El rolfing
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Estos como Ida Rolf (1896-1979) que consideraba su terapia como una nueva forma de educación corporal en la que un terapeuta instruye a su paciente en nuevas fórmulas para organizar su cuerpo. El Rolfing usa fuerzas de torsión en las extremidades y otras partes del cuerpo para restaurar el equilibrio y la simetría de las fascias. Mediante una presión profunda y el estiramiento de las fascias desde la cabeza hasta los pies se consigue el ajuste del sistema músculo-esquelético. Ida Rolf mantenía que la fuerza básica que condiciona nuestra configuración en el espacio así como el movimiento físico es la gravedad. La gravedad es en realidad el terapeuta y maestros que nunca duerme. Muchos de nosotros no somos conscientes de las poderosas fuerzas que ejerce la gravedad sobre nuestro organismo, la vida se puede describir como una constante y larga batalla contra la gravedad. La gravedad suele ser la que sale ganando. El Rolfing se centra en el sistema miofascial, configura el tejido blando del cuerpo. Incluye los músculos y el tejido conectivo conocido como fascias. La fascias es como embalaje del cuerpo ya que sus fibras envuelven todos los músculos órganos y huesos del cuerpo y se entrelazan con ellos. Es como una media que cubre el hombre por completo, o una venda que enfunda y sujeta al cuerpo de la cabeza a los pies. Muchas afecciones y dolores crónicos se pueden achacar a los desequilibrios en la red miofascial La fascias se compone principalmente de colágeno, que es duró, fuerte, blanco y flexible y tiende a formar cordones en el cuerpo. Rolf consideraba la fascias como el órgano de apoyo porque es lo que da forma al cuerpo; sujeta a los huesos y los órganos en su sitio y permite su movilidad. Cuando la estructura del tejido blando del cuerpo se desequilibra, los huesos, los músculos y los órganos pierden su posición y esto puede desembocar en una mala alineación estructural. Rolf lo comparaba con un abrigo cuyo forro ha perdido la forma. El desequilibrio miofascial provoca dolores y disfunciones... Para alinearse de forma vertical, se tira una plomada desde la cabeza de un individuo hasta sus pies. Dicha línea debería pasar a por los espacios intermedios de cinco puntos de referencia del cuerpo: las orejas, los hombros, las caderas, las rodillas y los tobillos. De esta manera Ida Rolf trabajó el Rolfing con éxito, aunque esta técnica exige una gran inversión de tiempo y de energía y a veces no resulta nada cómoda. El Rolfing trabaja el cuerpo por segmentos y lo lleva a la mejor postura posible. Los rolfistas mantienen que el cuerpo es un todo y que toda función corporal es una expresión de la estructura. Por ejemplo, podemos vernos en el espejo y observar si tenemos un hombro más alto que el otro, o si una pierna o las dos están giradas hacia dentro o hacia fuera, el pecho hundido o no, si tenemos lordosis en la zona lumbar, cómo se apoya la cabeza, etc. y luego observar cómo se relacionan entre sí los diferentes segmentos de nuestro cuerpo. Un rolfista no sólo trata el síntoma que padece en cada momento el cliente, sino que también procura reorganizar íntegramente el organismo para formar un todo adecuadamente estructurado. Una analogía de esto sería una casa que está ladeada. Una forma de llevar a cabo la reparación de esta casa sería levantar un lado. Los Rolf listas consideraría en esta presión un parche y no una reparación a largo plazo. Un rolfista miraría la casa y vería que debe reparar los cimientos y llevar a cabo otros ajustes en toda la estructura para ponerla en correcta alineación. Los rolfistas no se preocupan del origen del traumatismo que inicialmente expuso al cuerpo en situación del caos. Han ocurrido tantas compensaciones desde entonces que hay que evaluar la estructura del cuerpo entero. VOLVER |