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10. Formación y estructura del carácter

Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9

10.
Formación y estructura del carácter

a) Bloqueos temporales y bloqueos crónicos

Retomemos el ejemplo mencionado al principio del libro: cuando estoy triste y reprimo el llanto, en ese momento contraigo la garganta y creo un bloqueo fisiológico-emocional-energético, que siento como un nudo en la garganta. Si estoy o puedo ir a un lugar privado, cerrar la puerta y romper a llorar, el nudo desaparecerá. Este es un bloqueo temporal y son de una importancia vital para cualquier organismo, para conservar la vida y librar­se de muchos problemas. Un gato nunca atacará a un perro a no ser que no tenga otra salida. Un empleado tiene que reprimir y tragar su rabia y su dolor frente a su jefe, si quiere conservar su empleo. Los niños reprimen su rabia cuando saben que sus padres no les van a tolerar que la exprese. El bloqueo temporal de la expresión de cualquier emoción, además de impor­tante para la vida, es una función natural de la energía orgónica que em­pleamos cuando el organismo está en apuros.

El bloqueo comienza a ser negativo para la vida cuando se convierte en crónico. Cuando ya nunca voy a mi habitación a llorar, el nudo en la garganta se convierte en una tensión crónica que aumenta cada vez que vuelvo a reprimir las ganas de llorar y que sigue agravándose con los años.

Reich llama armadura a la suma de bloqueos crónicos de un organismo. Esta armadura nos impide experimentar la vida en toda su intensidad.

Según la gravedad de la armadura, pasamos por la vida sin vivirla o experimentándola sólo parcialmente. Creo que la vida es principalmente una experiencia, una aventura donde triunfar o fracasar no depende de los logros alcanzados, sino de la intensidad con que la experimentamos. La armadura muscular nos impide hacerlo y además perjudica nuestra salud; los músculos contraídos presionan los vasos sanguíneos y el flujo de los humores linfáticos y, como consecuencia, los tejidos sufren de falta de
Oxígeno y de energía, y se deterioran y desarrollan distintas clases de enfermedades. Por esta razón es importante que nos liberemos de las ten­siones crónicas que existan en nuestro cuerpo.
b) Orden segmentar de los bloqueos

En cierta ocasión, daba un masaje a una mujer a la que le dolía el abdo­men, y mientras lograba que su vientre se relajara, de repente, le dio un dolor en el diafragma. Masajeé también esta zona hasta que el malestar desapareció, pero entonces le reapareció en el pecho, de donde logré qui­társelo, hasta que se notó una especie de un nudo en la garganta, que luego dio paso a un dolor de cabeza, que más tarde se convirtió en mareo mezcla­do con miedo y placer. Este ejemplo sirve para demostrar lo que Reich llamó "orden segmental de los bloqueos". Comparó el cuerpo humano a un gusano; el flujo energético natural de este gusano iría desde la cola a la cabeza. Sin embargo, cada segmento puede contraerse independientemente de los otros, e impedir el flujo de la corriente a través de él. El segmento que forma el bloqueo se contrae física y energéticamente, e impide el paso de la energía hacia la cabeza, así como su expresión en forma de descarga emocional-energética.
Reich definió siete segmentos a lo largo del cuerpo: el segmento ocular, el oral, el cervical, el torácico, el diafragmático, el abdominal y el pélvico. En cada uno de estos segmentos podemos encontrar zonas secundarias de bloqueos crónicos, como por ejemplo, los oídos que forman parte del seg­mento ocular, o los hombros que se incluyen en el segmento torácico. Se puede trabajar en todo el segmento o en los bloqueos secundarios, según se necesite.

 

c) Maneras de abrir los bloqueos

Cualquier intento por abrir los bloqueos crónicos es positivo para la vida. Los tres niveles de funcionamiento del bloqueo (muscular-emocional­-energético) son interdependientes. Existen diversas formas de trabajar el nivel emocional, como el psicodrama, el psicoanálisis, la psicoterapia, etc. Los deportes, el hatha yoga, los masajes, la danzaterapia, la expresión corporal, etc., trabajan a nivel muscular y emocional. La meditación, el yoga, el curanderismo, el espiritualismo, etc., trabajan a nivel energético.

Cuanto mayor en edad es una persona más bloqueos tiene y más difícil le será liberarlos, ya que la armadura se vuelve rígida e inteligente y se resiste a la apertura de muchas formas. Somos muy diferentes y reacciona­mos de maneras diversas, por eso es muy importante conocer tantas técni­cas como nos sea posible para usarlas de acuerdo a la persona y a sus circunstancias. Una persona que no había llorado en cuarenta años, no reaccionaba emocionalmente a masajes fuertes y dolorosos, pero rompió a llorar cuando una mujer le acarició suavemente el pelo.

 

d) Prevención de los bloqueos

Es importante abrir la armadura a cualquier edad e independientemente de su estado. Aunque sea un proceso largo y difícil vale la pena intentarlo. Aún es más importante, más efectivo e incluso más difícil, la prevención de la formación de armaduras en recién nacidos, niños y adolescentes, para lo cual tenemos que ver de dónde vienen y dónde se forman.
 
Segmento ocular
Segmento oral segmento cervical segmento torácico
Segmento diafragmático segmento abdominal
Segmento pélvico
IO. Orden segmental de la armadura muscular

e) Origen de los bloqueos

El momento en que un niño interrumpe el llanto en medio de una explo­sión de dolor o de rabia, puede servirnos de ejemplo para mostrar clara­mente el proceso. Primero expandirá el pecho, contendrá la respiración, luego tragará saliva, apretará las mandíbulas y bajará los labios. Utiliza tres segmentos musculares, los contrae y mantiene la contracción. De esta for­ma consigue detener el flujo de las emociones y no expresarlas. Crea un bloqueo fisiológico-emocional-energético en su organismo, que puede ser­virle para salvar su vida, o para adaptarse a las demandas de sus padres o de quienes dependa para sobrevivir. Si puede ir a su cuarto y llorar allí, su cuerpo se ablandará y probablemente se relajará y se dormirá. Este bloqueo es temporal y lo ha utilizado para su propio bien. Si este mismo niño ha sido adoctrinado ("sé un hombre") o castigado para que se acostumbre a reprimir su llanto, desarrollará un bloqueo crónico y reaccionará contra­yéndose aún más ante cualquier indicio de necesidad de llorar, y así forma­rá su "armadura".

 

J) Sucesos traumáticos

Existen dos formas de causar un bloqueo crónico: por reacción del orga­nismo ante un hecho traumático y por una presión permanente y cotidiana, que llamamos normalmente "educación". Sabemos, por trabajos de Reich y por regresiones efectuadas con y sin hipnosis, de la influencia del estado de la madre y de su útero en el embrión, por lo que los sucesos traumáticos para ella influirán en el organismo de éste, que podrá contraerse y formar bloqueos crónicos desde la matriz, aunque, comparándolo con lo que ven­drá después del nacimiento, esté protegido y nazca con la musculatura relativamente blanda y libre de bloqueos. Leboyer describe el nacimiento normal como "un paseo por el infierno". Cuando el bebé llega al mundo le deslumbran las luces, contrae los ojos y se resiste a ver. El ruido le hace mermar sus facultades auditivas. Le cortan el cordón umbilical antes de que sus reflejos cardiovasculares funcionen completamente, lo que le hace hinchar el pecho y contener la respiración. Le suspenden en el aire aga­rrado por los pies, cambiándole, de repente, de su posición fetal a otra completamente extendida y sin soporte. Recordé a uno de mis grupos el miedo que se experimenta en las pesadillas en que se cae al vacío, con el fin de hacerles entender el miedo que puede sentir el recién nacido en ese momento.
Cuando mencioné este, al parecer, sueño universal, una mujer del grupo dijo que ella nunca lo había tenido. Resultó ser la única que había nacido en casa, con parto natural, y no en clínica como el resto. Desde entonces he pre­guntado a todos mis grupos y he comprobado que los que habían nacido "a la antigua" no conocían tales pesadillas. Sé que hay otras teorías sobre el ori­gen de esos sueños. Sólo puedo sugerirte que preguntes a los que te rodean.

Un bebé puede sufrir unas experiencias muy traumáticas que para los demás carece de importancia. Estos traumas se graban en la estructura de su carácter y en su armadura muscular.

Volvamos a los momentos que rodean el nacimiento de un niño. Le visten y a partir de ese momento ya está vestido para siempre, igual que sus padres, hermanos, y la gente que le rodea. Pueden tocar tejidos pero no pueden tocar nuestra piel o la suya propia, y especialmente los órganos sexuales, que le proporcionan un gran placer. Pierde su sentido del tacto original. Cuando sea un adulto tendrá miedo de que le toquen y no sabrá cómo tocar. Leboyer pidió a un grupo de madres que dieran un masaje a sus hijos recién nacidos y confesaron sentir miedo de tocarles y de no saber cómo hacerlo. El tuvo que enseñarles.

En las clínicas tradicionales, se llevan a los recién nacidos al "nido", donde están totalmente separados del campo energético de sus madres. (Si ya has aprendido a sentir la energía orgónica y lo has practicado con niños y bebés, ya sabrás lo sensibles que son a los efectos del campo energético). El bebé se encuentra entre una docena de pobres y perdidas criaturas, con su mismo problema y su misma contracción del campo energético. Se retrae del mundo exterior y a menudo pierde el impulso original de mamar del pecho de su madre. Después de 3 6 4 días de estancia en el hospital muchos bebes salen tensos y nerviosos, pero ése no es e= final de sus problemas. Gran parte de la población mundial aún comete mutilaciones sexuales de diferentes formas, luego viene el precoz y urgente aprendizaje de controlar sus esfínteres, después una educación de "buena conducta"; el "sé un hombre", "compórtate como una señorita", la represión de la curio­sidad sexual y los placeres, el entrenamiento para un comportamiento co­rrecto, es decir, no saltar o gritar de alegría, no reír "como un loco", no mostrar placer sexual, no tocar, no llorar, no expresar rabia.

Todo esto va creando contracciones crónicas en los distintos segmentos de la armadura, por lo que la energía virtualmente libre queda bloqueada antes de ser expresada emocionalmente, o incluso antes de ponerse en movimiento.

 

g) Guarderías y escuelas

Según Reich, se considera que la armadura está firmemente formada a los 4-5 años. La escuela sólo sirve para reforzarla. El educador suizo Fe­rier, creador una escuela libre en 1912, describió el sistema escolar de la siguiente forma (cito de memoria): "Un día el diablo salió al mundo. Vio que los niños eran felices; gritaban y reían, jugaban, correteaban, cantaban y se subían a los árboles. Pensó que había que crear la escuela. Para los niños que gustaban de saltar y trepar, creó las sillas. Para los que disfruta­ban cantando y gritando, inventó el silencio obligatorio. Para los pensado­res y creativos, creó al profesor". Recordando mis tiempos de escuela, y aún los actuales, casi no puedo creer que sea posible: niños sentados ergui­dos y quietos durante 6-8 horas al día durante 12 años de media, escuchan­do unas clases que la mayoría de las veces no interesan a nadie. No apren­den nada, aprender a crear corazas y a sentarse derechos y quietos y a escuchar cualquier cosa. De la escuela pasan a formar parte de una socie­dad determinada, en la que siguen añadiendo capas a la armadura.
h) Educación

Reich sugirió la "autoregulación" como método para educar niños con el fin de prevenir la armadura crónica. Esto significa dejar al niño que decida en todos los asuntos de su vida desde el principio, con el único límite de no poner en peligro su vida o su salud. Que elijan y decidan sobre su comida, su sueño, sus ropas, sus juguetes y juegos, sus relaciones y sus estudios. Esto no significa que no podamos decir "no" cuando nuestros derechos estén en juego.

Si alguna vez queremos tener una democracia plena, ésta debe comenzar en el nacimiento. Desde ese momento deberíamos aprender a respetar los derechos de los otros y a hacer que respenten los nuestros.

No quieres que tu hijo rompa el aparato de televisión cuando le viene en gana, y le dices "no". Lo siguiente que puedes hacer es ayudarle a expresar su rabia con palabras, emociones y acciones, llorando, golpeando un col­chón o un muñeco de trapo grande, o inventando un juego de lucha entre tú y él. También puedes usar un masaje provocativo. Pero explícale siempre lo que le haces y el porqué. Probablemente cooperará y disfrutará.

Lo que normalmente haríamos es totalmente distinto. Impediríamos que el niño rompiera el televisor y él expresaría su rabia diciendo, por ejemplo, "¿Eres tonto! La reacción "normal" sería o prohibirle que vuelva a decirlo, o echarle en cara su "falta de raciocinio". De cualquier forma, como se sentiría enfadado y desesperado, comenzaría a llorar. "¡A callar! -le diría­mos- Estoy harto de oírte llorar", o"¡Te pones muy feo cuando lloras!". En este punto puede que se sobrepusiera a su llanto y sintiera una gran humi­llación que se reflejaría en su cara, a lo que replicaríamos: "¿Qué cara es ésa? ¡Venga, eres un hombre!". El, probablemente, forzaría una sonrisa con los labios tensos. De esta forma, capa sobre capa, le habríamos ayuda­do a bloquear cualquier manera de expresar sus emociones.

Cuando los niños están tensos, nerviosos o cansados, lo que muchas veces nos están pidiendo es que les ayudemos a descargar sus emociones bloqueadas. Si desde su primera infancia nos hemos relacionado con ellos considerándolos individuos serios, y merecedores de respeto, nos lo pedi­rán abiertamente. Nos pedirán un masaje, una caricia o que juguemos a luchar. Si, por el contrario, en nuestra relación demostramos que les consi­deramos criaturas incapaces, su forma de pedirlo será manipulando. Te pedirán algo, si se lo das, pedirán otra cosa, nos pondrán cada vez más nerviosos, y quizás les diremos que "se están buscando una bofetada". De hecho nos están pidiendo que le ayudemos a explotar con rabia o con dolor para poder así gritar sus sentimientos. Al final, por lo general, consiguen un castigo, lloran y gimen durante unos minutos y se quedan dormidos.

En el sistema educativo "normal", los adultos pretendemos ser siempre los "buenos", los omnipotentes. Es la conducta del niño la que va de mal en peor. Le damos lo que pide, y sigue pidiendo cosas que realmente no quiere o que son, claramente, imposibles de obtener. Si de verdad escucha­mos lo que quieren decirnos, es: "No me lo dés, sé malo conmigo y así podré enfadarme y expresar mi rabia".

Cuando veamos que nuestro hijo comienza a comportarse de ese modo, podemos ayudarle diciéndole "no", o con un juego de lucha o un masaje. "Ser malo" con un niño que estalla de tensión le ayuda a liberarla sin sentirse culpable.
Cuando trabajo con niños, adultos, o incluso con bebés, les explico siempre lo que les voy a hacer. Pienso que en una relación verdaderamente democrática no hay lugar para el conocimiento "sagrado" o secreto. Ade­más, cuanto más explico lo que hago, mejor lo entiendo yo mismo.

 

i) La autoimagen desfavorable

Algo en la forma en que nos educan en esta sociedad hace que nos construyamos una imagen de nosotros mismos muy desfavorable.

En una educación en la que se me ocultan los problemas, los miedos y los fracasos, yo soy el único que no es perfecto. Todos los que me rodea son maravillosos; mis padres, mis maestros; de hecho todos los adultos son "supermanes". No tienen problemas, no tienen miedos, nunca se sienten avergonzados. Ponen continuamente cara de "todo está bien". Soy yo, y sólo yo, el que tiene todos esos problemas embarazosos que me hacen sufrir tanto. Tengo que esconder constantemente mi pena, mis fracasos, mi indecisión y mi egoísmo. Yo soy la única criatura miserable, asustada y egoísta en un mundo de superhombres. Esa es la imagen que arrastro con­migo desde mi primera infancia. Cuando no tengo más remedio que crecer y unirme a esa raza de superhombres, la escondo, incluso intento olvidarla, pero continúa existiendo dentro de mí.

Si continúo haciéndome el superhombre o la supermujer, mis hijos ten­drán el mismo problema, y así de generación en generación. La mayoría de los problemas que censuramos en nuestras conversaciones con los niños (problemas políticos, emocionales o sexuales), son los que deberíamos dis­cutir con ellos o al menos en su presencia. De esta forma podrían ver y entender el mundo real, a las personas reales y podrían aceptarse a sí mismos con sus problemas. Cuanta más libertad tengamos para hacerlo, mayor será su autoaceptación y maduración.

               

 

 

 


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