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14. Los espíritus

Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9

14.
Espíritus

a) Los espíritus y las personas hipersensibles

Desde mi juventud, siempre me he considerado un racionalista y tengo una mente científica típicamente occidental. En este estado mental no cabe la creencia en espíritus o en cualquier otra forma de existencia después de la muerte.

Hace unos años, tras la muerte de un amigo, intenté, con la ayuda de varios más, invocar su espíritu. Utilizamos un vaso y una ¿güija? El vaso nos proporcionó cierta información que sólo uno, que no tocó el vaso, conocía. También nos reveló algo que para dos de nosotros parecía poco probable, y que resultó ser cierto unos años más tarde. Buscando una expli­cación lógica para esta experiencia, tuve que aceptar la existencia de algu­na clase de inteligencia tras la muerte de un organismo. Trabajando con grupos en seminarios de masajes, he sido testigo, una y otra vez, de expe­riencias "extracorporales" experimentadas por algunas personas, en estado de relajación profunda.

Se me hizo evidente que parte del sistema energético de una persona, una parte que puede "ver" y recordar, puede estar en el cuerpo o fuera de él. Cuando está fuera, la persona a la que le sucede pierde toda sensación corporal y se refiere a esa parte como "yo", y dice "Veo mi cuerpo tumba­do ahí abajo".

Llamo a esta energía ego o espíritu o alma. Por la facilidad con que esa parte puede dejar el cuerpo en relajación profunda, he deducido que fácil­mente podría suceder lo mismo cuando la persona muere.

En una sesión con una mujer, sucedió algo más; dijo al entrar en la habitación: "Estoy muy cansada, no he dormido en toda la noche". Le pregunté qué le había pasado y me contestó que había "alguien" en su habitación, y que sintió tanto miedo que se sentó temblando en un rincón. Le pedí que llamara a ese "alguien" ahora que estaba conmigo. "Está aquí -contestó- y es una mujer mayor". Sabía por experiencia que una buena forma de obtener poder y autoconfianza es ayudando a otros; también pensé que era importante para ella contactar y comunicarse con "aquello". En esa época yo sufría de ciática, por lo que le pedí que se comunicara con el espíritu y le preguntara cómo podía ayudarme. "¿Puede hacerlo?", le pregunté. "Sí", me contestó ella. Me eché en el colchón y la mujer me tocó en diferentes partes del nervio ciático durante unos 10 minutos. El dolor desapareció. Le dije que le pidiera al espíritu que se fuera, formulando sus pensamientos en palabras. Cuando lo hizo, el espíritu se fue.

Repetimos esta operación varias veces y el espíritu obedeció. La capaci­dad de llamar y despedir al espíritu y la posibilidad de aprender de ellos a cómo ayudar a los demás, cambiaron el acceso al mundo de los espíritus de esta mujer, y desapareció su miedo. Desde entonces sé que, normalmente, los espíritus vienen o se van por demanda verbal, vocalizada o no, aunque parece que formular las ideas en palabras nos ayuda a pensar más clara­mente.

Unos meses más tarde conocí a Antonio Gasparetto, un psicólogo clíni­co y medium. Gaspareto hace pintura mediúmnica; utiliza pinturas acrílicas y lápices de colores, trabaja en lienzos de 60 X 80 cms. Lo hace en públi­co, a oscuras, utilizando sólo una pequeña luz roja para que la gente pueda verle. Utiliza las manos a modo de pinceles. Trabaja con tremenda rapidez y tarda de 2 a 5 minutos, casi sin mirar. Cada uno está hecho en el estilo de un famoso artista ya fallecido, como Picasso, Renoir, Modigliani, Matisse, Goya y otros. Cuando está acabado, Gasparetto firma el cuadro con la rúbrica del pintor en cuestión. Estas firmas han sido certificadas como originales por grafologistas.

Me senté cerca de Gasparetto en unas cuantas sesiones, e investigué con las manos los campos energéticos que le rodeaban. Mientras trabajaba en uno de los lienzos, comprobé que aparecía una bola de energía sobre su cabeza, a una cierta distancia. Al finalizar, cambió el lienzo, y en ese preciso momento, la bola bajó y "entró" en su cuerpo, y durante algún tiempo no hubo más energía sobre su cabeza. Tras un minuto, una nueva bola apareció, y permaneció sobre su cabeza, hasta que terminó el dibujo y cambió de nuevo el lienzo. En un ocasión la bola de energía no bajó mientras los cambiaba. Cuando finalizó la sesión me di cuenta de que
Gasparetto, en esa ocasión, había hecho dos pinturas del mismo artista. Esto me hizo pensar que esas bolas eran los espíritus de los pintores. Esperaban su turno sobre su cabeza y probablemente miraban su trabajo. Más tarde me dijo que se comunicaba con ellos y que el mensaje general de su actividad con él era "enseñarnos que la vida no se acaba con la muerte del cuerpo".

Después de este encuentro comencé a investigar en los campos energéti­cos de las personas con las que trabajaba, y a diferenciarlos por sus formas. El campo del cuerpo, el de las zonas contraídas, el de las energías que salen de estas zonas, y de formas energéticas que estaban allí, pero que no forman parte de la energía corporal. A éstos los reconozco ahora como espíritus.

Cuando les pedía a personas hipersensibles que llamaran a un espíritu, podía sentir con mis manos cuándo estaba allí y dónde, y después lo com­probábamos juntos. Aprendí a identificar a los hipersensible por su conduc­ta especial, por sus tensiones corporales específicas (un pecho blando y una espalda muy dura), por sus miedos y fobias, y a algunos, por el uso de su mano energéticamente no dominante para escribir. En tal caso les decía que eran médiums en potencia. Sólo después de esto me revelaban sus experiencias especiales, de las cuales eran reacios a hablar, porque en la atmósfera general de nuestra cultura, se consideran místicos o locos a los que las tienen. De esta forma conocí a dos familias en las que tres de sus miembros veían y se comunicaban regularmente con el mismo espíritu, el de un familiar fallecido que estaba muy presente en sus vidas cotidianas.

En una visita a Brasil, asistí a un tipo de ceremonia religiosa llamada umbanda. Tuvo lugar en una pequeña choza, alrededor de la cual sentí energías muy fuertes, como formando una nube. Entramos en una pobre habitación con sólo tres banquetas y ciertos adornos religiosos, donde se desarrollaría la ceremonia. El cuarto estaba lleno de energía, como si hu­biera muchos espíritus. Los participantes eran un hombre mayor, una mu­jer, un hombre joven, un muchacho de unos 13 años, una niña de 9, y nosotros, los tres invitados.

El anciano comenzó a hablar y cantar, como rezando. Tras pocos minu­tos, su cuerpo comenzó a agitarse y a temblar y algo cambió de repente. Parecía como si la energía que hasta entonces llenara la habitación se hubiera concentrado en su cuerpo. Continuó hablando, con el cuerpo tem­bloroso, mientras el joven tocaba un tambor con ritmo africano, la niña se ocupaba de la bebida y cigarros del anciano, y el muchacho bromeaba y molestaba al hombre joven, como cualquier niño hace en una situación que le aburre; parecía no estar interesado en la ceremonia.

Después de algún tiempo, el anciano se levantó, agitándose aún, y se paró frente al muchacho, como si le dijera a él las "oraciones". Este se estremeció como si recibiera una descarga eléctrica; su cara y su cuerpo cambiaron totalmente: parecía tener 80 años, con los labios mojados, voz de anciano, y el cuerpo tembloroso. Comenzó a hablar y a cantar, condu­ciendo él la ceremonia. La energía del anciano se había trasladado a su cuerpo y durante unas horas fue pasando de un miembro a otro de la familia, dirigiendo cada uno en su turno correspondiente la ceremonia. Me quedé unas horas, pero ellos continuaron toda la noche.

Unos días más tarde, un psicólogo me pidió que viera a una niña autista que él trataba. Tenía 7 años. El terapeuta había dispuesto muchos juguetes por el suelo. La niña entró y nos ignoró. Estaba muy ocupada con los juguetes, agitándolos frente a sus ojos. No nos miraba, lo hacía fijamente a un sitio determinado de la habitación. Busqué en el espacio con la palma de la mano y detecté una concentración de energía en el lugar al que la niña miraba. Le comenté al terapeuta que esta energía podía ser un espíritu, a lo que me contestó que la niña tenía una hermanita que murió a los 2 años. Me dirigí al espíritu como si fuera la hermana de la niña, y le pedí, sin pronunciar las palabras, que abandonara la habitación para poder traba­jar con ella. El espíritu desapareció, y la niña se relajó, dejando de jugar. Pude entonces acercarme a ella y darle un suave masaje que le gustó, a veces incluso me sonrió y me miró durante una fracción de segundo. De repente se levantó de un salto y comenzó a jugar otra vez. Observé que agitaba los juguetes como hacemos cuando queremos llamar la atención de un bebé. La energía estaba otra vez en la habitación. Le pedí que se mar­chara varias veces; cuando se iba, la niña se relajaba y contactaba, por unos instantes, con nosotros.

Después de esto, continué indagando en las energías que rodeaban a la gente con la que trabajaba. Pedí a los hipersensibles que llamaran a los espíritus y que les invitaran a marcharse. Pude detectar la presencia y el preciso lugar que ocupaban en la habitación donde estábamos, su forma y la forma en que se conectaban al cuerpo de la persona, si era ése el caso. Llegué a la conclusión de que los espíritus están involucrados en muchas
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Actividades humanas: en la creación artística, en muchos problemas, en algunos de nuestros miedos, dolores y tensiones. Intentaré relatar lo que he podido averiguar en algunos casos específicos.

Reichenbach, en 1850, asoció la conducta extraña a la hipersensibilidad; eligió a personas de comportamiento extraño para sus experimentos, que hacía en un cuarto oscuro. Una vez acostumbrados a la oscuridad, estas personas podían ver energías. Por mi propia experiencia sé que los hiper­sensibles son mediums reales o potenciales. Tienen aptitudes telepáticas, pueden ver o sentir el futuro, sufren fobias, por lo menos de una clase (miedo a los lugares cerrados, a los espacios abiertos, a volar en avión, de los ascensores, de las multitudes, de la oscuridad, del silencio...). Tienen pesadillas terribles, de las que despiertan con un miedo histérico. Sienten la presencia de "energías", que ven en la oscuridad, u oyen sus ruidos o voces en el silencio. Pueden sentir la energía de los espíritus, como ligera o pesada, o como si fuera de algodón.

En nuestra cultura occidental, los espíritus no existen; se define como locos a las personas que pueden ver y oír cosas que los demás no pueden. Se les recluye en instituciones donde les drogan para anular su sensibilidad y aliviarles así del miedo. Por eso, los hipersensibles tratan de ignorar, a toda costa, sus sensaciones, y de negarse a sí mismos, y a los demás, sus propias experiencias. Unos duermen con las luces encendidas, para no ver sombras en la oscuridad. Otros duermen con la radio puesta para no oír voces. Otros comen compulsivamente cuando están intranquilos, a fin de reducir su sensibilidad.

Parece que en la sociedad en que vivimos, lo más aterrorizador que hay es la visión de un espíritu, cuya existencia se niega. Muchos conocidos míos siguieron negándolo incluso después de ver un documental en la televisión, hecho por un grupo de científicos contemporáneos, sobre los efectos Poltergeist en Inglaterra, al final del cual, el profesor que lo dirigía, dijo: "Odio tener que admitirlo, pero los espíritus existen".

Para mí es muy evidente que los espíritus existen, y no hay ninguna prueba de que no sea así. A mi juicio, esto hace que su existencia sea un hecho científico lógico. Creerlo o no es, en ambos casos, una superstición, como cualquier otra creencia lo es. Yo no creo en los espíritus. Sé que existen hasta que me convenza de lo contrario.

             


El miedo a los espíritus no es muy diferente del miedo a los perros, a los extraños, a las personas "diferentes". Es miedo a lo desconocido, que cuan­to más desconocido es, más nos asusta. Una persona acostumbrada a estar rodeada de perros nunca les tendrá miedo. Uno que los tema, se aterroriza­rá incluso en presencia de un cachorro juguetón. Verá en cada perro un monstruo peligroso. La mejor manera de superar este miedo es conocerlos mejor. Este razonamiento nos sirve también para los espíritus. La mejor manera de quitarse el miedo es aceptar su existencia y acostumbrarse a contactar y comunicarse con ellos. Esto es lo que intento que hagan las personas hipersensibles. Los ayudo a relajarse con un masaje energético o un toque suave. Luego les pido que llamen a un espíritu y que intenten visualizarlo en su imaginación. Lo más fácil es llamar, en primer lugar, a los espíritus que probablemente ya están allí, como parientes o amigos muy cercanos, espíritus de gente con la que se sueña o cuya presencia se siente. Cuando pueden visualizarlos claramente, es que están presentes energética­mente. Entonces les pido que les hablen, que se comuniquen con ellos como lo harían con una persona viva. La comunicación ha de ser verbal, poniendo los pensamientos en palabras claramente definidas, pronuncián­dolos o no. Normalmente, el espíritu reaccionará a tal comunicación con una respuesta o una sonrisa, o desaparecerá o hará algo. Una vez estableci­da la comunicación, pido a la persone que le diga que se vaya, lo que generalmente sucede. Luego le digo que lo llame otra vez, y que le pida que se vaya de nuevo, hasta que la persona vea que puede controlar sus idas y venidas. Esta experiencia disminuirá o hará desaparecer el miedo. Así se dan cuenta de que los espíritus pueden ser nuestros amigos y que hacen lo que les pidamos. Pueden ayudarnos con sus consejos y hacemos compañía cuando nos sentimos solos o tenemos miedo.

Los espíritus pueden estar relacionados con las contracciones muscula­res de nuestro cuerpo, por distintas razones. Un caso así fue el de una mujer asmática con la que trabajé. El ataque de asma es un intento desespe­rado por reprimir la expresión de una excitación emocional muy poderosa. Se produce al contener la respiración con el pecho expandido o por la contracción de la garganta. La mujer de la que hablo tenía sensación de ahogo. Examiné su campo energético y detecté la energía de un espíritu, rodeando la garganta con su "pierna". Le dije que le pidiera al espíritu que se fuera y así lo hizo; su energía desapareció. La sensación de ahogo remitió, pero entonces se sintió excitada e inquieta. Le pedí que volviera a llamar al espíritu y así lo hizo, pero la sensación de ahogo volvió también. Ahora estaba tranquila y no sentía ninguna inquietud. Repetimos el experi­mento varias veces con el mismo resultado. Se hizo evidente que la sensa­ción de ahogo servía para eliminar la excitación incómoda y "peligrosa"; cuando sentía el ahogo "sólo" sentía eso, pero su cuerpo estaba tranquilo. Parece que en este caso el espíritu respondía a una petición inconsciente de la mujer para ayudarle a ahogar su garganta y así reprimir la excitación. Obviamente ella prefería el ahogo a la explosión histérica de una oleada de excitación.

Cuando este proceso se hizo consciente, la mujer pudo arreglárselas para mantener abierta la garganta, pidiéndole al espíritu que se fuera cada vez que sentía la sensación de ahogo, y así aprendió a enfrentarse con un estado de excitación emocional, a aceptarlo y a expresarlo. Bloqueamos su expresión en algún momento del pasado, y con el paso del tiempo va acumulando un poder imaginario. Cuando finalmente aceptamos experi­mentarla y expresarla, enfrentados a ella, normalmente nos resulta mucho más soportable de lo que temíamos.

En algunas fobias, el origen del miedo puede localizarse claramente en un acontecimiento traumático de la vida de la persona. En muchos otros casos el miedo comienza tras la muerte de un ser querido, al que el sujeto del miedo estaba muy unido. En estos casos, el miedo está relacionado con la presencia del espíritu y el hecho de que la persona trate de reprimir y negar su percepción.

Para algunos niños ver espíritus constituye una experiencia regular y cotidiana, les ponen nombres, y normalmente son amables y juguetones. En otros casos les molestan. Creo que deberíamos escuchar a los niños con especial cuidado en esta cuestión. Si es el caso, trata de ayudarles a conser­var esa capacidad a lo largo de su vida, y no a reprimirla. Lo hacen cuando nos oyen decir que los espíritus no existen y que están locos los que digan lo contrario; esto les puede llevar a negar sus experiencias anteriores di­ciendo que eran imaginarias.

Al parecer, existen diferentes clases de espíritus. Pueden ayudarnos como maestros, consejeros y amigos, y dar una nueva y vasta dimensión a nuestras vidas. Como en el caso de la mujer asmática, acuden a nuestra llamada inconsciente para "ayudamos". Algunos se pegan a las áreas de tensión de nuestro cuerpo, por donde perdemos energía, y probablemente se alimentan de ella. Otros parecen ser la causa de la contracción y de la pérdida de energía resultante. Otros, porque estaban emocionalmente unidos a nosotros cuando vivían, igual que los hay que parecen estar vincula­dos a lugares a los que se sentían especialmente apegados. Algunos nos contactan con el fin de que llevemos su mensaje a la sociedad o a una persona específica. Esto puede suceder mediante sueños, escritura automá­tica o contacto verbal. Otros vienen a nosotros como guías o maestros.
 Líneas energéticas y espíritus

Mientras descargaba una línea energética, seguí la espiral que salía del centro de la tensión; era una espiral espacial que crecía en diámetro según se alejaba del cuerpo. Tenía un metro de altura y luego su diámetro dismi­nuía, hasta llegar a unos 20 centímetros. Más arriba, su diámetro volvía a crecer hasta alcanzar unos 40 centímetros, después se hacía más pequeño y terminaba en un punto. Tenía una forma elíptica y una especie de "cabe­za". Traté de liberar energía de esta forma y, de repente, desapareció.

Cuando este fenómeno se repitió, trabajando en otras tensiones, me di cuenta de que había una diferencia entre una espiral espacial acabada en un punto, y una espiral espacial que acababa con una "cabeza". La primera nunca desaparecía repentinamente, sino que reducía su volumen y su forma a medida que descargaba energía de sus líneas. La segunda, en cambio, desaparecía de golpe cuando intentaba seguir sus líneas o, como observé más tarde, cuando tocaba su forma o le pedía que se fuera. Más adelante aprendí que podía pedirle que se cambiara a otro lugar del cuerpo, o de la habitación.

Estas "formas" pueden escuchar mis palabras o mis pensamientos, enten­derlos y reaccionar a mis deseos o peticiones. Son unidades de inteligencia que tienen la capacidad de ayudarnos a contraer zonas que, inconsciente­mente, queremos bloquear. Esto puede causar dolor incluso antes de que se sienta la contracción muscular. También responden, generalmente, a peti­ciones conscientes. Llamo espíritus a estas unidades de energía inteligente. Todos tienen una espiral energética con forma de cabeza; varían en tamaño y en la forma del cuerpo. Puede que sean espíritus de personas que están vivas, o de personas que no lo están, y de acuerdo a sus formas, también espíritus de otros seres diferentes de los humanos. Sé muy poco más de lo que está escrito en este libro sobre estos seres energéticos.

Para que te asegures de que no se trata de formas imaginarias, haz el si­guiente ejercicio: pide a tu compañero/a que se tumbe, busca una espiral que tenga una forma de cabeza (si no la encuentras en el cuerpo de la perso­na, busca por la punta de los dedos de las manos o de los pies). Pon la ma­no sobre el espíritu y dile mentalmente, sin pronunciar las palabras, que se vaya del cuerpo y se ponga en una silla de la habitación. Que tu compañe­ro se levante para buscarlo y trate de averiguar a qué silla lo has enviado. Es­te ejercicio hace que la existencia de espíritus sea más "física" y tangible.

 

Espíritus pegados al cuerpo

Las líneas del campo de una tensión corporal siempre tienen forma espiral . Las líneas energéticas de los espíritus también, pero ya sabemos cómo diferenciarlos.

Cuanto más baja esté la base de "la Bota" más tensiones hay en el cuerpo y más rodeado está éste de espíritus que lo tocan. Una persona que tenga la base de "la Bota" a la altura del pecho puede tener 3, 4 ó más. Las personas con "la Bota" por encima de sus cabezas, generalmente, no tienen ninguno.

Los espíritus "pegados" al cuerpo, como ya hemos explicado, normal­mente han sido llamados inconscientemente por la persona, aunque a veces
 
Tensiones y espíritus
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Pueden contactar con zonas libres de tensiones. Los espíritus a los que podemos llamar conscientemente, por lo general no se "pegan" al cuerpo, a menos que les pidamos que lo hagan.

Los campos energéticos de las tensiones corporales tienen una variedad de formas de líneas energéticas que pueden coexistir simultáneamente en la misma zona de tensión y que se reemplazan unas a otras según las vamos disolviendo (Ver 6.b).

Trabajo de forma diferente con las tensiones creados por la persona misma, que con las creadas con ayuda de un espíritu llamado inconsciente­mente para ayudar a reprimir una sensación socialmente inaceptable, des­tructiva o aterradora. Un ejemplo es el caso de una mujer que sufría un do­lor en un brazo causado por un espíritu de esta clase, a la que pregunté qué haría su brazo si fuera completamente libre. Me contestó "¡Le pegaría!”(Se refería a su madre). Había llamado al espíritu para impedírselo.

Para aliviar una tensión originada en el organismo, descargo energía, con mi mano no dominante, de las líneas energéticas que forman el campo de la misma. Para aliviar una tensión o un dolor causado por un espíritu que está en contacto con el cuerpo, paso mi mano dominante por el CON­TORNO del campo energético del espíritu, especialmente por la cabeza, y le pido que se vaya de allí. Es fácil hacer que el espíritu se cambie de un punto a otro del cuerpo. Le digo, por ejemplo: "Vete de la garganta y cámbiate a la pierna derecha", y así lo hace. A veces también se cambia a otra persona que esté cerca (terapeuta incluido) especialmente si ésta tiene "la Bota" muy baja, pero a menudo vuelve a la primera persona. En uno de mis grupos, una mujer sintió un dolor repentino en el brazo; localicé un espíritu con cabeza relativamente grande pegado a su brazo. Le pedí que se fuera y el dolor desapareció. Segundos después otra mujer sintió dolor en el pecho y ahí le detecté al mismo espíritu de la cabeza grande. Cuando le dije que se fuera, volvió al brazo de la primera mujer, causándole el mismo dolor que antes. Le repetí que se fuera y volvió a cambiarse del brazo de la primera mujer, al pecho de la segunda. Tras la quinta vez de ir de una otra, la primera pudo sentir su presencia sin sentirse turbada por la sensación, y sin dolor.

Esto puede explicar por qué los hipersensibles (que por lo general tienen la base de "la Bota" muy baja), sufren los dolores de las personas a las que intentan ayudar; y también el efecto curativo de palabras y pensamientos
 
Dibujo 'mediúmnico"y escritura automática d) Los "dobles" espíritus

Conocí a una mujer, durante un viaje, en cuya presencia me sentía ex­cepcionalmente bien, tranquilo y relajado. A la vuelta, mientras le escribía una carta, sentí, de repente, una energía vibrante cerca de mí. En los últi­mos dos años había trabajado mucho con espíritus y había aprendido a identificarlos, dirigiéndome a ellos con el que suponía su nombre, y les pedía que se cambiaran de un sitio a otro; si el nombre era correcto, se cambiaban de acuerdo a mi petición, y si no lo era, no se movían hasta que los llamaba correctamente. Con esta técnica, identifiqué la energía vibran­te con el espíritu de la mujer a la que esbía.

Fue la primera vez que hice esto con el espíritu de una persona viva. Había experimentado con espíritus de gente que estaba muerta, y podía pedirles que entraran en mi cuerpo o en el de cualquier otra persona viva. La presencia de este espíritu me hizo sentirme bien, así que le pedí que lo hiciera. En ese momento tuve una sensación de disolución, muy agradable y relajante, que me resultaba nueva. Telefoneé a esta amiga, y refiriéndose al momento de mi experimento, me dijo: "Ha sido una sensación muy usadas en algunas terapias. Sé por experiencia que los tejidos cróni­camente contraídos no pueden re­lajarse con pala­bras, sino descar­gándolos de ener­gía disolviendo todas las líneas energéticas del campo del área contraída, hasta que los tejidos se ablanden, el dolor desaparezca y se recupere el campo de la salud.
 
Pedí a otros que lo hicieran, y obtuvimos los mismos resultados: parece que cada persona tiene un espíritu que le proporciona esa sensación de la que hablo, como si la energía de ambos espíritus armonizara. Por eso los llamo "dobles de los espíritus". He encontrado uno solo para cada persona, aunque me parece lógico que haya varios, pero es difícil encontrarlos. Pueden ser del mismo sexo o del opuesto, y pueden pertenecer a personas vivas o a personas muertas, conocidas o desconocidas. La sensación descri­ta por individuos diferentes es muy parecida: una sensación de disolución, un dulce desmayo (esta es también la descripción del orgasmo de Reich), burbujas en el cuerpo, un placer increíble, una relajación total... La intensi­dad de la sensación depende del estado de auto concienciación de la perso­na o de su sensibilidad.

1. COMO LLAMAR A UN ESPIRITU.

Para llamar a cualquier clase de espíritu, ya sea de una persona viva o muerta, o al "doble", es mejor pensar en palabras que realmente significa decirlas internamente. Esto hace, probablemente, que nuestro pensamiento sean claros, definidos y comprensibles para el espíritu. Para algunas personas funciona inmediatamente, otras tienen que aprender y practicarlo mucho tiempo hasta aprender a transmitir sus deseos claramente, de forma que el espíritu responda.

Trata de llamar al "doble" de tu espíritu, de la forma indicada, y dile: "doble de mi espíritu, quiero que vengas a esta habitación". Luego busca las líneas que lo limitan, si las sientes es que está presente. Después pídele que entre en tu cuerpo. Si tienes una sensación de disolución, y sientes tu respiración más libre y abierta, se trata sin duda del "doble" de tu espíritu. Si sientes tensión y tu respiración se bloquea, no lo es. Si esto sucede, pídele que se vaya, siempre pensando con palabras, e inténtalo hasta que lo encuentres. Entonces quédate con él tanto tiempo como sea posible y trata de identificarlo de la forma descrita anteriormente.

La persona cuyo espíritu has llamado puede sentir de alguna forma la experiencia, dependiendo de su estado de concienciación en ese momento. Los hipersensibles pueden sentirlo con más fuerza e incluso tener una noción de lo que su espíritu experimenta.

 

e) Espíritus de personas vivas

Forma un círculo con un grupo de personas, dejando el máximo de espacio entre cada una, y pide a alguien que se tumbe en el centro. Luego, cada uno de los componentes del grupo tiene que llamar al espíritu de la persona que está en el suelo y comprobar el contorno y el espacio interior del espíritu, intentando detectar cualquier concentración energética. Co­menta tus descubrimientos con los otros y compara las concentraciones energéticas halladas con las del cuerpo real de la persona tumbada. Proba­blemente todo coincidirá. La persona echada sentirá muy ligeramente el efecto (cuando el espíritu original abandona el cuerpo sí perdemos las sensaciones corporales).

Esto significa que un espíritu puede tener muchas (probablemente infini­tas) "copias" o "reflejos" del sistema energético personal, o espíritu original.

Después continúa el ejercicio, busca una concentración de energía y pide a cada una de las personas del grupo que trabajen en la misma zona. Esto sí afectará a la persona tumbada con bastante claridad, normalmente.

14. Ayuda típica de espíritu servicial
Que he mencionado me hizo sentir esa sensación extraña, agradable y alarmante al mismo tiempo, ya que nunca había sentido algo así".

Continué experimentando y aprendí que puedo llamar a los espí­ritus de personas vivas y pedirles que entren en mi cuerpo. Haciéndolo me di cuenta de que todos los demás espíritus a los que llamaba me creaban tensión y un cierto bloqueo respi­ratorio, aunque fueran de gente que realmente me agradaba. Sólo el espíritu de la amiga tan especial.
Podemos comprobar en el reflejo del espíritu si un punto específico necesita que lo cargues de energía (una infección), o que lo descargues (una tensión), exactamente igual que hacemos en el organismo original, usando la técnica de la detección ocular.

Este ejercicio explica los efectos de la curación a distancia y facilita la forma de hacerla. Si buscas en la zona que hay sobre la cabeza del reflejo del espíritu, encontrarás una línea energética que la conecta con la de la persona real.

Por este ejercicio deduzco que el espíritu de una persona muerta también puede tener, además del original, muchos reflejos que serían los que entran en contacto con nosotros cuando les llamamos, o cuando ellos lo desean.

 

f) Los dioses de "la bota" y los espíritus serviciales

Creo que, además de los espíritus, existen muchas otras formas energéti­cas en el entorno de nuestro cuerpo, como por ejemplo, "la Bota", parásito energético que describo en el cap. 7. Cuando estas formas están en contac­to con nuestro sistema energético lo afectan poderosamente, al igual que nuestra salud, estado emocional, pensamientos o trabajo creativo.

El conocimiento de la existencia de los espíritus debe tener una influen­cia importante en el pensamiento de los seres humanos, en su filosofía y en su educación, en lo relativo a la vida y a la muerte, y en su entendimiento de la naturaleza.

Los espíritus son energías inteligentes, que pueden ver, oír y pensar. Nuestro mundo científico está hecho de materia y no de energía inteligente. Sin embargo, cuanto más sabemos del átomo y de sus componentes, más energético se hace nuestro concepto de la materia. La partícula material más pequeña que conocemos hoy es el quanto. Tiene maneras de funcionar o leyes, que no siempre sigue. Imaginemos que el quanto esté hecho de millones de unidades de energía inteligente, como una gran ciudad. Ahora miremos desde muy lejos, desde el espacio, una gran ciudad por un telesco­pio que es sólo sensible a la energía inteligente; veremos París como un gran quanto, un grupo de 12 millones de unidades de energía inteligente. Observamos este grupo o quanto y vemos que se mueve a través del espa­cio con una trayectoria en forma de espiral abierta. Cambia constantemente de tamaño; durante doce horas es grande, otras doce empequeñece. Nuestro telescopio no puede ver a los individuos que se van de la ciudad por la tarde y vuelven por la mañana. A veces el grupo casi desaparece; esto sucede cuando sus habitantes abandonan la ciudad los días festivos y los "puentes". Nuestro investigador cósmico no le encuentra ningún sentido. El quanto bien podría ser un grupo de millones de unidades de energía inteligente, cada una de ellas tan inteligente como el mismo quanto. Igual que cada parisino no es menos inteligente que la ciudad como un todo.

En el macrocosmos, más allá de los humanos y de los espíritus, pode­mos suponer la existencia de energías inteligentes mayores, tan enormes como la escala cósmica es para nosotros, y probablemente inconmensurable aún más allá.

Podemos tratar de entender el significado lógico e inteligente que hay tras el funcionamiento de la naturaleza en la esfera de lo humano. Podemos incluir en nuestro sistema plantas, formas de vida simple, animales, huma­nos, espíritus y energías que se alimentan a nuestra costa, como "la Bota".

El mundo de las plantas es el único que alimentándose de energía solar, mi­nerales y agua, produce células vivas, energía vital y vitaminas. Todas las otras formas de vida se alimentan de plantas. Nosotros nos alimentamos de ellas o de animales que a su vez se alimentan de plantas. Cuando tuvimos ne­cesidad de una cantidad mayor, aprendimos a cultivarlas. Hicimos una se­lección para cultivarlas sólo de acuerdo a nuestras necesidades. No pensa­mos en las suyas, en sus vidas o en sus satisfacciones. Concentramos nuestro interés y pensamientos en lo que nosotros necesitábamos. Lo mismo ha­cemos con animales, pájaros y peces. Nosotros podemos adoptar el papel de dioses para los tomates, los pollos y las carpas. Los cultivamos y los cria­mos; los seleccionamos y nos alimentamos de ellos. Introducimos en la natu­raleza la regla de "la supervivencia de lo más conveniente para nosotros".

Si existiera una energía superponerte (en relación a la energía de las formas vivas de la esfera terrestre) que se alimentara de la energía produci­da por los seres vivos, sería lógico que introdujera la ley de la superviven­cia de lo más adecuado para ella. Permitiría que se produjeran tantos orga­nismos vivos como fueran posibles para satisfacer sus necesidades. Si existe esta superenergía que se alimenta de la nuestra, será con toda seguridad más potente que nosotros; será para nosotros lo que nosotros somos para un tomate o para un pollo.
Hay probablemente un sinnúmero de energías más inteligentes, o al menos más potentes que nosotros, que se alimentan a nuestra costa, o de energías que se alimentan de nuestra energía.

Veamos una sola de ellas, "la Bota", y examinemos cuál puede ser su relación con los humanos y cómo puede influir en nuestras vidas, pensa­mientos y filosofía.
La energía que he detectado sobre cada ser humano (y sobre cualquier ser vivo), tiene una forma que recuerda a una bota, y se alimenta del organismo sobre el que se encuentra. Es energía inteligente, o instrumento de almacenaje para uso de otra super energía. "La Bota" puede alimentarse mejor cuando está en contacto directo con nuestro organismo y éste se encuentra cargado de tensiones que le hacen perder mucha energía. Y esto sucede cuando contenemos la respiración, ya que su base baja más, pudien­do así tomar fácilmente mucha de la energía de nuestros tejidos y glándulas en tensión, y causar graves problemas a nuestro organismo.
Cuando respiramos continua y relajadamente, "la Bota" se mantiene por encima de la cabeza, dejando un espacio entre ésta y su base.
Si yo me alimentara de energía humana, como "la Bota" o sus amos hacen, me gustaría disponer de tantos seres como fuera posible: les prohi­biría cualquier tipo de control de la natalidad. Me gustaría que tuvieran el mayor número de tensiones posibles, y lo lograría enseñándoles a reprimir la realización de sus instintos y la expresión de sus emociones. Les daría leyes que les obligaran a ser y a comportarse de esta forma, y les prohibiría que preguntaran o investigaran sobre su significado y sus propósitos reales, exigiéndoles que creyeran en ellas sin ningún tipo de crítica. Esto es, de hecho, lo que hacen todas las religiones.
Yo pensaba que las religiones habían sido inventadas por los hombres con el fin de reprimir, utilizar y dominar a la mayoría. La idea de la existencia de "la Bota" y de, probablemente, otras energías similares, me han hecho pensar en otra posibilidad. Es probable que las súper energías que se alimentan de la energía humana crearan las leyes y las creencias de las religiones para su propio beneficio, transmitiéndonoslas a través de contactos mediúnico con las mentes de los que creemos fundadores de las diversas religiones. De esta forma, los manuscritos "sagrados" habrían sido dictados a través de algunos médiums líderes, para beneficio de estas supe energías que se autoproclamaron dioses.
Cualquiera que sea el proceso real del origen de las religiones (segura­mente uno de esas dos), son nocivas para la vida y para el bienestar, y estar, hechas para beneficio de otros.

Existan también otras super energías que no se alimentan de la energía humana, y muchos espíritus que son amables y serviciales, y podemos beneficiamos mucho aprendiendo a comunicarnos con ellos. Debemos te­ner siempre presente que la mejor herramienta con la que contamos para juzgar qué es bueno y qué es malo para nosotros es nuestra propia inteli­gencia.

 

g) Los expertos

Parece que los espíritus tienen sus recuerdos y habilidades individuales. Podemos llamar a estos espíritus "serviciales" para que nos ayuden a auxi­liar a otras personas o animales. Visité una granja, en la que un perro que estaba encadenado en la parte de atrás ladraba ininterrumpidamente noche tras noche, molestando a sus dueños y vecinos. Antes de marcharme me preguntaron si podía hacer algo. Llamé a un experto en perros para pedirle que lo calmara. Tras unos segundos el perro dejó repentinamente de ladrar, ni siquiera respondía a los ladridos de los otros perros. Desde entonces está tranquilo.

Yo consulto a expertos en mi trabajo para tratar a la gente; parecen estar disponibles en cualquier momento, como si esperaran que los llamara para venir a ayudarme a resolver Los problemas. No hay duda de que pertene­cen al grupo de los espíritus "serviciales". Es lógico que también las ener­gías de "la Bota" tengan sus propios expertos, pero yo no deseo tratar con ellos.

Esta especulación sobre la vida y los espíritus explica muchas cosas que suceden en la vida y la sociedad de los humanos, por lo que lo considero una realidad probable hasta que me convenza de lo contrario.
h) Detalles de los espíritus

1. Líneas dentro del espíritu.

Cuando dominamos fácilmente el seguimiento de las líneas energéticas, podemos avanzar en nuestro estudio de los espíritus.

Ahora podemos tratar de seguir sus detalles internos. Comprobaremos líneas que corresponden a los cabellos (la diferencia perceptible es si son rizados o no), a cejas, ojos, nariz, boca y labios, cuello, manos, pies, línea inferior de los senos (en el caso de mujeres), pezones y ombligo (en ambos sexos) y a las de los órganos sexuales también. Estas líneas son probable­mente los "copias" de las forma del cuerpo de la persona. Existen también en los espíritus de los bebés y de los embriones, igual que en los adultos.

2. Diagnosis sobre espíritus.

Llama al espíritu de una persona viva que esté contigo, o si trabajas en grupo, al de uno de sus miembros. Trata de encontrar la línea exterior de la forma general; luego busca tensiones como harías con una persona real, y localiza el lugar y la intensidad del campo energético de la tensión en el espíritu. Si lo haces en grupo, cada uno de los componentes puede llamar al espíritu de la misma persona y encontraréis la misma tensión.

3. Cómo trabajar en el campo energético de un espíritu.

Se hace de la misma forma que con la persona real: una vez localizada la tensión o la infección con la técnica de la respiración o con la de la vibración ocular
Campo energético
 
Muy anémico
Glóbulo rojo sano
 
 
Raíz de pelo sano
De cabeza calva
 
Muy anémico
Leucocito sano
14. Gene de pelo sano
14 Partes aumentadas
Vibración ocular, carga energía con la mano dominante si es una infección o descarga con la no dominante si es una tensión. Comprueba el efecto con la persona con cuyo espíritu trabajas.

Cuando varias personas trabajan simultáneamente en la misma zona en el espíritu de una misma persona (pero que cada uno ha llamado aparte), el efecto será mucho mayor.

4. Partes aumentadas del cuerpo.

Cuando trabajas con otra persona (o en ti mismo), puedes llamar al "espíritu" o campo energético de la parte de que se trate: un músculo, el estómago, los intestinos, etc., y seguir sus líneas y tensiones energéticas. Puedes llamar al "espíritu" de una pequeña parte, aumentada a un campo grande. Si lo consigues puedes comprobar la energía de una célula, de la raíz de un pelo, de un espermatozoide o de cualquier parte pequeña del cuerpo. Examinando los glóbulos de la sangre encontrarás una relación directa entre la altura de "la Bota" y el campo energético de dichas células.

Ahora estoy experimentando con la posibilidad de tratamiento de genes, para problemas genéticos específicos como la calvicie, por ejemplo. Es un vasto campo para investigar, pero que sólo es posible si dominas el segui­miento de las líneas energéticas.

 

i) Trabajo intuitivo y espíritus

Cuanto más trabajo en el campo de los espíritus, más involucrados los encuentro en nuestra vida, trabajo, pensamiento y creaciones. Estoy total­mente seguro ahora, por la experiencia de mi trabajo, de que la intuición no es otra cosa que la ayuda de los espíritus. Los dibujos de Gasparetto, los escritos hechos por médiums en trance, la inspiración artística (las Musas),el descubrimiento de agua de los zahoríes, la telepatía y la adivina­ción del futuro, e incluso un masaje intuitivo simplemente, son efectuados por nuestros cuerpos y mentes con la ayuda de los espíritus "serviciales".

Comprueba la energía de cualquier médium, vidente, etc., con la mano o la técnica de vibración ocular, y encontrarás un espíritu cerca de la perso­na, normalmente con una mano sobre su cabeza, y la otra sobre la mano con la que la persona lleva a cabo lo que esté haciendo. Cuando se trate de descargar energía de las líneas energéticas, pondrá una mano en la cabeza o en la mano de la persona que lo haga, y la otra en un cacharro con agua, o en alguna clase de circuito energético.