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15. La ideología egoista

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15
La ideología egoísta


Lo que sigue es un intento por crear o definir una ideología que sirva de ayuda a la sociedad humana para organizarse en una forma de democracia en la que todos podamos vivir de la forma más placentera y plena posible. Yo la llamo "ideología egoísta". Está basada en dos principios de funciona­miento comunes en la naturaleza: el principio de placer (P.P.) y el principio egoísta (P.E.), que no es otra cosa que la existencia del EGO como unidad vital.

Es fácil probar la existencia del P.P. en el funcionamiento y en la moti­vación principal de todo ser vivo. Pongamos varios ejemplos de comporta­mientos aparentemente altruistas y que en apariencia actúan en contra de ambos principios: madres que hacen frente a peligrosos enemigos para salvar a sus descendientes, o que pasan hambre por alimentar a sus hijos, y por otra parte los actos e impulsos egoístas, y el acto del suicidio.

Por experimentos recientes sabemos que las plantas "sufren" cuando ha­cemos daño a otra planta o animal que estén cercanos. Probablemente sea así porque la reacción de dolor es transmitida través del campo energético del sufriente, a los campos que lo rodean.

El contacto energético entre una madre y un hijo es mucho más fuerte que el contacto entre otros dos campos cualquiera, seguramente porque en otro tiempo fueron uno solo, o al menos dos funcionando en plena armonía. Por eso la madre siente directamente como suyos el dolor, el miedo y el hambre de sus hijos, reaccionando así de acuerdo al P.E. y al P.P. Sin embargo, también podemos observar algunos casos en que la armonía ener­gética entre ambos se ve perturbada por intrusiones, luces, ruidos, etc., o cuando la madre está nerviosa o alterada, en cuyo caso puede abandonarlo o incluso matarlo. Por otra parte, hay mujeres que adoptan hijos, incluso de diferente raza, y se comportan como verdaderas madres.
Los impulsos masoquistas humanos no tienen como finalidad el sufri­miento (W. Reich, "Análisis del carácter"). Los masoquistas no disfrutan con el dolor; sufren y hacen sufrir como cualquier otra persona, pero lo pre­fieren a la tensión que sienten y sufren para relajarla. De hecho todos lo ha­cemos cuando tenemos tensiones musculares dolorosas y difíciles de rela­jar. Presionamos con la mano el músculo dolorido y hacemos que nos due­la aún más, porque sentimos así se alivia. Esto no quiere decir que nos gus­te sufrir: significa que preferimos el segundo dolor al primero, del cual que­remos librarnos. En estos casos actuamos de acuerdo al P.P. y no en con­tradicción con él. El principio de preferencia de mayor placer es el mismo que el de preferencia de menor dolor. Esto explicaría el acto del suicidio.

De nuestro conocimiento científico de la naturaleza podemos deducir que cada unidad vital posee un cuerpo individual y funcional, definido en una existencia física y energética, poseedor de una sola unidad energética consciente que decide su funcionamiento. Cada unidad vital funciona en su propio interés y elige lo que es mejor para su supervivencia. Esto significa "de manera egoísta".

Podemos decir que cada protozoo es una unidad vital egoísta, ya que es un solo ser energético consciente e inteligente. Cada ser vivo multicelular funciona también como una sola unidad egoísta y tiene un solo sistema energético inteligente y consciente (o alma), conectado a su cuerpo físico, o alojado en él. En los seres que poseen cerebro, está conectado o situado en una parte determinada de aquel. En las plantas parece estar distribuido por todo su organismo.

Los animales pueden agruparse, como las abejas, las hormigas o los mamíferos. En tales formas de organización (aunque diferentes en cada caso), cada organismo tiene su unidad de inteligencia propia e individual, conectada a alguna parte de su cerebro, y cada individuo es capaz de actuar inteligentemente de acuerdo a sus necesidades de supervivencia, funcio­nando según el P.P. y el P.E., cuando es separado del grupo. En los insec­tos parece existir, además de la individual, una super unidad de inteligencia que se aloja en el grupo como un todo. En condiciones normales la colonia funcionará como un solo ego. Así que cada hormiga es conducida por el impulso egoísta de la colonia como unidad, y por su propio P.P. Aún dentro de este limite, actúa de acuerdo a sus propios E.P. y P.P., igual que las personas pueden actuar dentro de los límites de la ley, o un pájaro en los límites de su jaula. En las familias de mamíferos no hay una sola unidad súper inteligente que dirija. Hay un grupo de organismos relativa­mente iguales que poseen una sola unidad de inteligencia alojada en la parte consciente de su cerebro. Todos los miembros del grupo luchan, de común acuerdo, por su rol en la comunidad y cada uno actúa dentro de los límites de ese rol. Aunque cada individuo lo haga según el P.E. y el P.P., sabe que su bienestar depende del bienestar del grupo y lo tomará en consideración a la hora de actuar. Luchará por el mejor rol posible y se conformará con lo mejor que pueda obtener.

Los seres humanos funcionamos de la misma manera; la diferencia es que tenemos más información y por tanto un horizonte más amplio; pode­mos calcular mejor nuestras posibilidades de obtener el mejor rol entre los posibles, y lo hacemos de acuerdo a los principios del P.E. y del P.P., al igual que los otros animales.

Cuanto mayor es nuestro conocimiento del mundo mejor nos damos cuenta de que el contacto con los que consideramos nuestros rivales, aun­que limite algunos de nuestros derechos egoístas, es mejor para nosotros que una permanente lucha violenta por el poder. Los griegos lo entendieron cuando inventaron la democracia, hace 2.500 años.

La democracia es una forma de vida convenida por un grupo de egoístas conscientes de su egoísmo, por su propia y libre voluntad, para tener la mejor (la más placentera) y más larga vida posible. La democracia fue renovada en los siglos XIX y XX y se extiende entre la gente consciente de la existencia del P.E. y del P.P. en la naturaleza, y en ellos mismos como partes integrantes de ella.

Todos los regímenes totalitarios, en todas sus formas y épocas, han intentado reprimir esta conciencia en los individuos a los que gobiernan. La propia conciencia del P.E. y del P.P. está en completa armonía con la democracia, pero en los regímenes totalitarios socava el poder del gober­nante sobre sus subordinados. Esa es la razón por la que todos los gober­nantes totalitarios abogan por ideologías que ignoren o incluso nieguen los dos principios básicos de la naturaleza; esto lo hemos heredado y aún pervive en la moderna democracia. Las ideologías separan al humano del animal; éste tiene conciencia del P.E. y del P.P. y funciona de acuerdo a ellos. El totalitarismo aboga por el "vivir por". Vivir por una idea, por el estado, por un líder, por la bandera, por Dios, por la humanidad, pero nunca por uno mismo.

Si repasamos la historia, vemos que en todas las sociedades totalitarias -familia patriarcal incluida se prohíbe el funcionamiento de acuerdo a los mencionados principios a los gobernados, que sin embargo es legítimo para los gobernantes.

Democracia es libertad para criticar al gobernante. Es una manera de proteger los derechos individuales de cada uno para que no puedan serles arrebatados por el gobernante o por las instituciones gobernantes. La DECLARACION DE LOS DERECHOS HUMANOS es el certificado de la democracia. Protege los derechos y las libertades individuales y está en armonía con el P.E. y el P.P., que son, o deberían ser, los valores básicos sobre los que hemos de construirla.

Podemos reemplazar las ideas heredadas del totalitarismo por las deri­vadas del P.E. y del P.P. Puedo trabajar para la comunidad, no para sentir­me altruista, sino porque disfruto haciéndolo y porque quiero una comuni­dad mejor en la que vivir. Puedo amar a mis semejantes, no porque sea un mandamiento, sino porque me produce placer y creo buenas relaciones con las que disfruto. Puedo luchar por proteger la naturaleza porque me satisfa­ce hacerlo y porque quiero vivir en una naturaleza viva y hermosa.

Puedo disfrutar del placer, sin ninguna razón especialmente "buena" y sin sentimiento de culpabilidad. Cuando elijo sufrir lo hago para evitar sufrimientos mayores.

Cuanto más abierto estoy y más consciente me hago de mis sentimien­tos más cuidaré del medio ambiente en que vivo, porque habrá más cosas que me harán feliz o me producirán tristeza y sufrimiento, y así elegiré conservarlas o cambiarlas de acuerdo a ello.

La aceptación del P.E. y del P.P. como fundamento de nuestra ideología y valores, nos conducirán a la elección de una forma de vida democrática. Cuanto más se amplía nuestro horizonte y nuestro conocimiento científico de la vida y de la sociedad, más obvio es que el mejor modo de vida es la convivencia y el compromiso democrático con nuestros rivales. Ideologías y valores juegan un importante papel en todas las formas de educación y en todos los sistemas sociales. Veamos cuáles son los valores que imperan en nuestros sistemas educativos, de dónde vienen, cuál es su propósito y cómo es posible reemplazarlos por conceptos basados en la "ideología egoísta".
Los valores fundamentales que nos enseñamos son: responsabilidad, humanitarismo o altruismo, sinceridad, éxito, orden y disciplina. Es fácil localizar estos valores en nuestras sociedades totalitarias (monarquía, tira­nía, religión, familia patriarcal). Veámoslos uno por uno.

RESPONSABILIDAD: Cuando juzgamos responsable a una persona queremos decir que podemos contar contar con ella, que hará lo que NOS­OTROS pensamos que está bien, que no se arriesgará, que será lo opuesto a un aventurero o a un jugador. Identificamos el ser responsable con el éxito en la vida social y económica, con una buena situación o un puesto de grandes responsabilidades. Esto es así en los regímenes totalitarios, donde el gobernante es el único que tiene derecho a ser un aventurero sin pagar un precio por sus errores. Pero quiere a los demás responsables para poder confiar en ellos, para que hagan lo que EL piensa que es lo correcto, o lo que es bueno para EL.

En las democracias actuales nos encontramos con una situación paradó­jica: cuantas más responsabilidades conlleva un cargo, menor es el castigo por los errores, equivocaciones o irresponsabilidades. Es así en política y también en economía, siempre que la persona no haya quebrantado la ley. A un soldado puede costarle la vida un movimiento erróneo; una decisión equivocada de un ministro puede contar cientos o miles de vidas, pero nunca la suya, ni siquiera, en muchos casos, su carrera. Si quiebra una gran compañía constructora, mientras que los trabajadores y compradores perde­rán dinero y casas, los directivos se habrán hecho aún más ricos.

Cuanto más alto es el puesto, menor es la responsabilidad. Una persona que realmente se sintiera responsable de sus actos no osaría aceptar un cargo con grandes responsabilidades. Se quedaría en el que estuviera segu­ro de poder desempeñar satisfactoriamente para todos.

Podemos reemplazar la idea de responsabilidad por la capacidad de elegir y decidir. Aprender a hacerlo es una tarea educativa que ha de comen­zar desde el nacimiento. Las elecciones del recién nacido están guiadas por el P.E. y el P.P. Si dejamos que el bebé elija su comida, sus horas de sueño, sus vestidos, sus juguetes y sus alegrías desde el primer momento de su vida, será una persona sin dificultades para tomar las decisiones que le conciernan a sí mismo, o, en caso necesario, a su comunidad.

La exigencia de responsabilidad no hará al niño responsable, sino culpa­ble de no serlo. De hecho, es ésta la verdadera razón (consciente o incons­ciente) de tal exigencia. Cuanto más responsable nos sintamos, más poder tendrá sobre nosotros líderes, padres, profesores, y gobernantes. Las per­sonas con sentimiento de culpa son más fácilmente gobernables, y es más fácil achacarles los errores del gobernante y culparlos y castigarlos sin peligro de revueltas. Por eso la inculcación del sentido de culpa es una práctica común en todos los regímenes autoritarios, religiosos y no religio­sos. Su ideología incluye la exigencia de méritos difíciles de poseer, lo que nos hace sentirnos culpables por no ser como se espera que seamos.

ALTRUISMO: ser altruista significa no ser egoísta, lo cual está en con­tra de uno de los principios básicos de funcionamiento. Es irrealizable y sólo sirve para crear sentimientos de culpa e inutilidad. Cuando me siento mal e inútil no me atrevo a exigir, especialmente si se trata de exigencias "egoístas". Esta situación es ventajosa para el gobernante. Sucede lo mis­mo con la mayoría de los valores predicados en la educación.

SINCERIDAD: la mentira es parte integrante de la vida. Cuanto más sociables somos, más se convierte en parte habitual de nuestra comunica­ción. Mentimos a nuestros hijos sobre nuestros problemas, sobre nuestra vida sexual; a los amigos sobre nuestros sentimientos, a la sociedad sobre nuestra vida privada, y sin embargo predicamos la sinceridad a nuestros hijos. Todos los gobernantes desean la sinceridad de sus gobernados para poder confiar en ellos, todos se guardan el privilegio de la mentira sólo para ellos. Para los niños somos seres poderosos y libres, y aún así les mentimos. Ellos tienen que mentirnos sobre sus impulsos sensuales y se­xuales porque no los aceptamos: dependen de nosotros y tienen que jugar nuestro juego. En la escuela se enfrentan con exigencias distintas y allí tienen que ser alumnos. Juegan otro papel en su grupo de amigos, y cuando les exigimos sinceridad han de mentirse a sí mismos acerca de todos esos papeles y eso les hace sentirse confusos y desesperados. Si aceptamos a nuestros hijos por lo que realmente son, criaturas pequeñas e inteligentes impulsadas por el P.E. y el P.P., podrán ser sinceros consigo mismos, lo que es muy importante para su tranquilidad de espíritu. Aceptándolos como son les ayudamos a confiar en sí mismos, y sólo a partir de ahí podrán intentar ser también sinceros en sociedad.

Mientras que la elección consista en ser sincero con los demás o conmi­go mismo, es de vital importancia elegir lo último y aprender a mentir eficientemente a aquellos que no me acepten por lo que soy y que quieren que sea diferente.
EXITO: La sustitución del placer por el éxito es otra invención de la ideología totalitaria. Estas dos ideas de naturaleza paralela se convierten así en opuestas. Las ideas totalitarias perdurarán mientras la familia conti­núe siendo una institución represiva. Ha cambiado algo en los últimos 20 años, especialmente en las democracias liberales donde las mujeres son libres, iguales e independientes, pero en general, aún puede escucharse de padres y educadores cosas como: "Lo que resulta fácil no puede ser bue­no", "para lograr algo hay que trabajar duro", "lo que es sólo placentero no puede ser serio". Y cuando los niños están muy contentos: "esto acabará mal".

La idea del éxito nos hace pensar obsesivamente en el futuro. Nunca disfrutamos del presente porque siempre estamos planeando y preparando. No disfrutamos del presente porque nuestra conciencia está en el resultado futuro, en la calificación, en el éxito. Muchos de nuestros errores nos lo demuestran: olvidamos el gozo del aprendizaje pensando en las notas; la alegría del movimiento midiendo el tiempo y la puntuación en los deportes; nos perdemos el placer del baile poniendo toda nuestra atención en su ejecución, y del goce de tocar y del contacto sexual planeando el orgasmo.

La única satisfacción que puede proporcionar el éxito es el final de la tensión y el sufrimiento. Estos los creamos nosotros mismos. Muchos su­fren una depresión cuando alcanza un fin, y necesitan planear rápidamente el próximo logro. Con un éxito podemos obtener la admiración de amigos, profesores y gente en general, pero eso no nos hace mejores, sino sólo que nos inflemos como globos, pero con una sensación de vacío interior.

Podemos reemplazar el éxito por el placer y la aventura. Consideramos un éxito el alcanzar un fin incluso a costa de muchos sufrimientos. Una aventura tiene éxito si disfrutamos con ella, incluso sin alcanzar ningún fin.

En vez de enseñar al niño a crear una obra de arte para que le admiren, podemos ayudarle a disfrutar de cada paso del proceso creador. Podemos sustituir, en nuestros valores educativos, el éxito por el placer, y convertir­lo en la principal motivación de nuestras acciones.

ORDEN: tratar de imponer orden a los niños, en una situación familiar normal, es costoso para niños y padres. La naturaleza posee un orden inherente en todas sus funciones y creaciones, y cada animal tiene su pro­pio sentido del orden. Puede ser más efectivo y agradable aprender de los niños el orden específico humano, en lugar de imponerles uno mecánica­mente organizado que ni a nosotros complace.

DISCIPLINA: es la regla básica de todos los regímenes y organizacio­nes autoritarias. Su propósito es hacer de nosotros herramientas en manos de los gobernantes. Podemos reemplazar la disciplina por una relación abierta, franca y amistosa entre profesores y alumnos, como ya se hace en algunas escuelas y entre hijos y padres. Las relaciones humanas, en una sociedad verdaderamente democrática, no están basadas en la disciplina; lo están en el debate, la crítica y el compromiso.

Cuanto más democrática sea la sociedad en que vivimos, mayores serán las libertades individuales protegidas por la ley, y también el derecho a criticar a los gobernantes. La democracia será más auténtica si comenza­mos a basar los principios de la educación en el P.E. y el P.P.