Historia Zen
Enviado por: "Marinela Ramírez"
Historia Zen
Esta historia habla de un viejo maestro cuyo temperamento inalterable desquiciaba a sus discípulos. Los monjes no podían creer que este maestro no se alterara y que permaneciera impasible frente a toda situación. Dispuestos a sacarlo de quicio, decidieron jugarle una broma. Disfrazados con atuendos demoníacos lo esperaron en un recodo del corredor a la hora en que solía llevar la ofrenda de té a la sala de los fundadores del templo. Cuando el viejo maestro se acercó, los monjes saltaron dando alaridos como bestias. El anciano sin detenerse, avanzó imperturbable
hasta una pequeña mesita que estaba al lado del pasillo y con gran cuidado depositó la bandeja. Cuando estuvo seguro de que la ofrenda estaba a salvo, colocó una mano recostándose contra el muro y la otra sobre el corazón y emitió un suspiro al tiempo que dijo: "Hay, hay qué susto tan tremendo".
La diferencia entre los actos inconscientes y los actos lúcidos, es que los primeros son respuestas impulsivas a estímulos externos, respondemos defensivamente de forma
mecánica. Debemos estar atentos a no permitir que estas respuestas automáticas salgan de manera descontrolada. Sino lo único que hacemos es reproducir una y otra vez nuestro yo, el yo que sufre. No importa como nos sintamos no debemos actuar de forma irreflexiva frente a los demás. Lo importante es no responder. En este proceso podemos ir modificando poco a poco nuestros comportamientos e ir refinando nuestra relación con los demás.
Mediante el cultivo de la atención y de una conciencia clara, podemos tomar distancia del estímulo y luego de un compás de espera, decidir la manera apropiada para
responder libremente.Debemos estar atentos a no permitir que estas respuestas automáticas salgan de manera descontrolada. En un gesto amable , con sabiduría y compasión, podemos sanar al otro, hasta el punto de modificar la conducta que originó la situación.
Fuente: CONCIENCIA ZEN - Iván Densho Quintero.
Feliz domingo,
Marinela
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Vie, 30 de Mayo, 2008 4:48 pm
—Dime —dijo Lao Zi— en qué consisten la caridad y el deber para con nuestro
prójimo.
—Consisten —contestó Confucio— en cierta capacidad de regocijarnos en todas
las cosas; en el amor universa, sin elemento egoísta. Tales son las
características de la caridad y el deber para con nuestro prójimo.
—¡Qué tontería! —exclamó Lao Zi—. ¿No se contradice el amor universal
consigo mismo? Tu eliminación del yo, ¿no es una positiva manifestación del
yo? Señor mío, no dejes que el imperio pierda su fuente nutricia. Existe el
universo, y su regularidad es constante. Existen el sol y la luna, y su
brillo no cesa. Existen las estrellas, y sus constelaciones no cambian.
Existen pájaros y bestias, que se agrupan sin cambiar. Existen árboles y
arbustos, que crecen hacia arriba sin excepción. Sé como ellos: sigue el
Dao, serás perfecto. ¿Para qué entonces estas vanas disputas acerca de la
caridad y el deber para con nuestro prójimo, como quien tocara un tambor
para cazar a un fugitivo? ¡Ay, señor! has introducido mucha confusión en la
mente del hombre. (13) *(12)*
La crítica taoísta a la virtud convencional se aplicaba no sólo en la esfera
moral sino también en las artes, oficios y profesiones. Según Zhuang Zi:
Chui el artesano podía dibujar círculos a mano mejor que con compás. Sus
dedos parecían acomodarse tan fácilmente a la cosa en que estaba trabajando
que no necesitaba fijar su atención. Sus facultades mentales así permanecían
Una (es decir, integradas), y no sufrían impedimentos. Ser inconscientes de
nuestros pies significa que nuestros zapatos son cómodos. Ser inconscientes
de nuestra cintura implica que la faja es cómoda. Si la inteligencia es
inconsciente de lo positivo y de lo negativo eso implica que el corazón *(xin)
*está tranquilo... Y quien, comenzando tranquilo, nunca está intranquilo, es
inconsciente de la tranquilidad de estar tranquilo. (19)* (13)*
Así como el artesano que había dominado *te *podía pasarse sin el artificio
del compás, así también el pintor, el músico y el cocinero no necesitarían
las clasificaciones convencionales de sus respectivas artes. Lao Zi decía:
Los cinco colores cegarán la vista del hombre.
Los cinco sonidos apagarán el oído del hombre.
Los cinco sabores arruinarán el paladar del hombre.
La caza y la montería tornarán salvaje al hombre.
*Las cosas difíciles de obtener dañarán la conducta del hombre.*
*Por consiguiente haz provisión para el estómago pero no para los ojos.*(12)
*(14)*
De ninguna manera deben tomarse estas líneas como si expresaran el odio del
asceta por la experiencia sensible, pues quieren decir precisamente que la
sensitividad del ojo es perjudicada por la idea fija de que hay justamente
cinco colores verdaderos. Hay una infinita continuidad de matices, y al
dividirla con nombres distraemos la atención apartándola de las sutilezas.
Por esta razón "el sabio hace provisión para el estómago y no para los
ojos", es decir que juzga por el contenido concreto de la experiencia y no
por su conformidad con normas puramente teóricas. En suma, pues, *te *es el
ingenio impensable, el poder creador de las funciones espontáneas y
naturales del hombre, poder que queda bloqueado cuando tratamos de dominarlo
mediante métodos y técnicas formales. Es como la habilidad del ciempiés para
usar todas sus patas a la vez.
*Muy feliz era el ciempiés,*
*hasta que un sapo una vez,*
*le preguntó: —¿Qué orden al andar siguen tus remos?*
*Lo cual forzó su mente a tal extremo*
*que a una zanja, distraído, fue a caer*
*mientras pensaba cómo hacer para correr.*
Toda la cultura superior del Lejano Oriente se basa en una gran
consideración por *de, *al punto de que se la ha convertido en el principio
fundamental de todo arte y oficio. Si bien es cierto que estas artes emplean
lo que para nosotros son disciplinas técnicas sumamente difíciles, siempre
se reconoce que desempeñan un papel instrumental y secundario, y que la obra
superior tiene la cualidad de un accidente. No se trata meramente de una
magistral imitación de lo accidental, de una fingida espontaneidad donde no
se ve el cuidadoso plan trazado de antemano. Se halla en un nivel mucho más
profundo y autentico, pues lo que la cultura del Daoísmo y de Zen propone es
que nos convirtamos en la persona que, sin quererlo, es fuente de
maravillosos accidentes.
El Daoísmo es, pues, el camino de liberación original de la China que se
combinó con el Budismo mahayana de la India para producir el Zen. Es una
liberación de la convención —en el sentido de librarse de ella— y del poder
creador de *te, *en el sentido de dejarla en libertad para que actúe. Todo
intento de describirla y formularla en palabras y en símbolos mentales que
deben expresarse sucesivamente la tergiversan. Por fuerza este capítulo la
ha presentado como si fuera una de las alternativas "vitalistas" o
"naturalistas" de la filosofía. En efecto, los filósofos occidentales están
siempre hechizados por el descubrimiento de que *no pueden *pensar fuera de
ciertos caminos trillados, que, por mucho que se esfuercen, sus "nuevas"
filosofías resultan ser repeticiones de posiciones viejas, monistas o
pluralistas, realistas o nominalistas, vitalistas o mecanicistas. Esto es
así porque tales son las únicas alternativas que pueden presentar las
convenciones del pensamiento, y no pueden discutir ninguna otra cosa sin
presentarla en sus propios términos. Cuando tratamos de representar una
tercera dimensión en una superficie de dos dimensiones, la tercera dimensión
necesariamente parecerá pertenecer más o menos a las dos alternativas de
largo y ancho. Como dice Zhuang Zi:
Si el lenguaje fuera adecuado, no haría falta más que un día entero para
exponer el Dao. Como no lo es, lleva ese tiempo explicar los entes
materiales. Dao es algo que está más allá de los entes materiales. No se lo
puede expresar ni con palabras ni con el |