Consulta craneosacral
Sesión craneosacral
 
¿Qué es la terapia craneosacral?
Técnicas
Tratamiento
Beneficios
Biodinámica
 
Movimiento respiratorio primario
El esfenoides
Articulación esfenobasilar
Lesión esfenobasilar
 
 
Huesos craneales
Dura madre craneal
 
 
Sistema nervioso central
Pituitaria y pineal
La médula espinal
S.N. y craneosacral
 
 
Los diafragmas
El sacro y la pelvis
El pie
La mandíbula o ATM
Paladar duro y blando
Las fascias
Anatomia cuerpo humano
La cabeza humana
Los ojos
 
Segmento facilitado
Fulcros inerciales
Liberación somatoemocional
El sexto sentido
Pensamientos
Emociones
Autoestima
 
La mente humana
El Ser conciente
La consciencia corporal
El campo energético humano
Los chakras
El quiste energético
La sanación
 
La inteligencia del cuerpo
La escucha y percepción
La relacion entre la psicología y craneosacral
Una visión personal
 
 
La salud del terapeuta
Energía positiva
Bioenergía
Relajación
Estrés
Meditación
Respiración pulmonar
 
 
¿Dónde acudir?
Diagnóstico a distancia
Trabajo energético
Tu niño interior
Mensajes para el Alma
Afirmaciones Yo Soy
 
Embarazo y nacimiento
Evolución humana
Defectos psicológicos
 
La osteopatía
Reeducación postural
 
 
Vidas ejemplares
Buenos consejos
 
 
Videos cerebro
Videos craneosacral
Fotos craneosacral
 
Misterios
Grandes maravillas
Frases y dichos
Libros gratis
 
Cursos
Enlaces
Varios1
Resumen
 
MUNDO DE LAS TERAPIAS
 
NUEVO TAROT
 
POWERT POINT

17. La comunicación esencial

Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9

17.
Comunicación esencial

a) Introducción

Tocar, dar un masaje y contactar con el campo energético son formas de relacionarnos, de "acercarnos" unos a otros. Las palabras pueden tener el mismo efecto. Sin embargo, en la vida normal, a menudo tienen el contra­rio. Aprendemos muy pronto de nuestros padres y de los que nos rodean, que las palabras pueden usarse como armas. La comunicación puede ser una guerra en la que las utilizamos como defensa o para atacar al contrin­cante. Por eso, tocar es a veces la única forma de relacionarnos positiva­mente (como hacemos con los niños autistas).

Las palabras pueden ayudarnos a contactar y a estrechar relaciones, en lugar de aislarnos y provocar fricciones, si hacemos con las personas con las que convivimos lo que a menudo haríamos sin problemas con perfectos extraños: hablar de nosotros mismos, de nuestros problemas y sentimien­tos. A un extraño no le decimos nada que entrañe juicio o crítica. No le damos órdenes. Le escuchamos y estamos atentos al efecto que sus pala­bras tienen sobre nosotros. Incluso no tememos mostrar nuestro lado débil porque con el extraño no establecemos esa relación "ataque-defensa". Podemos aprender a hacer lo mismo con los que convivimos: niños, com­pañeros, padres, amigos, colegas o con cualquiera que queramos mejorar nuestra relación.

Aunque la forma de hacerlo es muy simple, no es ni mucho menos fácil. Después de haber aprendido, durante largos años, a atacar, manipular y defendernos, es tan difícil como aprender a movernos y a caminar de forma diferente (cosa que también hacemos en el aprendizaje corporal). Sin em­bargo, los resultados son tan positivos e inmediatos, especialmente si lo utilizamos con niños, que es lo suficientemente alentador como para que nos esforcemos en practicar esta técnica.
171
Esta forma de hablar, a la que llamo "comunicación esencial" limitará el intercambio verbal a sólo unas cuantas frases. La esencia es muy simple, derivado de la terapia Gestalt de Fritz S. Perls. Usar este tipo de comunica­ción posibilita una relación íntima y amistosa, que es precisamente la parte que constantemente evitamos en la comunicación normal.

La comunicación esencial consta de dos puntos fundamentales:

1) decir cómo me siento ahora física y emocionalmente
2) decir lo que siento ahora por ti (la persona con la que te comunicas).

Para hacer esto tengo que dejar de responsabilizar al otro de lo que me pasa y mirar dentro de mí. Esto significa no saber si el otro tiene razón o no, si es bueno o malo, justo o injusto, (juzgar, criticar, etiquetar, culpar) y en su lugar, observarme y sentir lo que su apariencia, sus actos o sus palabras provocan en mí, qué sentimientos me despiertan (rabia, miedo, amor, odio) y comunicárselos al otro.

Una conversación así entre dos personas, normalmente no consta más que de unas pocas frases, pero puede cambiar completamente una relación.

Con el fin de ayudarte a recordar la forma de hacerlo, copia la siguiente lista y cuélgala en la pared de tu habitación o en la puerta del cuarto de baño. Trata de practicarla y fíjate en los cambios que se producen en tus relaciones personales.

 

COMUNICACION PARA LA CONVIVENCIA QUE NO HACER QUE HACER
No "etiquetarlo/la" en primera persona No dar órdenes Expresar mis deseos No hacer preguntas Hacer afirmaciones

TRATAR DE NO USAR LAS SIGUIENTES PALABRAS

Eres un/una... El/ella es un/una... Deberías... Tienes que... No puedes...

Para entender mejor la lista anterior y la comunicación esencial, y para facilitar su memorización, he aquí las siguientes reglas:

Primera: Nunca respondas a lo que la otra persona dice, independiente­mente de si es una pregunta o una afirmación, de si es un padre de ochenta años o un hijo de corta edad. Si el otro no usa la comunicación esencial, lo más probable es que trate de manipularte. En lugar de responderle, presta atención a lo que te produce lo que él/ella dice; si te sientes feliz, triste, enfadado, distante; si te duele, te alegra o te deja indiferente. Di sólo lo que te produce.

La otra persona puede insistir o preguntarte acerca de lo que acabas de decir. No caigas en esa nueva trampa. Presta atención a lo que te produce sus nuevas palabras, igual que antes, y díselo. Cuanto más manipulador sea él o ella, más firme debes ser en tu forma de responder. Los niños puede que reaccionen con sorpresa, pero responderán de forma seria y adulta. Los padres, cónyuges o parejas son normalmente mucho más manipuladores. Para cambiar su actitud necesitas ser constante en la comunicación esen­cial. No busques palabras complicadas ni trates de dar explicaciones, ni de justificarte.

Felicidad, tristeza, rabia, odio, amor, dolor, etc., son las palabras que mejor pueden describir lo que te sucede. Utilízalas con frases cortas.

Segunda: No hables de él/ella. No juzgues, ni critiques, ni etiquetes, ni describas a la otra persona. Siempre que comiences una frase diciendo "eres    "pienso que eres...", "sé que eres...", etc., detente y aplica la primera regla. Fíjate en lo que su belleza o su rabia provocan en ti. Si le

173
No decirle nunca a la otra persona: Ser consciente de mí Qué siente él/ella Decir lo que yo siento Qué piensa él/ella Decir lo que yo pienso Qué le gusta a él o ella Decir lo que a mí me gusta Qué no le gusta a él/ella Decir lo que no me gusta Cuál es su verdad Decir mi verdad

No juzgarle/la Ponerme en su lugar
No criticarle/la Ponerme en su lugar y ha mismo dices a una persona que es guapa, ésta tratará de serlo para ti, aún en el caso de que no se sienta así, y eso puede cambiar su manera natural de ser. En su lugar, puedes decir (siempre lo que siento ahora): disfruto mirándote, o siento un cosquilleo en el estómago cuando te miro, o cuando te miro me enfado.

Tercera: presta atención a lo que sientes por la otra persona, en el momento presente y dilo.

Cuarta: No digas a la otra persona lo que tiene que hacer. Estate atenta/ o a lo que tú quieres y dilo. Por ejemplo, "yo deseo que me abraces (tú eres libre de hacerlo, o no)", en lugar de "abrázame". En lugar de "¿Quieres pasar la noche conmigo?", "Quiero pasar la noche contigo (eres libre de decidir si tú quieres o no)

En resumen: Presta atención siempre a lo que te sucede a ti. A cómo te sientes interiormente, a qué sientes por la otra persona, y a cuál es tu deseo. Dilo en pocas palabras, o lo que es más difícil, di sólo eso. Inténtalo y te sorprenderá cómo unas cuantas frases pueden resolver problemas de rela­ción muy antiguos.