Louise L. Hay 5

  Sanar su vida Vivir Pensamientos Louise  

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sanar su vida 1 Sanar su vida 2 Sanar su vida 3 Sanar su vida 4 Sanar su vida 5 Sanar su vida 6

 

CAPITULO 8: LA CONSTRUCCION DE LO NUEVO
«Las respuestas que hay dentro de mí me afloran con facilidad a la conciencia».
No quiero ser una persona gorda.
No quiero estar sin un duro.
No quiero envejecer.
No quiero vivir aquí.
No quiero tener esta relación.
No quiero ser como mi padre (o corno mi madre).
No quiero seguir en este trabajo.
No quiero tener este pelo (o esta nariz o este cuerpo...).
No quiero vivir en soledad.
No quiero ser una persona desdichada.
No quiero enfermar.

Aquello en que uno fija la atención es lo que obtiene
Estas expresiones nos muestran cómo nuestra cultura nos enseña a combatir mentalmente lo negativo, en la creencia de que, si lo hacemos de esa manera, nos atraeremos auto­máticamente lo positivo... pero las cosas no funcionan así.
¿Con cuánta frecuencia se ha lamentado usted de lo que no quería? Y esa actitud, ¿le trajo alguna vez lo que en rea­lidad deseaba?. Combatir lo negativo es una total pérdida de tiempo, si lo que usted realmente quiere es llevar a cabo cambios en su vida. Cuanto más insista en lo que no quiere, tanto más estará creándolo. Lo más probable es que las cosas que siempre le han disgustado, aún sigan formando parte de usted o de su vida.
Aquello en que se fija la atención es lo que crece y se consolida. Apártese de lo negativo para fijar la atención en aquello que realmente quiere ser o tener. Convirtamos aho­ra las anteriores afirmaciones negativas en otras positivas.
Soy una persona esbelta.
Mi situación es próspera.
Soy joven.
Me mudo a un lugar mejor.
Tengo una relación nueva y maravillosa.
Soy dueño (o dueña) de mi propio ser.
Me encanta mi pelo (o mi nariz o mi cuerpo...)
Me siento rebosante de amor y de afecto.
Me siento alegre, libre y feliz.
Mi salud es perfecta.

 

Las afirmaciones
Aprenda a usar afirmaciones positivas tanto al hablar como al pensar. Cualquier enunciado que usted formule es una afirmación, pero con demasiada frecuencia para pensar nos valemos de afirmaciones negativas, que sólo sirven para continuar creando aquello que decimos que no queremos. Con afirmar que su trabajo le enferma no llegará a ninguna parte, pero si declara que acepta un trabajo nuevo y estu­pendo abrirá, en su conciencia, los canales necesarios para crear esa situación.
Formule continuamente enunciados positivos sobre có­mo quiere usted que sea su vida, pero no olvide un punto muy importante: Formule siempre sus enunciados en tiempo presente. Diga «soy» o «tengo». Nuestra parte subconscien­te es un servidor tan obediente que si formula uno su decla­ración en tiempo futuro, diciendo «quiero» o «tendré»... pues ahí será donde siga estando siempre lo que desea: ¡En el futuro, fuera de su alcance!.

El proceso de amarse a sí mismo
Tal como ya dije, no importa cuál sea el problema, el pun­to principal sobre el que hay que trabajar es amarse a sí mis­mo. Ésa es la «varita mágica» que disuelve los problemas. ¿Recuerda las veces que se ha sentido bien consigo mismo y con su vida?. ¿Recuerda los momentos en que estaba enamo­rado, los períodos en que parecía que no tuviese ningún problema?. Bueno, pues amándose a sí mismo consigue uno hacer aflorar tal caudal de buenos sentimientos y de buena suerte que termina sintiéndose como si bailara en el aire. Amarse a sí mismo es lo que hace que uno se sienta bien.
Y es imposible que usted se ame realmente a sí mismo si no se aprueba y no se acepta. Aprobarse y aceptarse im­plican no autocriticarse por nada. Ya estoy oyendo las ob­jeciones:
- ¡Pero si yo siempre me he criticado!.
- ¿Cómo es posible que ese rasgo mío me guste?.
- Mis padres (o mis maestros o mi pareja) siempre me han criticado.
- Entonces, ¿qué motivación tendré?.
- Pero está mal que yo haga esas cosas.
- ¿Cómo voy a cambiar si no me critico?

