El kybalion 1-e

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Kybalion 1-a Kybalion 1-b Kybalion 1-c Kybalion 1-d Kybalion 1-e Kybalion 1-f

LAS  LEYES HERMÉTICAS
 
  Lo dicho en la Primera Parte solo puede considerarse una introducción sucinta al Simbolismo como herramienta imprescindible para abordar el estudio de  las Leyes o Principios Herméticos, los cuales exigen desarrollos   extensos y cuidadosos. A esto nos abocaremos en esta Segunda Parte, adelantando empero que se trata de cuestiones arduas y que, por su naturaleza misma, resultan tan profundas como inagotables.
  Las Leyes o Principios Herméticos varian en su enunciado de autor a autor pero la esencia de su contenido permanece invariable. De algunos de ellos nos hemos ocupado brevemente en la primera parte de este escrito.
 
1-  LEY DE LA NATURALEZA MENTAL DEL TODO
 Esta Ley o Principio fundamental no es cosa fácil de comprender pero sin duda es la razón poderosa tras mil y un hecho que nos asombran y que  calificamos tontamente de “sobrenaturales”.   En realidad lo sobrenatural no existe salvo Dios mismo pues todo en el Todo está sometido a las Leyes que emanan de la Causa Primera o Dios. Esta Causa Primera es lo único que se puede hallar por sobre lo natural.
 El poder de la mente humana es muy grande y lo será aun más en el futuro: no hemos llegado aún sino a un nivel rudimentario de las posibilidades reales de la especie. La ciencia no vacila en afirmar que solo usamos un diez por ciento de nuestra capacidad cerebral y eso nos habla a las claras de todo lo que nos aguarda y que aun no conocemos. Hoy en día nadie desconoce las enfermedades psicosomáticas. Si nuestra mente funciona mal puede enfermarnos y aun matarnos. Pero si nuestra mente funciona bien puede lograr maravillas. Un autor cuyo nombre no recordamos decía con justeza: "Vigilamos muy bien lo que nuestros hijos comen pero dejamos que sus mentes engullan cualquier basura”. Esta afirmación sabia vale tantos para niños como patra adultos y ancianos. El conocimiento del mentalismo debe comenzar por esta forma esencial de la higiene mental: mantener in mente solo pensamientos nobles, positivos, elevados y tendientes a beneficiar al prójimo. Las personas cargadas de odio, vileza y otros pensamientos negativos son las víctimas más frecuentes de su propia actitud mental errada.  En cambio la risa, la alegría, el amor curan a uno mismo y a los demás.
 Naturalmente el Principio Hermético de Mentalismo es de alcance enormemente mayor que lo anterior. Pero, por razones de claridad, es necesario ir de lo simple a lo complejo y de lo particular a lo general so pena de tornarse incomprensible. Los Maestros e Iniciados hermetistas nos enseñan que el Todo es Mente, que el Universo es Mental. Cada cosa pre-existe como Idea en la mente de Dios. Platón, iniciado en Egipto tras la muerte de Sócrates,  conocía muy bien esto y lo refleja en su Mundo de las Ideas. El nos habla en alegoría de la Caverna en que vivimos, percibiendo solo sombras que se proyectan en su fondo emanantes de la luminosa Realidad. Pero algún día nos tornaremos y percibirémos esa Realidad. Como lo dijo tan poéticamente Ramón del Valle-Inclán: "Lejanos soles algún día encenderán nuestra caverna".   Lamentablemente no existe aún una exposición seria y satisfactoria de las doctrinas de Platón desde el punto de vista esotérico.  Esto se debe a que los “filósofos” académicos saben muy poco o nada de esoterismo y se preocupan ante todo de gratificar su propia vanidad. El suyo es “un saber ignorante” para emplear una expresión que le era grata a Guénon. Podríamos dar buenas pruebas y ejemplos de esto pero solo conseguiríamos acarrearnos enemistades sin hacer bien a nadie.  
 Pasemos ahora a ocuparnos de otro caso particular de este Principio que se revela como de fundamental importancia no solo en lo que hace al quehacer humano sino en un contexto muchísimo más amplio. De hecho su validez alcanza a todos los planos de existencia y todos los estados del Ser. Nos referimos a la Ley del Ternario (o de la Tríada). Esta puede y suele enunciarse como sigue: cada acción tiene su reacción, cada posición y cualidad su opuesta, cada tésis su antitesis. De la interacción de ambas surge la síntesis. Los Maestros saben esto y pueden modificar o revertir cada situación  generando la opuesta a nivel mental mediante la concentración. Volveremos sobre este asunto en lo que sigue.
 El TODO crea a nivel mental. Los universos infinitos en número son Sus formas de pensamiento. Y nosotros, aunque insignificantes frente al Todo, participamos de Su Esencia. Nuestra mente puede crear, puede transmutar. Y recordemos que transmutar no es transformar sino algo mucho más profundo. Transformación es cambio de forma, variación superficial. Transmutar es cambio de naturaleza, de esencia, es ALQUIMIA MENTAL. 
2-  LEY  DE  CORRESPONDENCIA  Y ANALOGÍA
                                                                       “Per visibilia ad invisibilia”  
                                                                                        (Vulgata)
 
  Las doctrinas herméticas forman parte esencial de la Tradición Universal o Primordial también denominada Philosophia Peremnis.  Esta última encierra  la Sabiduría de orden espiritual y metafísico transmitida desde épocas inmemoriales en las más diversas escuelas iniciáticas de todos los países y de todos los tiempos. Este saber es esencialmente único en su contenido esencial, si bien reviste formas cambiantes al haberse adecuado a las cambiantes situaciones acordes al tiempo, lugar, costumbre y circunstancia. La Tradición Primordial es uno de los rasgos esenciales que distingue a una verdadera escuela iniciática de la multitud de movimientos neo o pseudo-espirituales que no lo son en absoluto. El otro rasgo distintivo es, desde luego, la transmisión de una real y legítima filiación iniciática. Esto es esencial: practicamente todos esos movimientos espirituales que tanto se propagandean carecen por completo de tal filiación y de raices en el pasado. En la abrumadora mayoría de los casos solo persiguen obtener el poder y el sacarle dinero a los necios.
 Para más detalles, que no podemos consignar aquí por razones de espacio, remitimos a las obras de René Guénon, las que son una guía segura y confiable en este campo.
 Aceptemos como punto de partida el tradicional Principio Esotérico que afirma que LO VISIBLE Y MATERIAL ES IMAGEN Y REPRESENTACIÓN DE LO INVISIBLE Y METAFÍSICO.
 A partir de esto  fácil será llegar a la conclusión de que cuanto existe en este mundo y en el Cosmos entero preexiste como idea en la Mente de Dios. Este Principio es, en realidad, una consecuencia lógica de  la Armonía Universal y Total, empleando una expresión ya clásica de René Guénon. Esta Armonía nos expresa la concordancia y analogía de formas y estructuras que existe entre todos los planos de existencia y entre todos los estados del Ser.
 Pero, precisamente por aplicación del Principio mencionado,  llegamos a la conclusión de que cada ente o forma manifestada o material y visible es SÍMBOLO y representación de su contraparte INVISIBLE o inmanifestada.  El mundo pasa así a ser, como señalara con lucidez Salustio, un OBJETO SIMBÓLICO.  Y es menester además coincidir con Jules le Bêle en cuanto que CADA OBJETO MANIFESTADO ES UN SIGNO NATURAL Y SENSIBLE DE UNA VERDAD EN EL ORDEN METAFÍSICO.  Es un Principio fundamental del Esoterismo Tradicional que, a partir de esto, debemos elevarnos en el Conocimiento pasando (por medio de una suerte de inducción trascendental) de lo visible a lo invisible pues esto se posibilita precisamente por la Ley de Analogía y Correspondencia que es, en suma, la expresión de esa ARMONÍA UNIVERSAL Y TOTAL.  Y el estudio de los símbolos es la vía natural e insoslayable para lograrlo, especialmente en Astrología. Eugen Drewermann señala al respecto, en forma muy acorde a la Tradición Hermética,  que la Ley de Correspondencia y Analogía ha de entenderse como un hilo conductor de la investigación para la comprensión de un mundo de representaciones y semejanzas en los diferentes planos y estados del Ser. De hecho los símbolos hacen que percibamos las verdades inteligibles por medio de su reflejo sensible como decía Platón y repetía el pseudo-Dionisio.
 San Pablo expresa algo notable que coincide absolutamente con el punto de vista hermético en la Epístola a los Romanos (I, 20):
“Porque lo invisible de Dios desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de lo visible para llegar así a su poder sempiterno y Divinidad, de modo que sean innegables”.
 Para el buscador de la Verdad el símbolo se torna así insustituible como llave maestra que nos abre las regiones del espíritu, allí donde la mente racional por sus solas fuerzas ni alcanza ni puede operar. Guénon señalaba con justeza que la Ley Hermética de Correspondencia es el fundamento mismo de todo simbolismo.  En virtud de dicha Ley cada cosa, procediendo esencialmente de un Principio metafísico del que deriva toda su realidad, traduce y expresa a ese Principio en su manera y de acuerdo a su orden de existencia. De tal modo tenemos que, uniendo tales diferentes ordenes, todas las cosas se encadenan y corresponden para concurrir y participar en esa Armonía Universal y Total. De hecho es una Verdad Oculta que merece ser mencionada el hecho de que, al meditar en un símbolo de significación metafísica desconocida, tarde o temprano se produce en nosotros la comprensión de los significados que en él fueran depositados.
 A Isaac Newton se le atribuye aquello de “Non minus docent exempla quam praecepta”. Y vale la pena dar ejemplos al respecto en base a las leyes de la Mecánica Clásica que él mismo descubriera. Así la causalidad de la Física nos enseña así que la Ley de Causa y Efecto obra en todos los planos. Y en efecto, ese principio físico no es más que un caso muy particular del Principio Hermético que lleva el mismo nombre.
 El principio de la conservación de la energía en la Dinámica de los sistemas materiales claramente alude en el orden metafísico a la continuidad de la existencia en otros planos. El teorema de la conservación del momento de la cantidad de movimiento tiene clara relación analógica con la Ley Hermética de Vibración: al disminuir la actividad externa (momento de inercia) aumenta la elevación interior (velocidad angular).
 Otro ejemplo sorprendente es el siguiente: cada día el ser humano se levanta, trabaja en lo que le corresponde (eso es la vida) y al final del día vuelve a descansar. Este descanso cotidiano insume alrededor de un tercio de la jornada o sea unas siete u ocho horas. Esta es una imagen en escala pequeña de lo que es la vida humana en grande: nacemos, vivimos  en general de setenta a ochenta años en este plano y luego descansamos preparándonos a transmigrar para comenzar una nueva jornada. Pues bien, las experiencias de regresión a las que hemos asistido ponen claramente de manifiesto que el intervalo entre dos existencias sucesivas es, en general de veinte a treinta años terrestres o sea alrededor de un tercio de la duración de una existencia humana común. Por supuesto hay algunas excepciones en que ese plazo es mucho más breve (así como hay gente que duerme mal y poco...). En esto se revelan dos Principios Herméticos: el de Correspondencia y Analogía y el de Ciclos y Ritmos (o Ley Cíclica de la Vida). No nos detendremos aquí sobre este último Principio remitiendo a quien se interese a la parte correspondiente de este escrito.
  Estos ejemplos simples bastarían para convencer a quien esté preparado para ello pero, sin duda, los materialistas e ignorantes de las cosas espirituales descargarán su anatema contra quien ose pronunciar tales cosas.  El modelo de un sistema planetario se corresponde con el del átomo pero esto habla al hermetista de que en torno al núcleo del Todo o sea el Dios Supremo existen otras entidades que son los Logos de las Galaxias, de las constelaciones, de los sistemas planetarios de las estrellas y de los innumerables mundos que pueblan el cosmos. Quien tenga oídos para oír que oiga...
  Avanzando un paso más, destaquemos que en el ser humano hallamos la trilogía: espíritu, alma y cuerpo físico. Pero, precisamente por ser lo visible imagen simbólica  y representación de lo invisible, el analizar este modelo del ser humano nos lleva directamente a conclusiones sobre el Ser o Causa Primera  que llamamos Dios.  De esto resulta la máxima que se leía en el frontispicio del templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”. Esta sabia sentencia se continuaba en el sancta-santorum de dicho templo donde se encontraba escrito “...y conocerás a Dios”.
En realidad este asunto es muchísimo más complejo y profundo pues de la conexión interna (de esencia metafísica y trascendental) entre Dios y el ser humano resulta por analogía la necesaria unión y corrrespondencia entre el Macrocosmos y el Microcosmos.  De hecho la Divinidad se halla presente en cada ser viviente y es en nosotros mismos donde debemos buscarla. Esto, desde luego, es parte fundamental de la Enseñanza Tradicional y no debe ser considerado como un dogma sino como expresión de las vivencias de múltiples seres elevados de todos los tiempos y de los más diversos lugares.  
 Esta Ley Hermética  de Correspondencia y Analogía constituye la base y esencia de la totalidad de la disciplina astrológica y es lo que justifica el estudio profundo y meditado de los símbolos. Aquí está implícito otro Principio Hermético inseparable del anterior: la Armonía Universal y Total del Cosmos manifestado e inmanifestado, que es la que asegura  precisamente el nexo de correspondencias y analogías en que se funda todo el quehacer simbolista y, en particular, el astrológico.  
  Otro Principio Hermético fundamental (e inseparablemente ligado a los restantes) es  EL TODO EN  EL  TODO de los antiguos. Este Principio nos dice que el Todo está presente y se refleja en todo y así, como consecuencia, todas las cosas se reflejan en todas las cosas. La ciencia moderna comienza a reconocer lentamente este hecho. El célebre  teorema de Bell (que dio por tierra con la concepción einsteniana de una realidad física consistente en elementos independientes no interactivos separados espacialmente, cosa que resulta incompatible con las leyes de la mecánica cuántica) pone en evidencia que el universo está fundamentalmente interconectado, que es interdependiente e inseparable. Como señala Fritjof Capra (en su muy interesante obra “El Tao de la Física”) este logro científico concuerda exactamente con la afirmación del sabio budista Nagarjuna quien afirmaba hace cientos de años “Las cosas derivan su ser y su naturaleza de su dependencia mutua y en sí mismas no son nada”.  Es innecesario subrayar la importancia que tiene este hallazgo de Bell para la perspectiva hermético-astrológica (que todo astrólogo sigue lo quiera o no, lo sepa o no). Este resultado ratifica cuan certero es lo afirmado por la Tradición Primordial en relación al TODO EN EL TODO. En una obra reciente (“Giordano Bruno oder der Spiegel des Unendlichen”) Eugen Drewermann ha expresado al respecto de este Principio Hermético ideas dignas de análisis para los hermetistas y que por ello citamos: 
“Si existe un Dios que quiere manifestarse, comunicarse y revelarse en su creación, El no puede hacerlo con leyes puramente mecánicas. Tendrá entonces que impulsar al mundo desde dentro y no desde fuera; tendrá entonces que poner una partícula de Sí en cada átomo. Y así cada cosa particular, cada animal, cada ser humano tendrá en sí una copia del Todo aunque de una manera que solo le corresponde a él de manera muy especial. Y esa imagen peculiar del conjunto ha de capacitarle para moverse como corresponde en la marcha del todo”. Pasa así a ser “la forma expresada que viviendo se desarrolla”  (según la expresión tan certera de Goethe).
 Vemos que la concepción hermética del Todo en el Todo conduce en forma natural e inmediata a la concepción hindú del Sutra-Atma (Alma-hilo) o sea la Divinidad presente e inmanente en cada átomo del Cosmos. Nada podría ajustarse más a la Tradición Primordial en el sentido que le daba a esta expresión René Guénon. Pero Drewermann tiene más aciertos cuando afirma: “Si el universo se asemeja realmente a un organismo animado, se impone la hipótesis de que en lo más pequeño está contenido el Todo. Pero cada parte es una imagen del conjunto, en tanto que configurada por este y en tanto que contribuye a la configuración total...  Por sobre todo aparece bien claro que la idea de una pura interacción mecánica, incluso solo dentro del mundo material, representa una increíble reducción de la realidad”.  Muy adecuado es esto como tema de reflexión para los irreflexivos que pretenden “explicar” la Astrología con ondas, vibraciones y energías que jamás se detectaron ni midieron...  Por otra parte, el hecho de que no se pueda existir en forma independiente y separada del resto nos pone frente a otra concepción hermética tradicional: EL MISTERIO DE LA UNIDAD. El pensar este misterio conduce en forma natural a la Fraternidad Universal. El vivenciarlo, previa una adecuada (y ardua) preparación por medio de disciplinas espirituales, constituye una elevadísima experiencia Iniciática, la que recibe distintos nombres en las diferentes formas tradicionales (Visión beatífica, Samadhi, Satori). Y vale la pena destacar aquí la triste suerte que toca a los desgraciados que quieren abrir esta puerta con las llaves falsas de la droga o de la magia sexual.  Solo les cabe esperar la ruina completa de alma, mente y cuerpo.  

 

 

Primera ley: Principio del Mentalismo.


Este Principio encierra la verdad de que todo es mente . Explica que el todo, que es la realidad substancial que se oculta detrás de todas las manifestaciones y apariencias que conocemos con el nombre de "universo material", "fenómenos de la vida", "materia", "energía", etc., en pocas palabras: todo cuanto es sensible a nuestros sentidos materiales, es espíritu, quien en sí mismo es incognoscible e indefinible, pero que puede ser considerado como una mente infinita, universal y viviente. Explica también que todo el mundo fenomenal o universo es una creación mental del TODO, en cuya mente vivimos y nos movemos, tenemos nuestro ser. Este Principio, al establecer la naturaleza mental del universo, explica fácilmente los varios fenómenos mentales y psíquicos que tanto han preocupado a la humanidad y que sin tal explicación no son comprensibles y, además, desafían toda hipótesis científica.
La comprensión de este principio hermético habilita al individuo a conocer y realizar la ley que rige el universo mental y, de este modo, aplicarlo para su bienestar y desarrollo. El estudiante de metafísica puede emplear conscientemente las grandes leyes mentales, en vez de usarlas por casualidad o ser usado por ellas. Con la clave maestra en su poder, el discípulo puede abrir las puertas del templo del conocimiento mental y psíquico y entrar en él libre e inteligentemente.
Este Principio explica la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el por qué todas están subordinadas al dominio de la mente. Uno de los antiguos Maestros escribió hace ya mucho tiempo: "El que comprenda la Verdad de que el universo es mental, está muy avanzado en el sendero del adepto". Y estas palabras son tan ciertas hoy, como cuando fueron escritas. Sin esta llave maestra el aceptado es imposible y, por ello, el estudiante que no la posea, llamará en vano a la puerta del Templo.
Por ejemplo, cuando pensamos, de nosotros emana una corriente magnética semejante hasta cierto punto a un rayo de luz hasta el alma de las demás personas ejerciendo sobre ellas influencia, aún así los individuos estén separados por largas distancias.
Un pensamiento fuertemente proyectado vencerá por su gran potencia la resistencia que instintivamente oponen muchas almas a las impresiones que les vienen de afuera. Pensamientos intensos y repetidamente proyectados en la misma dirección, acabarían por penetrar donde una sola onda fuera repelida. Los pensamientos ajenos ejercen sobre nosotros una influencia mucho mayor de lo que podemos suponer.
Debemos saber que los pensamientos son cosas, vale decir, tiene cuerpo, tienen masa, al salir de nuestro cuerpo mental adquieren vida, personalidad, son una entidad que entra a funcionar según la dirección que le hemos dado, con el color y la tonalidad que le hemos adjudicado en el momento de emitirlo. Así como un microscopio nos pone en contacto con todo un mundo invisible para nuestra vista normal, un mundo insospechado para el hombre sin estudios; así mismo podría inventarse en el futuro un aparato que vea y hasta fotografíe la forma y color de nuestros pensamientos.
Nosotros, metafísicamente, dividimos los pensamientos en dos clases: positivos y negativos:
Los pensamientos positivos siembran en nuestro subconsciente un semillero maravilloso y esas vibraciones luminosas que salen de nuestro cuerpo mental van a tocar las mentes del prójimo, estimulándolas en el sentido positivo. Es muy importante saber que con la mente gobernamos las células de nuestro cuerpo. El cuerpo físico manifiesta salud, belleza y energía, que es lo que ocurre en nuestro cuerpo mental, como si fuera un espejo.
Los pensamientos negativos, por el contrario, son opacos, de bajas y sombrías tonalidades, afectan adversamente a todos los que los reciben y a quienes los emiten. Contribuyen a rodear al individuo de una atmósfera siniestra, pesada, que entorpece y restringe su evolución ascensional en todo orden, lo vuelve una persona desagradable, antipática, indeseable, da a su fisonomía una expresión amarga que lo afea, aleja de sí los afectos, lo hacen un neurasténico crónico, porque crea lo que llamamos un egregor negativo, un ente con vida, que le pertenece y se hace su inseparable compañero; que trata de tentarlo sembrándole cada vez más pensamientos depresivos que lo van enervando. Esto es, evidentemente, lo que ocurre con este tipo de pensamientos.
Tal como piensas, así eres. El que llena su vida de pensamientos enérgicos, muestra energía en ella. El que nutre su vida de pensamientos generosos, será generoso. El que piensa con valor, manifestará valor. Tanto el valor como el miedo son actitudes mentales. Por eso es que se dice que somos los arquitectos de nuestra propia estructura. La mente crea, tiene el poder creador, allí se manifiesta la Presencia Divina en nosotros, como Inteligencia Creadora. De aquí este axioma metafísico que afirma todo es mente, lo que piensas se manifiesta.
Vivimos en un universo mental creado por el Omnisciente. Todo lo que el hombre va descubriendo y trayendo a la manifestación, ya existe en potencia en la mente divina. Ningún individuo "inventó" nunca nada, hay sólo un gran inventor, sólo un gran Creador, Dios Omnisciente. Él pensó el universo y al descargar esa energía, la energía, que es materia, tomó forma. El ser humano, como hijo de Dios, hecho a su imagen y semejanza, también es creador en su mente, pero el hombre recibe las ideas por infusión divina, esto es: Dios le envía un rayo de luz cuya fuerza estimula en el hombre la función de pensar. Respetando, no obstante, el libre albedrío.
El ser humano tiene una mente inquisitorial, siempre anda buscando, tratando de descubrir algo, usa el razonamiento y, por medio de éste, bien dirigido, ha obtenido cosas grandes e importantes. Somos colaboradores con nuestro Dios Padre-Madre, sintonizando nuestras mentes en amor y bien, ya que amor e inteligencia son los componentes de la sabiduría. La sabiduría no se equivoca nunca, jamás trabaja para el mal. La mente sola es fría, analítica, usada sin amor es un arma de doble filo, puede orientarse hacia el bien o hacia el mal. Orientada buscando el bien, nos ha dado confort, adelantos científicos como la medicina moderna que intenta aliviar los dolores de la humanidad, grandes progresos tecnológicos de todo tipo, como esta misma página computacional que nos mantiene unidos a tanta distancia, etc. Su orientación al mal, en cambio, nos ha llevado a guerras, bombas atómicas, ojivas nucleares diseminadas por el planeta, uso de armas químicas, etc. Estando en posesión de este conocimiento, tenemos la libertad que Dios nos ha otorgado, de orientar nuestros pensamientos en forma positiva o negativa. Lo que sembremos, eso cosecharemos. No es difícil la elección. La mente contribuye al éxito del individuo o a su fracaso. La fe es también una actitud mental. La mente lo maneja todo.
Alergias nerviosas, alta tensión, afecciones cardiacas o hepáticas, insomnio, cáncer, infinidad de malestares, son producidos por pensamientos negativos, temor, ambición, envidia, resentimiento, complejos, tristeza, fracaso. Esa es la cosecha de una mente no positiva.

Por el contrario, una mente positiva estimula al individuo abriéndole las puertas del éxito. Quien tiene confianza en sí mismo, llega donde se propone, si busca el camino inteligentemente actuando con fe, entusiasmo y bondad.

 

 

EL UNIVERSO,ES MENTAL

lo que tu creas lo creas...es asi y es real..

el infierno existe y esta en la mente.....el paraiso tambien

una casa donde sus mienbros se aman y colaboran en su union....decimos que es un paraiso.......igual que decimos...si esa casa es un caos y se pelean,que es un infierno...
pero la casa en si..es un objeto....las energias que se mueven hay es de caos..

pero  lo si analizamos,veremos que son las personas,,las conciencias bajas,vibran mui bajo y atraen al igual al bajo astral.

igual pasa en la tierra...la tierra es un paraiso y lo es ya en tienpo real..hay jardines preciosos,bosques,rios..todo esta ya aqui y ahora bien....lo que esta mal,son las conciencias,las que vibran bajo y atraen al igual...

una conciencia alta vibra en otra sintonia y atrae a su igual..

somos vibracion y el igual atrae al igual en astral,

"como arriba ,abajo"

comprendiendo las leyes hermeticas de el kibaliom.

se comprende la vida y el universo.

por eso esforcemonos en ver lo positivo y vibrar alto..la vida al canviar de vision cambia toda....y el salto cuantico,se dara...

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