de él/ella. No juzgues, ni critiques, ni etiquetes, ni describas a la otra persona. Siempre que comiences una frase diciendo "eres "pienso que eres...", "sé que eres...", etc., detente y aplica la primera regla. Fíjate en lo que su belleza o su rabia provocan en ti. Si le 173 No juzgarle/la Ponerme en su lugar Tercera: presta atención a lo que sientes por la otra persona, en el momento presente y dilo. Cuarta: No digas a la otra persona lo que tiene que hacer. Estate atenta/ o a lo que tú quieres y dilo. Por ejemplo, "yo deseo que me abraces (tú eres libre de hacerlo, o no)", en lugar de "abrázame". En lugar de "¿Quieres pasar la noche conmigo?", "Quiero pasar la noche contigo (eres libre de decidir si tú quieres o no) En resumen: Presta atención siempre a lo que te sucede a ti. A cómo te sientes interiormente, a qué sientes por la otra persona, y a cuál es tu deseo. Dilo en pocas palabras, o lo que es más difícil, di sólo eso. Inténtalo y te sorprenderá cómo unas cuantas frases pueden resolver problemas de relación muy antiguos. |
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