Geocromoterapia 12

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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DEFINIENDO CONCIENCIA, ALMA y ESPÍRITU

A lo largo de mi existencia he comprobado que existe una confusión semántica muy importante sobre esos tres conceptos, en especial viendo como se emplea la palabra alma como sinónimo de espíritu. El alma tan solo es una fuerza intermediaria entre el plano eterno y el plano temporal o dual (psicología y cuerpo). Y es precisamente 'mediante' el alma como se expresa nuestro Espíritu.
Antes hemos dicho que en realidad nuestro espíritu es grupal, es una gota de agua de un gran océano llamado humanidad. La peculiaridad de nuestra gota de agua es indiscutible; una contiene más sal, o menos yodo, es más transparente o más turbia o mezclada de otros substancias, tiene más concentración de información o menos, etc. y cada uno es completamente peculiar y único, aunque pertenezcamos a un mismo océano; es decir, nuestra esencia espiritual está indiferenciada de la esencia espiritual del vecino, porque cada espíritu es una pequeña parte de 'lo mismo', a veces llamado dios, o campo unificado.
Lo que realmente es 'muy diferente' es nuestra alma o conciencia. Nuestra alma contiene muchos registros, muchos datos de todas las experiencias vividas, muchas cargas energéticas, unas más densas y otras más ligeras o luminosas, de todas las vivencias, de todos los paisajes explorados, de todas las emociones y creencias registradas y almacenadas. De hecho nuestra conciencia es una biblioteca de luz, un almacén de cargas energéticas diversas, un substrato de registros, informaciones y experiencias… que en su conjunto llamamos 'alma'.
La conciencia o registro del alma podría decirse que es nuestro cuerpo átmico, nuestro cuerpo de luz. Por eso hay almas muy luminosas, y almas muy oscuras, almas que han adquirido y transformado muchas experiencias, y otras almas que no han sabido aún transformar en luz todo lo que han experimentado en el plano de la dualidad (donde existe el polo positivo y el polo negativo… como todo lo dual) durante sus procesos perfectivos. Esa acumulación de registros, no todo el mundo la realiza de la misma manera.
Podríamos poner un ejemplo simple y hacer un paralelismo con nuestra cotidianidad material. Todos tenemos casas, objetos, paisajes, pero no todos armonizamos y embellecemos la casa de igual manera. Hay gente que, aunque tiene naturaleza a su alrededor, nunca pone ninguna planta o flor en su casa; ni siquiera sus cuadros hacen referencia a la fuerza natural. Aunque tenga grandes ventanas por las que puede entrar la luz, prefiere bajar las persianas, mantener la casa a oscuras (a veces con el pretexto obsesivo de 'no estropear' los muebles, o sea, para que sus propiedades duren más tiempo…) y encender la electricidad, la falsa luz solar, para la convivencia y el descanso, que es en realidad la finalidad de un hogar. Aunque tengan muchos utensilios y productos de limpieza, aunque tengan la oportunidad de ventilar, prefieren cerrar todo y poner aire acondicionado, o usar ambientadores perfumados, o limpiar con toallitas olorosas, en lugar de desinfectar a fondo cada objeto sucio y limpiarlo de verdad. A veces es simplemente el hecho de priorizar lo cómodo, lo fácil, lo rápido… ante lo natural, lo energético, lo saludable, lo puro.
Algunas almas son perezosas, otras son activas. Algunas almas tienen ya un entreno de trabajo, otras no están tan entrenadas ni saben por dónde comenzar su proceso iluminativo. Algunas tienen ya muchos registros de luz, es decir, tienen ya una conciencia de lucidez, de claridad, de amor, de pureza, de confianza… otras tienen aún muy poca información lumínica y son almas con menos conciencia, menos experiencia de amor y con más densidad. En realidad, son almas que sufren pues están muy lejos de su espíritu o se sienten 'separados' del campo unificado; entonces viven su vida, toman decisiones, sienten y actúan… desde esa desconexión con la fuente.
El sustrato de nuestras experiencias es la conciencia. Así podríamos definirla. Y el alma es la cantidad de lucidez ganada con esas experiencias registradas. El espíritu es la esencia genuina de la cual partimos, nuestro espíritu creador de experiencias. Nuestro ego y el cuerpo son los medios que emplea el alma para almacenar experiencias. Por tanto, es el alma la administradora de las experiencias que necesita el espíritu para reconocerse a sí mismo y activar o ampliar su capacidad activa, lumínica o creadora.
Por eso nuestro Espíritu genuino trasciende los códigos culturales, los sufrimientos psicoemocionales, y los dolores o necesidades del cuerpo. Tan solo desde nuestra esencia espiritual podemos curar el cuerpo, tan solo desde ella podemos adquirir el equilibrio psicológico necesario para el proceso perfectivo, y tan solo desde este espíritu esencial podemos dirigir e iluminar nuestra alma y tener una conciencia plena, tranquila y expansiva.

De hecho, parece ser que el alma nunca desaparece; después de la muerte, el alma, más o menos iluminada después de la experiencia vital o encarnación, tiene cierto camino a seguir, un proceso no dual del universo, pero no un camino en estos planos conocidos, como el que ya hizo en vida. Tal vez el alma viva en otras dimensiones, o quizá esté a la espera de la oportunidad de volver a encarnar, o sea, de tomar un cuerpo de carne, para seguir su proceso perfectivo o iluminativo.
El hecho de que nuestro espíritu tenga 'hoy' un cuerpo físico, un cuerpo psicoemocional y un alma, es una verdadera suerte. Los budistas explican en sus enseñanzas que, estar vivo, es una oportunidad muy rara, muy poco frecuente, un verdadero privilegio. Existen millones y millones de almas que conviven con nosotros, aunque sean seres incorpóreos que no podemos ver con nuestro sistema óptico (especialmente diseñado para no ver otras dimensiones o realidades existentes). Estas almas… no tienen la suerte de estar vivas, de tener unos vehículos de expresión. Ese fenómeno explica también el parasitismo energético, pero eso es un material didáctico para otro contexto del libro.
El caso es que, esos entes incorpóreos o sin vehículos de expresión, no pueden tener experiencias en la dualidad, ni retos para crecer, desarrollarse, reconocerse, amplificarse como seres. Su luz interna, está como estática. No cambia, pues no puede cambiar si no tiene una experiencia vital y egoica; siempre está en el mismo punto… hasta que tiene la oportunidad de vivir. Pero los seres humanos, a los que va dirigido este libro, sí tenemos la oportunidad de vivir y de evolucionar como entes.
 Cada experiencia que registramos, sea del tipo que sea, adquirimos luz y sabiduría y eso nos expande como fuerzas activas. Así, somos seres cada vez más creadores de realidades, más autónomos como entidades, más maestros de nosotros mismos. Eso es algo que posiblemente deberíamos agradecer a diario, el simple hecho de estar vivos y tener así la oportunidad de crecer, expandirnos o reconocernos como pequeños dioses creadores. El simple hecho de saber o tener conciencia de todo ello, ya es algo importante para poder 'aprovechar' cualquier enfermedad o anomalía, puesto que se trata siempre de una oportunidad experimental y de desarrollo.

 

© Marta Povo, junio 2007     (www.geocromoterapia.com)

 

EGO y ESPIRITU 

 

Si contemplamos la psicología humana desde una visión simple, directa, gráfica y didáctica, veremos que el ser humano posee un alma y ego compuesto de tres vehículos de aprendizaje. La antigua metáfora del jinete y los caballos nos ayuda enormemente a comprender esos mecanismos sutiles que componen nuestra persona, integrada en un solo pack que llamamos 'existencia' o vida humana.
Imaginemos un jinete que conduce un carro (como el de la película BenHur…) tirado por dos caballos. Tanto el carro de madera como los dos caballos y sus riendas, son los 'vehículos' que emplea este individuo para moverse y realizar su viaje o exploración en la vida. El jinete en cuestión se dirige a algún sitio, tiene un camino que recorrer, tiene un foco, dirección o propósito. Los caballos y el carro también tienen una función y características diferenciadas. Vamos a revisar la simbología de cada uno de los elementos que componen esta imagen.
El caballo de la derecha simboliza nuestra mente, los pensamientos, la lógica, las ideas. El caballo de la izquierda simboliza nuestro vehículo emocional, nuestro cuerpo de deseos, nuestras sensaciones e instintos. El pequeño carro de madera es nuestro cuerpo físico, el cascarón donde se asienta el conductor. El jinete simboliza nuestra esencia, nuestro ser espiritual. Finalmente, las riendas que unen los caballos con el conductor, simbolizan nuestra voluntad, la Voluntad de nuestro espíritu; y eso será una gran clave que también explicaremos en adelante.
Existe un 'camino', un lugar a donde se dirige el jinete. Es el propio programa de nuestra esencia, su misión, el terreno que quiere recorrer, el paisaje que quiere ver en esta vida, lo que tiene que aprender, a dónde quiere ir… Ese dato es importante pues como veremos en la realidad los hombres perdemos a menudo ese foco o direccionalidad, perdemos el sentido de nuestro viaje en la vida.
Los tres vehículos de expresión, los dos caballos y el carro, simbolizan nuestra personalidad, nuestro ego mental, nuestro ego emocional y nuestro ego corporal, respectivamente. Son los tres vehículos dinámicos de comprensión, de expresión y de relación del Ser, es decir, las herramientas que emplea nuestra esencia espiritual para realizar su camino, su viaje, su desarrollo o proceso perfectivo.
No obstante ¿qué es lo que ocurre en nuestra vida real? A pesar de la complejidad de todo lo que ocurre entre nuestro ego y nuestro espíritu, con esta metáfora podríamos simplificar y decir que lo que nos ocurre simplemente es que 'nos identificamos' exclusivamente con la personalidad… pero no tanto con nuestro espíritu.
Nos identificamos con el caballo de la derecha, la mente; creemos que somos lo que pensamos, nuestras creencias, las ideas, los pequeños propósitos de nuestra mente intelectual. También nos identificamos con nuestras emociones, el otro caballo, vivimos absortos en nuestros deseos, en lo que nos apetece o no, en la constante emocionalidad que crean nuestras propias sensaciones. Y desde luego nos identificamos mucho con el cuerpo (el carro de madera), nuestro vehículo físico, nuestro peso y nuestras arrugas, con los músculos y con los dolores, con la indumentaria y los embellecedores que le ponemos a este carro, etc. Estamos convencidos de que somos esos vehículos que transportan a nuestro Ser, no obstante… pocas veces estamos identificados con el Ser en si mismo, con nuestra esencia más sutil, con la voz de 'quien' dirige el viaje, con el que realmente sabe de antemano a donde va y porqué.
Los caballos en sí no saben donde van, solamente reciben ordenes e intenciones de 'alguien'. El carro… aún menos sabe lo que tiene que hacer ni hasta donde llegar. Nuestros vehículos no son exactamente 'nosotros', no son nuestra identidad genuina, son tan solo la expresión, el 'medio' a través del cual se realiza el aprendizaje. Pero nos identificamos una y otra vez con esas partes de nuestra persona, la mente, las emociones, la biología, la energía. Esa falsa identificación es precisamente la raíz del sufrimiento humano.
Es evidente que estos caballos deben estar bien alimentados, con el fin de que nuestra esencia pueda realizar su proyecto vital. Es decir, no podemos leer cualquier cosa y apuntarnos a cualquier partido o ideología; ni tampoco podemos ver demasiadas telenovelas que alteren o codifiquen nuestro campo emocional. También con el vehículo físico, el carro que nos lleva, debemos cuidar de su salud (igual que debemos cuidar la salud mental y la salud emocional) y tenemos que engrasar las ruedas, restaurarlo constantemente y mantenerlo fuerte para que no se rompa a mitad de trayecto y nos deje tirados antes de completar el viaje o exploración.
La personalidad, el ego, los tres vehículos transitorios, son precisamente 'el medio' a través del cual nuestra Esencia genuina realiza su eterno proceso de expansión y de autoconocimiento. Por tanto, es indiscutible que el ego es importante… es respetable, es imprescindible. Además, el ego es digno de ser bien empleado, nos es útil y es quien nos proporciona, en definitiva, la 'oportunidad' de vivir, de conocernos y de transformarnos. Sin el ego, si nuestra Esencia no tuviera este 'medio vital', seríamos sencillamente una entidad incorpórea. Y no estaríamos realizando esta experiencia, este aprendizaje evolutivo, al menos, no en este plano.
Respetar todos los factores de nuestra personalidad no significa que debamos 'identificarnos' con ella. Nuestra verdadera identidad no es temporal sino eterna. Cada uno de los individuos de la Tierra es un ser, un ente, una porción de Dios que emplea temporalmente unos medios de expresión. El ego es una herramienta que emplea nuestro espíritu temporalmente y que nos resulta útil e imprescindible para expandirnos, expresarnos y perfeccionarnos. Yo a menudo empleo la palabra Presencia para definir a nuestra esencia espiritual, puesto que este término significa… nuestra Esencia Presente, aquí y ahora, nuestro espíritu encarnado, la presencia de nuestro yo completo, vivo y completamente presente y activo en esta oportunidad de vida, desarrollo e iluminación.
Definitivamente, al ego hay que respetarlo y honrarlo como medio, como una simple herramienta útil. Si el carpintero despreciara la sierra, el torno y la escarpa, poco trabajo haría, o poco bello sería. Por una cuestión de deformación cultural y complacencia (que Ken Wilber lo llamaría el 'meme verde' o el narcisista) hoy se tiende a pensar que el ego es 'el malo de la película' y que debemos despreciarlo, ignorarlo, luchar en contra de él.
Esa parece hoy una enfermedad del alma, una prepotencia, una confusión que en definitiva nos conduce al estancamiento. El gran trabajo es iluminar la sombra, es decir, verla, reconocerla, observar lo oscuro y confuso que hay en nosotros, para precisamente transformarlo. Ignorándolo, jamás lo trascenderemos. En la cómoda complacencia y el narcisismo espiritual no se avanza ni un paso.

Desde el punto de vista terapéutico he podido comprobar una y mil veces que cuando la persona desprecia a su personalidad (consecuentemente, también desprecia o critica el ego de los demás) sencillamente empieza a desestructurarse, se desmorona, se pierde, se ve a él mismo parcialmente o se autoengaña, y finalmente ya no sabe ni quién es. Cuando niega su ego, las partes que componen su ser completo encarnado, activa en todo su Ser una especie de energía de desamor, una falta de transparencia y de autenticidad, que le hace perder su entereza, su estructura, su coherencia y sensatez, pierde de vista la estructura compleja y completa del yo encarnado, Esencia y Personalidad simultáneas, ego y espíritu unificados temporalmente con un fin. Esa división, esa desunión de sí mismo, al hombre le aporta crisis y psicosis a veces muy peligrosas.
Lo que es cierto es que al ego no hay que amplificarlo ni sobrealimentarlo. Ni tampoco confundir ego con egoísmo, sino sencillamente como el 'yo'. Simplemente hay que conocer su utilidad, siempre teniendo en cuenta que es como un servidor del Ser interior, el catalizador del espíritu, su gran ayudante, sin el cual no podría realizar nada. Pero sobretodo, hay que 'mantener' el foco de identificación con esa sutil pero poderosa fuerza existente dentro de cada uno. Tenemos que saber, conocer y reconocer, la peculiaridad única y el tono exacto de nuestra Esencia, la calidad de chispa divina que hay dentro de uno, la gota de agua minúscula, preciosa y única dentro del océano; ver, contemplar y reconocer la naturaleza especial y peculiar de nuestra porción espiritual dentro de esa especie de malla invisible pero unificadora llamada también vacuidad o Campo Unificado.
La verdad es que no es fácil reconocer quién somos. Requiere mucha atención y mucho silencio. Si permitimos el discurso imparable de la mente y las emociones, la voz de nuestra esencia ni siquiera la podemos oír; hay alguien dentro nuestro que no para de hablar, de desear, de analizar, de esperar, de opinar. A veces digo que lo único realmente importante es tan solo aprender a subir el volumen de nuestra Esencia y, a la vez,  bajar el volumen de nuestro ego.
Tan solo hay que permitir que nuestra fuerza genuina hable, que se manifieste, que pueda mostrarse y expresarse… más allá de todo lo aprendido y procesado, más allá de lo que pensamos y sentimos. La esencia o espíritu, nuestro testigo interno, posee una voz muy sutil, suave, discreta, paciente. Puede estar días y años esperando pacientemente a que nuestro ego se calle, a que los vehículos permitan ser dirigidos por ella. Es como si el jinete permitiera jugar a los caballos, como una buena madre, puesto que no tiene ninguna prisa en llegar a la meta. Así es de discreta la esencia de cada ser humano.

Vamos a hablar de las 'riendas' del jinete, en la misma metáfora empleada. Sabemos que simbolizan la Voluntad del Ser que nos habita. Son la dirección, la fuerza del propósito divino interno; las riendas dan el foco, el camino, el sentido de nuestro viaje, de nuestra exploración. Que nuestra personalidad se deje dirigir por nuestra Esencia… es una gran clave para avanzar y explorar el camino vital de verdad.
Normalmente, esas riendas están demasiado sueltas, flojas, relajadas… y cuando el jinete tira de ellas, ni siquiera nos enteramos. El trabajo interesante es tener la disciplina diaria de mantener las riendas tersas, ajustadas, en definitiva, útiles! Sin ellas, el jinete o nuestro espíritu no tiene poder, no puede avanzar. Sin las riendas, los caballos o personalidad se vuelven anarquistas, hacen lo que quieren, van dando tumbos entre los proyectos mentales y los placeres emocionales; pero los caballos en sí mismos, no saben donde van. El ego no tiene una dirección, no posee foco, ni sabe cuál es el mejor camino, la mejor experiencia, tan solo va probando atajos y senderos para ir… no sabe dónde.
¿Cuales son esos mecanismos o disciplinas que pueden conseguir que los caballos sientan la direccionalidad de las riendas o la voluntad del jinete? A lo largo de la vida ha habido muchas clases de disciplina, herramientas como la meditación (la gran herramienta… que hasta que no se practica con una cierta asiduidad, no se aprecian sus magníficos resultados evolutivos) o algunos tipos de yoga, las prácticas de silencio, la meditación contemplativa, la meditación mántrica… Saber escuchar la voz de nuestra Esencia es algo que realmente no es tan difícil de conseguir; tan solo hay que ponerse a ello y practicar. Tan solo hay que escuchar, pero para poder escuchar necesitamos del silencio. Ese es el primer paso. Y… aunque haya ruido, aunque haya la voz de la mente… siempre hay un silencio interior al que podemos acceder.
Lo interesante es observar que la dificultad principal (y la raíz de muchos problemas) se debe tan solo a un fenómeno de falsa identificación. Estamos convencidos de que somos 'lo que pensamos y creemos', convencidos de que somos 'lo que sentimos', y completamente convencidos de que somos un cuerpo. Estamos identificados con 'lo que nos muestra el espejo' (o con lo que piensan los demás, que es lo mismo que un espejo) o identificados con nuestra tristeza o nuestro miedo; vivimos identificados con nuestras ideas, que en realidad no son 'nuestras' sino adquiridas, importadas, adaptadas a lo que 'creemos' que nos conviene.
Pero un Ser Humano no es exactamente lo que piensa o lo que siente. En realidad esos tres vehículos o medios de expresión no son su espíritu, son tan solo eso… medios, vehículos temporales, herramientas útiles, empleadas por esa fuerza genuina y esencial que nos habita, una fuerza espiritual que no es temporal sino intemporal. Y nuestro espíritu tiene un intermediario: el alma. El alma es el acceso que posee nuestra Esencia para contactar con el plano denso del ego y el cuerpo.
 

© Marta Povo, abril 2007     (www.geocromoterapia.com)

Ver artículos relacionados:
'El programa de nuestra Esencia'
'Definiendo Conciencia, Alma y Espíritu

 

 

 

Puntos importantes de las Enseñanzas de Abraham:

Hemos escrito este libro para ayudarte a entender los siguientes puntos más importantes, que exponemos como respuesta a lo que hemos oído de muchos de vosotros: 

* En primer lugar, eres un Ser Vibratorio y vives en un Universo Vibratorio.

* Las vibraciones de este Universo están perfectamente controladas por la poderosa Ley de Atracción.

* No puedes dejar de emitir vibraciones.

* La Ley de la Atracción facilita que caigas en hábitos o patrones de emisión vibratoria.

* Observar a la gente que te rodea influye en tus emisiones vibratorias.

* Observar la experiencia de tu vida influye en tu emisión vibratoria.

* La mayoría de las personas básicamente emiten vibraciones como respuesta a lo que están observando.

* Las vibraciones que emites son tu punto de atracción.

* Lo que piensas, las vibraciones que ofreces y lo que estás viviendo siempre coinciden.

* Al margen de qué palabras utilices –<>, estás emitiendo vibraciones a las que la Ley de Atracción está respondiendo.

* Cuanta más atención prestes a cualquier pensamiento, más domina en tu vibración.

* La experiencia de tu vida se basa en los pensamientos que generas.

* Eres el creador de tu propia realidad.

* Siempre que le prestas atención a algo, activas esa vibración en ti.

* Cuanta más atención prestas a cualquier pensamiento, más activo se vuelve en tu vibración o domina más en tu punto de atracción.

