|
METAFORA DE HEYOAN SOBRE LA REALIDAD
El cono de percepción
En el último capítulo hemos descrito la apertura de la percepción del lector a niveles más altos de realidad me-
diante el aumento de la velocidad de vibración de su campo aural. Esta idea se basa en el concepto de un uni-
verso multidimensional compuesto por niveles de velocidades vibratorias existentes en el mismo espacio.
Cuanto más avanzado o refinado sea el nivel de realidad, más elevada será la velocidad vibratoria. Me gustaría
comentar ahora este universo multidireccional en términos de niveles de percepción.
Heyoan dice que cada persona tiene un cono de percepción a través del cual percibe la realidad. Podemos
recurrir a la metáfora de la frecuencia para explicar este concepto, que equivale a decir que cada uno de noso-
tros es capaz de percibir dentro de determinada gama de frecuencias.
Como seres humanos tenemos tendencia a definir la realidad según lo que podemos percibir. Esta percepción
no sólo incluye la normal actividad sensorial del ser humano, sino también las ampliaciones de dichas
percepciones a través de los instrumentos que hemos construido, como el microscopio y el telescopio. Acep-
tamos como real todo lo que entra en nuestro cono perceptivo, y como irreal todo lo que está fuera de dicho
cono. Si no podemos percibirlo es que no existe.
Cada vez que construimos un nuevo instrumento aumentamos nuestro cono de percepción, percibimos más
cosas que, por tanto, se convierten en reales. Lo mismo sucede con la elevada percepción sensorial, pero los
instrumentos en este caso son nuestro propio cuerpo y nuestro sistema energético. Como a través de la
elevada percepción sensorial percibimos más cosas, son más las que se convierten en reales para
nosotros.
He intentado dibujar un gráfico utilizando la familiar curva en campana para ayudar a describir este fenómeno
(figura 20-1A). El eje vertical muestra la claridad de percepción, y el horizontal presenta la gama de frecuencia
de la misma. La curva acampanada que aparece en el centro del gráfico se puede utilizar para representar la
gama normal de percepción de un ser humano, un grupo de seres humanos o, llegado el caso, la humanidad
entera. La mayoría de nosotros tenemos percepciones claras, como lo expresan las líneas de puntos. Fuera de
éstas, nuestra claridad es tan baja que tendemos a no hacer caso de lo que percibimos. Sin embargo, si
aceptamos todo lo que nos llega, entonces el espacio situado debajo de la curva acampanada define también
lo que denominamos universo real. La línea discontinua muestra el aumento de la percepción que nos dan los
instrumentos. Nosotros, o por lo menos la mayoría, lo aceptamos también como realidad.
Veamos todo ello desde el punto de vista del Brahman y el Maya de la tradición budista. El Maya es el mundo
manifiesto, que, según el budismo, es ilusión. El Brahman es la realidad básica que se sitúa por debajo del
Maya y apoya lo que es manifiesto. No debe confundirse con el brahmín, la clase sacerdotal educada del
sistema de castas hindú. En el budismo se practica la meditación para llegar más allá de la ilusión del Maya,
que abarca todo dolor, y convertirse en Brahman o ilustrado. Aquí aparece una concepción muy similar a la del
cono de percepción. La figura 20-1 B muestra de nuevo el cono de percepción, interpretado esta vez desde los
puntos de vista del Brahman y el Maya.
Figura 20-1: Nuestro cono perceptivo
A. Representación gráfica de nuestro cono perceptivo


El mundo manifiesto del Maya queda dentro de nuestro cono de percepción, mientras que el mundo no ma-
ifiesto del Brahman se queda fuera de él. El orden no desplegado explícito del físico David Bohm (véase el
capitulo 4) queda dentro de nuestro cono de percepción, mientras que su orden plegado implícito queda
fuera de dicho cono de percepción.
La figura 20-2A muestra el efecto que tiene la elevada percepción sensorial. A aquello que solemos llamar
irreal e inexistente lo he denominado realidad espiritual. A medida que aumentamos nuestra gama de
percepción a niveles de vibración más altos, más cobra realidad para nosotros el mundo espiritual (no físico).
Cuanto más usamos nuestra EPS, más capaces somos de percibir (lo que hace que el mundo espiritual sea
más accesible para nosotros), más capaces somos de salir de la ilusión y de entrar en el Brahman o
iluminación. Desde este punto de vista, la línea de la curva acampanada se convierte en un velo entre los
mundos espiritual y material. Heyoan dice que curar, en último término, es disolver el velo entre los mundos
espiritual y material.
Otra cuestión muy importante es que, como quiera que nuestras autodefiniciones se basan en lo que defi-
nimos como real, al ampliarse nuestra realidad también lo hacemos nosotros. La figura 20-2B muestra, una
vez más, la curva acampanada, pero ahora la expreso en términos, de autodefinición. La autodefinición que
tenemos dentro de la curva es limitada: quiénes creemos que somos basándonos en una visión limitada de
la realidad. Fuera de ella, nuestra autodefinición no tiene límites, en último término se refiere a Dios. La línea
de la curva se convierte en el velo entre quienes pensamos que somos y quienes somos en realidad. Heyoan
ha dicho repetidamente que estos dos velos (entre los mundos espiritual v material y entre quienes
pensamos que somos y quienes somos en realidad) son los mismos. También es el mismo el velo que
separa lo que denominamos vida y muerte. Cuando sabemos que somos espirituales, no dejamos de vivir en
la muerte; más bien, abandonamos nuestro cuerpo físico, el vehículo que nosotros, en cuanto espíritus,
hicimos para poder encarnar inicialmente. Al presenciar la muerte de una persona, he sido testigo (con mi
EPS) de la salida de su espíritu del cuerpo del muerto para unirse a otros espíritus presentes en la
habitación. Al morir, el velo se disuelve y volvemos a quienes somos en realidad
El mundo manifiesto
Hace algún tiempo, durante una sesión de lectura, Heyoan me condujo a través de una experiencia que
explicaba el concepto de manifestación. He aquí la transcripción de la grabación que hice.
Heyoan: «¿Y qué es entonces la manifestación? Se relaciona con la capacidad para detectar lo que ha sido
manifestado. Esa capacidad se relaciona a su vez con el Uno y se refiere a la individualización de cada
persona y al punto donde se encuentra su ventana sensora. Lo que se percibe dentro de la ventana sensora
es lo que has definido como mundo manifiesto. Por ejemplo, cuando empiezas a oír nuestra voz, puedes
experimentar en mayor medida el mundo manifiesto. Parece como si el mundo ufera menos sólido, o más
sutil, pero sigue siendo manifiesto. Su aspecto delicado tiene más que ver con tu capacidad para detectar
frecuencias más altas que con el hecho de que dichas frecuencias más altas tengan una cualidad de
delgadez. Esta limitación en tu forma de sentir, que hace que las realidades más elevadas parezcan más
delgadas, también te produce la impresión de que las frecuencias más altas parezcan desvanecerse
volviendo a lo no manifiesto. No es así, sin embargo».
Barbara: «Entonces, lo que estoy viendo es esta gama completa de sensaciones dentro de lo que llamamos
manifiesto. Es simplemente un conjunto de sensaciones, cuando lo denominas manifiesto. Y a medida que
esta gama se eleva y ensancha, o (utilizando una analogía) cuanto más aumenta el ángulo de visión o se
amplía más nuestra experiencia, entonces podemos sentir más lo que llamamos el mundo no manifiesto...
¡Oh! Funciona en ambos sentidos, de manera que el resultado es idéntico cuando se amplían las vibraciones
más bajas».
Heyoan: «Por una u otra razón, la humanidad ha decidido considerar o describir las bajas vibraciones como
negatividad, oscuridad, formas desagradables. Es una manera de hacerlo, aunque se basa simplemente en
la naturaleza dualista del ser humano y de su mecanismo perceptor. Éste forma parte del sistema sensor,
que considera negativas las vibraciones más bajas».
Barbara: «¿Qué puede decirse de toda la larga escala de la evolución humana?».
Heyoan: «En términos de evolución, deberíamos hablar simplemente de la capacidad para ampliar la ven-
tana sensora. Se podría decir que la realidad concreta queda comprendida dentro de la parte más amplia de
la curva acampanada de tu percepción. La gente tiende a no creer en sus propias percepciones cuando se
supera una desviación estándar, o la parte máxima de la curva acampanada. A medida que la humanidad
progresa a lo largo de su camino de evolución, la curva acampanada de su percepción se va ensanchando
más y más (véase la figura 20-1). La curva acampanada de la percepción debe ser considerada como una
curva que muestra las limitaciones de la mente humana en este momento de su evolución. Deberíamos
tratar de tener la gama completa de percepción de la mente humana funcionando en la cresta de la curva
acampanada en todas las frecuencias de percepción, a fin de que la realidad expandida se haga tan
concreta como, por ejemplo, esa grabadora magnetofónica que tienes en la mano. La curva acampanada de
la percepción se ampliaría entonces hacia su cresta hasta hacerse plana. Cuando se alcanza el todo, lo
manifiesto y lo no manifiesto se hacen uno.
Otro modo de decirlo es: a medida que amplías tu cono de percepción, nuestro mundo se te hace cada vez.
más manifiesto y entonces te relacionas con él como parte del mundo manifiesto. Así, mientras sigues
ampliando tu percepción a través de tu evolución personal, cada vez se te manifiesta en mayor medida el
universo y te acercas a la unidad universal. En cierto sentido, regresas a casa.
Figura 20-2: Definición de los límites de nuestro cono perceptivo
A. Cono de percepción aumentado por la elevada percepción sensorial

B. Cono de percepción limitado por la definición de la realidad personal
Mediante la expansión de la realidad percibida, el ser humano podría elegir, y elige de hecho, cuál es la
frecuencia que se percibe e incluso existe en el universo manifiesto. Es una herramienta para entender el
orden implícito. Este proceso es, podríamos decir, el juego de la vida. Cuando el orden implícito y el
explícito se hacen uno, gracias a la ampliación de la percepción en el ser humano, se alcanza el estado de
iluminación.
Empleemos, a título de ejemplo, la siguiente analogía: un dibujo con tiza blanca sobre una pizarra del mis-
mo color podría ser como lo no manifiesto. Una pizarra negra con tiza blanca sería como lo no manifiesto
fragmentándose por primera vez en dualismo. Una pizarra de color crema con tizas de colores podría ser
como el universo multidimensional. Podrían considerarse como pasos en el proceso evolucionista de la
percepción del ser humano, o sobre quién eres, o del Dios/Diosa que hay dentro del yo perceptor. Así, a
medida que alcanzamos dimensiones más amplias de la realidad, los colores se hacen más definidos y
dimensionales.
A eso se refiere esta digresión: a la enseñanza de una nueva percepción para el género humano, la
elevada percepción sensorial. Tu visión interna te permite elegir hacia dónde mirar, a qué tamaño y a qué
banda de frecuencia. ¿Quieres mirar a la manifestación física, o lo que tú llamas la realidad física? ¿O
prefieres mirar al nivel etéreo bajo, o al emocional, o hasta el etéreo alto, o incluso a los niveles noveno u
octavo del aura? ¿Dónde deseas situar tu percepción? También decides sobre la resolución. ¿Eliges mirar
a un microorganismo, o prefieres un macroorganismo? El Dios manifiesto decide manifestarse únicamente
a través de la percepción, es decir, elige la parte de la cara oscura donde se manifestará por medio de
percepciones. Hay seres entre vosotros que no pueden veros y a los que no podéis ver. Han decidido vivir
en una ventana de percepción distinta. ¿Lo entiendes, querida?».
Barbara: «No, me estoy cansando. Esta conversación resulta demasiado lineal».
Heyoan: «Ello es debido a que, una vez más, estamos oprimiendo la información dentro de tu estrecho
margen de percepción. Deja que tu percepción se expanda mientras te conducimos a otro reino de luz.
Conforme vayas entrando en esta habitación, verás la luminosidad, sentirás la alegría...».
Así me condujo a lo que parecían ser reinos cada vez más altos. Cada uno exhibía más magnificencia que
el anterior. Cada uno era más difícil de percibir. Cada uno se hacía aparentemente más leve y menos
formado. Mi guía Heyoan me conducía.
Al llegar a lo más alto que pude percibir, Heyoan dijo: «Y aquí estamos ante la puerta del Sagrado entre
los Sagrados, donde todo ser humano suspira por entrar».
Pude ver mis vidas anteriores que flotaban por debajo de mí como el aroma del jazmín arrastrado por el
viento en el aire nocturno. Conforme pasaba cada una, sentía el impulso de mirar atrás, a la realidad.
Cada vez que lo hacía, tenía la sensación de caer. Intenté mantenerme con un sentido del ser, más allá de
Barbara, más allá del tiempo, más allá de las vidas... Intenté pasar por la puerta del Sagrado entre los
Sagrados.
Heyoan: «No se trata de intentar llegar, sino de permitirse a uno mismo estar donde ya está. La cantidad
de espacio es enorme. Es un estado que se ubica más allá del tiempo y del espacio. No hay necesidad de
apresurarse. Eso es lo que el alma está pidiendo». Me encontré así atravesando una puerta entre las dos
garras de la Gran Esfinge. Vi ante mí a Heyoan sentado en un trono.
Heyoan: «Por tanto, querida, cuando hablas de curación debes saber que ésta abre la puerta de la percep-
ción y le permite a uno entrar en el Sagrado entre los Sagrados y ser uno con el Creador. No es nada más,
ni nada menos, que eso. Se trata de un proceso que fluye paso a paso en esa dirección. La iluminación es
la meta; la curación, un subproducto. Así, cada vez que un alma venga a ti para que la cures, debes saber
en lo más profundo de ti que eso es lo que el alma desea.
Recuerda que cuando alguien llega a ti para que le ayudes en su curación, sus palabras llegan a través de
la puerta de la percepción, que puede ser reducida o amplia. El dedo de un pie que duele, una enfermedad
que pone en peligro la vida o la búsqueda de la Verdad, cualquier cosa que te pidan llega a través de la
puerta de la percepción, pero lo que necesitan recibir es simplemente esto: la respuesta al anhelo del
alma. El alma dice: "Ayúdame a encontrar mi camino de vuelta a casa. Ayúdame a encontrar el camino
para llegar al Sagrado entre los Sagrados, a la paz de las edades, al viento que musita la verdad a través
de los siglos"».
En este punto de la meditación me estremecí y lloré de alegría. Heyoan me había dicho frecuentemente
que su nombre significaba «el viento que musita la verdad a través de los siglos». Ahora lo había
entendido. Por medio de la meditación, Heyoan me había hecho comprender que Heyoan y yo somos uno.
Podía sentir la sensación, con cada célula de mi cuerpo, de que yo era esa verdad.
Heyoan prosiguió: «Aquí estoy sentado, por tanto, yo, Heyoan, corona de joyas, cada una de las cuales es
una verdad, una verdad conocida. Por tanto, aquí existo, siempre he existido y siempre existiré; más allá
del tiempo y del espacio, más allá de la confusión; manifiesto y sin manifestar a un tiempo; conocido, pero
no conocido. Y así también os sentáis aquí cada uno de vosotros. Basta con desear conocer esto desde el
lugar en el que te encuentras, dentro de tu limitada capacidad de percepción».
Revisión del capítulo 20
1. Explicar el concepto de la ventana de percepción.
Alimento para la mente
2. Considerando la descripción de la realidad ofrecida aquí por Heyoan, describa el lector la relación entre su
muro interior de miedo (tal como se ha descrito en el capítulo 14, el muro situado entre quien piensa usted que
es y quien es en realidad), el velo entre los mundos espiritual y material y el velo entre la vida y la muerte.
3. ¿Qué es la muerte?
4. A juzgar por la última afirmación de Heyoan, ¿cuál es la relación entre su guía y usted? ¿En qué se
diferencia de su yo superior? ¿En su chispa divina?
VOLVER
|