TERCERA PARTE
LA PSICODINÁMICA Y EL CAMPO ENERGÉTICO HUMANO
"La luz dorada de la llama de una vela se alza
sobre el trono de oscura luz que produce su pabilo.
ZOHAR
LA EXPERIENCIA TERAPÉUTICA
La primera vez que, siendo ya adulta, volví a ver auras conscientemente fue en el entorno terapéutico.
Un entorno en el que no sólo se me «permitía» observar de cerca a las personas, sino que además se
me alentaba a hacerlo. Durante mis largas horas de práctica tuve ocasión de observar la dinámica de |
mucha gente. Era un auténtico privilegio, pues la ética social ordinaria establece límites bien definidos
para tal comportamiento. Estoy segura de que todos hemos pasado por la experiencia de sentirnos
atraídos, en un autobús o en una cafetería, por alguna persona desconocida que, al percibir que la
estamos observando, nos lanza una mirada cuyo significado no ofrece dudas: «Será mejor que deje de
mirarme», nos dice. Pues bien, en primer lugar, ¿cómo se dio cuenta de que la estábamos mirando? El |
campo energético se lo advirtió. En segundo lugar, ¿por qué nos indicó que dejáramos de hacerlo? La
gente se pone muy nerviosa cuando se siente observada. A la mayoría no nos gusta que los demás
conozcan nuestra dinámica personal. Casi todos nos sentimos avergonzados de lo que otro ser humano
pueda ver si nos mira atentamente. Todos tenemos problemas y tratamos de ocultar, por lo menos,
algunos de ellos. En esta sección voy a describir cómo se manifiestan en el aura nuestras experiencias |
personales, relacionándolo con la psicoterapia corporal y la estructura de carácter que define la
bioenergética. Pero comencemos por la psicoterapia en su base, en el desarrollo infantil.
Los estudios sobre el crecimiento y el desarrollo humanos son muy numerosos. Erik Erikson goza de merecida
fama por sus descripciones de las fases de crecimiento y desarrollo en relación con la edad. Estas fases se
| han incorporado a nuestro lenguaje cotidiano: fase oral, adolescencia, pubertad, etc. En ninguno de estos |
estudios se menciona el aura, pues la mayoría de quienes trabajan en el campo de la psicología desconoce su
existencia. Sin embargo, la observación del aura proporciona una amplia información sobre la estructura
psicológica de un individuo y su proceso de crecimiento personal. Lo que se desarrolla en el aura en cualquier
fase del crecimiento guarda una íntima relación con el desarrollo psicológico en dicha fase. De hecho, cuando
se contempla desde el punto de vista del aura, se puede considerar ese desarrollo como el resultado natural de |
lo que está sucediendo en los campos aurales. Veamos cuál es el desarrollo normal de nuestro campo energé-
tico a lo largo de nuestra vida, desde el nacimiento hasta la muerte.
Capítulo 8
CRECIMIENTO Y DESARROLLO HUMANO EN EL AURA
Para. cubrir el campo de la experiencia humana desde el nacimiento hasta la muerte y más allá de
éste recurriré tanto a la tradición psicológica como a la metafísica. Si la metafísica no es del agrado
del lector, le ruego que la tome como una metáfora.
Encarnación
El proceso de encarnación dura toda la vida. No es algo que suceda al nacer y concluya en ese
momento. Es necesario recurrir a términos metafísicos para describirlo. La encarnación es el
movimiento del alma orgánica por el cual se irradian continuamente en dirección descendente
vibraciones o aspectos espirituales más elevados y tenues a través de los cuerpos aurales más
delgados hasta llegar a los más densos y, en último término, al cuerpo físico. Estas energías sucesivas
son utilizadas por el individuo, durante toda su vida, para crecer.
Cada fase importante de la vida se corresponde con nuevas y más altas vibraciones y con la activación
de diferentes chakras. En cada fase, por tanto, la personalidad dispone de una energía y una
conciencia nuevas para expandirse. Cada fase ofrece nuevas áreas de experiencia y aprendizaje.
Desde este punto de vista, la vida está llena de descubrimientos y retos estimulantes para el alma.
El proceso de encarnación está dirigido por el yo superior. Esta patita vital está contenida en la
séptima capa del aura, el nivel del patrón cetérico. Se trata de un patrón que cambia constantemente a
medida que el individuo realiza elecciones espontáneas en su proceso vital y de crecimiento. Al crecer,
el individuo amplía su capacidad de sustentar niveles más altos de vibraciones/energías/conciencia
hacia y a través de sus vehículos, sus cuerpos aurales y sus chakras. De este modo se beneficia de
realidades cada vez más extensas a medida que avanza por el sendero de la vida. Con el progreso de
cada individuo progresa toda la humanidad. En general, cada nueva generación es capaz de soportar
vibraciones más altas que la precedente, de manera que la humanidad toda se desplaza en su plano
evolutivo hacia vibraciones más altas y realidades expandidas. Muchos textos religiosos, como la
Cábala, el Bhagavad Gita o los Upanishads, mencionan este principio de la progresión de la raza
humana.
El proceso de encarnación anterior a la concepción ha sido expuesto por Madame Blavatsky y, más
recientemente, por Alice Bailey, Phoebe Bendit y Eva Pierrakos. Según esta última, el alma que se va
a encarnar se reúne con sus guías espirituales para planificar la vida futura. En esta reunión, el alma y
sus guías estudian las tareas que necesita la primera para lograr el crecimiento, el karma que debe
encontrar para asociarse y los sistemas de creencias negativas que requiere para pasar por la
experiencia. Este trabajo vital se conoce generalmente como la tarea personal.
Así, por ejemplo, una persona tal vez necesite desarrollar la capacidad de liderazgo. Al entrar en la
vida material, esa persona se encontrará en situaciones en las que el liderazgo será una cuestión
clave. Las circunstancias serán totalmente distintas para cada cual, pero la atención se centrará en el
liderazgo. Un individuo puede haber nacido en el seno de una familia con una rica herencia de
liderazgo (por ejemplo, una larga sucesión de directores de empresa o de líderes políticos), mientras
que otro quizá haya nacido en una familia en la que no hay liderazgo y en la que se considera a los
líderes como autoridades negativas que deben ser derrotadas o contra las que hay que rebelarse. La
tarea de la persona consiste en aprender a aceptar la cuestión de forma equilibrada y cómoda.
Según Eva Pierrakos, la cantidad de asesoramiento que recibe un alma de sus guías en la
determinación de las circunstancias de su vida futura depende de su madurez. Se eligen padres que
aporten las experiencias ambiental y física necesarias. Estas elecciones determinan la mezcla de
energías que fipalmente formará el vehículo físico en el que se encarnará el alma para realizar su
tarea. Tales energías son muy precisas y equipan el alma con lo que necesita exactamente para dicha
tarea. El alma se ocupa a la vez de una tarea personal de aprendizaje individual (como el liderazgo) y
de una «tarea en el mundo» que implica un don para la vida en sociedad. El diseño es tan exclusivo
que al cumplir la tarea personal se encuentra uno preparado para hacer lo propio con la tarea en el
mundo. La tarea personal libera el alma dejando escapar las energías que se emplean para la tarea en
el mundo.
En el ejemplo mencionado anteriormente sobre el liderazgo, el individuo tendrá que aprender esa
cualidad o habilidad antes de asumir el papel de líder en el campo de trabajo que haya elegido. Tal vez
se haya sentido intimidado por una larga sucesión de antepasados que fueron brillantes líderes o se
haya enfrentado a su herencia con plena inspiración para avanzar en su propio liderazgo. Cada caso
es distinto y muy personal, de acuerdo con la exclusividad del alma que haya emprendido el
aprendizaje.
El plan vital contiene muchas realidades probables, lo que permite la libre elección entre numerosas
opciones. Entretejida en este entramado vital está la acción de causa y efecto. Creamos nuestra propia
realidad. Esta creación surge de muy distintas partes de nuestro ser. La creación no siempre es fácil
de comprender desde un sencillo nivel de causa y efecto, aunque desde este punto de vista se puede
entender gran parte de nuestra experiencia. Uno crea, literalmente, lo que desea. La conciencia, la
inconsciencia, la superconciencia y la conciencia colectiva contienen los deseos individuales. Todas
las fuerzas creativas se mezclan para crear experiencia en numerosos niveles de nuestro ser a medida
que avanzamos por la vida. Para mí, lo que denominamos karma es causa y efecto a largo plazo,
también desde muchos niveles distintos de nuestro ser. Por tanto, creamos desde la fuente personal y
grupal y, naturalmente, hay grupos pequeños dentro de otros más grandes, todos ellos sumándose
para producir el gran tejido de la experiencia vital creativa. Desde este punto de vista es fácil
contemplar la riqueza vital con el espíritu maravillado de un niño.
Después de la «planificación», el alma entra en un proceso en el que pierde poco a poco la conciencia
del mundo espiritual. En el momento de la concepción se crea una relación energética entre el alma y
el óvulo fertilizado. En este instante se forma, además, una matriz etérea que protege al alma de
cualquier influencia que no sea la de la madre. A medida que el cuerpo crece dentro del vientre
materno el alma empieza a sentir lentamente su «arrastre» y se va conectando de forma consciente y
paulatina con el cuerpo. En un momento determinado, el alma cobra súbita conciencia de esta co-
nexión; se produce un poderoso destello de energía consciente que desciende hasta el cuerpo en
formación. Entonces el alma vuelve a perder su conciencia, para despertar de nuevo, poco a poco, al
mundo físico. Este poderoso destello de conciencia corresponde al momento en que el feto empieza a
dar señales de vida.
Nacimiento
El nacimiento se produce en un momento único para el alma que llega. En este punto, el alma pierde
su útero etéreo protector y queda sujeto por primera vez a las influencias de su entorno. 'También por
primera vez, se encuentra sola en el mar de energía que nos rodea. Es tocada por ese campo. Los
campos más grandes y fuertes de los cuerpos celestes influyen además, por primera vez, sobre el
nuevo campo energético, que se suma al mayor y lo enriquece. Es como si se hiciera sonar otra nota
añadiéndola a la sinfonía de la vida ya existente.
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