Manos que curan 6

© 1987, Barbara Ann Brennan

Manos que curan   Hágase la luz
 
 
Vibración y energía
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cap. 1 Cap. 2 Cap. 3 Cap. 4 Cap. 5 Cap. 6 Cap. 7 Cap. 8 Cap. 9

 

EL CAMPO ENERGÉTICO UNIVERSAL
 
Cuando, siendo ya adulta, empecé a ver de nuevo los campos energéticos vitales, me sentí escéptica y
confusa. Todavía me era desconocida la literatura al respecto (a la que me he referido en los dos
capítulos anteriores) y no había recibido ninguna de las guías que cito en el capítulo 3. Desde luego,
como científica conocía los campos energéticos, pero eran impersonales y estaban definidos por
fórmulas matemáticas. ¿Estaban ahí realmente? ¿Tenían algún significado? ¿Estaba creando mis
propias experiencias? ¿Se trataba de un deseo, o estaba experimentando otra dimensión de la realidad
con un significado y un orden, que suponía una gran ayuda para entender mis circunstancias vitales y,
en realidad, la vida en su conjunto?
Anteriormente había leído cosas acerca de milagros, pero todos les habían sucedido en el pasado a
personas desconocidas para mí. Muchos de ellos parecían bulos y fantasías. La parte de mi ser como
profesional de la física me exigía observación y control para demostrar estos fenómenos «reales o
irreales». Por tanto, empecé a acumular datos, es decir, experiencias personales, para ver si encajaban
en alguna forma o algún sistema lógico, como sucede con los fenómenos del mundo físico. Creía, como
Einstein, que «Dios no juega a los dados con el universo».
Comprobé que los fenómenos que observaba se parecían mucho al mundo con el que estaba
familiarizada: bien ordenados en forma, figura y color, además de claramente basados en la relación
causa-efecto. Pero siempre había un poco más, siempre quedaba algo desconocido, inexplicable,
misterioso. Llegué a comprender lo aburrida que sería la vida sin el misterio de lo desconocido flotando
siempre ante nosotros a medida que avanzamos a través de... ¿qué? ¿Tiempo y espacio? Así es como
solía pensar. Ahora veo que avanzamos a través de las experiencias personales de la «realidad» -
pensar, sentir, palpar, ser, fundirse, individualizarse- sólo para sumirnos de nuevo en una danza infinita
de transformaciones a medida que el alma se forma, crece y avanza hacia Dios.
Mis observaciones guardaban estrecha relación con los numerosos libros esotéricos escritos sobre el
tema del aura y los campos energéticos. Los colores mantenían una correlación, al igual que lo hacían
los movimientos, las figuras y las formas. Solía hacer la mayor parte de mis lecturas después de realizar
las observaciones, como si aquella mano invisible se asegurara de que siempre experimentaba un
fenómeno antes de leer acerca de él, de forma que no me fuera posible proyectar cualquier imagen
mental que pudiera haberme formado con la lectura. Ahora creo firmemente en esta experiencia de guía
que se desplaza a través de mi vida penetrando por completo en todo mi ser como una canción, que
incluso me lleva a nuevas experiencias, nuevas lecciones, a medida que crezco y me desarrollo como
ser humano.
 
El ejercicio de «ver» los campos energético-vitales universales
 
La forma más sencilla de empezar a observar el campo energético universal consiste, simplemente, en
relajarse tendido de espaldas sobre la hierba en un agradable día soleado y dejar que la mirada vague
por el cielo. Poco tiempo después podremos observar unos glóbulos diminutos de orgón que forman
dibujos garabateados sobre el fondo azul celeste. Parecen diminutas bolas blancas, en ocasiones con
una mancha negra, que aparecen durante un par de segundos, dejan una ligera estela y desaparecen
de nuevo. Continuando con la observación y ampliando la visión, se empieza a ver que todo el campo
late con un ritmo sincronizado. Si el día es soleado, las diminutas bolas de energía serán brillantes y se
moverán con rapidez. Si está nublado, resultarán más traslúcidas, su movimiento será más lento y su
número menor. En una ciudad con el cielo contaminado por los humos se verán en menor número,
oscuras y con movimientos muy lentos; están poco cargadas. Donde observé los glóbulos más
abundantes y brillantemente cargados fue en los Alpes suizos, donde son frecuentes los días soleados y
la nieve lo cubre todo en densas capas. Parece que es la luz solar la que carga los glóbulos.
Desviemos ahora la vista a los bordes de las copas de árboles silueteadas sobre el cielo azul. Se puede
ver una neblina verde que las rodea. Curiosamente, se puede observar también que la neblina no
contiene glóbulos. Sin embargo, si se mira más atentamente se pueden ver, en el borde de la neblina
verde, glóbulos que cambian su dibujo garabateado y penetran en el aura del árbol, donde desaparecen.

Aparentemente los absorbe el aura. El verde alrededor de los árboles aparece en la fase de nacimiento
de las hojas, en primavera y verano. A principios de la primavera, el aura de la mayoría de los árboles
tiene un matiz rosa rojizo, similar al color de sus yemas.
Si observamos atentamente una planta doméstica veremos un fenómeno similar. Sitúe el lector la planta
bajo una luz brillante con un fondo oscuro detrás. Verá cómo las líneas de color verde azulado destellan
hacia arriba, a lo largo de las hojas, siguiendo la dirección del crecimiento. Emitirán un repentino
destello; luego, el color se desvanecerá lentamente para destellar de nuevo, quizá en el lado opuesto de
la planta. Estas líneas reaccionarán con la mano, o con un trozo de cristal, si se aproxima al aura de la
planta. A medida que se aleja el cristal de la planta, veremos que el aura de ésta y la de aquél se estiran
para no perder el contacto. Se estiran como el caramelo. (Véase figura 6-1.)
 
Figura 6-1: Efecto del lapislázuli sobre el aura de la planta
planta 

En cierta ocasión intenté ver el efecto de hoja fantasma del que tanto se habla en la fotografía de Kirlian.
Empleando estos métodos fotográficos ha sido posible registrar la imagen de una hoja completa después de
cortarle la mitad. En aquel caso observé el aura de la hoja. Era de un sencillo color azul aguamarina. Cuando
corté la hoja, el aura de toda ella se tornó marrón sanguinolento. Lamenté haberla cortado y me disculpé con
la planta. Cuando se restableció el color aguamarina, un par de minutos más tarde, mostró señales definidas
de la parte que faltaba, pero no con tanta claridad como lo había visto en las fotografías de Kirlian. (Véase
figura 6-2.)
También los objetos inanimados tienen aura. La mayoría de los efectos personales se empapan de la ener-
gía de su propietario y la irradian. Las piedras preciosas y los cristales muestran interesantes auras que se
pueden emplear en la curación, con muchos y complicados dibujos formando capas. Por ejemplo, la amatista
tiene un aura dorada con rayos de esa misma tonalidad que saltan de sus puntas cortadas en facetas
naturales.


 
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Características del campo energético universal (CEU)

Como se ha dicho en el capítulo 5, el CEU ha sido conocido y observado a lo largo de los siglos. Se ha
estudiado hasta en las épocas más remotas de la historia. Cada cultura ha dado un nombre distinto al
fenómeno del campo energético y lo ha considerado desde su punto de vista particular. En la
descripción de sus observaciones, cada una de estas culturas encontró propiedades básicas similares
en el CEU. Con el avance de los tiempos y el desarrollo del método científico, la cultura occidental
empezó a investigarlo con mayor rigor.
Conforme la técnica de nuestros equipos científicos se hace más compleja vamos siendo más capaces
de medir las cualidades más refinadas del CEU. Podemos dar por supuesto, a partir de estas
investigaciones, que la composición del CEU es urca energía no definida previamente por la ciencia
occidental, o quizá una materia de sustancia más fina de lo que en general considerábamos que estaba
formada la materia. Si definimos ésta como energía condensada, el CEU puede existir entre los reinos
que actualmente se consideran de la materia y de la energía. Como hemos visto, algunos científicos
denominan bioplasma al fenómeno del CEU.
Los doctores John White y Stanley Krippner han descrito numerosas propiedades del campo energético
universal: el CEU empapa todos los objetos, animados e inanimados, del espacio y los conecta entre sí;
fluye de un objeto a otro y su densidad varía en relación inversa a la distancia desde su fuente. Sigue,
además, las leyes de la inductancia armónica y la resonancia simpática (el fenómeno que se produce
cuando se golpea un diapasón y otro situado cerca empieza a vibrar a la misma frecuencia, produciendo
idéntico sonido).
Las observaciones visuales revelan que el campo está muy organizado en una serie de puntos
geométricos, puntos de luz pulsantes aislados, espirales, tramas de líneas, chispas y nubes. El campo
palpita y se puede detectar mediante el tacto, el gusto y el olfato y su sonido y luminosidad son
perceptibles para los sentidos superiores.
Los investigadores de este campo afirman que el CEU es básicamente sinérgico, lo que indica una
acción simultánea de distintos medios que en conjunto tienen un efecto total más elevado que la suma
de sus efectos individuales. Este campo es lo opuesto de la entropía, término utilizado para describir el
fenómeno de la lenta degradación que observamos corrientemente en la realidad física, el
derrumbamiento de la forma y el orden. El CEM tiene un efecto organizador sobre la materia, y crea
formas. Parece existir en más de tres dimensiones. Cualquier cambio en el mundo material va precedido
por una modificación en este campo. El CEU está asociado siempre con alguna forma de conciencia,
que va desde la extraordinariamente desarrollada hasta la muy primitiva. La conciencia muy
desarrollada está asociada con «vibraciones» y niveles energéticos más altos.
Vemos, pues, que el CEU no es, en cierto modo, tan distinto de todo lo demás que conocemos en la
naturaleza. Sin embargo, debemos esforzar nuestras mentes para entender algunas de las propiedades
que posee. A determinados niveles es una cosa «normal», algo así como la sal o la piedra; tiene
propiedades que podemos definir empleando métodos científicos normales. Por otra parte, si seguimos

sondeando más a fondo en su naturaleza, se escapa de las explicaciones científicas ordinarias. Se hace
escurridizo. Cuando creemos que «lo hemos puesto en su sitio», junto con la electricidad y otros
fenómenos no tan inusuales, se desliza de nuevo entre los dedos y nos obliga a preguntarnos: «¿Qué
es realmente? No obstante, también podríamos preguntarnos: ¿qué es la electricidad?».
El CEUexiste en más de tres dimensiones. ¿Qué quiere decir esto? Que es sinérgico y crea formas, lo
que significa que va contra la segunda ley de la termodinámica, referida al crecimiento continuo de la
entropía; según dicha ley, el desorden en el universo crece siempre y no es posible extraer más energía
de algo que la que se haya depositado en ese algo. Siempre se obtiene un poco menos de la que se puso.
(Jamás se ha logrado construir una máquina de movimiento perpetuo.) No es éste el caso con el CEU.
Parece que continúa siempre creando más energía. Como el cuerno de la abundancia, se mantiene
eternamente lleno, por mucho que se tome de él. Estos son conceptos asombrosos que nos ofrecen una
visión muy esperanzadora del futuro frente al riesgo de hundirnos en el pesimismo de la era nuclear.
Quizá algún día podamos construir una máquina capaz de conectarse con la energía del CEU, lo que nos
permitiría disponer de toda la que necesitamos sin la amenaza de causarnos daños a nosotros mismos.
 
Revisión del capítulo 6
 
1. ¿Qué es un aura?
2. ¿Tiene aura una moneda?
3. ¿Qué es lo que no tiene aura?  
4. Describa el CEU.

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