El Kybalion.
I Principio de Mentalismo.
“El TODO es mente; el universo es mental”. El Kybalion
Gracias a las contribuciones de nuestros compañeros participantes, Argento y Gustavo, hemos podido ver como la física recién comienza a descubrir principios que la filosofía hermética viene sosteniendo desde siempre.
“Todo este mundo aparentemente tangible, estable, visible y audible, es una ilusión”, decía Bohm.
Si traspasamos nuestro modo ordinario, restrictivo, de percibir -lo que Aldous Huxley llamaba la válvula reductora-, podemos sintonizarnos con la fuente o matriz de la realidad. Y las matrices de interferencias neurológicas del cerebro, sus procesos matemáticos, pueden ser idénticos al estado primordial del universo.
Es decir, nuestros procesos mentales están hechos de la misma materia que el principio organizador. Los físicos y astrónomos han señalado en ocasiones que la autentica naturaleza del universo es inmaterial aunque ordenada.
Einstein sentía frente a esta armonía una especie de reverenda mística.
El astrónomo James Jeans ha dicho que “el universo se parece más a un gran pensamiento que a una gran máquina”, y el también astrónomo Arthur Eddington afirmó que “la materia del universo es de orden mental”.
Más recientemente, David Foster, especialista en cibernética, ha descrito “un universo inteligente, cuya aparente concreción viene generada en realidad por datos cósmicos procedentes de una fuente incognoscible y organizada”.
Este principio contiene la verdad de que “todo es mente”, el TODO (que es la realidad sustancial oculta detrás de toda manifestación y apariencia que conocemos con el nombre de “Universo Físico”, “materia”, “energía”, etc.) en una palabra, de todo aquello que es perceptible por nuestros sentidos materiales, es espíritu, es incognoscible e indefinible en sí mismo, pero que se puede considerar como una mente infinita, viviente y universal.
“Mas allá del Kosmos, más allá del tiempo y del espacio, de todo aquello que se mueve y cambia, esta la Realidad Sustancial, verdad fundamental”, El Kybalion.
Sustancia significa aquello que permanece oculto tras toda manifestación exterior, realidad esencial, cosa en sí. El significado de sustancial es realmente existente, elemento esencial, ser real. “Realidad”, significa el estado del ser real, verdadero, eterno, presente, fijo.
Detrás de cualquier apariencia exterior o manifestación, siempre debe haber una realidad sustancial. Tal es la Ley.
Lo primero que cabe aclarar es el significado preciso del término “Universo”. La mayoría de la gente concibe al universo en función de los planetas, los astros y las galaxias. Este universo físico con el cual estamos familiarizados, el universo de la materia y la luz.
Pero, ¿será esto todo cuanto hay? ¿Será que no hay nada mas aparte de la materia y la luz? ¿Esta el universo restringido a lo que podamos detectar con nuestro instrumental científico y captar con nuestros sentidos?. La ciencia ha conseguido penetrar cabalmente en el universo material. Pero, ¿no podría ser que ello fuera tan solo el comienzo? ¿No podría ser que nuestro universo de materia y luz fuera parte de algo mucho mas vasto?
El termino “universo” se refiere a todo lo existente. Ha de abarcar la totalidad de la energía existente, con la posibilidad de que existan formas de energía mas allá de la materia y la luz. Dominios enteros de supraenergía. Estos trascenderían nuestra percepción inmediata. El universo físico es una pequeña parte del TODO, un universo energético mucho mayor.
Nuestro universo físico seria solo uno dentro de otros universos,
”Tal como arriba es abajo, tal como abajo es arriba”, II Principio de Correspondencia, El Kybalion.
Estos dominios bien diferenciados se relacionan entre sí de un modo similar. Los superiores englobarían a los inferiores, y podríamos representarlos como esferas concéntricas, las esferas interiores representan los dominios inferiores, más lentos, y las exteriores los dominios superiores, más rápidos. En esta imagen del universo todo, los dominios quedan englobados los unos en los otros, y cada dominio superior se entrevera con todos los inferiores. Esta serie ascendente seria como una escala armónica. Y los varios dominios ascendentes darían un significado real a la idea de la “armonía de las esferas” que sugería Pitágoras.
Al considerar y analizar el Universo del cual es una unidad, el hombre no ve otra cosa que el cambio continuado de la materia, las fuerzas, los estados de la mente. Que nada es realidad y que todo sufre constantemente transformaciones. Nada perdura; todas las cosas nacen, crecen, mueren; tan pronto como algo ha alcanzado su desarrollo máximo, comienza a declinar; la ley del ritmo opera constantemente, no hay realidad, nada es estable, nada duradero, nada fijo, nada sustancial, nada permanente, todo cambia.
“Las cosas se originan y evolucionan a partir de otras cosas. Existe una continua acción, a la que siempre sigue la reacción que corresponde, todo fluye y refluye, todo se levanta y se derrumba, creación y destrucción, vida y muerte”. V Principio de Ritmo, El Kybalion.
Todo aquel que haga este examen verá estas cosas y comprendería que todo esta en eterno cambio y las apariencias exteriores son manifestaciones de un poder oculto tras ellas, una realidad sustancial contenida en las mismas cosas.
La verdadera naturaleza del TODO es incognoscible, debe ser así, ya que nadie, a excepción del propio TODO es capaz de comprender su naturaleza y su ser.
Son muchos los presuntuosos que intentan atribuirle al TODO su propia personalidad, sus cualidades, características y atributos propios de seres humanos. Y llegan incluso a atribuirle cualidades negativas, tales como celos, susceptibilidad frente a las alabanzas y la adoración, deseos de que se le ofrenden cosas y se lo adore, y toda esa serie de cosas y cultos que nos llegan como herencia desde los primeros días de la humanidad.
Aunque es cierto que el TODO es incognoscible en su naturaleza esencial, hay en relación con su existencia algunas verdades que la mente humana esta obligada a aceptar. Examinar tales verdades es una tarea adecuada para la investigación, especialmente en lo referente a aquello que el iluminado nos comunica de sus experiencias en los planos de existencia mas elevados. Tales planos se encuentran mas allá de nuestro espacio tiempo, resultan de una vibración mas alta, mas sutil.
Sin pretender entrar en el terreno de lo incognoscible, debemos considerar:
1. El TODO necesariamente debe ser todo lo que es realmente. No hay cosa que pueda existir fuera del todo, ya que en caso contrario, el TODO no seria tal.
El TODO necesariamente debe ser infinito, dado que nada que limite, defina o ponga restricciones al TODO puede existir. Debe ser infinito en el tiempo, eterno, debe existir desde siempre, continuamente, ya que nada puede haberlo creado y ninguna cosa puede surgir de la nada, y no podría ser así en algún momento no hubiese sido. Debe perdurar en la existencia eternamente, ya que nada hay que pueda destruirlo, no puede dejar de ser ni siquiera por un instante, ya que nunca puede una cosa convertirse en nada. Debe ser infinito en el espacio, estar en todas partes, ya que mas allá del TODO no existe nada, ni hay lugar alguno. Es imposible que sea de otra forma, si no es continuo y omnipresente, sin interrupciones ni separaciones, ya que en él no hay nada que pueda ser interrumpido, separado o cesado en su continuidad absoluta, y tampoco existe nada que sea capaz de llenar las grietas. Y debe ser infinito en cuanto a su poder, absoluto, ya que no hay nada que sea capaz de limitarlo o restringirlo, obstaculizarlo o contenerlo. No se encuentra sujeto a poder ninguno, ya que no hay otro poder.
2. El TODO debe ser inmutable, no estando sujeto a ningún cambio en su naturaleza intima, ya que nada existe que lo pueda obligar a devenir, ni puede haberse transformado a partir de nada. No puede aumentar ni disminuir, así como tampoco ser mayor o menor en ningún sentido. Siempre debe haber sido, y debe seguir siendo también siempre, idéntico a lo que ahora es: el TODO. No hay, ni hubo nunca, ni ha de haber algo en lo cual pueda transformar o devenir.
Observamos a nuestro alrededor eso llamado “materia”, que es el soporte físico de todas las formas. ¿El TODO es simplemente materia? Por cierto que no, porque la materia no puede mostrar vida o mentalidad y, debido a que la mente se manifiesta en el universo, no es posible que el TODO sea materia, ya que nada asciende por encima de su propio origen, nada puede tener manifestación en un efecto si no se encuentra presente en su causa, nada puede desarrollarse o evolucionar como consecuente si no se encuentra implícito o involucrado en forma de antecedente.
El TODO es “mente viviente”, todo lo amplia que seamos capaces de concebirla, dado que tanto la vida como la mente son superiores a las fuerzas meramente mecánicas y a la materia.
Si la comparamos con la vida y la mentalidad finitas, El TODO es “Mente infinita y viviente”, los iluminados se refieren a él como “espíritu".
El Kybalion.
El Universo Mental.
“El Universo no es otra cosa que una creación mental que se sostiene en la mente del TODO”
Mente = Cerebro?
"El cerebro es el secreto mejor guardado de la naturaleza". Eric Kandel, neurocientífico.
El célebre médico francés Alexis Carrel llegó a decir que "de todas las cosas que el hombre conocerá, la última probablemente será él mismo". Y estaba en lo cierto. No obstante, puede que el hombre jamás llegue a descifrar del todo su órgano más complejo y perfecto: el cerebro. ¿Cómo se origina la actividad mental? ¿Dónde se almacenan los recuerdos? ¿Por qué somos conscientes de nuestro propio yo? ¿Para qué soñamos?... Pese a los avances conseguidos en la exploración neurocientífica, quedan muchísimos interrogantes como los anteriores pendientes de hallar respuestas definitivas.
Pero hay otras cuestiones más enigmáticas que ni siquiera son planteadas unánimemente por la comunidad científica. Teorías vanguardistas como el "cerebro holográfico" y disciplinas como la Parapsicología, que estudia aquellas facultades más ignotas de nuestro psiquismo, aún se contemplan con gran recelo por los neurocientíficos, que prefieren centrar sus investigaciones en averiguar el funcionamiento de las diferentes zonas del cerebro, descubrir la naturaleza de los neurotransmisores y localizar las áreas que controlan funciones como la inteligencia, la memoria o las emociones. Aún así, el bioquímico Francis Crick, descubridor de la estructura molecular del ADN, reconoce que "nuestro conocimiento de las distintas partes del cerebro sigue en un estado muy primitivo (...) Todo está por descubrir...".
Computador biológico
Sin duda, nuestro cerebro actúa como un sofisticadísimo superordenador que, a través de un lento y progresivo proceso evolutivo, se ha ido perfeccionando en sus funciones hasta el punto de diferenciarnos cualitativamente del resto de los seres vivos. Esta masa de tejido gelatinoso de color gris -de unos 1.300 gramos de peso- contiene alrededor de 100.000 millones de células conocidas con el nombre de "neuronas" y que constituyen las unidades básicas del sistema nervioso. Estas células, conectadas entre sí a través de millones de ramificaciones ("dendritas" y "axones"), forman una vasta red que cumple una misión muy específica: procesar la información sensorial, tanto la que llega del mundo exterior como del propio cuerpo. En un solo segundo, estas células son capaces de procesar hasta 200.000 millones de bits de información. Para ello se valen de sus casi 100 trillones de interconexiones.
Aunque como aclara el neurólogo Santiago Ramón y Cajal Junquera -nieto del célebre premio Nóbel de medicina-, "las neuronas no se conectan entre sí por una red continua formada por sus prolongaciones, sino que lo hacen por contactos separados por unos estrechos espacios denominados sinapsis". Los neurotransmisores serían los encargados de transmitir esas señales a través de las conexiones sinápticas.
Pero el cerebro posee otras características fundamentales. Una de ellas es que está constituido por dos mitades simétricas, divididas por un profundo surco longitudinal, con funciones muy diferentes, aunque interrelacionadas. El hemisferio izquierdo rige el pensamiento lógico, verbal y analítico; el hemisferio derecho, por el contrario, se ocupa de la parte subjetiva, emocional y creativa. A su vez, los hemisferios cerebrales están divididos en cuatro lóbulos: frontal, relacionado con el conocimiento y la inteligencia; temporal, con el área auditiva; parietal, con el área sensorial; y occipital, con el área visual.
En su interior, el cerebro posee además dos núcleos, el tálamo y el hipotálamo, centros del sistema nervioso autónomo. Otras partes esenciales son: el cerebelo, ubicado en la parte posterior del cráneo, que rige el equilibrio y los movimientos musculares; y el bulbo raquídeo, del que parte la médula espinal, que controla la función respiratoria. El lenguaje, una facultad presente únicamente en el hombre, estaría controlado por una serie de centros distribuidos en las periferias del lóbulo temporal del córtex cerebral. En cuanto a la memoria, los neurocientíficos consideran que no se localiza en una zona concreta, sino que estaría distribuida por todo el cerebro.
Otra particularidad de nuestro cerebro es que emite una serie de ondas eléctricas de distinta frecuencia -producto de su actividad electroquímica-, que pueden ser registradas mediante el electroencefalograma (EEG). Son: las ondas beta (cuyo ritmo oscila entre 14 y 25 ciclos por segundo), presentes en el estado de vigilia, es decir, cuando nos encontramos realizando alguna actividad como trabajar, leer, andar, etc.; las ondas alfa (de 8 a 13 c/sg.), relacionadas con los estados de relajación y meditación; las ondas zeta (de 4 a 7 c/sg.), con los estados emocionales y creativos; y las ondas delta (de 0,5 a 3 c/sg.), activas durante el sueño profundo. Pero nuestro cerebro esconde otras sorpresas...
A mediados de los setenta se detectaron unas sustancias neurorreguladoras que fueron bautizadas con el nombre de endorfinas (opiáceas endógenas) y que cumplen un papel similar al de determinados alcaloides derivados del opio. Dicha droga bioquímica es liberada por el cerebro para aliviarnos un dolor o provocarnos una sensación placentera. Hoy es uno de los campos de investigación más importante de la farmacología.
Pero a pesar de todos estos conocimientos básicos que se han ido adquiriendo en las últimas décadas gracias a los modernos avances tecnológicos (sobre todo con el uso de la Tomografía por Emisión de Positrones y con la Resonancia Magnética Nuclear), el reputado neurobiólogo José M. Rodríguez Delgado nos advierte en su obra El Control de la Mente que "la anatomía y la fisiología del cerebro son aspectos muy importantes para conocer su estática y su dinámica, pero estos datos no nos revelan el misterio de las señales que circulan por las neuronas, ni su sistema de codificación, y mucho menos su significado". En suma, conocemos muy bien la organización anatómica y estructural del cerebro, pero muy poco sobre sus funciones (sólo un 20% según algunos especialistas).
Ente inmaterial
La dualidad mente-cerebro sigue generando un intenso debate entre filósofos, psicólogos y neurofisiólogos. Se nos enseña que la actividad mental es producto de complejos mecanismos cerebrales, pero aún no se ha logrado definir con exactitud qué es la mente. ¿Se trata de una entidad espiritual, el alma, como creían los antiguos filósofos?... Según los neurocientíficos, la mente no puede existir sin su soporte material que es el cerebro, sin embargo sus funciones y capacidades alcanzan niveles insospechados y hacen poner en duda los postulados mecanicistas. Ciertamente, resulta difícil pensar que conceptos como el amor, el sentido religioso, la imaginación, la intuición, la creatividad artística, la sensibilidad musical, etc. tengan un origen exclusivamente neurofisiológico.
Eso sin referirnos a cuestiones más profundas como el inconsciente colectivo, la conciencia transpersonal y las facultades PSI, por ejemplo. Por otra parte, los neurocientíficos tampoco se ponen de acuerdo en determinar si la actividad mental ya aparece en la vida intrauterina, si se inicia en el momento de nacer o si se desarrolla en etapas posteriores. Y mucho menos son capaces de explicar cómo surge en nuestro cerebro la conciencia del Yo ("el mayor de los milagros", según Karl Popper). Pero ¿y si la mente es una propiedad inteligente independiente del cerebro? ¿y si existe previamente a todo lo manifestado?... Recordemos el axioma hermético "el universo es mental" que ahora es defendido por muchos físicos de vanguardia interesados por el fenómeno de la conciencia. Y es que los nuevos paradigmas científicos están planteando asombrosas teorías relacionadas con la mente humana que hacen tambalear el modelo materialista del cerebro, como más tarde veremos.
¿Un subproducto del cerebro?
¿Cómo los procesos cerebrales pueden dar lugar a la experiencia consciente?... Complicado dilema se les plantea a los neurocientíficos que intentan abordar el problema de la conciencia, el más grande enigma de nuestra psique. El matemático y filósofo David J. Chalmers señala sobre ella que "nada hay que conozcamos de forma más directa, pero resulta dificilísimo conciliarla con el resto de nuestros conocimientos". Y es que a pesar de las elaboradas teorías reduccionistas planteadas por científicos de la talla de Christof Kock, Daniel Dennett o Roger Penrose -éste último incluso aplicando el modelo cuántico-, no es posible por ahora explicar la conciencia en sí. Y tal vez, como sostienen los más pesimistas, no sea posible nunca...
Comprender el mundo mental en términos del mundo físico no resulta nada sencillo y hasta el momento todo intento ha sido inútil para despejar nuestras dudas. Y es que hay una pregunta vital: ¿puede la mente humana comprenderse a sí misma?... Pero la cosa no acaba ahí. Determinados fenómenos anómalos hacen pensar que la conciencia no está limitada a las estrechas barreras del cerebro, lo cual deja en entredicho la visión materialista de que la conciencia no es más que una especie de biocomputador. La ecuación "mente = cerebro" no está, pues, tan clara como se nos quiere hacer creer desde hace tres siglos.
El destacado psicólogo Charles T. Tart apunta al respecto que "no cabe la menor duda de que ciertos aspectos de la mente y de la conciencia dependen, parcial o totalmente, del funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso. No obstante, existen ciertos fenómenos que parecen un tanto independientes de las limitaciones físicas impuestas por el cerebro y nos obligan a afrontar el problema desde otra perspectiva". Así, la visión remota, la proyección extracorpórea y las experiencias cercanas a la muerte (ECM) evidencian que la conciencia no se reduce a nuestro marco físico-tridimensional sino que puede trascender las fronteras del espacio y el tiempo e incluso expandirse a otros niveles de la realidad. "La expansión de la conciencia implica un desarrollo gradual, una evolución histórica que va de lo inconsciente a lo consciente, de lo inferior a lo superior, de lo individual a lo social, de lo personal a lo transpersonal y de lo transpersonal a lo universal", afirma Ana Mª González Garza, profesora de psicología en la Universidad Iberoamericana de México.
Estas teorías conocidas como "interaccionistas-dualistas", que sugieren que nuestro yo consciente y el cerebro son entidades independientes aunque interactúan entre sí, se fundamentan, entre otras cosas, en dos razones: la primera, en que las leyes de la física, química y biología no ofrecen ninguna pesquisa sobre el surgimiento de esta entidad inmaterial llamada conciencia (al menos, su existencia es incompatible con las "leyes naturales" que nos presenta hoy la ciencia materialista); y la segunda, en que los biólogos evolucionistas no han sido capaces de explicar el desarrollo gradual de la conciencia ya que consideran a ésta causalmente inefectiva.
En este punto, deberíamos reflexionar, como propone el filósofo y premio Nóbel de Medicina John C. Eccles, sobre los grandes interrogantes que subsisten respecto a la acción de nuestro cerebro, a su relación con la mente, a la creatividad de nuestra imaginación y a la singularidad de la psique.
La mente profunda
El neuropsiquiatra austriaco Sigmund Freud, uno de los principales fundadores de la psicología moderna, introdujo a finales del siglo XIX el concepto de "inconsciente" para designar "aquellas representaciones latentes de las que tenemos algún fundamento para sospechar que se hallan contenidas en la vida anímica". Casi toda nuestra actividad psíquica procede de esa zona sumergida de nuestra mente. Pero ¿se halla en un lugar determinado del cerebro?... Según algunos neurocientíficos como Jonathan Winson, el inconsciente estaría localizado en una región primitiva del cerebro (que implica al hipocampo, al sistema límbico y a la corteza frontal) cuyo mecanismo surge en el comienzo de la evolución de los mamíferos y que resultó fundamental para la supervivencia.
Sin embargo, como apunta el Dr. Charles Brenner, "nadie ha demostrado todavía la analogía eléctrica o química de un pensamiento, y justamente es el pensamiento lo que ocupa totalmente al psicoanálisis". De lo que no hay duda es que nuestros deseos, complejos, miedos, sentimientos e instintos (pulsiones) descansan en el inconsciente, el cual condiciona, en buena medida, nuestra personalidad. Por un sentido ético y racional, esos contenidos mentales inconscientes son censurados y reprimidos, aunque luchan por hacerse conscientes (a través de los sueños consiguen una vía de escape expresándose mediante un lenguaje simbólico).
El estudio psicoanalítico de los sueños y las investigaciones sobre sujetos neuróticos sirvió a Freud para dar un enfoque terapéutico a esta nueva psicología del inconsciente. Sin duda, la doctrina freudiana -que ha sido muchas veces objeto de controversia por su defensa de la hipnosis y por su particular interpretación de la sexualidad infantil- ha realizado una notable aportación al conocimiento del mundo psíquico y, por ende, ha servido para profundizar más en el complejo comportamiento humano.
Pero no sólo existe un inconsciente individual. El psicólogo suizo Carl Gustav Jung, discípulo de Freud, consideró que también hay un "inconsciente colectivo". Con dicha denominación, Jung se refirió a una especie de sustrato o "archivo" psíquico universal que contiene imágenes simbólicas esenciales ("arquetipos"), común a todas las culturas, que se han ido manifestando a lo largo de las épocas en las creencias religiosas, la mitología, el esoterismo, las leyendas, los sueños y también en el arte. "He elegido la expresión 'colectivo' porque este inconsciente no es de naturaleza individual -escribe Jung-, sino general, es decir, que en contraste con la psique individual tiene contenidos y modos de comportamiento que son los mismos en todas partes y en todos los individuos. En otras palabras, es idéntico a sí mismo en todos los hombres y constituye así un fundamento anímico de naturaleza suprapersonal existente en todo hombre...".
Un nuevo paradigma
Algunos científicos contemporáneos como el neurofisiólogo Karl Pribam o el bioquímico Rupert Sheldrake han enunciado ciertos postulados revolucionarios sobre el cerebro y la psique humana en los que está muy presente la noción junguiana de la "mente grupal". El primero de ellos formuló, a principios de los setenta, una sugestiva teoría según la cual el cerebro opera como un holograma, teniendo acceso a un todo mayor. Su "modelo holográfico del cerebro" considera que la memoria y la inteligencia no se encuentran en un área determinado del cerebro sino que están esparcidas por todo él. Cada parte contiene al todo, como ocurre en una placa holográfica.
Esta teoría se vería apoyada poco después por los trabajos del físico David Bohm sobre el "orden implicado", quien también consideraría el universo como una especie de holograma (emergió así una nueva concepción de la realidad que se conoce como "el paradigma holográfico" y que cuenta cada vez con más partidarios). Sheldrake, por su parte, publicó en 1981 una interesante y polémica obra titulada Una nueva ciencia de la vida en la que exponía su hipótesis de la "causación formativa", según la cual la memoria es inherente a la naturaleza y no, por tanto, un producto del cerebro.
Este científico heterodoxo plantea asimismo la existencia de una memoria colectiva -a la que denomina "campos morfogenéticos"- que actúa más allá del espacio y del tiempo, determinando los hábitos, formas y conductas de los seres vivos, y transmitiendo además a cada organismo el conocimiento acumulado por su especie. "Según esta teoría, los recuerdos no deben estar necesariamente almacenados en el interior del cerebro puesto que los hábitos y los recuerdos de acontecimientos pasados concretos pueden ocurrir por resonancia mórfica con estados anteriores del mismo organismo", argumenta Sheldrake.
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