El mago primera parte

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cuéntame un cuento 1 Cuéntame un cuento 2 Cuéntame un cuento 3 Cuéntame un cuento 4 Cuéntame un cuento 5

Cuéntame un cuento 6

           

mag1Alvaro Infante P.

  

Cuadro de texto:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALVARO INFANTE PINOCHET

 

 

 

mag2

 

 

 

 

 

Reservados Todos los Derechos

 

 

Queda rigurosamente prohibida sin autorización escrita de los titulares del COPYRIGHT, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático; así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público

 

IBSN                                  : 956-291-257-4

Registro de propiedad intelectual    : Inscripción Nº 124155

Editor                                  : Nadal S.A.

Corrección de pruebas                : Hernán Venegas

Diseño de portada                           : María Cecilia Infante Letelier

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DEDICATORIA

 

 

A todos aquellos que han sentido que este libro les ha dado una luz para desarrollarse y sentir que la vida es un regalo maravilloso de DIOS y que no podemos ni debemos jugarla a perder.

  

 

 

Cuadro de texto: La soberbia del hombre se refleja cuando éste afirma que puede hacer las cosas solo. El hombre no se acuerda que CRISTO tuvo que pedir la ayuda de doce hombres para cumplir su misión    Virgilio

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

AGRADECIMIENTOS

A DIOS por darme esta nueva oportunidad

 

 

A mi esposa Millaray, compañera, amiga fiel, guía y combustible de mi carrera.

 

A mis Hijos: Álvaro, María Cecilia, Claudia Carolina y Sebastián.

 

A mis Nietos : Alessandra, Francisco Javier, Bárbara, Renata, Ignacia, Ariel.

 

A quienes llevo conmigo: Clarita, Hernán, María Cecilia, Clara, Isabel (Yeya).

 

A los miles participantes de mis seminarios, cursos y talleres y terapias, sin quienes no habría tenido este material.

 

A mis amigos Emilio y Marco Antonio que han dedicado horas, dinero y voluntad para regalar este libro a las personas que aman.

 

A Max, mecenas y seguidor de éste servidor.

 

 

 

Introducción

  

 

Darse cuenta es volver a nacer

  

 

 

En este libro presento ejemplos de cambios personales que permiten demostrar que todo aquello que deseamos y luchamos por lograrlo, podemos conseguirlo.

 

Hay un tono festivo y alegre que gustará, al grado de que pienso que una vez que inicie su lectura, sólo la dejará cuando llegue al final.

 

Las recetas de cocina que aquí aparecen son genuinas y exclusivas y dan un ritmo familiar a las no tan fáciles explicaciones científicas que enriquecen este libro y su lectura; con estudios personales e inéditos que usted podrás disfrutar en compañía de su familia, colaboradores, pares  y amigos para iniciar un camino diferente, que le haga más brillante la vida y, en forma permanente, y como una meta a conseguir en corto plazo.

 

 

mag3

 

 

El problema

 

         Empezaba a conciliar el sueño, cuando escuché que las personas sentadas detrás de mí habían alzado notoriamente la voz. Mi primera intención fue pedirles que bajaran el tono, que incluso sobrepasaba el agudo y constante ruido de los motores del 747 en el que volábamos de New York a Santiago de Chile. Me paré para ver de quien se trataba y pedirles que bajaran la voz pero lo que escuché me hizo prestar atención a su conversación.

 

El mayor de ellos, un hombre de unos 57 años le comentaba al más joven, quizás de unos 48, lo importante que había sido en su vida haber encontrado a un “Mago” que le había resuelto la forma de hacer cambios en su vida. Me senté nuevamente pero ahora muy atento a la conversación lo que yo necesitaba, era algo parecido a lo que planteaba ese hombre. Esto fue lo que escuché:

 

- ¡Así es! como te cuento, pasé los peores momentos de mi vida. Perdí mi antigua y fructífera industria de botones. Mi matrimonio daba tumbos sobre tumbos, incluso, y lo cuento sin vergüenza, mi esposa llegó a tener a otra persona en paralelo a nuestro matrimonio y, como siempre, no me enteré por nadie sino por ella misma quien me pidió me fuera de casa y le diera la libertad para rehacer su vida. No te imaginas Ricardo lo difícil de esos momentos. Pensé en más de una oportunidad poner fin a mi vida. Imagínate 23 años de matrimonio a la calle. Pobre y sin más esperanza que alguien, que reconociendo mis conocimientos en el rubro me contratara por lo que fuera.