* Estas vibraciones dominantes son la esencia de todo lo que estás viviendo y de todo aquello en lo que crees.

* Una creencia sólo es un pensamiento ininterrumpido.

* A través de mucha experiencia, mucha observación y enfoque en el pensamiento, atraes al equivalente físico manifestado.

* El noventa y nueve por ciento de toda creación se ha completado antes de que puedas ver una prueba física.

* Ahora mismo tu futuro está lleno de manifestaciones potenciales a raíz de los pensamientos que has tenido.

* Algunas de estas manifestaciones te complacerán cuando se manifiesten, y otras no.

* Te resultará mucho más fácil invertir la dirección de la ola de tu vibración en la dirección de las cosas que quieres experimentar antes de que se produzca una manifestación.

* Deseas muchas cosas, que se encuentran en diferentes etapas de manifestación para que puedas experimentarlas ahora, y tu Sistema de Guía Emocional te ayudará a seguir avanzando hacia las cosas deseadas.

* Has de encontrar un modo de desactivar tu vibración respecto a cualquier cosa no deseada que se esté abriendo camino hacia tu futuro inmediato o lejano.

* La desactivación de las vibraciones no deseadas supone el mismo proceso que el de activación.

* No puedes activar algo deseado y algo no deseado a la vez. Es lo uno o lo otro, y tus emociones tienen muy claro en qué te estás concentrando.

* Tendrás que aprender a cuantificar cada viaje siendo consciente de las emociones que sientes antes de que seas capaz de poder avanzar sólo hacia los resultados deseados.

* Eres una Fuente de Energía Pura y Positiva enfocada en tu cuerpo físico, que intenta beneficiarse del contraste porque te ayuda a decidir y a definir tus preferencias únicas.

* Cuando sintonizas con los pensamientos que te hacen sentirte mejor, te das cuenta de que en cualquier momento y se trate de lo que se trate, siempre tiendes hacia la relación vibratoria entre tus pensamientos del momento y los de tu Fuente.

* En el transcurso del día, sé consciente de que estás creando tu propia realidad.

* Siente las emociones que flotan hacia tu conciencia, y reconoce su enorme valor para ti.

* Al margen de cómo sea la emoción, buena o mala, suave o fuerte, sonríe con orgullo, consciente de esa emoción y de lo que significa para ti. Reconoce que es un indicador vibratorio que te está señalando tu sintonización con tu Fuente y con tus deseos.

* Al margen de cuál sea tu emoción actual, sé feliz de ser consciente de la misma y sabe que en cualquier momento, en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia que elijas, puedes escoger pensamientos que mejoren tu emoción, y por consiguiente mejoren la relatividad vibratoria entre tu yo y tu Yo.

* Contémplate como Energía.

* Contempla tu Fuente como Energía.

* Sé siempre consciente de la relación vibratoria entre esas Energías.

* El equilibrio de la Energía de tu Ser no es como una graduación universitaria, que una vez que la has conseguido es tuya para siempre. Es, o no es, en el momento. Siempre puedes sentir la sintonización o falta de la misma, tu equilibrio y tu desequilibrio, tu Conexión o desconexión, tu permisión o falta de permisión de esa Conexión.

* Eres la Fuente de Energía, aquí en este cuerpo físico, y se supone que la vida ha de ser buena para ti.

* Eres valioso. Estás bendecido. Eres un creador. Estás en Primera Línea del pensamiento para experimentar la dicha de cabalgar sobre la ola de expansión que es la promesa de esta vida eterna.

* No puedes darlo por terminado. ¡Nunca!
* No puedes hacerlo mal porque nunca se termina.
Queremos expresar nuestro reconocimiento de lo que vale tu vida. Deseamos que hagas las paces con todos tus temas pendientes en estos momentos, con la comprensión de que desde donde te encuentras puedes ir a cualquier parte.
Si condenas tu situación actual o si te sientes culpable por estar donde estás, tu futuro cambiará muy poco. Pero a medida que suavizas tu malestar e intentas mejorar cómo te sientes, tu vibración empezará a cambiar, la Ley de la Atracción te ayudará a continuar, y podrás llegar a donde quieres estar en un breve período de tiempo. Tranquilízate al respecto. Tómalo como un juego.
Repítete todos los días: <>.

Hay mucho amor para ti aquí.
Y de momento, este libro ya ha terminado.
Abraham-Hicks
“Intentar es conseguir”

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