Geocromoterapia 11

 

 
 
Vibración y energía
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Geocromoterapia 1 Geocromoterapia 2 Geocromoterapia 3 Geocromoterapia 4 Geocromoterapia 5 Geocromoterapia 6

 

LA ENERGÍA HUMANA Y LA RESONANCIA

El ser humano es un maravilloso y complejo mecanismo electroquímico compuesto por millares de moléculas que, a su vez, están compuestas por átomos. Y todo átomo contiene, como sabemos, unas cargas eléctricas o sub-partículas llamadas electrones, protones y neutrones.
Además, el ser humano está compuesto básicamente de un 70% de agua (80% en los niños), con las correspondientes cargas electrolíticas que todo líquido contiene. Emitimos y recibimos cargas eléctricas y, todo ser humano, es un conductor idóneo de la energía precisamente por tener tanta agua en el cuerpo; así pues, somos criaturas electromagnéticas y sensibles a cualquier radiación.
También observaremos que, durante cinco mil años, se ha comprobado la existencia de catorce caminos o canales de circulación energética: los doce meridianos bilaterales de acupuntura, además de los dos meridianos centrales que pasan por el centro de la parte delantera y de la parte trasera del cuerpo, siguiendo la médula.
En realidad, solo existe un canal energético largísimo, con un complejo recorrido; donde acaba un meridiano, nace otro; y donde éste termina, empieza el siguiente, y así sucesivamente. Cuando los acupuntores hablamos de catorce meridianos y cuatrocientos puntos, tan solo estamos usando una estrategia pedagógica para su estudio, para la clasificación y la nomenclatura de ese largo recorrido de energía en nuestro organismo y sus puntos ideales de manipulación energética que activan los mecanismos naturales de autocuración de todo ser.
Cada uno de estos meridianos o líneas de circulación del Qi (nombre chino para definir la energía humana, una variante sutil de la electricidad en el interior del cuerpo) contiene varios puntos vitales; esos puntos de acupuntura pueden ser vistos como el lugar de entrada, o de intervención, de la energía vital del cuerpo; los acupuntores, o bien los empleamos para realizar una estimulación, o bien para hacer una sedación de esa sutil energía que va recorriendo el meridiano alterado. Los puntos de acupuntura son los núcleos idóneos a través de los cuales el canal energético debe ser tratado, con el fin de nivelar su flujo de corriente a un ritmo armónico (si la energía vital se encuentra estancada o acelerada).
De todos los puntos de acupuntura del cuerpo, siete de ellos son especialmente importantes (en mi opinión hay bastantes más puntos de carácter vital). A esos siete puntos acupunturales se le llamaron, en lengua sánscrita (muy distante como civilización respecto a la china), los siete chakras, o centros neurálgicos en los que se procesan nuestras acciones volitivas y todos nuestros procesos psicoemocionales. Los siete principales chakras de nuestra anatomía sutil (existen muchos más) vienen a ser como unas centrales de comunicación con el medio circundante.
Cada uno de los chakras, cruces de energía o centros acupunturales, cumple tres funciones básicas. Cada chakra es, a la vez, una central emisora de energía, una central receptora, y una central traductora o transformadora de esa energía. La central receptora es como un radar que recibe todas las ondas que llegan hasta un individuo, procedentes de diferentes agentes (emisores de ondas y a su vez receptores). Como hemos visto, todos nosotros y... todo en general, emite códigos y somos susceptibles de recibirlos a través de cada chakra. La estación emisora de cada chakra propaga nuestra energía personal y singular (biológica, psicoemocional, anímica y espiritual) hacia el exterior, incidiendo en todas las cosas y sobre los demás seres.
La tercera función de un chakra es la estación transformadora. Es como un laboratorio que procesa toda la energía y toda la información recibida para, acto seguido, codificarla. La información necesita ser codificada para que pueda ser leída, interpretada e inteligible (para luego materializarla) por nuestro sistema nervioso y nuestro sistema endocrino. Estos dos sistemas del cuerpo son considerados, más allá de su fisiología densa y orgánica, los dos grandes ‘traductores’ de esos códigos que circulan por doquier. Cada plexo nervioso y cada glándula endocrina se encarga de traducir (o de recodificar bioquímicamente) la información recibida a través del chakra, la cual será recogida y acoplada a nuestro sistema de salud y bienestar anímico, o bien, la información será rechazada, creando interferencias en nuestro cuerpo y en nuestra mente (lo que llamamos enfermedad).

Todo lo resumido en estos párrafos nos da una idea de nuestra compleja sensibilidad energética, pero también nos resulta muy útil para entender el fenómeno de recepción y acoplamiento de ondas que constantemente capta nuestro ser. Generalmente a este fenómeno se le ha llamado la Ley de Sintonía, de Resonancia, o de empatía energética, temas que vienen ampliamente revisados en mis anteriores libros, teniendo en cuenta especialmente las teorías del Isomorfismo de Bertalanfty y la Teoría de la Resonancia Mórfica (o campos estructurales) del bioquímico Rupert Sheldrake.
En los fenómenos de la ondulación, la física nos da la definición de 'resonancia' como: la vibración del mismo tipo, o el ‘acoplamiento’ de la misma frecuencia de onda. Se trata también de nuestra cotidiana sensación de empatía con alguien o con algo.
Este principio de resonancia entre ondas, así como el concepto de empatía o de relación armoniosa entre varios entes (personas, naturaleza, objetos, casas, obras de arte...) no sólo se da con las conocidas ondas sonoras y la música, ya reconocidas y medidas, como hasta ahora lo son también ondas de la luz, los rayos X, las micro-ondas, sino que el concepto de resonancia pertenece a todo el gran y complejo contexto energético dentro del cual vivimos.
Siempre que existe una relación entre dos cosas, o dos entes, se produce cierto movimiento. Todo movimiento o fricción... genera vibración y vida. El movimiento conduce a la dualidad, a la polaridad, e induce a la expansión (nunca a la retracción, ni a lo estático, ni a la muerte). Y muy a menudo el movimiento, o los fluidos, se presentan en varias direcciones y en varias dimensiones (como mínimo, tres); es decir, el movimiento de esa fuerza sutil o fluido, a la que normalmente llamamos energía, tiene una vibración multidireccional y multidimensional, no va nunca en una sola dirección sino que se expande en todos los sentidos.

Ese conjunto inseparable de materia-energía, nos rodea, nos invade y nos bendice. Somos y existimos dentro de ella. Por el momento el hombre no ha aprendido aún a utilizarla conscientemente en toda su amplitud. Esa fuerza inteligente es nuestro sustento y nuestro fluido; está en permanente comunión con los seres vivos. Esta comunicación constante entre materia y energía, entre lo denso y las ondas de lo sutil, nos envía órdenes continuamente. Es el gran sustrato de la comunicación, el medio sin el cual no recibiríamos los imputs o códigos que nos convierten en entes vivos, en permanente proceso de cambio y de desarrollo.
Todo está en su lugar, del mismo modo que todo tiene su significado. La clave de todo ese paradigma energético parece estar en la coherencia. La llave que abre nuevas puertas y posibilidades está en conocer (y re-conocer) el medio coherente donde cada uno tiene que hacer su proceso, en saber emitir ondas coherentes e inteligentes que faciliten el proceso individual y favorezcan también el proceso grupal de esa humanidad inserta en una esfera natural, energética y también sabiamente coherente.
Al buscar la coherencia energética, la encontraremos en varios niveles pero básicamente en la fuerza de la Armonía (vinculada a la fuerza del amor, la paz y la transparencia), una vibración expansiva de alto potencial. Las energías de armonía, de amor, de belleza, de libertad, de unidad, de veracidad y transparencia, por ejemplo, jamás emiten ondas contractivas, caóticas, oscuras, ni emiten fuerzas involutivas o incoherentes. La Armonía, y todas las frecuencias relacionadas o derivadas de ella, son ondas de conocimiento y campos de fuerza inteligentes, activos, organizadores, creadores.
Esa coherencia procedente de las frecuencias de la Armonía, es la que nos proporcionan la capacidad de discernimiento a través del sentimiento y la frecuencia idónea para abrir los bancos de memoria de nuestro ADN completo. Realizar cualquier acto de nuestra vida, ya sea de tipo relacional, creativo, medicinal, etc. siendo conscientes de esos fenómenos y buscando la coherencia energética de todo los que nos rodea y el acoplamiento idóneo de ondas y frecuencias, tal vez sea lo más legítimo que un ser humano puede hacer para honrar su existencia.

 

©  Marta Povo, 2006   (www.geocromoterapia.com)

 

 

HIGIENE Y  CONTAGIO PSICOENERGÉTICO

 

En todo el proceso de aprendizaje y perfeccionamiento, el ser humano tiene unos mecanismos de toxicidad y contagio energético, pero a la vez posee también los medios naturales de purificación o prevención. Cuando una persona entra en contacto con otras energías, incluso si son tóxicas, sus campos se acoplan y el individuo reacciona a ellas de distintas maneras, empleando sus cuatro elementos físicos y psíquicos para reencontrar su equilibrio.
El Sistema de Equilibrio Anímico que posee el hombre va mucho más allá del sistema inmunológico conocido. El ser posee 'cuatro elementos básicos' que continuamente emplea, tanto para su aprendizaje, como para su ajuste y reequilibrio. Los cuatro elementos son evidentes vistos desde la materia. Somos Fuego pues poseemos mecanismos que nos mantienen a 36º durante toda la existencia. Somos un 70% de agua, como todos sabemos. Somos la Tierra y minerales que sostienen el esqueleto y alimentan la sangre. Somos Aire y oxígeno que mantiene pura toda la mecánica vital.
Sin embargo, desde la visión psicoenergética, el ser humano también tiene:
El elemento Aire para procesar y filtrar sus ideas y pensamientos
El elemento Tierra para procesar y filtrar sus acciones y materializaciones
El elemento Fuego para procesar y filtrar sus pasiones y impulsos
El elemento Agua para procesar y filtrar sus emociones y sentimientos.

El alma tiene un mecanismo de defensa y neutralización para todo lo que le impide avanzar, ascender, expandirse y reencontrar su Esencia lumínica primigenia. Pero lo que le impide su avance mayormente son los virus energéticos (que a menudo son externos, pero también son generados por él mismo). El grado de contagio, infección y toxicidad energética a veces es tan alto que la luz innata que contiene el Ser se ve oscurecida y paralizada.
Expliquemos estos mecanismos de contagio y toxicidad, recordando una vez más la ley universal de correspondencia, 'como es arriba es abajo'. Siempre existe una similitud o correspondencia entre lo que ocurre en un plano existencial y en otro. La palabra 'virus' significa 'veneno', y está asociada a algo que es 'filtrable', porque los virus son mucho más pequeños que las bacterias, por tanto un virus fácilmente atraviesa cualquier filtro o impedimento, y aparentemente no hay nada que lo detenga.
En el plano energético y psíquico es idénticamente igual que en el plano material. Los virus están en la frontera de la vida: son parásitos celulares pues no tienen capacidad de vida autónoma. No tienen una estructura celular, están formados solamente por un ácido nucleico y una cobertura proteica, y no tienen capacidad de replicarse, solamente pueden hacerlo usando la maquinaria de la célula huésped a la que se han infiltrado o han infectado.
Muchos virus tienen la capacidad, además, de burlar los sistemas de defensa del cuerpo: inyectan su ácido nucleico en el interior de la célula y éste se integra en el ADN del huésped. De esta forma, el programa genético viral (ajeno) se mezcla con el programa genético de la célula infectada (propio), y queda en estado latente, esperando el momento oportuno para poder replicarse: una bajada de defensas, cansancio, mala alimentación, estrés, falta de higiene, etc. En ocasiones, el virus se inserta dentro de un gen vital para la célula, rompiendo o transformando su información original. La pérdida de la información del gen puede causar alteraciones celulares importantes, entre ellas el cáncer, como en el caso de los virus oncogénicos.
El virus tiene esta peculiar propiedad de 'disfrazarse' dentro de la célula  infectada, de filtrarse y acoplarse al código del huésped, para beneficiarse de él. Por eso resulta tan difícil de combatir, tanto por el sistema natural de defensas como mediante medicamentos antivirales. La única manera de evitar la infección por virus en nuestro ser físico y energético es: evitando abrirles la puerta de entrada, no teniendo en nosotros puntos flacos donde puedan instalarse, y sobretodo, conociendo exactamente cuáles son sus mecanismos de replicación, de usurpación y de infección o parasitismo de la célula original.
Los comportamientos psicoenergéticos son idénticos. Las ideas, pasiones, emociones y acciones (en estado desmesurado) pueden comportarse como un virus, camuflándose en nuestro ser como si fueran parte de nosotros, hasta el punto que nuestro sistema de protección natural no sepa reconocerlos. Existe una enorme contaminación psicoenergética en el mundo actual, debido mayormente a la manipulación y a los medios de comunicación; siempre ha sido igual, pero hoy las ideas y las emociones se propagan con una rapidez enorme debido a este avance tecnológico comunicativo que es el que expande mayormente los virus energéticos como una plaga.
El código y el programa que contienen muchas de las noticias y programas sobre el terror, la agresión, la guerra, la ira, la competitividad, la manipulación, etc. son virus que entran en nuestro ser, o en las partes susceptibles de nuestra psique (según las vivencias y las memorias anteriores gravadas) y se instalan en nuestro software, modificando nuestro comportamiento habitual, igual que ocurre con el ADN de la célula sana cuando se ha infectado del ADN o programa viral.
Según sea el tipo de virus, dañará más a un elemento que a otro. Escuchar y absorber las emociones conflictivas (y a su vez infectadas previamente) de una vecina, o de un paciente, o la simple conversación telefónica con un hermano que te cuenta su miedo o su tristeza, influencia, altera o infecta a tu elemento Agua.
Si una información escuchada por la radio, televisión o internet, o directamente de un conocido, hace referencia al mundo de los ideales y las creencias (sean políticas, religiosas, filosóficas…) y a la crítica sobre cualquier asunto, será una intoxicación o una infección del elemento Aire.
Si hace referencia a cuestiones pasionales, instintivas, fanáticas, impulsivas (por ej. el acto sexual con personas tóxicas, en cualquier campo) o que de alguna forma amenacen nuestro instinto de supervivencia, se alterará el elemento Fuego.
Y si de alguna forma el tipo de virus es específico sobre los actos, realizaciones y materializaciones de ideas (proyectos, construcciones, actos…) altera el Elemento Tierra. La toxicidad puede llegar a ensuciar e incluso a paralizar cualquiera de los cuatro elementos que intervienen en el aprendizaje y en la protección de dicho aprendizaje.
Pero… ¿qué es lo que 'atrae' a un virus? En términos generales puede decirse que lo atrae un virus a nuestro campo de energía es otra energía, de igual calidad o similar. En general, la energía tóxica que más atrae a los virus psicoenergéticos, por un lado, es el miedo y la desconfianza, y por otro lado, la idea de error y la culpabilidad. Si lo analizamos veremos que éstas son solamente 'energías', como muchas otras,  pero mal polarizadas, o predominantemente decantadas hacia el polo negativo de las mismas.
La energía del miedo existe, es real, palpable y natural en cualquier ser humano; pero la polaridad positiva del miedo se llama 'prudencia'. Sin embargo, su polo opuesto es el terror, el temor, el miedo como lo conocemos comúnmente, y la falta total de confianza (su antídoto) en cualquier asunto (o en nosotros mismos, en la Vida, etc). El miedo es una energía necesaria para ser prudentes y no arriesgar la vida inútilmente, pero un exceso de miedo paraliza las experiencias, impide avanzar, experimentar y ascender. Con la idea del 'error', o de la equivocación, ocurre lo mismo. La idea o el 'miedo a equivocarnos' es pues absurda e ineficaz, pues tan solo existe la experiencia; y a su vez, la idea de error engendra la energía de la 'culpa' (si nos equivocamos… somos culpables…) Pero nunca nos equivocamos, tan solo experimentamos.
No existe el 'error' en el aprendizaje, eso es una gran manipulación antiquísima (asociada a la culpa) enquistada en nuestra memoria celular, pues tan solo existe la 'experimentación', la vivencia, la exploración y el aprendizaje sobre cualquier tema. ¿Los niños se equivocan cuando tocan una estufa caliente y se queman? No, no se equivocan, aprenden, experimentan, codifican lo que ocurre y se inmunizan para el futuro. Entonces, si no existe el error… no existe la culpa!
La culpabilidad es uno de los mayores virus que a lo largo de la historia de la humanidad ha actuado y se ha transmitido como una epidemia. Además ha sido utilizado de forma maquiavélica para obtener poder y dominio. Como el miedo y la culpa, existen muchos otros virus psicoenergéticos actuando alrededor nuestro y en nuestro interior. Igual que existe un programa genético, un ADN celular o almacenamiento de datos en nuestras células físicas (más o menos infectadas), también existe un ADN etérico o energético que almacena comportamientos emocionales, mentales e instintivos.
No obstante, igual que existe un sistema inmunológico físico, también existe un complejo sistema inmune psicoenergético que tiene la propiedad de evitar y de transformar las infecciones de energía de tipo mental, emocional y etérica. Si no fuera así, la raza humana ya no existiría.
Es mediante la fuerza de la pureza y el amor con lo que transformamos la impureza y ascendemos.
Es cierto que en cada uno existen memorias, heridas, marcas y patrones de todas las experiencias vividas y de todas las infecciones sufridas procedentes de los virus de las creencias, de los códigos culturales, de las manipulaciones y experiencias que han entrado en nuestro disco duro. Esas grabaciones enquistadas son, precisamente hoy, nuestros mayores enemigos internos e impedimentos, porque se acoplan a lo que está en el aire.
Tiene una gran importancia llegar a comprender que los códigos tóxicos que emiten las noticias o actitudes actuales son precisamente (uno a uno, o en grupo, como un egrégor) el gran 'imán' que atrae a los virus actuales, a veces ya parasitados o que habitan en nuestras células y en nuestro campo energético. En definitiva, son los múltiples virus energéticos actuales, en resonancia con nuestros antiguos códigos, los que nos aportan la gran toxicidad que muchas veces nos impide ascender y experimentar la plenitud y la coherencia.

No obstante, es muy importante comprender también que los virus los necesitamos para evolucionar. Una vez más, no hay error. Los virus existen para que experimentemos, nos hagamos fuertes y tengamos la oportunidad de saber usar la fuerza de nuestra pureza genuina. Por otro lado, hay que recordar que las emociones, pensamientos y demás… son fenómenos naturales, tan naturales y activos como un virus orgánico. Respecto a éstos, hay que puntualizar que no deberíamos asociar siempre ‘virus’ con ‘veneno’, puesto que recientes investigaciones demuestran que ha habido virus en el planeta que han tenido una función positiva y evolutiva y hoy se valora que algunos de ellos han tenido un papel decisivo en la historia de la vida de la Tierra.
Esa misma visión, la podemos aplicar también a las cuestiones de virus y tóxicos psicoenergéticos. Sin olvidar que siempre es mejor evitarlos y no generarlos (por una cuestión de pureza) también hay que pensar que algunos de los fenómenos tóxicos generan, y han generado, mucha transformación, desarrollo y evolución espiritual a la humanidad, sobretodo por ser un elemento de reflexión.
La clave de todo este asunto es saber que todo, absolutamente todo (desde la visión energética y anímica) es una cuestión de polaridades, de grado y de dosis. Ni demasiado, ni demasiado poco. Todo puede emplearse con la ‘dosis terapéutica’; pero… lo mismo, puede ser usado con la ‘dosis letal’. Y eso no solamnte puede aplicarse a la homeopatía, a la fitoterapia, a la alimentación, a la Geocromoterapia, etc… sino que ocurre cada día con los virus energéticos, con nuestra psicología y toda nuestra experiencia de mutación. Y respecto al fenómeno de toxicidad, en todas sus vertientes, también existe un grado de tolerancia, de inmunidad… de dosis moderadas o evolutivas, o bien de dosis tóxicas o involutivas.
La higiene necesaria en estos momentos evolutivos tan delicados para la humanidad, la única terapia preventiva inteligente que cada uno puede hacer, es en primer lugar alejarse o prescindir de situaciones, películas, noticias, lugares o personas tóxicas, simplemente para evitar el contagio. En segundo lugar, hay que educar y aprender a usar la fuerza de la voluntad natural, es decir la Voluntad del Ser (…no la del 'esfuerzo' según un ego o personalidad), para poder prescindir y alejarse coherente y amorosamente, y hacerlo a tiempo, de la presencia de los virus psicoenergéticos en nuestro entorno cotidiano.
En tercer lugar, lo más importante y definitivo es que cada uno individualmente no active ningún elemento tóxico ni con su palabra, ni con los actos, pero tampoco con las emociones, impulsos e instintos. En este terreno, aunque nos parezca que nadie sepa que las emociones tóxicas están dentro de nosotros e intentemos disimularlo, debemos saber que igualmente son campos de fuerza que generan también mucha toxicidad alrededor, aunque no sean explícitos.
Ha llegado ya el momento de madurez para que el ser humano aprenda a usar de forma sana (en su polaridad positiva) la energía de las ideas, las palabras, los actos, los instintos, las emociones… y sobretodo ha llegado el momento de emplear el silencio como el gran antídoto del caos.
© Marta Povo, abril 2007     (www.geocromoterapia.com)

VOLVER