Entrenar la mente
Autocríticas como las que anteceden no son más que ejem­plos de cómo la mente sigue con su antiguo parloteo. ¿Ve cómo ha entrenado usted a su mente para que censure sus actitudes y haga que se resista al cambio?. ¡No haga caso de esos pensamientos y siga adelante con el importante trabajo que tiene entre manos!
Volvamos a un ejercicio que ya hicimos antes. Mírese en el espejo y diga: «Me amo y me acepto exactamente tal como soy». Cómo se siente al decir eso ahora?. ¿Le ha resultado un poco más fácil, después de haber trabajado con el perdón? Este sigue siendo el principal problema. La autoaprobación y la aceptación de uno mismo son las claves de los cambios positivos.
En la época en que lo que dominaba en mí era la negación de mí misma llegué incluso, en ocasiones, a abofetearme. No sabía qué significaba autoaceptarse. Mi creencia en mis pro­pias carencias y limitaciones era más fuerte que cualquier cosa que nadie pudiera decirme en sentido  contrario. Si alguien me decía que me quería, mi reacción inmediata era preguntarme: «¿Por qué?, ¿Qué es lo que puede ver nadie en mí?». O la otra idea, clásica, de que si esa persona hubiera sabido cómo era yo realmente, por dentro, no me habría amado.
Entonces no me daba cuenta de que todo lo bueno em­pieza por la aceptación de lo que hay dentro de uno mismo, y por el amor a ese ser que es uno mismo. Me llevó mucho tiempo llegar a tener una relación de paz y de amor conmi­go misma.
Al principio empecé a buscar con empeño las pequeñas cosas que veía en mí misma y que me parecían «buenas cua­lidades». Eso me ayudó, y mi salud empezó a mejorar. La buena salud -lo mismo que la prosperidad y la autoexpresión creadora- se inicia con el amor a uno mismo. Más ade­lante aprendí a amarme y a aprobarme en bloque, incluso teniendo en cuenta las características que no me parecían «lo bastante buenas», y fue entonces cuando empecé real­mente a progresar.

Ejercicio: Me acepto y me apruebo
He hecho hacer este ejercicio a cientos de perso­nas, y sus resultados son estupendos. Durante todo un mes, dígase continuamente: «Me acepto y me apruebo».
Hágalo por lo menos trescientas o cuatrocien­tas veces al día. No, no son demasiadas. Cuando usted se preocupa por algo, vuelve a acordarse de su problema por lo menos otras tantas veces; aho­ra, deje que la frase «Me acepto y me apruebo» se convierta en un mantra, en algo que usted se dice y se repite interminablemente, casi sin pausa alguna.
Le garantizo que esta frase es infalible para ha­cer aflorar a la conciencia todo lo que uno man­tiene sepultado en sus profundidades, y que se opone a esta afirmación.
Cuando asome un pensamiento negativo como, por ejemplo, «¿Cómo puedes aceptarte y apro­barte si eres gordo?», o «¡Qué tonta que eres si te crees que eso sirve para algo!», o simplemente «Eres un inútil», o cualquier otro enunciado ne­gativo, ése es el momento de asumir el control de su mente. No le dé importancia al asunto. Consi­dere esa idea como lo que es —otra manera de ha­cer que usted continúe viviendo en el pasado-, y dígale amablemente: «Tú ya puedes irte; yo me acepto y me apruebo».
Ya el sólo hecho de pensar en hacer el ejercicio puede traerle a la mente un montón de objeciones: «Qué tontería», o «Eso no me parece posible», o «Vaya mentira», o «Es pura presunción», o «¿Qué es lo que puedo aprobar de mí si estoy haciendo esto?».
Déjelas pasar a todas. Esas ideas no son más que resistencias, que no tienen ningún poder so­bre usted, a menos que decida creérselas.
«Me acepto y me apruebo, me acepto y me apruebo, me acepto y me apruebo.» Pase lo que pase, le digan lo que le digan, le hagan lo que le ha­gan, usted siga repitiéndoselo. De hecho, cuando
pueda decirse eso sea cual sea la situación en la que se encuentre, sabrá que está creciendo y cam­biando.
A menos que se lo concedamos, las ideas no tienen nin­gún poder sobre nosotros; no son más que sartas de pala­bras, que no tienen absolutamente ningún significado. El significado se lo damos nosotros. Nosotros decidirnos cuál es el significado que vamos a darles. Decidamos, entonces, pensar cosas que nos ayuden y nos apoyen.
Parte de la aceptación de sí mismo reside en liberarse de las opiniones ajenas. Si yo estuviera con usted y le dijera in­sistentemente «Eres un cerdo de color púrpura», usted se reiría de mí, o se fastidiaría conmigo y pensaría que estaba chiflada. Sería muy improbable que se creyera que eso es verdad. Y, sin embargo, muchas de las cosas que hemos de­cidido creer acerca de nosotros son tan disparatadas y tan falsas como ésa. Creer que su valor intrínseco depende de la forma de su cuerpo es su propia versión de creerse que es un cerdo de color púrpura.
Con frecuencia, aquellas cosas nuestras que consideramos «malas» no son más que expresiones de nuestra propia in­dividualidad. Eso es lo que tenemos de peculiar, lo que hay de especial en nosotros. La naturaleza jamás se repite. Desde que existe este planeta, no ha habido dos copos de nieve idénticos ni dos gotas de lluvia iguales. Y cada marga­rita es diferente de todas las demás. Nuestra huellas digita­les son distintas y nosotros también. Estamos hechos para ser diferentes. Cuando podernos aceptar que es así, ya no hay competición ni comparación. Tratar de ser como algún otro es marchitarnos el alma. Hemos venido a este planeta para expresar quiénes somos.
Yo ni siquiera sabía quién era, mientras no empecé a aprender a amarme tal corno soy en este momento.

Ponga en funcionamiento su conciencia de sí
Piense cosas que le hagan feliz. Haga cosas que le gusten. Esté con gente que sea de su agrado. Coma cosas que hagan que su cuerpo se sienta bien. Muévase con un ritmo que sienta que le beneficia.

La plantación de semillas
Piense un momento en una tomatera. Una planta sana pue­de cargar más de un centenar de tomates. Para conseguir una planta así, es necesario empezar por una semillita seca, que no se parece en nada a una tomatera, ni sabe segura­mente a tomate, y que si usted no la conociera, ni siquiera creería que puede convertirse en una planta de tomate. Sin embargo, supongamos que planta la semillita en un poco de tierra buena, empieza a regarla y deja que le dé el sol.
Cuando aparece el primer tallito, usted no le da un piso­tón, diciendo que eso no es una tomatera; más bien lo mira y se alegra. «¡Qué bien, ya está saliendo!», dice, y lo mira cre­cer con deleite. En su momento, si sigue regándola, cuida de que no le falte sol y le quita las malezas, la plantita llegará a convertirse en una tomatera con más de un centenar de es­pléndidos tomates. Y todo empezó con una semillita.
Lo mismo pasa cuando usted quiere crearse una experien­cia nueva. La tierra es la parte subconsciente de su mente. La afirmación nueva es la semilla. La nueva experiencia está, en su totalidad, en esa semillita. Usted la riega con afirmaciones, deja que se bañe en el sol de sus pensamientos positivos, lim­pia de malezas el jardín arrancando las ideas negativas que se le ocurren. Y cuando ve por primera vez una mínima prue­ba de que algo está creciendo, no la pisotea, quejándose de que eso no es bastante, sino que la mira y exclama jubilosa­mente:
—Oh, ¡qué bien! Ya está saliendo. ¡Esto funciona!
Y sigue observando cómo crece, para convertirse en la manifestación de su deseo.

Ejercicio: La creación de nuevos cambios
Ahora es el momento de que tome la lista de co­sas que no le gustan de usted y las exprese en for­ma de afirmaciones positivas. O también puede enumerar todos los cambios que quiere realizar, y las cosas que quiere tener y hacer. Después, elija tres puntos de la lista, y expréselos como afirma­ciones positivas.
Supongamos que su  lista negativa era más o menos así:
Mi vida es un caos.
Tendría que rebajar de peso.
A mí nadie me quiere.
Quiero mudarme.
Mi trabajo me enferma.
Debería organizarme.
No hago lo suficiente.
Yo no sirvo para...
A todo esto se le puede dar la vuelta de mane­ra que suene más o menos así:
Quiero liberarme del modelo mental que creó todas estas condiciones.
Estoy en el proceso de hacer cambios positi­vos.
Tengo un cuerpo sano y esbelto.
Dondequiera que voy me quieren.
Tengo una vivienda perfecta.
Me estoy creando un estupendo trabajo nuevo.
Ahora me organizo muy bien.
Todo lo que hago me da placer.
Me amo y me apruebo sin reservas.
Confío en que el proceso de la vida me dé lo que es mejor para mí.
Me  merezco  lo  mejor,  y  ahora  mismo  lo acepto.
De este grupo de afirmaciones provendrán to­das las cosas que usted quiere cambiar en su lista. Al amarse y aprobarse se creará un espacio de se­guridad y confianza en que la aceptación de sus méritos permitirá que su peso corporal se norma­lice. Estas afirmaciones generarán la organización en su mente, crearán en su vida relaciones de amor, le atraerán un trabajo nuevo y un nuevo lu­gar donde vivir. Es milagroso cómo crece una to­matera. Es milagrosa la forma en que podemos hacer que nuestros deseos se manifiesten.
El merecimiento del bien
¿Cree usted que se merece tener lo que desea? Si no es así, no se permitirá tenerlo. Circunstancias que parecen fuera de su control concurrirán para impedírselo.

Ejercicio: Me merezco
Vuelva a mirarse en el espejo y diga: «Me merez­co tener... (o ser...), y lo acepto ahora». Dígalo dos o tres veces.
¿Cómo se siente? Preste siempre atención a sus sentimientos, a lo que sucede en su cuerpo. Pregúntese si se cree lo que dice, ¿o todavía se siente indigno?.
Si su cuerpo le transmite cualquier sentimiento negativo, vuelva a afirmar: «Renuncio a la pauta que en mi conciencia está creando resistencias a mi propio bien». Y repita: «Me merezco...».
Repítalo hasta que sienta que lo acepta, aunque tenga que hacerlo durante muchos días seguidos.

 
El punto de vista holístico
Para enfocar la construcción de algo nuevo en nuestro inte­rior nos interesa partir de un punto de vista holístico. La fi­losofía holística procura nutrir y alimentar la totalidad del ser: cuerpo, mente y espíritu. Si nos desentendemos de cual­quiera de estos aspectos somos seres incompletos, no esta­mos enteros. No importa por dónde comencemos, siempre y cuando terminemos por incluir también las otras áreas.

Si comenzamos por el cuerpo, tenemos que trabajar con la nutrición, aprender la relación que hay entre nuestra elec­ción de alimentos y bebidas y la forma cómo nos sentimos. De­seamos optar por lo que sea más beneficioso para el cuerpo. Hay hierbas y vitaminas, tenemos la homeopatía y también los remedios florales de Bach y el tratamiento del colon.
Asimismo, deseamos encontrar una forma de ejercicio que nos resulte atractiva. El ejercicio nos fortalece los hue­sos y mantiene joven el cuerpo. Además de diversos depor­tes, entre ellos la natación, no hay que olvidar la danza, las artes marciales, el tai-chi, el yoga... A mí me encanta ejerci­tarme en el trampolín, y lo hago todos los días. Y la tabla inclinada me va estupendamente para relajarme.
O podemos explorar alguna forma de trabajo corporal, como el rolfing, las conocidas como Heller o Trager, diver­sas formas de masaje, la reflexoterapia de los pies, la acupun­tura o la quiropraxia. También están la técnica Alexander, la bioenergética, los trabajos de Feldenkrais, toque terapéutico y Reiki.
Si empezamos por la mente, podemos explorar técnicas de visualización, de imaginación o de fantasía guiada, y tam­bién las afirmaciones. Hay muchísimas técnicas psicológi­cas: la Gestalt, el renacimiento, la hipnosis, el psicodrama, las regresiones a las vidas pasadas, la terapia por el arte, y se puede incluso trabajar con los sueños.
La meditación en cualquiera de sus formas es una manera de aquietar la mente y permitir que nuestra propia «sabidu­ría» aflore a la superficie. Yo, en general, me limito a sentar­me con los ojos cerrados, preguntar qué es lo que necesito sa­ber, y esperar tranquilamente una respuesta. Si la respuesta viene, perfecto; si no viene, también. Ya vendrá otro día.
También hay grupos que hacen trabajos diversos, en for­ma de talleres. Los hay para todos los gustos. Ningún taller ni seminario le librará a uno para siempre de todos sus pro­blemas, pero pueden ayudarle a cambiar su vida aquí y aho­ra, en esta circunstancia momentánea y concreta.
En el terreno espiritual están la oración, la meditación y diversas maneras de conectarse cada uno con su Fuente Su­perior. Para mí, la práctica del perdón y del amor incondi­cional son disciplinas espirituales.
Existen también grupos espirituales relacionados con di­versas orientaciones religiosas, especialmente protestantes, pero se trata de un terreno demasiado personal para dar en él ninguna orientación concreta.
Sin embargo, quiero que mis lectores sepan que hay mu­chísimos caminos que puede explorar. Si en unos de ellos no encuentran lo que buscan, prueben otro. Todas estas suge­rencias han demostrado ser benéficas, pero yo no puedo de­cir cuál es la mejor para cada uno. Eso es algo que todos te­nemos que descubrir por nosotros mismos, y yo no tengo todas las respuestas para nadie. No soy más que un peldaño en la senda que conduce a la salud, dentro de una concep­ción holística.
  
En la infinitud de la vida, donde estoy,
todo es perfecto, completo y entero.
Mi vida es siempre nueva.
Cada momento de ella es nuevo, fresco y vital.
Para crear exactamente lo que quiero,
uso mi pensamiento afirmativo.
Hoy es un nuevo día. Yo soy un yo nuevo.
Pienso, hablo y actúo de manera diferente.
Los demás me tratan de manera diferente.
Mi nuevo mundo es un reflejo de mi manera
de pensar nueva.
Es un jubiloso deleite plantar nuevas semillas
porque sé que de ellas brotarán mis nuevas experiencias.
Todo está bien en mi mundo.

 

CAPITULO 9: EL TRABAJO COTIDIANO

«Disfruto al practicar mis nuevas habilidades mentales».

Si abandonaran la primera vez que se caen, los niños jamás aprenderían a caminar
Como con cualquier otra cosa nueva que usted aprende, ne­cesita practicar para incorporar todo esto a su vida. Prime­ro hace falta mucha concentración, y hay quien piensa que esto lo convierte en un «trabajo duro». A mí no me gusta considerarlo así, sino más bien como algo nuevo que hay que aprender.
El proceso de aprendizaje es siempre el mismo, no im­porta lo que se aprenda; tanto da que sea conducir un coche, escribir a máquina, jugar al tenis o pensar de manera positi­va. Primero andamos a tientas y a tropezones mientras nuestro subconsciente aprende, ensayando y fallando, y sin embargo cada vez que volvemos a practicar se nos hace más fácil y nos sale un poco mejor. Claro que nadie lo hará «perfectamente» el primer día; hará lo que pueda, y eso, para empezar, ya está bien.
No olvide decirse con frecuencia: «Estoy haciéndolo lo mejor que puedo».

Prodíguese todo el apoyo posible
Recuerdo muy bien mi primera conferencia. Cuando bajé del podio me dije inmediatamente: «Louise, estuviste fantástica. Absolutamente estupenda para ser la primera vez. Cuando ha­yas dado cinco o seis conferencias más, serás una profesional»
Un par de horas más tarde, me dije que habría algunas cosas que cambiar, y anoté mentalmente dos o tres, pero me negué rotundamente a criticarme.
Si hubiera bajado del podio vapuleándome a mí misma con frases como: «Oh, qué mal estuviste. Te equivocaste en esto, te olvidaste de lo otro y dijiste mal lo de más allá», me habría sentido aterrorizada en mi segunda clase. Tal como fueron las cosas, la segunda salió mejor que la primera, y para la sexta ya me sentía realmente como una profesional.

Observe cómo funciona «La Ley» en nuestro entorno
Poco antes de empezar a escribir este libro me compré un or­denador con un programa de procesamiento de textos. Era algo nuevo que había decidido aprender. Descubrí que aprender a usar mi «Mago», como decidí llamarlo, era muy parecido a aprender las Leyes Espirituales. Cuando asimilé las leyes del ordenador y del programa, vi que ciertamente era «mágico» lo que podían hacer por mí. Pero si no seguía al pie de la letra sus leyes, o bien la cosa no funcionaba como yo quería, o simplemente no pasaba nada. El «Mago» no me ha­cía la menor concesión. Ya podía yo frustrarme a mi gusto; él esperaba pacientemente a que yo aprendiera sus leyes, y en­tonces me brindaba su magia. Y para eso necesité práctica. Lo mismo pasa con el trabajo que usted está encarando ahora. Debe aprender las Leyes Espirituales y seguirlas al pie de la letra. No podrá adaptarlas a su antigua manera de pensar. Debe aprender y hablar un lenguaje nuevo, y cuan­do lo consiga, entonces la «magia» se manifestará en su vida.
Refuerce su aprendizaje
Cuantas más maneras encuentre de reforzar el aprendizaje, mejor. Yo le sugiero que:
Exprese gratitud.
Escriba afirmaciones.
Practique meditación.
Disfrute al ejercitarse.
Mejore su nutrición.
Exprese afirmaciones en voz alta.
Cante sus afirmaciones.
Tómese tiempo para ejercicios de relajación.
Use visualizaciones e imágenes mentales.
Lea y estudie.

Mi trabajo cotidiano
Mi trabajo diario se desarrolla aproximadamente así:
Al despertarme, en lo primero que pienso antes de abrir los ojos es en dar las gracias por todo lo que se me ocurre.
Después de ducharme, dedico una media hora a la medi­tación y a decir mis afirmaciones y plegarias.
A continuación, unos quince minutos de ejercicios, gene­ralmente con el trampolín. A veces sigo algún programa ma­tutino de gimnasia aeróbica por televisión.
Y ya estoy lista para el desayuno: fruta o zumo de frutas e infusiones de hierbas. Doy las gracias a la Madre Tierra por brindarme estos productos, y agradezco a las frutas y a las hierbas que den su vida para que yo pueda alimen­tarme.
Antes del almuerzo me gusta mirarme en un espejo y ha­cer algunas afirmaciones en voz alta, o incluso cantándolas. Algo así como:
Louise, eres maravillosa y te quiero.
Este es uno de los mejores días de tu vida.
Todo lo que sucede, sucede para tu bien.
Todo lo que te hace falta saber te es revelado.
Todo lo que necesitas te llega.
Todo está bien.
Mi almuerzo suele consistir en una abundante ensalada, y una vez más bendigo y agradezco la comida.
Al atardecer me paso algunos minutos en la tabla inclina­da, dejando que mi cuerpo se relaje profundamente, y a ve­ces escucho música durante ese rato.
La cena consiste en verduras cocidas al vapor y cereales. A veces también como pescado o pollo. Mi cuerpo funcio­na mejor con alimentos simples. Me gusta compartir mi cena, y cuando somos varios intercambiamos bendiciones además de bendecir la comida.
A veces, por la noche, dedico un rato a leer y estudiar. Siempre hay algo más que aprender, pero también suelo aprovechar esa hora para escribir diez o veinte veces la afir­mación con la que estoy trabajando.
Cuando me voy a la cama hago unos instantes de recogi­miento. Repaso los acontecimientos del día y bendigo cada actividad. Afirmo que dormiré profundamente y que me despertaré fresca y renovada, jubilosa ante el nuevo día.
Parece abrumador, ¿verdad? Al comienzo, todo eso im­presiona muchísimo, pero después de un corto tiempo la nueva manera de pensar se habrá convertido en parte de su vida y lo hará fácilmente, porque será algo tan automático como ducharse o cepillarse los dientes.
Podría ser maravilloso para una familia que sus miembros se dediquen a hacer juntos algunas de estas cosas; por ejem­plo meditar en grupo para empezar el día, o bien antes de cenar, es fuente de paz y armonía para todos. Si les parece que no tienen tiempo, podrían levantarse media hora antes: los beneficios bien valen el esfuerzo.

¿Cómo empieza usted su día?
¿Qué es lo primero que dice usted por la mañana, cuando se despierta? Todos tenemos algo que nos decimos práctica­mente cada día. ¿Es positivo o negativo? Yo recuerdo la época en que me despertaba gimiendo: «Ay, mi Dios, otro día más». Y así eran exactamente los días que tenía: todo me iba mal, una cosa tras otra. Ahora, cuando me despierto, sin abrir siquiera los ojos, agradezco a la cama el sueño repara­dor que me ha brindado. Después de todo, nos hemos pasa­do toda la noche cómodamente juntas. Entonces, todavía con los ojos cerrados, me quedo unos diez minutos sin ha­cer otra cosa que agradecer todo lo bueno que hay en mi vida. Me programo un poco el día, afirmando que todo me irá bien y que lo disfrutaré muchísimo. Todo esto, antes de levantarme.

La meditación
Todos los días, concédase unos minutos para meditar en paz. Si no tiene la costumbre de hacerlo, empiece con cinco minutos. Siéntese en silencio a observar su propia respira­ción y deje que los pensamientos pasen tranquilamente por su mente. No les dé importancia y se irán. La naturaleza de la mente es pensar, de modo que no trate de liberarse de los pensamientos.
Hay muchas clases donde se enseña meditación, y abun­dan los libros en que puede estudiar maneras de meditar, pero no importa cómo o por dónde empiece: ya terminará por crearse su método. Yo, generalmente, me siento en si­lencio y pregunto: «¿Qué es lo que necesito saber?». Y dejo que la respuesta me llegue, si quiere, y si no, sé que me lle­gará en otro momento. No hay maneras correctas ni in­correctas de meditar.
Otra forma de meditación consiste en sentarse a observar cómo va y viene en nuestro cuerpo la respiración. Al inha­lar cuente uno, al exhalar cuente dos, al inhalar cuente tres, al exhalar cuente cuatro... Siga contando hasta llegar a diez, y vuelva a empezar por uno. Si descubre que su mente está haciendo la lista de la compra, vuelva a empezar por uno. Si se encuentra con que ha seguido contando hasta veinticinco, vuelva a empezar por uno.
Tuve una clienta sumamente brillante e inteligente. De mente excepcionalmente despierta y rápida, tenía un gran sentido del humor, y, sin embargo, no conseguía salir ade­lante. Tenía un gran exceso de peso, sus finanzas eran una ruina, estaba frustrada con su carrera y durante muchos años no había tenido un solo romance. Rápidamente aceptó todos los conceptos metafísicos, que le parecían llenos de sentido, pero era tan inteligente, tan rápida, que se le hacía difícil disminuir la velocidad lo suficiente como para practi­car, durante un tiempo que le sirviera para algo, las ideas que tan instantáneamente captaba.
La meditación diaria le ayudó enormemente. Empezamos con cinco minutos por día, y muy despacio fuimos llegando hasta los 15 o 20 minutos.

Ejercicio: Las afirmaciones diarias
Tome un par de afirmaciones y escríbalas de 10 a 20 veces por día. Léalas en voz alta, con entusias­mo. Componga una canción con ellas, y cánte­la con alegría. Deje que su mente se concentre durante todo el día en estas afirmaciones. Las afir­maciones que se usan en forma constante se convierten en creencias, y siempre producirán re­sultados, a veces de manera que no podemos ni si­quiera imaginar.
Una de mis creencias es que siempre tengo buenas rela­ciones con mis arrendadores. La última persona que me al­quiló una vivienda en Nueva York era un hombre que tenía fama de poner siempre muchas dificultades, y todos los inquilinos se quejaban de él. En los cinco años que viví allí no lo vi más que en tres ocasiones. Cuando decidí mudarme a California, decidí también venderlo todo y empezar de nue­vo, sin ningún lastre del pasado. Entonces empecé a hacer afirmaciones como:
«Todo lo que tengo se vende fácil y rápidamente.»
«La mudanza es muy fácil de hacer.»
«Todo funciona de acuerdo con el Orden Divino.»
«Todo está bien.»
No pensé en lo difícil que sería vender las cosas, ni en dónde dormiría las noches previas a la mudanza, ni en nin­guna otra cosa negativa. Me limité a insistir con mis afirma­ciones. Pues bien, entre clientes y alumnos me compraron muy pronto todas las cosas pequeñas y la mayor parte de los libros. Informé por carta a mi arrendador de que no le renovaría el contrato, y para mi gran sorpresa, recibí una llamada telefónica de él para decirme que lamentaba mucho mi partida. Se ofreció a escribirme una carta de recomenda­ción para el nuevo propietario, en California, y me pregun­tó si le podría vender mis muebles, porque había decidido volver a alquilar aquel apartamento amueblado.
Mi Conciencia Superior había sintetizado mis dos creen­cias, la de que siempre tengo buenas relaciones con mis arrendadores y la de que todo se vendería fácil y rápida­mente, de una manera que a mí jamás se me habría ocurri­do. Con gran pasmo de todos los demás inquilinos, hasta la última noche pude dormir en mi propia cama, en un apartamento cómodamente amueblado, ¡y me pagaron por hacerlo! Salí de casa con una maleta de ropa, el exprimidor, la licuadora, el secador de pelo y la máquina de escribir, amén de un sustancioso cheque, y sin prisa alguna me fui a tomar el tren para Los Ángeles.

No crea en las limitaciones
Al llegar a California necesitaba comprar un coche, y como antes no había comprado ninguno allí ni había hecho ninguna otra compra importante, no tenía crédito establecido. Los bancos no querían dármelo, ya que ser mujer y trabajar como profesional independiente no me servía de mucho. Como no quería gastarme todos mis ahorros en comprar un coche nuevo, la cuestión del crédito se convirtió para mí en una especie de trampa.
Me negué a ceder a ningún pensamiento negativo referen­te a la situación. Alquilé un coche y me dije una y otra vez: «Tengo un hermoso coche nuevo, conseguido con toda fa­cilidad».
Al mismo tiempo, dije a toda la gente que conocía que quería comprarme un coche nuevo, y que hasta el momen­to no había podido conseguir un crédito. Unos tres meses después acerté a conocer a una mujer de negocios y ambas nos caímos bien mutuamente. Cuando le conté la historia del coche, me dijo: «Oh, ya me ocuparé yo de eso».
Llamó a una amiga que trabajaba en un banco y que le debía favores, le dijo que yo era una «vieja amiga» y le dio unas referencias estupendas de mí. Tres días después salía yo de una agencia conduciendo mi hermoso coche nuevo.
El proceso, como tal, me había dejado impresionada. Creo que la razón de que hubiera necesitado tres meses para que el coche se manifestase fue que nunca me había com­prometido a pagar cuotas mensuales, y la niña que hay en mí estaba asustada y necesitaba tiempo para atreverse a dar un paso semejante.

Ejercicio: Me amo a mí misma
Supongo que a estas alturas usted ya estará casi todo el tiempo diciendo: «Me acepto y me aprue­bo». Es una base excelente. No deje de hacerlo durante un mes más por lo menos.
Ahora tome un bloc de papel y escriba en la primera página: «Me amo, así que...», y termine esta oración de tantas maneras como se le ocurran. Relea diariamente su lista y a medida que se le ocurran cosas nuevas, añádaselas.
Si puede trabajar en pareja, hágalo. Tómense de la mano y altérnense ambos (o ambas) para decir: «Me amo, así que...». El mayor beneficio que se obtiene de este ejercicio es que uno aprende que es casi imposible que se reste importancia cuando está diciéndose que se ama.

Ejercicio: Aduéñese de lo nuevo
Visualícese o imagínese teniendo, haciendo o sien­do aquello que constituye la meta de su esfuerzo. Imagínelo con todo detalle. Sienta, vea, toque, sa­boree, oiga, huela. Observe las reacciones de otras personas frente a su nuevo estado, y, sean cuales fueren, acepte que eso está perfectamente bien para usted.

Ejercicio: Expanda su conocimiento
Lea todo lo que pueda para expandir su entendi­miento de cómo funciona la mente. Es mucho lo que puede llegar a saber, y este libro no es más que un paso en su camino. Busque otros puntos de vis­ta; oiga cómo otros le dicen lo mismo de diferente manera. Estudie durante un tiempo con un grupo, hasta que ya no tenga más necesidad de ellos.
Este es un trabajo para toda la vida. Cuanto más aprenda, cuanto más sepa, cuanto más practi­que, mejor llegará a sentirse y más maravillosa será su vida. ¡Este es un trabajo que hace que us­ted se sienta bien!.

Comience a manifestar los resultados
Al practicar tantos de estos métodos como le sea posible, usted empezará a manifestar los resultados de este trabajo. Verá los pequeños milagros que se producen en su vida. Las cosas que quiere eliminar de ella desaparecerán por sí solas. Lo que desea que suceda surgirá en su vida como por arte de magia, ¡y alcanzará satisfacciones que jamás se habría imaginado!.
Yo me quedé sorprendida y encantada cuando, tras algu­nos meses de haber iniciado mi trabajo mental, empecé a pa­recer más joven. ¡Y ahora represento diez años menos de lo que representaba hace diez años!.
Ámese tal como es, y ame todo lo que hace. Ríase de us­ted y de la vida, y nada podrá afectarle. Al fin y al cabo, todo es temporal. Sea como fuere, en su próxima vida usted lo hará todo de diferente manera, así que, ¿por qué no em­pezar ahora?.
Podría leer alguno de los libros de Norman Cousins, que riéndose se curó de una enfermedad mortal. Lamentable­mente, no cambió los modelos mentales que le provocaron aquella enfermedad, de modo que acabaron creándole otra. Y, sin embargo, ¡también de la segunda se curó riendo!.
Son muchas las formas en que puede abordar su curación. Inténtelas todas, y después use las que más atractivas le pa­rezcan.
Por la noche, cuando se acueste, cierre los ojos y agradez­ca todo lo que hay de bueno en su vida. Su gratitud le trae­rá más bendiciones.
No escuche las noticias por la radio ni vea el telediario antes de acostarse. No contamine sus sueños con una lista de desastres. Al soñar hacemos un importante trabajo de limpieza, y usted puede pedir al mecanismo del sueño que le ayude con cualquier cosa en la que esté trabajando. Con frecuencia, a la mañana siguiente recibirá una respuesta.
Vaya a acostarse en paz. Confíe en que el proceso de la vida está de su parte y ocúpese de todo para su mayor bien y su máxima alegría.
No hay necesidad de convertir en algo monótono nada de lo que esté haciendo. Todo puede ser un juego, diverti­do y jubiloso. ¡Depende de usted! Hasta la práctica del per­dón y la renuncia al resentimiento pueden ser divertidas, si usted se empeña en que lo sean. Pruebe a hacerse una cancioncita con esa situación o esa persona de la que tanto le cuesta liberarse. Si entona una copla, verá como todo el pro­cedimiento se aligera. Cuando trabajo con mis clientes, los animo a reírse tan pronto como puedo. Cuanto más nos ria­mos de nuestros problemas, más fácil nos resultará liberar­nos de ellos.
Si usted viera una comedia cuyo argumento se basara en sus problemas, le causarían risa. La tragedia y la comedia son la misma cosa. ¡Ver una o la otra no depende más que del punto de vista! «Oh, ¡qué tontos pueden ser los mor­tales!».
Haga todo lo que pueda para que su trabajo de transfor­mación sea un placer y un gozo. ¡Diviértase!
En la infinitud de la vida, donde estoy,
todo es perfecto, completo y entero.
Yo me mantengo, y la vida me mantiene.
A mi alrededor veo pruebas de la Ley que opera
en todos los aspectos de mi vida.
Refuerzo todo lo que aprendo con convicción y júbilo.
Mis días se inician con gratitud y alegría.
Con entusiasmo me anticipo a las aventuras del día,
porque sé que en mi vida "todo es bueno».
Amo y acepto lo que soy y lo que hago.
Soy la viviente, enamorada y jubilosa expresión de la vida.
Todo está bien en mi mundo.

 

VOLVER

 

 

 

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis