Manos que curan 8

© 1987, Barbara Ann Brennan

Manos que curan   Hágase la luz
 
 
Vibración y energía
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cap. 1 Cap. 2 Cap. 3 Cap. 4 Cap. 5 Cap. 6 Cap. 7 Cap. 8 Cap. 9


 
Infancia
 
El proceso del lento despertar al mundo físico prosigue después del nacimiento. El lactante duerme
con frecuencia durante este tiempo, y el alma ocupa sus campos energéticos más elevados. Deja
sueltos los cuerpos físico y etéreo y les permite realizar el trabajo de construcción del cuerpo.
En las fases iniciales de la vida, el niño tiene la tarea de ir acostumbrándose a las limitaciones de la
sensación física y al mundo en tres dimensiones. He visto a muchos recién nacidos que se debaten en
este proceso. Todavía tienen cierta conciencia del mundo espiritual, y he visto cómo luchan por
abandonar las figuras de sus compañeros de juego y padres espirituales y transferir sus afectos a sus
nuevos progenitores. Los recién nacidos que he observado tienen chakras de corona muy abierta
(figura 8-1), que se esfuerzan por comprimirse dentro de los límites del diminuto cuerpo del bebé.
Cuando los veo abandonar el cuerpo físico, en sus cuerpos más elevados, con frecuencia presentan la
apariencia de espíritus de unos de 3,60 m de estatura. Luchan enconadamente por abrir el chakra de
la raíz inferior y conectar con la Tierra.
 
Figura 8-1: Aura normal de un lactante
(Vista de diganóstico)

Un ejemplo de lo que digo fue un niño que nació un mes después de lo que se esperaba. Tras el rápido
alumbramiento se encontraba en estado febril. Los médicos le practicaron una punción de médula ósea
para ver si sufría encefalitis. La punción se realizó en la región del chakra sacro. El niño luchaba por
expulsar a dos compañeros de juego y a un espíritu femenino que tampoco quería dejarlo marchar. En
su lucha se abría y conectaba con la Tierra allí donde se encontraba presente su guía. Estaba
perdiendo el contacto con su guía, veía a sus compañeros de juego y a la mujer espiritual y luchaba
entonadamente entre los dos mundos. En esos momentos sentía más afinidad por el espíritu femenino
que por su propia madre física. En su afán por no encarnarse, expulsaba energía por el chakra sacro y
por el derecho para evitar que crecieran raíces hacia abajo a través del chakra de raíz (primer chakra).

Podía hacerlo parcialmente gracias al orificio aura[ que había dejado la punción de médula. Tras cierto
tiempo de lucha, conectaba de nuevo con su guía y se calmaba, abría la raíz y se reiniciaba el proceso
de entrada.
Comencé la sesión de curación. La primera vez aceptó algo, pero luego se negó. Siempre que intentaba
enviar energía a su aura se alborotaba. Sabía lo que yo pretendia y no me dejaba acercarme. Lo que yo
intentaba hacer era coser el orificio de su chakra sacro en la séptima capa de su aura y reencauzar al
energía hacia abajo. Pero no me dejaba. Incluso me acerqué a él mientras estaba profundamente
dormido. Cuando me encontraba a unos treinta centímetros de distancia, se despertó y empezó a gritar
de manera desaforada. No cabía duda de que su lucha era tremenda y de que no quería ayuda de
nadie. Uno de los problemas físicos secundarios de este combate básico fue un trastorno intestinal
producido por el constante abuso del chakra del plexo solar relacionado con sus gritos y llantos. Se le trató este
desarreglo después de que, finalmente, decidió mantenerse en el plano físico. La carta astral de este niño
demuestra con claridad que es un líder en potencia.
Por tanto, el alma que llega suele entrar en el cuerpo y salir de él por el chakra corona como si empezara a
trabajar para abrir el chakra raíz y penetrar con las raíces en el plano físico. En esta fase, el chakra raíz parece un
embudo muy estrecho, y el chakra corona tiene el aspecto de un embudo muy ancho. Los otros chakras parecen
tacitas poco profundas con una línea estrecha de energía que conduce de vuelta al interior del cuerpo hasta
llegar a la espina dorsal (figura 8-1). El campo general de un lactante es amorfo y deforme y tiene un color
azulado o grisáceo.
Cuando un bebé centra su atención en un objeto en el plano físico, el aura se tensa y abrillanta, especialmente
alrededor de la cabeza. Luego, cuando su atención cede, el color del aura se desvanece; sin embargo, retiene
parte de la experiencia en forma de color en el aura. Cada experiencia añade un poco de color al aura y aumenta
su individualidad. El trabajo de construcción del aura también está en marcha y continúa de este modo a lo largo
de toda la vida, de manera que permite encontrar la experiencia vital de cada uno.
Después del nacimiento se mantiene una fuerte conexión energética entre la madre y el hijo, a la que a veces se
denomina plasma germinal. Esta conexión tiene su momento más fuerte en el alumbramiento, y se mantiene
durante toda la vida, aunque se va haciendo menos pronunciada a medida que crece el niño. Este cordón
umbilical psíquico es la conexión a través de la cual los niños se mantienen en contacto con sus padres
en el transcurso de los años. En muchas ocasiones, uno de los dos tiene conciencia de las experiencias
traumáticas por las que pasa el otro, aunque pueden estar separados a gran distancia en el nivel físico.
El campo del niño está totalmente abierto y es vulnerable al ambiente en el que vive. El niño detecta
todo lo que sucede entre sus progenitores, tanto si sus relaciones son claras como si no lo son.
Reacciona constantemente a su entorno energético de forma acorde con su temperamento. Puede
sentir vagos temores, tener fantasías o berrinches o estar enfermo. Todo los chakras del niño están
abiertos en el sentido de que no cuentan con una película protectora que mantenga al margen las
influencias psíquicas que llegan hasta él. Ello hace que el niño sea muy vulnerable e impresionable. Así,
aun cuando los chakras no están desarrollados como los de un adulto y experimentan de forma vaga la
energía que penetra en ellos, ésta sigue progresando hasta el campo del niño, quien debe ocuparse de
ella en cierto modo (véase figura 8-2 para comparar los chakras de un adulto con los del niño).
Alrededor de los siete años de edad, sobre las aberturas del chakra se forma una pantalla protectora
que filtra muchas de las influencias del campo energético universal. De este modo, el niño pierde su
anterior vulnerabilidad. Esta fase se puede observar cuando el niño crece y se individualiza. Es un
momento próximo al de la aparición del raciocinio.
Muchas veces es posible ver cómo un niño pequeño se sienta y acurruca en el regazo de su madre o su
padre. Está siendo protegido de las influencias exteriores por el campo de su progenitor. Esta
vulnerabilidad infantil me hace ser muy conservadora en lo que se refiere a permitir que los niños
intervengan en terapias de grupo con adultos. El adulto no tiene idea de lo que esto supone para el niño,
a menos que haya regresado a ese estado de vulnerabilidad. He visto a padres que sometían
inconscientemente a sus hijos a un schock psíquico innecesario haciéndoles participar en terapias de
grupo, por considerar que se trataba de una actitud progresista, o porque cedieron a las presiones del
grupo. La ira de un adulto golpea el sistema del niño como un shock psíquico, mientras que la tristeza y
la depresión lo envuelven como una niebla.
Además del alimento físico, la lactancia proporciona al niño energía etérea. En cada pezón hay un
pequeño chakra que le aporta energía. Recuérdese que los chakras del bebé no están desarrollados y
que, por tanto, no metabolizan todas las energías del campo energético universal que necesita para
apoyar su vida.

Figura 8-2: Chakras de adulto y de niño

La primera infancia
 
Conforme crece el niño y se empieza a desarrollar el segundo chakra su vida emocional se va
enriqueciendo. El niño vive en mundos de fantasía creados por él mismo, empieza a sentir que es una
persona distinta de su madre y esos mundos le ayudan a crear la separación. Las pertenencias del niño
se encuentran dentro de estos mundos de fantasía. Desde el campo etéreo envía proyecciones que
envuelven esos objetos y cuyas formas recuerdan las de las amebas. Cuanto más importante sea el
objeto en la creación del mundo fantástico, más conciencia energética surgirá de su campo para
rodearlo. El objeto se convierte en parte del yo. Cuando se le arrebata de la mano con fuerza, el objeto
rasga el campo y causa dolor, tanto físico como emocional.
Alrededor de los dos años de edad, el niño considera a sus padres como pertenencias suyas: «yo, mi
papá, mi mamá, etc.». En el aura se hacen más visibles los colores rojo-naranja y rosa-violeta. El niño
está empezando a relacionarse con los otros, aprendiendo un tipo básico de amor. En lo que se refiere
al campo, el niño es capaz de separarse del de su madre, aunque entre ambos sigue existiendo un
cordón umbilical etéreo. Así'se inicia el proceso de separación y de identidad independiente. El niño
crea un espacio de fantasía, habita en él, pero sigue teniendo a su madre conectada por su cordón
umbilical etéreo. Todavía puede mirar atrás y ver que su madre no está demasiado lejos. Para el clarivi-
dente, este espacio aparece compuesto principalmente por energía de nivel azul, o de nivel etéreo. Se
trata de un espacio en el que el niño prefiere jugar solo o, si permite la entrada de un compañero de
juegos, lo vigila atentamente para impedir que altere en demasía el espacio. En esta fase, el niño no
tiene un ego lo bastante fuerte como para mantener una claridad real entre su yo y el del otro. Lucha por
hallar su exclusividad y, sin embargo, se siente muy conectado a todas las cosas. Los objetos
personales se convierten en formas de definir la individualización, definición a la que ayuda el espacio
de energía privado. Así, cuando un niño visita el cuarto de otro niño de cinco a siete años de edad, el
anfitrión se debate entre su deseo de comunicarse con el otro y su inclinación de preservar la imagen de
sí mismo. Lucha por controlar los objetos personales que ayudan a definir quién es y alrededor de los
cuales ha situado su propia conciencia energética. La lucha en este caso consiste en reconocer y
mantener la autoindividualización y, pese a todo, sentir la conexión con un «individuo» distinto.
A los siete años de edad, aproximadamente, el niño empieza a tejer una enorme cantidad de energía
dorada en este espacio, que se hace más libre, más grande, menos conectado con la madre y más
abierto a los visitantes. Como su sentido del yo es más elevado, el niño empieza ahora a descubrir
similitudes en otros seres humanos. Ya puede permitir a los «otros» una mayor autoexpresión dentro de
su espacio privado. Permite que el visitante cree todo tipo de formas energéticas en ese espacio. Con
ello, las cosas se hacen más «divertidas» y «vivas» y mejoran la vida de fantasía. Los niños entran en la
fase de la «pandilla». Una de las cosas que posibilitan que así sea es que, alrededor de los siete años
de edad, por encima de todos los chakras se presenta ya una pantalla protectora que impide el paso de
muchas influencias energéticas procedentes del campo que rodea al niño. É.ste se siente más «seguro»
porque es en su campo aural donde realmente existe.

Ejercicio para detectar los espacios psíquicos  
 
Los adultos también infunden sus espacios con sus energías. Estos espacios psíquicos son nidos que
ofrecen seguridad a las personas para vivir y tener en ellos su ser. Pruebe a sentir los espacios
psíquicos que crean las personas. Le enseñarán muchísimo sobre usted mismo y sobre el propietario
del espacio. Empiece por sintonizar en los espacios que visita regularmente. Entre en la habitación de
un amigo. ¿Cómo se siente? ¿Qué le parece? ¿Quiere quedarse o prefiere irse?
Si tiene hijos, entre en sus habitaciones. Sienta la diferencia de energía en cada uno. ¿Va bien esa
energía con el niño? ¿Qué expresa sobre él? ¿El color es el apropiado, o es un color que usted ha
impuesto en el espacio de su hijo? Piense en ello.
Pruebe en las tiendas que visite. A mí me resulta imposible permanecer en determinados
establecimientos a causa de la energía que emana en ellos.
Haga ahora un pequeño experimento con objetos. Reúna un pequeño grupo de personas
(preferiblemente de gente de la que no sepa demasiado), sitúe sus objetos personales en el centro y
elija el que más le atraiga. Sosténgalo en la mano. ¿Qué sensación le produce? ¿Pesado, cálido,
amistoso, hostil, triste, feliz, seguro, peligroso, saludable, enfermo? ¿Recoge alguna imagen?
Concédase tiempo para sintonizar en el interior del objeto. Compruebe sus sensaciones con el
propietario. Estoy segura de que ha acertado en algunas de las cosas que detecta. Practique y lo hará
mejor la próxima vez. 
 
Estado latente
 
Conforme el niño crece en el estado latente, entre los siete años y la pubertad, tiene lugar el desarrollo
de nuevas facultades mentales junto con el desarrollo del tercer chakra. En esta fase se incrementa el
color amarillo mental del aura. Aunque este chakra está abriendo las energías mentales y el niño asiste
ya a la escuela, dichas energías se emplean principalmente para mejorar la vida fantástica infantil. Aquí
entran en juego profundos impulsos y se producen conexiones teleológicas con el largo desarrollo
pasado de la humanidad. El niño se convierte en jefe indio; la niña, en maga. Son impulsos teleológicos
profundos que revelan el deseo del alma y que, con toda probabilidad, se relacionan con la tarea del
alma en el mundo. Dentro de estas formas arquetípicas se encuentran las aspiraciones espirituales
profundas, las metas y aspiraciones del individuo, expresadas por las capacidades que adopta cuando
juega en el patio de recreo. Ahora es cuando los tres primeros centros -el físico, el emocional y el
mental del plano terrestre- trabajan juntos para expresar la primera fase de la encarnación del alma.
 Adolescencia
 
El reto de la adolescencia, como en todas las fases del crecimiento, consiste en hallar el yo y
mantenerse fiel al mismo a través del caos de los cambios físicos y emocionales, los dulces deseos y
los dolorosos rechazos.
A medida que el niño se acerca a la pubertad se empiezan a producir grandes cambios en todo su
cuerpo y en el campo energético que lo rodea. Se añade más verde al aura y al espacio privado del
individuo. El espacio es penetrado por las vibraciones de los amigos. Conforme al chakra del corazón se
abre a nuevos niveles de sentimientos y el alborear del eros y el amor emerge desde lo más profundo de
la psique, el campo se inunda de un bello color rosa. Se activa la pituitaria (chakra del tercer ojo) y el
cuerpo empieza a madurar convirtiéndose en adulto. Todos los chakras son afectados por estos
cambios. En ocasiones, el individuo acoge con excitación estas nuevas vibraciones; en otras, las
detesta porque acarrean nuevos deseos y una nueva vulnerabilidad que el individuo no ha
experimentado antes. A veces, todo el campo resultará alterado y los chakras quedarán totalmente
desequilibrados, mientras que en otras ocasiones todo fluirá de manera armónica. De este modo, el
individuo pasa por grandes cambios de realidad emocional, y sus acciones expresan esta confusión. Un
momento antes era un niño, ahora es un adulto.
El individuo repite ahora todas las fases de crecimiento ya experimentadas, pero con una diferencia. Las
tres primeras fases implicaban al yo como centro del universo. Era un conjunto formado por mí mismo,
mi mamá, mi papá, mis amigos, etc. Ahora es la relación «yo-tú». El «yo» no existe solo, y el bienestar
del «yo» depende ahora de que se hagan los ajustes apropiados en el «no-yo». Esto se debe en parte a
que el individuo no «posee» ya los objetos de amor, como sucedía en el caso de sus padres o sus
juguetes. Ahora su bienestar depende, o así lo cree, de que equilibre sus acciones para «convencer» a
la persona amada de que lo ame. Esto produce una tensión sobre la psique entre quién piensa que es y
quién piensa que debería ser (según quién piense que desea ser, o viceversa). Esto sucedía ya, desde
luego, con los padres, pero ahora es más evidente, pues en cualquier momento el ser amado puede
elegir a otro, y con frecuencia lo hace públicamente

La edad adulta
 
Para cuando termina la adolescencia ya están definidos los chakras y la pauta energética utilizada por el
individuo. Todos los chakras han adoptado una forma adulta. Es en este punto cuando el individuo
puede tratar de asentarse y no sufrir más cambios. Algunos lo logran y, con ello, hacen que sus vidas se
establezcan conforme a pautas seguras, firmes, de realidad claramente definida y limitada. Otros
muchos, agitados por sus experiencias vitales, comprenden que la realidad no es tan fácilmente
definible y emprenden una búsqueda de significados, que durará toda la vida y les conducirá a través de
un reto constante hacia experiencias más profundas de plenitud.
En la madurez, el «yo-tú» se expande para incluir a la familia personal, que crea su propia forma
energética. Nuevas energías que fluyen por el chakra de la garganta ayudan a este proceso personal de
dar y recibir. Con el transcurso del tiempo, el «yo-tú» se puede ampliar para incluir al individuo y al
grupo. Es posible que el corazón se abra para acoger no sólo el amor a la pareja y los hijos, sino
también el amor a la humanidad. El color del aura se percibe de un bello tono lila. Entonces se convierte
en la integración de la conciencia del yo, el otro y el grupo. A medida que el tercer ojo se abre a
vibraciones más altas, uno empieza a ver la unidad de todas las cosas y puede apreciar, al mismo
tiempo, la preciosa exclusividad de cada alma individual dentro de esa unidad.
 
La madurez
 
Conforme el individuo se acerca a la vejez y a la muerte se pueden añadir a los cuerpos energéticos
tasas de vibraciones todavía más altas. El cabello de las personas se vuelve blanco brillante a medida
que la luz blanca que recorre su ser aumenta su afinidad con el mundo espiritual. Ahora, a la relación
«yo-tú» se añade una personal, muy profunda, con Dios. La energía terrenal inferior, metabolizada a
través de los chakras inferiores, decrece y es sustituida constantemente por energías más finas y
elevadas que tienen mucho más que ver con el espíritu que con la vida en el plano físico. La persona se
está preparando para regresar al mundo del espíritu. Cuando se entienden estos procesos naturales -y
se permite que se desenvuelvan desde el interior de la psique, la vida personal del individuo queda
inundada de serenidad y amor. Todo encaja en su lugar a partir del crecimiento que se ha producido a lo
largo de los años. En especial, el chakra del plexo solar se hace más armonioso. La persona es capaz
de aumentar su profundidad de percepción, que hace de la vida (a pesar de la disminución de la fuerza
física) algo cuyo interés crece continuamente y adquiere experiencias más ricas. Es lamentable que
nuestra cultura, en general, no respete y utilice este gran recurso de sabiduría y luz como lo hacen otras
culturas, por ejemplo la de los indios norteamericanos, en cuyas comunidades son las abuelas y los
abuelos quienes mantienen el poder decisorio.

La muerte
 
Según Phoebe Bendit, al morir se produce un rayo luminoso que surge destellante de la parte superior
de la cabeza cuando la persona abandona el plano terrenal a través del chakra de corona. Esta
experiencia de salir por la corona ha sido descrita frecuentemente como un túnel que se recorre entre la
vida y la muerte. Se ve un túnel largo y oscuro al final del cual brilla una luz. También se puede describir
esta «experiencia del túnel» como el ascenso del alma por la corriente de fuerza principal del cuerpo, a
lo largo de la espina dorsal, para salir a la brillante luz del chakra de corona.
Al morir, el alma es recibida por sus guías espirituales y por los viejos amigos fallecidos. En este
momento, el alma ve desfilar con gran rapidez y claridad toda su vida pasada, de forma que no caben
errores sobre lo que pasó, las decisiones que adoptó, las lecciones aprendidas o las que le queden por
aprender para la siguiente reencarnación. A ello sigue un período de celebración de la tarea cumplida, y
algún tiempo que transcurre en el mundo espiritual antes de la nueva reencarnación.
He visto frecuentemente que cuando alguna persona muere como consecuencia de una prolongada
enfermedad, durante algún tiempo después de fallecer descansa rodeada por una luz blanca. Da la
sensación de que cuidaran de ella en algún tipo de hospital del otro lado.
He observado a dos personas en estado preagónico un par de días antes de que fallecieran. En ambos
casos se estaban muriendo de cáncer y llevaban enfermas algún tiempo. Los tres cuerpos inferiores se
estaban fragmentando y abandonaban el cuerpo como manchas blancas opalescentes. También se
estaban disgregando los tres chakras inferiores, con largas tiras de energía brotando del plexo solar.
Los cuatro chakras superiores parecían estar muy abiertos, como orificios profundos. Ya no estaban
cubiertos por sendos escudos. Al iniciar el último viaje estas personas pasaban la mayor parte de su
tiempo fuera del cuerpo, alejadas de él. Aparentamente estaban en algún lugar exterior junto con sus
guías espirituales. Cuando permanecían en sus cuerpos la habitación se llenaba de espíritus. En un
caso vi a Azrael guardando la entrada. Como la persona sufría fuertes dolores, pregunté a Azrael por
qué no la ayudaba a morir. Me respondió: «No me han dado órdenes todavía». (Azrael es el ángel de la
muerte y, para mí, su aspecto es fuerte y hermoso, no aterrador como han insinuado algunas fuentes.)

Lo que dice Heyoan sobre la muerte
 
Mi guía ha hablado sobre el proceso mortal, y quisiera citar aquí sus palabras. En primer lugar, dice que
la muerte no es lo que suele creerse, sino la transición de un estado de conciencia a otro. Heyoan dice
que ya hemos muerto antes, olvidándonos de quiénes somos. Las partes de nosotros que han sido
olvidadas están separadas de la realidad por un muro, y hemos llegado a la encarnación para
rescatarlas. Tememos a la muerte, pero ya hemos muerto, y en el proceso de encarnación que reintegra
nuestro ser mayor lo que realmente encontramos es más vida. Lo único que muere, según Heyoan, es la
muerte.
Durante nuestra vida tapiamos las experiencias que deseamos olvidar. Lo hacemos con tal efectividad
que no recordamos muchas de ellas. Iniciamos este proceso de tapiado en la primera infancia y lo
proseguimos durante toda la vida. Estas piezas ocultas tras el muro de nuestra conciencia se pueden
ver en el campo aural formando bloques, a los que nos referiremos en el capítulo dedicado a la
psicodinámica. Heyoan dice que la muerte real se ha producido ya en forma de ese muro interno. Cito a
continuación sus palabras.
«Como sabes, lo único que te separa de algo eres tú misma. Y lo más importante es que la muerte se
ha producido ya en las porciones de ti misma que han sido tapiadas. Desde nuestra posición ventajosa,
esa sería, quizá, la definición más clara de lo que el ser humano considera que es la muerte. Ser
tapiado y separado. Olvidar. Olvidar quién eres; eso es la muerte. Tú ya has muerto. De hecho, te has
encarnado para dar vida a esas piezas de ti misma que ya están en lo que llamáis la muerte, si debemos
usar este término. Esas partes ya han muerto.
El proceso de morir, eso que Ilamaremos transición hacia una conciencia superior, se puede considerar
un proceso en el campo energético. Lo describiremos ahora para ayudarte a entender el proceso de la
muerte desde el punto de vista aural. Es un lavado del campo, un despeje, una apertura de todos los
chakras. Cuando mueres, pasas a otra dimensión. Se produce la disolución de los tres chakras
inferiores. Se produce la disolución, y observa que decimos disolución, de los tres cuerpos inferiores.
Aquellos de entre vosotros que habéis visto cómo morían otras personas observasteis la calidad
opalescente de sus manos, sus rostros, sus epidermis. Mientras muere, el individuo es una madreperla
opalescente, y las hermosas nubes opalescentes se dispersan. Esas nuebes son los cuerpos
energéticos inferiores que sirven para mantener unido al cuerpo físico. Se están desintegrando. Son
barridas y los chakras se abren y salen cordones de energía. Los chakras superiores son grandes
agujeros abiertos a otras dimensiones. Por tanto, es en las fases iniciales de la muerte cuando el campo
energético empieza a separarse. Las partes bajas del campo energético se separan de las altas. Y
entonces, durante tres horas más o menos alrededor de la hora de la muerte, se produce un lavado del
cuerpo, un bautismo, un bautismo espiritual del cuerpo donde se vacía la energía como una fuente,
ascendiendo por la corriente de fuerza vertical principal. A través de ella brilla una fuente de luz dorada
y todos los bloques se limpian. Y el aura se torna oro blanco. ¿Cómo experimenta esto, en términos de
memoria, el individuo que agoniza? Ya lo has oído. Una persona ve toda su vida lavada por esos
bloques. Bien, ahí lo tienes. Hay un fenómeno de campo energético concomitante con el lavado del
aura. Se dejan ir todos los bloques. Se desbloquean todas las experiencias olvidadas de esa vida.
Todas fluyen a través de la conciencia. Así, toda la historia de esa vida fluye a través de la conciencia, y
cuando la persona se va, también se marcha la conciencia. Es la disolución de muchos de los muros
que se erigieron para el proceso de transformación de esta vida particular. Es una integración tremenda.
Con la disolución de las paredes del olvido en tu interior recuerdas quién eres en realidad. Te integras
con tu yo superior y sientes la ligereza y la inmensidad de éste. Así, la muerte, en contra de la opinión
popular, es una experiencia absolutamente maravillosa. Muchos habéis leído descripciones de personas
declaradas clínicamente muertas que han vuelto a la vida. Todas hablan de un túnel al final del cual
brilla una potente luz. Hablan del encuentro con un ser maravilloso al final de dicho túnel. En su mayoría
revelan que decidieron volver al mundo físico a completar su aprendizaje, pese a la belleza del lugar al
que fueron. Ya no temen a la muerte, sino que la esperan como una gran liberación hacia la serenidad.
Por tanto, es tu muro el que te separa de esta verdad: lo que llamas muerte es, en realidad, transición a
la luz. La muerte que imaginas que vas a experimentar la puedes encontrar dentro de tu muro. Cada vez
que te separas de ti misma en cualquier forma, mueres una pequeña muerte. Cada vez que bloqueas el
flujo de tu maravillosa fuerza vital, creas una pequeña muerte. Por tanto, cuando recuerdas aquellas
partes separadas de tu ser y las reintegras a ti misma, ya has muerto. Vuelves a la vida. A medida que
expandes tu conciencia, se disuelve el muro entre ti y el mundo, entre la realidad espiritual y la física.
Así se disuelve la muerte, liberando el muro de la ilusión cuando estás lista para avanzar. Y se redefine
con mayor claridad quién eres. Sigues siendo tu yo individual; cuando abandones tu cuerpo, mantendrás
la esencia del yo. Puedes sentir esa esencia del yo en las meditaciones futuro/pasado que se ofrecen en
el capítulo 27 (Autocuración). Tu cuerpo físico muere, pero tú te trasladas a otro plano de la realidad.
Mantienes la esencia del yo más allá del cuerpo, más allá de la encarnación. Y cuando abandones tu
cuerpo, es posible que te sientas como si fueras un punto de luz dorada, pero te seguirás siendo tú
misma».
 
Revisión del capítulo 8
 
1. ¿Cuándo se hace cargo el alma de un cuerpo?
2. ¿Cuál es la importancia del momento de nacer con respecto al CEH?
3. ¿Cuáles son las dos diferencias principales entre los chakras de un niño pequeño y los de un adulto?
4. ¿Qué tiene que ver el aura con el desarrollo de la infancia?
5. ¿Por qué, en relación con el aura, grita de dolor el niño cuando alguien le quita algo de las manos?
6. ¿Por qué le gusta al niño sentarse dentro del aura de un adulto?
7. ¿Qué avances principales se producen en el aura durante las siguientes fases del desarrollo: antes
de nacer, al nacer, en la lactancia, en la primera infancia, en el estado latente, en la pubertad, en la
madurez, en la mediana edad, en la edad avanzada, en la muerte?
8.  ¿A qué edad se completa el proceso de encarnación?
9. Describa la experiencia de la muerte según la han presenciado los observadores de la EPS.
 
Alimento para la mente
 
10. Comente la relación del CEH con el espacio personal de un individuo.
11. Comente la relación de los límites personales con el CEH.

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