 

- Perdona, Manuel pero no entiendo nada ¿Acaso no sigues casado con la misma mujer? pues así yo lo había entendido cuando nos encontramos en Miami este verano.

 

-Así es amigo. Pero la historia es demasiado larga para que te la cuente ahora. Sin embargo, este encuentro con “El Mago” me dio vuelta la vida y pude reencontrar todas aquellas cosas valiosas que había perdido, incluso la esperanza.

 

- Siendo así debo entender que pudiste perdonar hasta la infidelidad de tu esposa, cosa que a mí, particularmente me sería imposible, te respeto y admiro por eso. Yo no creo estar preparado para ello.

 

- (Riendo) Eso mismo pensaba yo amigo mío, hasta que me hicieron ver lo estúpido que había sido jugándome mi vida por seguir tozudamente mis equivocados mapas mentales. Tienes razón, es difícil, y no te puedo negar que fueron momentos tortuosos pero una vez que aceptas la razón de los por qué, créeme, es bastante sencillo.

 

         Se produjo un silencio o bajaron la voz al grado que no pude escuchar más. El sueño se había ido y los pesados pensamientos volvían a envolverme. Ese hombre había pasado por lo mismo que yo estaba pasando y (si bien es cierto) no había pensado jamás en quitarme la vida porque seguía siendo exitoso en mi carrera gerencial , aunque me daba cuenta que ya había empezado a correr cuesta abajo, a pesar de todo lo que hacía para que  esto no se notara.

 

         Me remonté a mi etapa estudiantil y a la fuerza que me daba mi padre para que yo saliera adelante en la vida. El no me exigía nada en lo económico pues me decía que lo único importante era la felicidad y, esa era la verdadera meta que teníamos que alcanzar, el resto, secundario. Desgraciadamente mi padre murió cuando yo tenía sólo 14 años y cuando sentí que más me faltaba. Murió de un infarto consecuencia de muchos pesares cuando era niño y tuvo que enfrentar la vida desde pequeño en trabajos mal remunerados y carentes de apoyo social. Al morir dejó fuertes deudas al querer que nosotros, mi madre y yo, lo pasáramos bien, y no nos diéramos cuenta de las dificultades económicas que enfrentaba.

 

         Mi padre tenía un pequeño taller mecánico que atendía personalmente. Su vida apatronada había terminado abruptamente cuando la Fábrica textil quebró, dejando a miles de familias en condiciones muy precarias. Incluso supimos que más de alguno de sus compañeros había optado por el suicidio como salida a sus problemas, asunto que mi padre criticó fuertemente ya que siempre decía que el valor de vivir, a pesar de los problemas, era la misión que tenía el hombre sobre la tierra, sobretodo, si este ejemplo había que traspasarlo a sus hijos.

 

         Su muerte significó una pérdida verdaderamente irreparable para mi madre y para mí. Mi madre, criada a la antigua, no había trabajado nunca y con lo que pudo sacar del taller sólo alcanzamos a vivir seis meses. Arrendamos una casa más pequeña y la nuestra, bastante más grande y bien ubicada, la pusimos en arriendo a su vez y con la diferencia, (bastante por cierto), vivíamos apretados pero bien.

 

Sin embargo yo notaba que la fortaleza de mi madre se apagaba lentamente a pesar de lo joven que era. Consciente de que peligraba su vida pedí consejo a varias personas a quienes respetaba mucho, hasta que alguien, bastante ajeno a mi casa pero cercano a mi, (un profesor de matemáticas del Instituto al que entré a estudiar Administración), me dio la solución. El me dijo:

 

-Escucha Alejandro, tu madre necesita algo que la haga sentirse  importante pues al morir tu padre su seguridad quedó desparramada cayendo profundamente en la pena del no saber que hacer.

 

-Tu padre-continuó- a pesar de haber sido un buen hombre, por lo que tu me has contado, asumió demasiado la responsabilidad de todo y no permitió, (sin quererlo), el crecimiento de tu madre quien vivió a la sombra de su aparente fortaleza y hoy, con  las angustias del devenir y de la soledad presente, no sabe como actuar. Te sugiero converses con ella y la hagas ver lo importante que es para ti, y lo difícil y caótico que sería tu vida sin su ayuda y apoyo permanente. Eso le hará sentirse nuevamente importante.

 

         ¡Que duro se tornaba todo! Al revés de la sugerencia de mi profesor, yo había asumido que tendría que ser del hombre de la casa y me sentía muy orgulloso de lo que estaba  logrando. Pensaba que mi padre habría estado orgulloso de mi dado que yo además trabajaba y me iba bastante bien , y ahora (yo) tenía que decirle a mi madre que todo aquello no era cierto y pasarle, a continuación, una responsabilidad que yo sabía le iba a ser muy difícil asumir. Mi insufrible orgullo,  tenía que relegarse fuertemente, pero todo sea en beneficio de de su recuperación.

 

         Esa noche no era distinta a otras. Mi madre  estaba en cama aquejada quizás de que nuevo malestar. La luz de su habitación apagada como era costumbre después de la 10 de la noche todo en una lúgubre costumbre a la que yo me había sumado en los últimos cuatro años y que pasaba a ser parte de un ritual oscuro y silencioso que yo respetaba, pero que cuando estaba fuera de casa, me divertía como todo muchacho de 18 años.

 

-¡Mamá! – Pregunté en silencio- ¿Estás despierta?- Deseo decirte algo de mucha importancia.

 

         Mi madre interrumpió sus habituales oraciones y preguntó a su vez:

 

-¿Tiene que ser ahora mi amor?

Mí primera intención fue decir que no y que lo dejáramos para otro día, pero la palabra “otro día” me pareció demasiado lejana y respondí:

 

-Si mamá, tiene que ser ahora!

 

Encendió la lámpara de velador- uno de los pocos recuerdos que quedaban de su matrimonio- y se sentó en la cama en espera de escuchar mi “tan apurada “situación.

 

- ¡Bien hijo! soy toda oídos.

 

         Tragué saliva, tenía la garganta seca. Me dificultaba decir que necesitaba de su ayuda pues sentía que la estaría forzando a una situación complicada que de no resultar ¿cómo cambiaría la situación sin preocuparla aún más o causarle un dolor adicional al que portaba por todos estos años?- Hice de tripas corazón y empecé.

 

-¡Lo que sucede mamá es que debes saber que mi doble función de trabajador y estudiante me está complicando bastante y, a decir verdad, he pensado seriamente dejar de estudiar y dedicarme solo a trabajar ya que por tu estado de permanente enfermedad necesitas de alguien que pase más tiempo contigo y te pueda atender.

 

Volví a hacer una pequeña pausa que diera realidad a mi solicitud y seguí:

 

- Tú sabes que por la hora en que regreso me es muy difícil cumplir con esa tarea, y no me gusta tener que atenderme solo, sin alguien que me espere con un plato de comida y una conversación cuando llego. De esta manera al menos estaré más temprano es casa y podremos compartir algo más.

 

Guardé un pesado silencio mirándome los zapatos pues no me atrevía a ver sus ojos.  Luego me levanté y  dije:

 

-Eso era lo que deseaba contarte y para mi muy importante que lo supieras. Buenas noches mamá.

 

         Silencio, sólo un profundo silencio. Esperaba una respuesta pero al parecer el silencio iba a ser la única expresión de que tanto mi profesor como yo estábamos equivocados, uno por sugerir y otro por aceptar, aunque sinceramente la situación me era muy incómoda ya que no sentía que requería de ayuda alguna  para obtener mis objetivos. Cerré la puerta de su habitación suavemente y atravesé el corto pasillo hasta mi cuarto.

 

 Entré y me dejé caer sobre la cama, bastante extenuado como de costumbre. Pensaba como lo haría para continuar con mis dos responsabilidades trabajo y estudio, ahora que había dicho a mi madre que dejaría uno de ellos, aunque en realidad yo sabía que cualquiera fuera la respuesta de ella yo continuaría con mis planes.

 

         No se si me dormí algunos segundos o minutos cuando fui despertado suavemente por mi madre que me decía que la comida estaba servida. Me levanté bastante confundido y tuve que preguntar ¿comida?

 

-Si hijo –señaló cariñosamente mi madre -  hoy preparé algo que se que te gusta. Salió de la habitación tan suavemente como había entrado y la vi tan alta como nunca antes.

 

         La comida estaba deliciosa. Conversamos como no lo habíamos hecho desde hacía mucho tiempo. Tocamos muchos temas más no el principal y yo no iba a abrir el fuego. Ya había dicho lo que tenía que decir, costándome bastante hacerlo.

 

Llegó la hora del acostumbrado té de mi madre el que yo también acompañé con uno. No era mi costumbre pero esa noche al parecer todo estaba en un contexto distinto. Iba a empezar a retirar la mesa cuando mi madre me indicó que ella lo haría más tarde y, que lavaría la loza también, pero que antes de pararme de la mesa tenía algo que decirme.

 

-¡Querido mío! Te quiero pedir perdón por mi actitud estúpida y egoísta que he mantenido después de la muerte de Alberto, la verdad es que no me di cuenta del daño que te hacía dejándote sólo cuando en realidad mi primer deber eres tú.

 

- ¡Mamá! – Quise replicar- pero ella me hizo un gesto para que guardara silencio y continuó.

 

- No quiero que dejes tus estudios, si es necesario deja tu trabajo, yo veré que puedo hacer para ganarme unos pesos. Tu padre estaría orgulloso de lo que estás haciendo pero pienso que igualmente estaría molesto con mi comportamiento. No sería ni la primera ni la última mujer que tiene que trabajar para vivir, y tenga una razón para hacerlo.

 

La abracé y le dije:

 

- No es necesario que trabajes, al menos en la calle, me bastaría con lo que te pedí no quisiera dejar mi trabajo ni mis estudios, sé que tengo capacidad y sólo me falta esa fuerza que tu me puedes dar mejorando tu actitud apoyándome con tu presencia ánimo diferente.

 

-Han pasado 18 años de ese episodio. Mi madre se recuperó milagrosamente al grado de que dos años después volvió a rehacer su vida sentimental con un buen hombre aunque, para mi parecer demasiado pobre, pero era su vida y yo tenía bastante claro lo que deseaba y no me podía permitir el lujo de desviar mi atención. Menos ahora que mi matrimonio estaba prácticamente acabado, que había vuelto a estar sólo y, no me gustaba pero tampoco,- pensaba yo -me atormentaba (salvo la soledad de las noches, y el silencio roto por mi televisor de última generación).

 

Estaba en estos recuerdos, cuando la inexpresiva voz de la Jefa de cabina anunció el próximo arribo al aeropuerto.

 

Una vez detenido el artefacto, me paré y me dirigí al hombre que venía atrás de mi - el mayor de ellos llamado Manuel - le dije que no había podido dejar de escuchar su conversación, y que me gustaría saber de esa persona a la que el llamaba El Mago. El hombre gentilmente me pidió que yo le dejara una tarjeta y que el me llamaría en los próximos días. No dejó de extrañarme su actitud, pero no teniendo otra cosa que hacer le di mi tarjeta y con un frío ¡hasta pronto¡ me despedí. Pensé que hasta allí llegaba todo y que no había sido más que una anécdota poco digna de recordar......Una vez más me equivocaba.

 

 

 

 

 

Nadie le frena a uno más que uno mismo.

 

 
Thomas
 

EL DRAMA

        

 

         Habían pasado tres meses. Largos y confusos tres meses. Mi oficina estaba atestada de nuevos proyectos y a pesar del inmenso esfuerzo que hacía, mi avance era tan pequeño como mi interés. Había escuchado hablar del estrés laboral pero escuchar de él y sentirlo es cosa completamente diferente. Me dormía a las horas más insólitas y en los lugares más extraños. El baño, por ejemplo, era uno de ellos. Mi sillón ejecutivo estaba recibiendo más horas de sueño que mi cama. En más de alguna oportunidad tuve que acercarme a un lado del camino y dormitar pues no podía continuar manejando. En fin estaba al borde de un colapso.

 

         Ese día martes de un Marzo realmente fuera de tono - había casi 30 grados a la sombra-, decidí ir a un especialista. No se si sería el calor pero estaba agobiado en extremo.

 

         Mi jefe, un hombre de mediana edad y más sabio que sus años que no serían más de 45, y que había alcanzado hacía ya varios - no se si cinco o seis atrás- el cargo de Gerente General de toda la región sur y que abarcaba siete países, me llamó por el directo para conversar conmigo. Le conté que había pedido hora al médico pero que aún tenía un espacio de unos 30 minutos para la reunión.

 

 No bien entré se levantó para recibirme con la gentileza acostumbrada y que yo siempre he criticado ya que le encuentro algo “relamido” pero que no deja de agradarme, sólo que pienso que con ese carácter habrá más de alguno que le pasa por debajo al no comprender esa amabilidad.

 

-Toma asiento por favor Alejandro.  Cuéntame ¿cómo has estado?

 

-La verdad Tony (su nombre era Antonio)- respondí- es que no estoy bien y lo atribuyo a un agotamiento profundo porque como tu debes saber no he podido salir de vacaciones hace ya bastante tiempo. Nunca me imaginé que el trabajo de Gerente de marketing iba a ser tan duro pero, pienso que es cosa de descanso y ya..

 

         Antonio tomó asiento y con aire paternal y con acento más suave que nunca me señaló:

 

-Esa es la razón de mi llamado. Me tienes muy preocupado. Se lo gran trabajador que eres y el enorme aporte que has sido para la empresa, desgraciadamente de un tiempo a la fecha has cometido fuertes errores que, gracias a Dios, no han pasado a mayores, pero que en una de estas podría producirse un desajuste inmanejable.

 

-Antonio continuó - Tus subordinados se han quejado de tu mal humor y de constantes inconsecuencias. Rogelio (el Gerente de Operaciones) me ha manifestado que ha tenido que parar en varias ocasiones algunos de los proyectos por carecer de información importante, y con tu firma de aprobación en ellos. ¿Quieres decirme que está pasando?

 

         Escuché a Tony como descargaba la sumatoria de hechos pero la verdad es que mi estómago empezaba a dar vueltas y vueltas que me tuve que parar e ir corriendo al baño de su oficina y vomitar hasta quedar casi exhausto. Me lavé la cara y salí con el mejor porte que tenía. Debo haber estado “macabro”. Tony me miraba entre sorprendido y asustado. Me ayudó a sentarme y me dijo:

 

-No te agites, llamaremos a un médico para que te atienda acá.

 

Diciendo y haciendo tomó el citófono y pidió a Claudia, la asistente de piso que llamara un médico con urgencia. Hasta la llegada del galeno yo sólo mantuve un sepulcral silencio, quería hablar pero mi lengua y boca no respondían, solo sentía como un sudor helado corría por mi frente y mi espalda. Pensé: si salgo de esta pensaré dos veces antes de incorporar a la empresa.

 

El médico me examinó y sentenció categóricamente:

 

-Usted necesita un descanso y un fuerte tratamiento psicológico, creo que está con un surmenage que hacía tiempo no veía; por el momento le voy a poner un tranquilizante y luego váyase a casa y tome estos medicamentos. Mañana vaya a ver un especialista y luego unas reponedoras vacaciones harán el resto, o al menos ayudarán.

 

         Tony, siempre amable y cariñoso me dejó en su oficina y quedó de ir a dejarme a casa. Aunque yo me opuse él insistió vehementemente y así se hizo.

 

Camino a mi hogar ya me sentía mejor o al menos podía balbucear sin tanta dificultad. Era casi milagroso mi estado pero también sabía que la inyección era lo suficientemente fuerte para ponerme en un tono mas adecuado. Llegamos a casa y mi jefe, cuan delicado padre, me ayudó a bajar del vehículo.  Estaba bastante tembloroso para hacerlo solo. Una vez dentro le pedí que se quedara unos momentos y que sirviera dos cafés para conversar algunos minutos.

 

Como amigos que somos, departimos el aromático líquido haciendo algunas bromas respecto de mi estado, bromas que inicié yo para romper la tensión de lo acontecido. Tony me siguió en ellas, sin dejar su aire de preocupación ni olvidar la situación que originó mi crisis. Una vez terminado el café se levantó para marcharse pero le detuve.

 

-Escucha Antonio. No quiero dejar pasar este momento sin manifestarte mi punto de visto de lo sucedido. Tú sabes que no hace mucho me separé de Victoria y, aún cuando no tenemos niños la situación me ha trastornado bastante.

 

 Por otro lado –dije con fuerza y molesto-  creo que hay algo de envidia por mis continuos ascensos y triunfos al interior de la empresa, al menos eso me ha parecido a mi, no es raro que a diario, esté yo o no, hay acusaciones o comentarios de lo mal que me están saliendo las cosas.

 

  Súmale a ello la falta de descanso. No es raro que pase lo que ha pasado. Debo repensar mi permanencia en la empresa. Tomaré una vacaciones y a mi retorno me comprometo a conversar contigo en relación a mi decisión ¿te parece?-

 

Antonio se levantó y me dio la mano diciendo:

 

 – Creo que hay injusticia en tu apreciación respecto de tus pares como también de Victoria a quien, como tú sabes, la conozco desde pequeña y no me la imagino deseando aplastarte ni mucho menos, pero en fin, espero que  te mejores, recapacites sobre todas estas situaciones, y vuelvas con la misma fuerza y calidad que siempre habías tenido. Adiós.

 

         En la soledad de mi departamento, o de mi vida, volví a recordar el asunto del avión y creo que me dormí pensando en la enorme necesidad que tenía de encontrarme con alguien que realmente me pudiera ayudar a resolver lo más terrible que me había pasado en toda mi vida. La última imagen de esa noche fue el rostro de mi madre riendo feliz con su nueva pareja.

 

         Han pasado tres días desde aquella infausta situación, y estoy preparando mis maletas para viajar a la playa, me gusta mucho el mar, desde niño he sentido una especial atracción por él, y cada vez que tengo problemas o decido hacer un proyecto voy a sus orillas donde me inspiro. Victoria me ha llamado dos veces a la oficina. Seguramente Tony le ha contado lo sucedido. Me ha dejado recado con Margarita, mi asistente y  la única que conoce mi teléfono de red y, como he tenido apagado el celular ex profeso, en esta necesidad de desconectarme de todo, no se que ha pasado con mi ex pero estoy lejos de querer sentimientos de pena hacia mi.

 

Jamás lo he soportado, aún recuerdo con desagrado el día en que tuve que decir a mi madre que la necesitaba para salir adelante. Si bien es cierto sirvió para que se recuperara, el costo personal lo he pagado con creces.

 

 Terminé de arreglar mi maleta y bolso que siempre me acompañan. Estaba a punto de salir cuando sonó mi teléfono mi primera intención fue dejarlo sonar e irme, pero mi hábito de responder fue superior.

 

  1. ¡Aló!, dígame Margarita (sabía que era ella ) ¿qué sucede? estoy saliendo para desaparecer algunos días – La voz de  mi fiel asistente denotaba preocupación –

 

  1.  Lo que sucede jefe es que su esposa ha vuelto a llamar y me pide que por favor le devuelva el llamado. Además, ha habido una repetida llamada de un hombre que me dijo que usted estaba muy interesado en ella y tiene relación con un viaje de un avión. Me indicó que le llamaría por última vez, dentro de 20 minutos ¿qué le digo?

 

Casi me caí al girar sobre mi mismo.

 

  1. Por favor Maggi déle el número de mi celular y de mi casa, esa llamada es vital para mi. Esperaré en mi departamento hasta que llame. Después saldré por unos días. Chao y, muchas gracias.

 

  1. Corrí a encender mi celular y me encontré con varias llamadas perdidas de las cuales seleccioné las de mi esposa y de un conocidos dejando fuera las que tenían números desconocidos para mi e inicié su rescate. En todas ellas, hechas desde teléfonos públicos el mensaje era el mismo: Alejandro, le llama Manuel por el asunto del Mago, le volveré a llamar dentro de dos horas. Gracias.

 

- Me dio mucha rabia no haber dejado encendido el celular y haberme desconectado del mundo, la verdad es que me daba cuenta de lo mal que estaba haciendo pataletas como los muchachos.

 

Cuando uno espera se da realmente cuenta de lo largo que son veinte minutos. Tomé un jugo, tendí mi cama que la había dejado revuelta para cuando viniera la señora Teresa a hacer el rutinario aseo. Abrí un yogurt , calenté agua y me serví un té y, en eso estaba cuando sonó mi celular observé el visor y mi corazón dio un brinco, era de un teléfono público

 

- ¡Aló!- un pequeño silencio me obligó a decir de nuevo aló - esta vez con una pequeña desesperación. -¡Aló! dígame por favor con quien hablo.

 

-Hablas con Manuel, ya estaba perdiendo la esperanza de volverte a escuchar.

 

-¡OH! no sabes cuanto necesitaba tu llamada- respondí- tontamente dejé apagado mi celular y me desconecté a raíz de una crisis que me botó violentamente y que me tiene partiendo en estos mismos momentos a la playa por unos días a menos, que tu me digas otra cosa.

 

-Efectivamente Alejandro, te voy a decir “otra cosa”. Aprovecha que tienes, seguramente, todo para partir pero, en vez de hacerlo hacia la costa, tu ruta será para el Sur. Cuando llegues al Kilómetro 680 encontrarás un Servicio de comida al paso y pedirás hablar con Maritza. Ella tendrá un sobre sellado el que tendrá en su interior tolas las señales para llegar hasta el lugar indicado.

 

 No lleves demasiado equipaje pues buena parte del camino será a pie y en subida. Lo ideal es que partas el miércoles de madrugada, es decir dentro de tres días, para que estés en el restaurante  cercano al mediodía y así almuerzas ahí para que tomes camino no más allá de las 3 de la tarde lo que significa que podrías llegar a tu destino final cerca de las 7 de la noche. Chao y buena suerte....clic.

 

         No alcancé a contestar, lo que si me di cuenta es que tendría que permanecer otros tres días en mi departamento y que además arrendaría un vehículo ad-oc para este viaje. No se si sería porque veía una esperanza a mi situación que me relajó y me sentí alegre y seguro tanto, que llamaré de inmediato a Victoria para pasar el trago amargo de una vez.

 

-¡Aló como estás!

 

-Bien pero un poco sorprendida porque tuve que saber por Tony de tu estado ya que no tuviste la gentileza de llamar para comunicármelo (Sabía que la pasada de cuenta vendría) Tienes razón pero no estaba en condiciones de parecer débil a los ojos de mi “amada”.

 

-No estoy para tus impertinencias. Es verdad que me tenías realmente muy preocupada pues estas cosas suelen pasar la cuenta tarde o temprano y, a veces, con un costo muy elevado y, aunque no eres un dechado de simpatía aún te quiero mucho y, no te creas que no me lo reprocho por hacerlo. Pero....no me hagas caso a esto último y cuéntame que pasó.

 

-Yo también te quiero mucho Victoria pero pareciera que hay zanjas difíciles de cruzar entre nosotros y en realidad lo lamento. Y si quieres saber algo más, siento la soledad y no me gusta. ¿Qué te parece si nos juntamos a almorzar y ahí te cuento todo?

 

 Un largo silencio pues muchas veces la había invitado y todas ellas me las había rechazado.

 

-¡Está bien, dime donde y ahí estaré!

 

         El almuerzo fue en realidad una gran excusa pues a la hora del pedido ambos solicitamos sólo una ensalada y un vaso de agua. Victoria rompió el silencio.

 

-¡Esta bien! Ahora cuéntame.

 

         Como de costumbre no quería darle a este episodio un carácter de gravedad o que sonara a debilidad de mi parte así es que lo conté a mi manera. Cuando terminé Victoria que me conocía más de lo que yo creía me mira a los ojos y me señala:

 

-No cambias ¿verdad? ¿Piensas acaso que haciéndote el fuerte y no necesitando a nadie eres más grande o te desarrollarás mejor? Esa es la razón por lo que yo me resto muchas veces a compartir contigo, la verdad es que me cansé de tu auto dependencia enfermiza y de tu autosuficiencia egocéntrica. La idea de unirme a ti en matrimonio nunca fue para luchar contigo sino que para formar un hogar donde ambos éramos una parte importante de esa unión, al parecer toda tu vida ha sido de un matrimonio contigo mismo sin tener ojos para compartir y departir con otro que no fuera tu propia imagen. Aún así tengo la esperanza que un día te golpee una teja en tu dura cabeza y seas capaz de una visión amplia con el mundo al menos con aquellos que te amamos, me permito incluir a tu madre con quien has sido especialmente complicado, por decirte algo suave.

 

         Estaba tan acostumbrado a escuchar de Victoria esas impertinencias que comprendiendo de antemano lo que pasaría me preparé para que ese almuerzo no fuera todo lo amargo que solía ser en casa. Respondí con un lacónico:

 

-Te encuentro sumamente injusta Vicky toda vez que tu sabes  lo que he tenido que luchar en la vida para hacerme un espacio en esta sociedad donde los débiles son arrollados por los más poderosos. No, no se me ocurre como cambiar sin que muchos hagan de mí su plato favorito.

Tu misma dices aún quererme y eso, lo atribuyo a que sabes de mi fortaleza y la seguridad que te puedo brindar. Y si madre no goza de toda mi aceptación, a pesar del profundo amor y respeto que siento por ella es porque en los momentos en que yo más necesité de ella y que fue a la muerte de mi padre, tuve que ser yo quien hiciera de tripas corazón para sacarla adelante y, cuando ya había cumplido con mi misión ella bajó la guardia y prefirió echarse a morir. Nuevamente por su enorme debilidad tuve que fingir flaqueza para darle una razón de vida. Me cuesta mucho Victoria, olvidar esa situación porque siento que podía haber sido el principio del fin de una vida de triunfos como del que gozo hoy día.

 

         Victoria acercó desafiante su cara hasta ubicarla a escasos centímetros de la mía y no para besarme justamente.

 

-¿Triunfos? ¿Verdad crees que has triunfado? ¿Puede ser un triunfo que sólo alcanzamos a vivir juntos dos años? ¿Y que de lo de ahora en que estás fundido hasta el alma? ¿Por qué no me cuentas que en realidad Tony te puso un ultimátum en vez de contarme que la presión de tu trabajo llevó a nuestro amigo a darte una vacación obligada? ¿A quien quieres engañar Alejandro, a mi, al mundo, a la sociedad que comparte tus deportes de elite o.... a ti mismo?

 

 Ojala que este viaje ayude a madurar tu espíritu y te permita crecer de verdad. No niego que mi situación es bastante cómoda – continuó Vicky – porque muy distinto habría sido si hubiera tenido un hijo, fue sabia la naturaleza al no dármelo o al aplazar esta bendición, me habría sido muy duro tener que explicar porque su padre no estaba nunca en casa para atenderlo a él y a su esposa, como corresponde.

 

Adiós Alejandro que Dios te acompañe y te ayude, yo me cansé de intentarlo. Si algún día deseas conversar conmigo, llámame, lo que no te aseguro es que esté disponible.

 

Me ganaste Jano, estoy demasiado joven para seguir en una espera infértil ¿Cómo no va a haber alguien que sea capaz de compartir una vida conmigo?.

 

         Diciendo esto se paró, me dio un frío beso en la mejilla y desapareció tras los biombos que separaban los sectores en el restaurante.

 

En mi interior sentía la necesidad de Victoria pero me era muy difícil solicitarle una oportunidad, porque yo estaba en la razón, y que las mujeres cometían enormes injusticias porque si tenían un esposo o pareja gentil, grata pero pobre o que no satisficiera sus necesidades, le pasaban la cuenta a veces hasta con el engaño pero, si esa pareja era triunfadora y producía lo necesario para vivir en las mejores condiciones entonces, además, se le debía exigir entrega,  tiempo y preocupación en el plano sentimental, la verdad era casi imposible satisfacerlas.

 Pensé, en beneficio de ese planteamiento que la culpa era sólo mía pues a lo mejor me casé en un momento en que mi mayor preocupación y esfuerzo era para desarrollarme en lo profesional, pensando en el futuro...pero en fin ya las cosas se hicieron y en algún momento la vida me dará la razón.

 

 VOLVER

 

 

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis