Louise L. Hay 1

  Sanar su vida Vivir Pensamientos Louise  

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sanar su vida 1 Sanar su vida 2 Sanar su vida 3 Sanar su vida 4 Sanar su vida 5 Sanar su vida 6

 

USTED PUEDE SANAR
SU VIDA

sanr1

 

LOUIS L. HAY

 

 

Este libro fue pasado a formato digital para facilitar la difusión, y con el propósito de que así como usted lo recibió lo pueda hacer llegar a alguien más.      HERNÁN

 

sana2

Para descargar de Internet:
“ELEVEN” – Biblioteca del Nuevo Tiempo

Rosario – Argentina

Adherida a: Directorio Promineo:  www.promineo.gq.nu
Libros de Luz:  http://librosdeluz.tripod.com


Usted puede sanar su vida

Titulo original: You can heal your life
Ó1984, Louise L. Hay.
Ediciones Urano, S.A.
L-01 – 24/07/04

DEDICATORIA

Que esta ofrenda pueda servir para que cada uno encuentre dentro de sí ese lugar donde conoce su propio valor, esa parte que en todos nosotros es puro amor y aceptación de sí mismo.

 

AGRADECIMIENTOS

Con júbilo y placer doy las gracias:
A los muchos estudiantes y clientes que tanto me enseñaron y que me animaron a poner por escrito mis ideas.
A Julie Webster por estimularme y alentarme en las primeras etapas de este libro.
A Dave Braun, que tanto me enseñó durante el proceso de preparación  editorial.
A Charlie Gehrke, por haberme ayudado tanto en la creación de nuestro Nuevo Centro y por brindarme el apoyo y el tiempo necesarios para esta labor de creación.

INDICE

PROLOGO

PRIMERA PARTE: Introducción
Sugerencias a mis lectores
Algunas de mis ideas                             
Capítulo 1    Lo que creo                       

SEGUNDA   PARTE: Una sesión con Louise
Capítulo 2    ¿Cuál es el problema?           
Capítulo 3    ¿De dónde proviene?               
Capítulo 4    ¿Es verdad?
Capítulo 5    Y ahora, ¿qué hacemos?         
Capítulo 6     La resistencia al cambio               
Capítulo 7    Cómo cambiar
Capítulo 8     La construcción de lo nuevo   
Capítulo 9     El trabajo cotidiano          

TERCERA   PARTE:  Cómo poner en práctica estas ideas
Capítulo 10   Las relaciones                   
Capítulo 11   El trabajo                       
Capítulo 12   El éxito                       
Capítulo 13   La prosperidad
Capítulo 14   El cuerpo                          
Capítulo 15   La lista                     

CUARTA   PARTE
Capítulo  16   Mi historia                                                
En lo más profundo                              
Recomendaciones para la curación holística          

 

PROLOGO

Si me encontrara de pronto en una isla desierta donde no pudiera tener conmigo más que un solo libro, escogería el de Louise L. Hay, Usted puede sanar su vida, que no sólo transmite lo esencial de una gran maestra, sino que es tam­bién la expresión, poderosa y muy personal, de una gran mujer.
En este libro, nuevo y maravilloso, Louise comparte par­cialmente el viaje que la ha llevado hasta el punto de su evo­lución en que hoy se encuentra. Su historia -en mi opinión, esbozada aquí con demasiada brevedad, pero quizás eso sea tema para otro libro- me hizo vibrar de admiración y de simpatía.
Lo que me interesa destacar es que aquí está todo: todo lo que es necesario saber de la vida y sus lecciones, y tam­bién cómo trabajar sobre uno mismo. Y esto incluye la guía referencial que Louise ofrece de las probables pautas aními­cas que se ocultan tras el malestar de la enfermedad, y que hasta donde yo sé es verdaderamente notable y única. Una persona que se encontrase en una isla desierta y a quien le llegara este manuscrito en una botella, podría aprender todo lo que se necesita saber para sacar de la vida el mejor parti­do posible.
Pero aunque uno no esté en una isla desierta, si su cami­no, quizás incluso «accidentalmente», se ha cruzado con el de Louise Hay, está bien encaminado. Los libros de Louise, sus cassettes y sus seminarios son un verdadero regalo para un mundo lleno de problemas.
Lo que me llevó al encuentro con Louise y a la utilización de conceptos provenientes de su labor curativa fue mi propio y profundo interés en trabajar con personas enfer­mas de SIDA.
Todas las personas a las que hice escuchar la grabación de “A Positive Approach to AIDS” (Una visión positiva del SIDA) captaron en seguida el mensaje de Louise, y muchas de ellas convirtieron el escuchar esta cinta en parte de su ri­tual curativo cotidiano. Una de estas personas, Andrew, me dijo: «Todos los días me quedo dormido con Louise y me levanto con ella».
Mi admiración y mi amor por ella fueron en aumento a medida que veía a mis queridos pacientes de SIDA afrontar su tránsito enriquecidos y en paz consigo mismos y con el mundo -más plenos de amor y compasión por sí mismos y por todos por el hecho de que ella hubiera sido parte de su vida- y con un sereno regocijo por haber tenido esa precisa experiencia de aprendizaje.
En mi vida he recibido el don de muchos grandes maes­tros, algunos de ellos santos, estoy seguro, e incluso quizás avatares. Pero Louise es una gran maestra con quien se pue­de hablar y estar, gracias a su enorme capacidad de escuchar con un amor incondicional mientras ella y su interlocutor friegan juntos los platos. (Otro maestro, para mí no menos grande, prepara una ensalada de patatas estupenda.) Louise enseña con el ejemplo, y vive aquello mismo que enseña.
Para mí es un honor invitar a los lectores a que hagan de este libro parte de su vida. Los lectores y el libro se lo me­recen.
DAVE BRAUN
Ventures in Selffulfillment.  Dana Point. California

 

PRIMERA PARTE: INTRODUCCION

Sugerencias a mis lectores

He escrito este libro para compartir con ustedes aquello que sé y que enseño. Heal Your Body (Sane su cuerpo) ha lle­gado a ganar amplia aceptación como libro autorizado sobre las pautas mentales que crean enfermedades en el cuerpo.
He recibido centenares de cartas de lectores que me piden que amplíe mi información. Muchas personas con quienes he trabajado en calidad de clientes particulares, y otras que han seguido mis seminarios aquí en Estados Unidos y en el extranjero, me han pedido que escribiera este libro.
Lo he pensado de manera que les dé a ustedes la vivencia de una sesión, tal como lo haría si acudieran a mi consulta privada o a uno de mis seminarios.
Si están dispuestos a hacer los ejercicios progresivamente, tal como aparecen en el libro, para cuando los hayan termi­nado se habrá iniciado el cambio en su vida.
Yo les diría que lean una vez todo el libro, y después vuelvan a leerlo lentamente, pero esta vez haciendo cada ejercicio en profundidad. Dense tiempo para trabajar con cada uno de ellos.
Si pueden, hagan los ejercicios con un amigo o con un miembro de la familia.
Cada capítulo se inicia con una afirmación, y cada una de ellas les será útil cuando estén trabajando en ese aspecto de su vida. Tómense dos o tres días para estudiar cada capí­tulo y trabajar con él y no se olviden de decir y escribir re­petidas veces la afirmación con que se inicia el capítulo.
Los capítulos se cierran con un tratamiento que es una corriente de ideas positivas, pensadas para transformar la conciencia. Relean este tratamiento varias veces por día.
Al final del libro, comparto con ustedes mi propia histo­ria: sé que les demostrará que, sin importar de dónde ven­gamos ni lo humildes que fueran nuestros orígenes, pode­mos mejorar nuestra vida hasta cambiarla totalmente.
No olviden que cuando trabajan con estas ideas cuentan con todo el apoyo de mi afecto.

Algunas de mis ideas

Somos responsables en un ciento por ciento de todas nuestras experiencias.
Todo lo que pensamos va creando nuestro futuro.
El momento del poder es siempre el presente.
Todos sufrimos de odio hacia nosotros mismos y de culpa.
En nuestros peores momentos, pensamos: «Yo no sirvo...».
No es más que una idea, y una idea se puede cambiar.
El resentimiento, la crítica y la culpa son las reacciones más dañinas.
Liberar el resentimiento llega incluso a disolver al cáncer.
Cuando nos amamos realmente a nosotros mismos, todo nos funciona en la vida.
Debemos dejar en paz el pasado y perdonar a todos.
Debemos estar dispuestos a empezar a amarnos.
Aprobarse y aceptarse a sí mismo en el ahora es la clave para hacer cambios positivos.
Somos nosotros los creadores de todo lo que llamamos «enfermedad» en nuestro cuerpo.

En la infinitud de la vida, donde estoy, todo es perfecto,
completo y entero, y sin embargo, la vida cambia siempre.
No hay comienzo ni hay final;
sólo un reciclar constante de la sustancia y las experiencias.
La vida jamás se atasca, ni se inmoviliza ni se enrancia,
pues cada momento es siempre nuevo y fresco.
Soy uno con el mismo Poder que me ha creado,
y que me ha dado el poder de crear
mis propias circunstancias.
Me regocija el conocimiento de que tengo poder
para usar mi mente tal como yo decida.
Cada momento de la vida es un comienzo nuevo que nos
aparta de lo viejo y este momento es un nuevo comienzo
para mí, aquí y ahora
Todo está bien en mi mundo.

 

CAPITULO 1: LO QUE CREO
«Los portales que llevan a la sabiduría y al conocimiento están siempre abiertos.»
La vida es realmente muy simple: Recibimos lo que hemos dado
Lo que pensamos de nosotros mismos llega a ser verdad para nosotros. Creo que todos, y me incluyo, somos res­ponsables en un ciento por ciento de todo lo que nos suce­de en la vida, lo mejor y lo peor. Cada cosa que pensamos está creando nuestro futuro. Cada uno de nosotros crea sus experiencias con lo que piensa y lo que siente. Las cosas que pensamos y las palabras que decimos crean nuestras expe­riencias.
Nosotros creamos las situaciones, y después renunciamos a nuestro poder, culpando a otra persona de nuestra frustra­ción. Nadie, ni ningún lugar ni cosa, tiene poder alguno sobre nosotros, porque en nuestra mente los únicos que pensamos somos «nosotros», los que creamos nuestras expe­riencias, nuestra realidad y todo lo que hay en ella. Cuando creamos paz, armonía y equilibrio en nuestra mente, los en­contramos en nuestra vida.
¿En cuál de estos dos enunciados se reconoce usted?
«Todos están contra mí.»
 «La gente es siempre amable.»
Cada una de estas creencias creará experiencias muy dife­rentes. Lo que creemos de nosotros mismos y de la vida lle­ga a ser nuestra verdad.
El Universo nos apoya totalmente en todo lo que decidimos pensar y creer.
Dicho de otra manera, nuestra mente subconsciente acepta cualquier cosa que decidamos creer. Ambas expresiones significan que lo que creo respecto a mí mismo y a la vida llega a ser verdad para mí. Lo que usted decide pensar de usted mismo y de la vida llega a ser verdad para usted. Y ambos tenemos opciones ilimitadas respecto de lo que po­demos pensar.
Cuando lo sabemos, lo sensato es optar por «La gente es siempre amable», y no por «Todos están contra mí».

El poder universal jamás nos juzga ni nos critica
Se limita a aceptarnos por lo que valemos, y a reflejar nues­tras creencias en nuestra vida. Si quiero creer que la vida es solitaria y que nadie me ama, entonces eso será lo que en­cuentre en mi mundo.
Sin embargo, si estoy dispuesta a renunciar a esa creencia y a decirme que el amor está en todas partes, y que soy ca­paz de amar y digna de amor, y me adhiero a esa nueva afir­mación y la repito frecuentemente, ésa llegará a ser mi ver­dad. En mi vida aparecerán personas capaces de amar, las que ya forman parte de ella me demostrarán más amor, y yo descubriré lo fácil que me resulta expresar mi amor a los demás.

La mayoría de nosotros tenemos ideas absurdas de quiénes somos, y muchas, muchas reglas rígidas sobre cómo se ha de vivir la vida
No digo esto para condenarnos, ya que todos nosotros es­tamos haciendo lo mejor que podemos hacer en este momento. Si supiéramos más, si tuviéramos más entendimien­to y fuéramos más conscientes, haríamos las cosas de otra manera. Les ruego que no se menosprecien por estar donde están. El hecho mismo de que hayan encontrado este libro y me hayan descubierto significa que están preparados para introducir en su vida un cambio positivo. Reconózcanse el mérito. «¡Los hombres no lloran!», «¡Las mujeres son inca­paces de manejar dinero!» Son ideas demasiado estrechas para vivir con ellas.
Cuando somos muy pequeños aprendemos a sentirnos con nosotros mismos y con la vida según las reacciones de los adultos que nos rodean
Es así como aprendemos lo que ahora pensamos de noso­tros y de nuestro mundo. Es decir, que si ha vivido usted con personas muy desdichadas y asustadas, culpables o co­léricas, habrá aprendido muchas cosas negativas sobre usted y sobre su mundo.
-Nunca hago nada bien... es por mi culpa... si me enfa­do soy una mala persona...
Esta clase de creencias generan una vida de frustración.

Cuando crecemos, tenemos tendencia a recrear el ambiente emocional de nuestro hogar de la infancia
Es algo que no está ni bien ni mal; simplemente, se trata de lo que por dentro sabemos que es un «hogar». También ten­demos a recrear la relación que tuvimos con nuestra madre o con nuestro padre, o la que ellos tenían entre sí. Piense con cuánta frecuencia ha tenido una amante o un jefe que era «el retrato» de su madre o de su padre.
Nos tratamos a nosotros mismos tal como nos trataban nuestros padres. Nos regañamos y nos castigamos de la misma manera.
Si escucha, casi podrá oír las palabras. Además nos amamos y nos animamos de la misma forma, si cuando éramos pequeños nos amaban y nos animaban.
-Tú nunca haces nada bien, es por culpa tuya...
¿Cuántas veces se lo ha dicho usted a sí misma?
-Eres maravillosa, te amo...
¿Cuántas veces se dice usted estas palabras?

Sin embargo, yo no echaría la culpa a nuestros padres
Somos todos víctimas de víctimas, y ellos no podían de nin­guna manera enseñarnos algo que no sabían. Si su madre no sabía amarse a sí misma, ni su padre tampoco, era imposible que le enseñaran a usted a amarse a sí mismo; estaban ha­ciendo todo lo que podían con lo que les habían enseñado de pequeños. Si quiere usted entender mejor a sus padres, hágales hablar de su propia niñez; y si los escucha con com­pasión, aprenderá de dónde provienen sus miedos y sus rigideces. Las personas que le hicieron a usted «todo aque­llo» estaban tan asustadas y temerosas como usted.
Creo que escogemos a nuestros padres
Cada uno de nosotros decide encarnarse en este planeta en un determinado punto del tiempo y del espacio. Hemos es­cogido venir aquí para aprender una lección determinada que nos hará avanzar por el sendero de nuestra evolución es­piritual. Escogemos nuestro sexo, el color de nuestra piel, nuestro país, y luego buscamos los padres que mejor reflejen la pauta que traemos a esta vida para trabajar con ella. Des­pués, cuando hemos crecido, es común que les apuntemos con un dedo acusador, clamando: «Mira lo que me hiciste». Pero en realidad, los habíamos escogido porque eran perfec­tos para el trabajo de superación que queríamos hacer.
De muy pequeños aprendemos nuestros sistemas de creencias, y después vamos por la vida creándonos expe­riencias que armonicen con nuestras creencias. Evoque su propia vida y fíjese con cuánta frecuencia ha pasado por la misma experiencia. Pues bien, yo creo que usted se la creó una y otra vez porque reflejaba alguna creencia que tenía sobre sí mismo. En realidad, no importa durante cuánto tiempo hemos tenido un problema, ni lo grande que sea, ni hasta qué punto pone en peligro nuestra vida.

El momento del poder es siempre el presente
Todos los acontecimientos que hasta el momento le han su­cedido en su vida han sido creados por los pensamientos y las creencias que tenía en el pasado. Fueron creados por las cosas que pensó y las palabras que dijo ayer, la semana pa­sada, el mes pasado, el año anterior, hace diez, veinte, trein­ta, cuarenta o más años, según la edad que tenga.
Sin embargo, eso es su pasado; está hecho y acabado. Lo que importa en este momento es lo que usted decida pensar y decir ahora mismo, porque esas ideas y esas palabras han de crear su futuro. Su momento de poder es este presente en que usted está formando las experiencias de mañana, de la próxi­ma semana, del próximo mes o del año que viene...
Tal vez tenga conciencia de lo que está pensando en este momento. ¿Es un pensamiento positivo o negativo? ¿Quie­re que ese pensamiento esté determinando su futuro? Pre­gúnteselo, dése cuenta.

Lo único con que tenemos que vérnoslas es siempre una idea, y una idea se puede cambiar
Sea cual fuere el problema, nuestras experiencias no son más que efectos externos de nuestros pensamientos. Incluso el odio hacia sí mismo no es más que odiar la idea que uno tie­ne de sí mismo.
Una idea que le dice: «Soy una mala perso­na». Esa idea genera un sentimiento, y uno acepta el senti­miento. Sin embargo, si no tenemos la idea, no tendremos tampoco el sentimiento. Y las ideas se pueden cambiar. Cambie de idea, y el sentimiento se irá.
Una vez descubierto el origen de muchas de nuestras creen­cias, no debemos tomar esta información como excusa para in­movilizarnos en nuestro dolor. Tampoco importa durante cuánto tiempo hayamos seguido una pauta negativa. El mo­mento de poder es el presente. ¡Qué maravilla es comprender­lo así! ¡Podemos empezar a ser libres en este mismo momento!

Créase o no, nosotros elegimos lo que pensamos
Puede ser que habitualmente pensemos siempre lo mismo, y que no parezca que estemos escogiendo lo que pensamos. Pero hicimos la opción originaria. Podemos negarnos a pen­sar ciertas cosas. Fíjese con qué frecuencia se ha negado a pensar algo positivo sobre usted. Bueno, pues también pue­de negarse a pensar algo negativo sobre usted.
No hay nadie a quien conozca o con quien haya trabajado que no sufra, en una u otra medida, por odiarse a sí mis­mo o por sentirse culpable. Cuanto más culpa y más odio hacia nosotros mismos albergamos, peor funciona nuestra vida. Cuanto menos culpables nos sintamos, cuanto menor sea la culpa que alberguemos, mejor funcionará nuestra vida, en todos los niveles.

La creencia más íntima de todos aquellos con quienes he trabajado es siempre «No sirvo...»
Y con frecuencia, a eso le añadimos «No hago ningún es­fuerzo» o «No lo merezco». ¿No es cierto? Usted, ¿no dice muchas veces, o da a entender o siente que no es lo bastan­te bueno? Pero, ¿para quién, y de acuerdo con las normas de quién?.
Si en usted esta creencia es muy fuerte, no podrá crearse una vida sana, una vida de amor, prosperidad y júbilo. Sin que usted sepa cómo, su fundamental creencia subconscien­te estará siempre contradiciendo este propósito. Sin sa­ber por qué, usted jamás conseguirá llegar del todo a cum­plirlo, porque siempre, en alguna parte, habrá algo que ande mal.

Siento que el resentimiento, las críticas, la culpa y el miedo causan más problemas que ninguna otra cosa
Estas cuatro cosas son las que provocan los principales des­arreglos en nuestro cuerpo y en nuestra vida. Son senti­mientos que se generan en el hecho de culpar a otros en vez de asumir la responsabilidad por nuestras propias experien­cias. Si somos responsables en un ciento por ciento de todo lo que nos sucede en la vida, entonces no hay nadie a quien podamos culpar. Sea lo que fuere lo que está sucediendo «ahí fuera», no es más que un reflejo de lo que pensamos in­teriormente. No estoy perdonando el mal comportamiento de otras personas, pero son nuestras creencias lo que atrae a la gente que nos trata de esa manera.
Si se descubre diciendo que todos le hacen siempre tal o cual cosa, lo critican, no le ayudan jamás, lo tratan como a un felpudo y lo insultan, piense que eso es su modelo. En su mente hay alguna idea que atrae a las personas que exhiben ese comportamiento. Cuando deje de pensar de esa manera, se irán a otra parte a hacérselo a otro, porque usted ya no los atraerá.
He aquí algunos resultados de las pautas que se manifies­tan en el nivel físico: Un resentimiento largamente cultiva­do puede carcomer el cuerpo hasta convertirse en la enfermedad que llamamos cáncer. Con frecuencia, el hábito per­manente de la crítica conduce a la aparición de artritis. La culpa siempre busca el castigo, y el castigo provoca do­lor. (Cuando alguien que viene a consultarme se queja de mucho dolor, sé que es una persona que carga con mucha culpa.) La tensión que el miedo produce puede provocar afecciones como la calvicie, úlceras e incluso llagas en los pies.
He comprobado que al perdonar y renunciar al resenti­miento se puede disolver incluso el cáncer. Esto puede pa­recer simplista, pero es algo que he visto y he experimenta­do personalmente.

Podemos cambiar nuestra actitud hacia el pasado
Lo pasado, pasado, se suele decir. El pasado ya no se puede cambiar, pero sí podemos cambiar nuestra manera de pen­sar en él. Es una tontería que nos castiguemos en el presen­te porque alguien nos hizo sufrir en un remoto pasado.
-Empiece a disolver ese resentimiento ahora que es rela­tivamente fácil -suelo decirle a la gente que alberga resenti­mientos profundos. No espere a verse ante la amenaza de un bisturí o en su lecho de muerte, cuando tal vez tenga que enfrentar también el pánico.
Cuando somos presa del pánico es muy difícil concentrar la mente en el trabajo curativo. Primero necesitamos tiempo para disolver los miedos.
Si optamos por creer que somos víctimas indefensas, y que en ninguna parte hay esperanza, el Universo nos apoya­rá en esa creencia, y nada podrá salvarnos. Es vital que re­nunciemos a esas ideas y creencias tontas, negativas y anti­cuadas que no nos sirven de apoyo ni nos alimentan. Hasta nuestro concepto de Dios ha de ser el de alguien que está de nuestra parte, y no contra nosotros.

Para renunciar al pasado, debemos estar dispuestos a olvidar
Es necesario que nos decidamos a renunciar al pasado y a perdonar, incluso a nosotros mismos. Es probable que no sepamos perdonar, y también que no queramos perdonar; sin embargo, el simple hecho de decir que estamos dispues­tos a hacerlo inicia el proceso de curación. Para curarnos, es imperativo que «nosotros» renunciemos al pasado y que perdonemos.
«Te perdono por no ser como yo quería que fueras. Te perdono y te dejo libertad.»
Quien se libera con esta afirmación somos nosotros.

Toda enfermedad proviene de no haber perdonado algo
Cada vez que enfermamos, debemos buscar en nuestro co­razón qué es lo que necesitamos perdonar.
En A Course in Miracles (Un Curso de Milagros) se nos dice que «Toda enfermedad proviene de no haber perdona­do algo», y que «Cada vez que enfermamos, debemos mirar a nuestro alrededor para ver a quién tenemos que perdo­nar.»
A esta idea añadiría yo que la persona a quien más difícil se nos hace perdonar es aquella misma de quien más necesi­tamos liberarnos. Perdonar significa renunciar, dejar en li­bertad. No tiene nada que ver con ningún comportamiento externo; es simplemente no seguir aferrado a algo. No es ne­cesario que sepamos cómo perdonar; lo único que hace fal­ta es que estemos dispuestos a hacerlo, que de los comos ya se encargará el Universo.
Aunque entendemos tan bien nuestro dolor, ¡qué duro nos resulta a casi todos entender que ellos, sean quienes fue­ren esos que más necesitamos perdonar, también sufrían! Es necesario que entendamos que estaban haciendo lo mejor que podían con la comprensión, la conciencia y el conoci­miento que tenían en aquel momento.
Cuando alguien viene a mí con un problema, no me im­porta de qué se trata; ya sea mala salud, falta de dinero, rela­ciones insatisfactorias o una creatividad sofocada, yo siempre trabajo sobre una sola cosa, que es el amor a sí mismo.
He comprobado que cuando realmente nos amamos, es decir, cuando nos aceptamos y aprobamos exactamente tal como somos, todo funciona bien en la vida. Es como si por todas partes se produjeran pequeños milagros. Nuestra sa­lud mejora, atraemos hacia nosotros más dinero, nuestras relaciones se vuelven más satisfactorias, y empezamos a ex­presarnos de manera más creativa. Y parece que todo eso sucediera sin que lo intentásemos siquiera.
Si uno se ama y se aprueba a sí mismo, creándose un es­pacio mental de seguridad, confianza, mérito y aceptación, eso aumentará su organización mental, creará más relacio­nes de amor en su vida, le traerá un trabajo nuevo y un lugar nuevo y mejor donde vivir; incluso le permitirá nor­malizar su peso corporal. Las personas que se aman a sí mis­mas, y que aman su cuerpo, no abusan de sí mismas ni de los demás.
Aprobarse y aceptarse a sí mismo en el ahora es el primer paso hacia un cambio positivo en todos los ámbitos de la vida.
El amor a nosotros mismos, tal como yo lo veo, comien­za por no criticarnos jamás por nada. La crítica nos inmovi­liza en la pauta misma que estamos intentando cambiar; en­tendernos y ser amables con nosotros mismos nos ayuda a salir de ella. Recuerde los años que se ha pasado criticándo­se sin resultado alguno. Haga la experiencia: apruébese, y vea qué es lo que sucede.

En la infinitud de la vida, donde estoy,
todo es perfecto, completo y entero.
Creo en un Poder mucho mayor que yo, que fluye
a través de mí en cada momento del día.

Porque sé que en este Universo

hay solamente Una Inteligencia,
me abro a la sabiduría interior. De esta
Única Inteligencia provienen todas las respuestas,
toda curación, todas las soluciones, toda creación nueva.
En ese Poder y esa Inteligencia confío,
sabiendo que todo lo que necesito saber se me revela
y que todo lo que necesito me llega
en el momento, el lugar y el orden adecuados.
Todo está bien en mi mundo.

 

VOLVER

 

 

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis