Psicoterapias
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Hasta la llegada de la Psicología transpersonal, el objetivo de las diferentes psicoterapias pasaba por el ajuste personal a la sociedad, por el alivio de los, a veces graves, síntomas neuróticos, o por el trabajo de apoyo y sostén en procesos de tipo psicótico. De alguna forma se buscaba que el sufrimiento extremo de la persona afectada fuera un sufrimiento “normal”. La llamada tercera fuerza, es decir la corriente humanista, se planteó ir más allá y tratar también los logros más elevados del ser humano, de las experiencias cumbre, de la creatividad, de la liberación de las corazas corporales, en suma de la liberación del potencial humano escondido dentro de las conciencias de los pacientes o clientes. Pero no fue hasta la llegada de la psicología transpersonal en los años 70 que se empezó a hablar sin complejos de la dimensión espiritual en el contexto de la psicología y la terapia. La experiencia psicodélica, el encuentro con culturas chamánicas, con oriente y la sabiduría del Yoga, del Budismo, con la meditación Zen, Vipassana, Tántrica, con el Sufismo o la Cábala, el Tai Chi, y el reencuentro con las tradiciones místicas cristianas de las diferentes escuelas influyó de forma decisiva en autores tan importantes como Ken Wilber, Stanislaw Grof, Charles Tart, Vaugham o J. Campbell y tantos otros en el establecimiento de esta corriente. Sin embargo, grandes objetivos no implican grandes logros, no podemos despegar los pies de la tierra, y hemos de tener muy presente de donde partimos. La neurosis es la neurosis, y no se supera con grandes ideales; ahora bien, en el trabajo de los aspectos regresivos o enfermizos la terapia transpersonal tiene presente las dimensiones espirituales del cliente, en el caso de que se hallen presentes, y se da al “César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. No hay nada como la psicología occidental para tratar con los aspectos más oscuros y angustiantes de la mente, pero las tradiciones espirituales nos dan muchas herramientas para trabajar y desarrollar los aspectos espirituales, buscando una armonía entre estas dimensiones que asegure un desarrollo, por lo demás trascendente. La terapia transpersonal está pues especialmente indicada para personas motivadas para desarrollar su dimensión espiritual. A veces, tener esta motivación y cualidades para ello se conjuga con padecer importantes síntomas neuróticos y sin desatender la motivación última de la terapia, hemos de afrontar primero o coordinadamente los elementos neuróticos, para desde una personalidad fortalecida, emprender el, a menudo difícil camino del desarrollo espiritual. Para la mayoría de personas, o incluso terapeutas “desarrollo espiritual” son, en el mejor de los casos, bellas palabras que no significan nada. En otros casos, se niega la posibilidad de una dimensión espiritual directamente y se relega esta al terreno de la fantasía, de los ideales, o incluso del delirio. Para otros, la dimensión espiritual nos resulta tan evidente como la propia existencia. Hacer real esta potencialidad, palpable y parte de nuestra vida cotidiana, es uno de los objetivos de cualquier terapia transpersonal. Otro tipo de personas que puede beneficiarse de una terapia transpersonal es el de aquellos que se encuentran en un camino de tipo meditativo o contemplativo, y que encuentran obstáculos de tipo personal, dificultades en la práctica que pueden aliviarse o superarse con la ayuda de la terapia. Para ello, el terapeuta transpersonal ha de tener experiencia tanto en el trabajo psicoterapéutico y psicológico, como en la práctica de la meditación, contemplación, yoga o similares. Esto siempre sin menoscabo de la guía del maestro de meditación de referencia, que en muchos casos puede ser bastante inaccesible por cuestiones de distancia física o número de alumnos etc.
Cuando decimos “espiritual” en este contexto no queremos decir experiencias más o menos numinosas, estados alterados de conciencia, fenómenos inexplicables o poderes sobrenaturales. Nos referimos más bien al cultivo de una actitud altruista y genuinamente compasiva con nosotros mismos, nuestros semejantes y los no tan semejantes. Al cultivo de la armonía interna y con los que nos rodean. Si se han dado experiencias más o menos extraordinarias, a la elaboración de estas y su integración adecuada en nuestra psique. No se trata tanto de “ser un santo” o parecerse a algún sabio o perseguir un gran ideal, el trabajo comienza aprendiendo a conectar con nuestra propia potencialidad de ser menos egoístas y desarrollar la presencia consciente, de esta forma los logros irán llegando por sí solos.
Cuentan la historia de un rey que quiso saber que se sentía siendo mendigo, para ello se disfrazó como tal y comenzó a pedir limosna por pueblos y ciudades. Llegó el día en que olvidó que era el rey y vagó como un pordiosero viviendo en la indigencia y sufriendo todo tipo de penalidades, sólo y triste no encontraba alivio para su desgracia cuando accidentalmente fue encontrado por uno de sus ministros, éste se regocijó en extremo con el encuentro y le recordó quien era, donde vivía y cual era su verdadera identidad. De regreso al palacio el rey vivió el resto de sus días rodeado de riquezas, paz y armonía con sus familiares, amigos y súbditos agradecidos por su regreso.
Como el rey de la historia, nos hemos identificado al mendigo que vaga buscando resolver su pobreza, y que no encuentra alivio. A menudo buscamos donde no se puede encontrar, y pasamos nuestra vida de “pueblo en pueblo”, siempre con nuestro dolor y miseria a cuestas, a menudo convencidos de que no hay otra cosa que ese dolor y desesperación. Las tradiciones espirituales, y hoy también la psicología transpersonal, nos señalan que el rey que representa nuestra verdadera identidad, pugna por despertar y restituir a su lugar verdadero nuestro ser, para el bien de todos los seres. Así como el rey necesitó del ministro para despertar, también nosotros necesitamos del amigo espiritual para ese fin. El terapeuta transpersonal se convierte pues en un aliado, un cómplice de este despertar que restituye las cosas a su lugar verdadero.
Carlos Osés, terapeuta transpersonal.
Emociones y sentimientos
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