Capítulo 15
DEL BLOQUE ENERGÉTICO A LA ENFERMEDAD FÍSICA
Dimensión de la energía y la conciencia
Observándonos a nosotros mismos desde una perspectiva más amplia que antes, podemos ver que somos
mucho más que cuerpos físicos. Estamos compuestos de capas superpuestas de energía y conciencia.
Podemos sentirlo interiormente. En este capítulo se ofrece una descripción gráfica y clara de nuestra
autoexperiencia con los sentimientos y pensamientos.
Nuestra chispa interna de divinidad existe en un plano de la realidad y la conciencia avanzada mucho más
elevado que el de nuestra conciencia cotidiana. Somos esta conciencia más elevada en la misma medida
en que somos nuestra conciencia cotidiana. Se puede explorar esta conciencia más elevada en la práctica.
Una vez que se ha encontrado, deja de constituir una sorpresa. Uno tiene la sensación de que lo ha
sabido siempre. Nuestra chispa divina tiene una sabiduría suprema; podemos utilizarla para que nos guíe
en nuestra vida cotidiana, nuestro crecimiento y nuestro desarrollo.
Como el aura es el medio a través del cual nuestros impulsos creativos se precipitan desde nuestras
realidades más elevadas a la realidad física, podemos utilizar el campo aural para enviar a nuestra
conciencia de vuelta hacia arriba (en vibración), a través de sus capas, hasta penetrar en la realidad del yo
Dios. Para lograrlo, necesitamos conocer más específicamente la forma en que transmiten estos impulsos
creativos, capa por capa, al interior de nuestro mundo físico para ayudarnos a crear nuestra experiencia
vital cotidiana.
Consideremos primero, una vez más, qué es exactamente el aura. Es mucho más que un medio o un cam-
po. Es la vida misma. Cada capa es un cuerpo, tan real, vivo y activo como nuestro cuerpo físico. Cada
cuerpo existe en una realidad consciente que en cierto modo es igual y distinta a la realidad física. En
cierto sentido, cada capa es un mundo en sí misma, pero estos mundos se interconectan y existen
sumergidos dentro del mismo espacio en el que experimentamos nuestra realidad física.
La figura 15-1 muestra los planos de la realidad en la que existimos y que se relacionan con cada uno de
los cuerpos o capas aurales mostrados en el capítulo 7. El plano físico está compuesto por cuatro niveles:
el físico, el etéreo, el emocional y el mental. El plano astral es el puente entre el espiritual y el físico, y el
espiritual está situado por encima y tiene gradaciones de iluminación en su interior. Como se ha dicho ya
en el capítulo 7, en nuestros cuerpos espirituales tenemos ya tres capas, por lo menos: el nivel del patrón
etéreo, el nivel celestial y el nivel del patrón cetérico.
La creación o manifestación se produce cuando se transmite un concepto o una creencia desde su fuente
en los niveles elevados descendiendo hacia los niveles de realidad más densos hasta que se cristaliza en
la realidad física. Creamos de acuerdo con nuestras creencias. Y lo que está teniendo lugar en las capas
inferiores afecta también, naturalmente, a las superiores. Para entender el proceso de creación de salud o
enfermedad, veamos de nuevo con mayor atención cómo se manifiesta la conciencia en cada capa del
campo aural. La figura 15-2 describe la forma en que se expresa la conciencia en cada capa aural y la
afirmación que hace aquélla. A nivel físico, la conciencia adopta la forma del instinto, los reflejos y el
funcionamiento automático de los órganos internos. En este caso, la conciencia afirma: «Existo». A nivel
etéreo, la conciencia se expresa en términos de sensaciones, tales como el placer o el dolor físicos. Las
sensaciones desagradables, como el frío y el hambre, son señales de que se necesita algo para
reequilibrar nuestra energía de manera que vuelva a fluir armónicamente. A nivel emocional, la conciencia
se expresa en emociones y reacciones primarias básicas, tales como miedo, ira y amor. La mayoría de
estas emociones están relacionadas con el yo. A nivel mental, la conciencia se expresa en términos de
pensamiento racional. Éste es el plano de la mente analítica lineal.
A nivel astral se experimenta la conciencia como un conjunto de fuertes emociones que se extienden más
allá del yo y el otro para abarcar a la humanidad. El plano astral, un mundo enteramente diferente, es en el
que se produce el viaje astral y, de acuerdo con la descripción de las personas que lo han experimentado,
dicho plano difiere del físico en lo siguiente: los objetos tienen formas fluidas e irradian luz en mayor
medida que la reflejan, y, para viajar, todo lo que se precisa es que uno se concentre en el lugar adonde
desea ir y que se mantenga centrado en el mismo. La dirección cambia con el enfoque; en consecuencia,
si se cambia éste se altera la dirección. ¡El poder de concentración es muy importante en este plano!
Las diferencias y similitudes entre los planos físico y astral no resultarán sorprendentes para un físico, ya
que las leyes que gobiernan el plano astral se basarían en la ley natural que gobierna un medio de
sustancia más fina, de energía más elevada y con vibraciones más rápidas. Estas leyes estarían
relacionadas, naturalmente, con las que conocemos en nuestro mundo físico. Yo opino que nuestras leyes
físicas son, en realidad, meros casos especiales de las elyes generales, las leyes cósmicas o universales
que gobiernan el universo entero.
En el plano espiritual hay todavía otro mundo con su propia realidad; un mundo que, a juzgar por la li-
mitada visión que tengo de él, me parece que es mucho más hermoso, lleno de luz y amoroso que el
nuestro. En la quinta capa, el patrón etéreo, la conciencia se expresa como una voluntad superior, con la
que deseamos que las cosas se hagan realidad mediante el poder de nombrarlas y definirlas. A nivel
celestial, la conciencia se expresa en sentimientos superiores como el amor universal, es decir, como
amor que va más allá de los seres humanos y los amigos dentro de un amor universal hacia toda la vida.
En el séptimo nivel, la conciencia se expresa en conceptos más elevados de los sistemas de conocimiento o
creencias. Aquí es donde el impulso creativo inicial empieza desde nuestro conocimiento, no un conocimiento
simplemente lineal, sino integrado.
La fuerza creativa primaria básica se inicia en el cuerpo espiritual más alto, para desplazarse luego al interior
del cuerpo astral. Desde otro punto de vista, se podría decir que las sustancias y energías más finas de los
cuerpos espirituales inducen una resonancia armónica en el astral que, a su vez, insufla una resonancia
armónica en los tres cuerpos inferiores. Este proceso continúa en sentido descendente, hasta introducirse en el
nivel de frecuencia del cuerpo físico. (El fenómeno de la inducción armónica es el que se produce cuando se
golpea un diapasón y el sonido hace vibrar otro que se encuentre en la misma habitación.) Cada cuerpo
expresa este impulso en términos de su realidad consciente a su propio nivel. Por ejemplo, un impulso creativo
del espiritual que pasa al astral será expresado en términos de sentimientos amplios. A medida que se
desplaza hacia capas de frecuencia más bajas, se expresará, primero, en términos de pensamientos, luego de
sentimientos específicos y seguidamente de sensación física, y a continuación el cuerpo físico responderá de
forma automática a través del sistema nervioso autónomo. Si lee un impulso positivo se relajará, si es
negativo se contraerá.

Figura 15-2
EXPRESIÓN DE LA CONCIENCIA EN LOS NIVELES AURALES


El proceso creativo de la salud
La salud se mantiene cuando la fuerza creativa que procede de la realidad espiritual humana se encauza
de acuerdo con la ley universal o cósmica (figura 15-3). Cuando el cuerpo cetérico se alinea con una
realidad espiritual superior, manifiesta el conocimiento divino de dicha realidad. La afirmación que se hace
es: «Sé que soy uno con Dios». Es la experiencia de ser uno con el Creador, pero individualizado al mismo
tiempo. Esta realidad induce entonces el sentimiento del amor universal en el cuerpo celestial. El
sentimiento de ser uno con Dios crea, a su vez, una alineación de la voluntad individual en el patrón etéreo
con la voluntad divina, lo que, a su vez, se expresa como amor hacia la humanidad en el nivel astral. La
experiencia de amor por la humanidad influirá en la capa mental e informará las percepciones de la
realidad en el cuerpo mental. Esta vibración en el cuerpo mental se transmite entonces por las leyes de la
inducción armónica y la resonancia simpática hasta la materia y energía del cuerpo emocional, que se
expresa entonces a sí mismo en forma de sentimientos. Si la percepción de la realidad concuerda con la
ley cósmica, los sentimientos serán armoniosos y aceptados por la persona y se les permitirá fluir. No
quedarán bloqueados.
Este flujo se transmite entonces al interior del cuerpo etéreo, que responde con una armonía natural. El
resultado es la aparición de agradables sensaciones corporales que promueven el metabolismo natural de
la energía del campo energético universal. Esta energía es necesaria para nutrir el cuerpo etéreo y para
mantener su estructura y su funcionamiento. También se mantiene el equilibrio natural de las energías del
yin y el yang en el cuerpo etéreo. Con este equilibrio, la sensibilidad natural del cuerpo, que procede del
flujo natural de sentimientos, conduce a una mayor conciencia de las sensaciones corporales, lo que a su
vez lleva a seguir una dieta y un tipo de ejercicio apropiados. El saludable cuerpo etéreo apoya entonces y
mantiene un cuerpo físico sano en el que los sistemas químico y físico se mantienen equilibrados y
funcionan con normalidad perpetuando la salud física. Las energías de cada cuerpo de un sistema sano
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permanecen equilibradas y apoyan el equilibrio en otros cuerpos. Por tanto, se mantiene la salud, es decir,
la salud atrae más salud.
El proceso dinámico de la enfermedad
En el sistema enfermo (figura 15-4) funciona el mismo proceso descendente. Sin embargo, después de
que la fuerza creativa primaria se sale de la realidad espiritual humana, se deforma y actúa entonces
contra la ley universal. Esta distorsión se produce cuando el impulso creativo primario empuja sobre un
bloque energético o una deformación dentro del aura. Tan pronto como el impulso creativo primario se
distorsiona de este modo en su camino hacia las capas de mayor densidad de los cuerpos aurales, se
sigue deformando a medida que es transmitido hacia los niveles sucesivos. He llegado a ver distorsiones
primarias a la altura de la séptima capa del aura, donde semejaban lágrimas o líneas de luz enredadas.
Estas «deformaciones espirituales» siempre guardan relación con los sistemas de creencias adquiridos en
esta vida, o en otras, y son, por tanto, kármicas. Yo considero el karma simplemente como una referencia
vital creada a partir de los sistemas de creencias que se han arrastrado de una vida a la siguiente hasta
que se despejan y realinean con la realidad mayor.
La deformidad de la séptima capa está relacionada con una distorsión en el sistema de creencias. Un
ejemplo podría ser: «Me creo superior». Esta distorsión afecta a la capa celestial bloqueando el amor
celestial y deformándolo. Posiblemente la persona deseará ser superior. La luz a nivel celestial podría
parecer muy débil, lo que afectará a la quinta capa del campo, que aparecerá deformada. La persona
intentará ser superior. El nivel astral responderá con el deseo de serlo también, lo que dará lugar a la
aparición de bloques o manchas oscuras de energía estancada en el cuerpo astral. El cuerpo mental hará
que la persona piense que es superior. Por fortuna, nadie puede engañarse todo el tiempo, por lo que
tarde o temprano acude al pensamiento la idea contraria: «No soy superior, luego debo ser inferior». Ello
crea en la persona un estancamiento mental que también constituye una deformación de la estructura del
cuerpo mental. Se produce una división de la fuerza vital en dos corrientes directamente opuestas y la
persona cae en una división dualista. Otro ejemplo de este conflicto es: «No puedo hacerlo» y, sin embar-
go, «lo puedo hacer». Por tanto, tenemos un estancamiento mental en el cuerpo mental. Este
estancamiento se expresa en forma de energía y vibraciones y, si el individuo no lo soluciona, puede llegar
a convertirse en un tipo de pensamiento disociado y caer en la inconsciencia. Esto afectará al cuerpo
emocional (por medio de la vibración inducida descrita más arriba) y causará miedo, debido a que la
persona es incapaz de resolver el problema. Dicho miedo se deriva de la irrealidad, por lo que es
inaceptable para la persona; en consecuencia, queda bloqueado y puede convertirse igualmente, trans-
currido algún tiempo, en inconsciente. Como ya no existe un flujo libre de los sentimientos en el cuerpo
emocional, donde aparecerán nuevas manchas oscuras de energía estancada o muy débil, esta
interrupción se precipitará al cuerpo etéreo en forma de líneas de fuerza luminosa enmarañadas o
desgarradas. Teniendo en cuenta que sobre este conjunto de líneas de fuerza o estructura en rejilla
crecen las células del cuerpo físico, a éste se transmitirán los problemas del cuerpo etéreo que lo harán
enfermar.
En nuestro ejemplo (figura 15-4), el miedo podría alterar el etéreo en el plexo solar, dando lugar a una so-
brecarga del yin en esa área si la persona es incapaz de resolver este dilema concreto. Si se deja que
persista, la alteración provocará trastornos en el metabolismo de las energías químicas del cuerpo físico,
lo que hará que los sistemas físicos se desequilibren y, en su momento, enfermen. En nuestro ejemplo, la
sobrecarga del yin en el plexo solar podría provocar un aumento de la acidez estomacal susceptible de
degenerar en úlceras.
Así, las energías desequilibradas de los cuerpos superiores del sistema afectado se van transmitiendo
progresivamente en descenso hacia los cuerpos inferiores, hasta provocar la enfermedad en el cuerpo
físico. La sensibilidad del sistema enfermo a las sensaciones corporales se ha reducido, y ello puede
conducir a una falta de sensibilidad con respecto a las necesidades corporales, lo que se manifiesta, por
ejemplo, en la adopción de una dieta inadecuada que puede crear un bucle negativo de realimentación de
energías aún más desequilibradas. Cada cuerpo alterado o desequilibrado tiene un efecto perjudicial sobre
su vecino superior inmediato. Esta enfermedad tiende a crear una mayor patología.
Las observaciones que he realizado a través de la elevada percepción sensorial demuestran que en las
capas del campo con números pares la enfermedad adopta la forma de los bloques descritos
anteriormente en este libro: infracargados, sobrecargados o con energía oscura obstruida. En las capas
estructuradas del campo, la enfermedad adopta la forma de desfiguración, alteración o enmarañamiento.
Puede que aparezcan orificios en la estructura en rejilla o en cualquiera de las capas de números
impares del aura. Los fármacos afectan enormemente al aura. He visto formas de energía oscura en el
hígado producidas por las medicinas ingeridas para curar enfermedades anteriores. Durante varios años
después de haberse curado supuestamente, la hepatitis deja un color amarillo anaranjado en el hígado.
He visto la pintura radioopaca que se inyecta en la espina dorsal para diagnosticar una lesión diez años
después de haberse aplicado, aunque se supone que desaparece del cuerpo en uno o dos meses. La
quimioterapia obstruye todo el campo aural, especialmente el hígado, con una energía de aspecto mucoso
pardo verdoso. La radioterapia achicharra las capas estructuradas de dicho campo como si fuera una media
de nailon quemada. La cirugía deja cicatrices en la primera capa del campo y, en ocasiones, en
todas sus fases hasta la séptima capa. Se pueden curar estas cicatrices, deformaciones y obstrucciones
con el apoyo a la autocuración del cuerpo físico; si se dejan deformadas, dicho cuerpo tendrá muchas más
dificultades para curarse a sí mismo. Después de extirparse un órgano todavía es posible reconstruir el ór-
gano etéreo, que servirá para mantener la armonía en los cuerpos aurales situados por encima del cuerpo
físico. Imagino que algún día, con un conocimiento más amplio del campo aural y de la bioquímica,
podremos hacer que los órganos extirpados vuelvan a crecer.
Como los chakras son los puntos de máxima ingesta energética, constituyen puntos focales de equilibrio
muy importantes dentro del sistema energético. Si un chakra está desequilibrado, el resultado será una
enfermedad. Cuanto mayor sea su desequilibrio, más grave será la dolencia. Como se ha mostrado en el
capítulo 8, figura 8-2, los chakras parecen torbellinos de energía formados por cierto número de conos
espirales de energía más pequeños. Los chakras adultos están recubiertos por una pantalla protectora. En
un sistema sano, dichos conos espirales giran rítmicamente en sincronía con los demás, sorbiendo
energía del CEU hacia el interior para que la utilice el cuerpo. Cada cono está «sintonizado» a una
frecuencia específica que precisa el cuerpo para funcionar saludablemente. Sin embargo, en un sistema
enfermo estos torbellinos no trabajan sincronizados. Los conos energéticos espirales que los forman
pueden ser rápidos o lentos, espasmódicos o ladeados; en ocasiones es posible observar fracturas en la
pauta energética. Un cono espiral puede estar parcial o totalmente desplomado o invertido. Estas
alteraciones se relacionan con alguna disfunción o patología del cuerpo físico en esa área. Por ejemplo,
Schafica Karagula indicaba en Breakthrough lo creativity, refiriéndose a un caso de alteración cerebral, que
uno de los torbellinos más pequeños del chakra de corona se derrumbaba, en vez de mantenerse
enhiesto, en una forma que la autora consideró normal. También la matriz situada dentro del cerebro del
individuo mostraba «huecos» que la energía había saltado. Estos «huecos de chispa» correspondían a la
parte del cerebro extirpada quirúrgicamente. En «el caso del corazón roto», John Pierrakos informa haber
observado alteraciones en los chakras cardiacos de pacientes afectados de angina de pecho o alguna otra
enfermedad cardiovascular. En vez de ser torbellinos brillantes, girando a gran velocidad, los chakras
parecían estar obstruidos con una sustancia oscura e inactiva.
En la figura 15-5 aparecen algunos ejemplos específicos de mis observaciones sobre chakras
desfigurados. El primero (figura 15-5A) muestra la configuración de cada una de las hernias de hiato que
he estudiado. El chakra del plexo solar tiene ocho torbellinos más pequeños. El pequeño torbellino situado
en el costado izquierdo del cuerpo, en el cuadrante superior izquierdo, parece un muelle que ha saltado.
Esta desfiguración aparece en todo el recorrido hasta la séptima capa del campo. La figura 15-5B muestra
cómo se ha estirado la punta de uno de los torbellinos más pequeños. He sido testigo de este proceso en
muchos chakras. Aparece en el primero cuando se ha producido alguna lesión en el coxis. Si se ha sufrido
algún trauma psicológico grave, donde aparece es en el chakra del plexo solar. Muchas veces se detecta
como trauma postoperatorio en un chakra del área donde se ha realizado la intervención quirúrgica. La
figura 15-5C representa un chakra obturado. Toda persona que ha sido sometida a una operación cardiaca
muestra energía oscurecida en el chakra del corazón. Las tres personas enfermas de SIDA que he
observado tenían obturados el primero y el segundo chakras y en ocasiones el campo completo,
dependiendo del progreso de la enfermedad. Los pacientes enfermos de cáncer que he observado
mostraban un chakra desgarrado, como el que se ve en la figura 15-5D. Una vez más, las configuraciones
aquí relacionadas alcanzan hasta la séptima capa. Puede que un chakra aparezca desgarrado y, sin
embargo, que el cáncer no aparezca en el cuerpo hasta dos o más años después. La coraza protectora
está totalmente desgarrada de este chakra. En enfermos graves de cáncer he visto rasgada la séptima
capa desde los pies hasta los chakras uno, dos y tres y en el interior del chakra cardiaco. La rasgadura de
la séptima capa provoca una enorme pérdida de energía en el campo. Además, el paciente queda sujeto a
todo tipo de influencias externas que lo afectan no sólo en el aspecto psicológico, sino también en el
físico. El campo es incapaz de repeler las energías no saludables que llegan para que el cuerpo las
asimile. La figura 15-5E muestra un ejemplo en el que el chakra completo aparece desviado lateralmente.
Lo he visto con frecuencia en el primer chakra, en los casos en que se ha conectado la energía al suelo,
principalmente por una pierna, mientras que la otra es débil. Esto se suele asociar también con un coxis
que ha quedado bloqueado por un lado.
Estoy empezando a pensar que cada torbellino de un chakra aporta energía a un órgano específico. He
observado que cada vez que se produce una alteración en el páncreas ocurre otra en determinado
torbellino situado en el lado izquierdo del chakra del plexo solar, justamente debajo del asociado con la
hernia de hiato, mientras que si la molestia es en el hígado el afectado es un torbellino distinto, del mismo
chakra, que se encuentra cerca de dicho órgano.
La figura 15-5F muestra una desfiguración producida a causa de un agotador maratón terapéutico
realizado por una mujer. Después de pasar una semana realizando una terapia de grupo con su hijo
drogadicto, esta mujer volvió a casa con un torbellino del chakra del plexo solar abierto en cuña. Estaba
pálido, casi sin movimiento giratorio y carecía de pantalla protectora. Desde el momento en que conocí
el problema, una semana después de la experiencia, logré reparar el aura antes de que se produjera
algún daño adicional más difícil de solucionar. De no haberlo hecho así, es probable que la mujerhubiera
llegado a padecer trastornos en el hígado, el órgano relacionado con el torbellino debilitado, o
tal vez se lo hubiera curado por sí misma de algún modo.
Figura 15-5: Chakras que han sido desfigurados
Se pueden producir otras configuraciones. Muchas de ellas, como se puede ver, son simples
desalineaciones estructurales. He visto chakras literalmente arrancados al exterior, muy expandidos o
con su tamaño muy reducido. Todos desembocarán en enfermedad en uno u otro momento, y todos
guardan relación con una conciencia energética o expresión del sistema de creencias y de laexperiencia del
individuo, como se ha dicho antes. En otras palabras: la enfermedad en cualquier capa
del campo hallará su expresión en ese nivel de conciencia, y cada expresión constituye alguna forma de
dolor, sea físico, emocional, mental o espiritual. El dolor es el' mecanismo incorporado que nos alerta
para que corrijamos una situación. Llama nuestra atención sobre el hecho de que algo anda mal y nos
obliga a tomar medidas al respecto. Si no nos hemos escuchado antes, si seguimos sin dar importancia
a lo que sabemos que deseamos o necesitamos hacer, llegará un momento en que el dolor nos ayudará
a realizarlo. El dolor nos enseña a pedir ayuda y, partiendo de tal premisa, ha de considerarse que, la
curación es una clave para la educación del alma.
Ejercicio para hallar el significado personal de su enfermedad
Las preguntas claves en este proceso de curación-educación son: «¿Qué significa para mí la
enfermedad? ¿Qué mensaje me envía mi cuerpo? ¿Cómo he olvidado quién soy?». La enfermedad es
una respuesta específica al interrogante: «¿En qué forma me sirve el dolor?».
Todos creamos enfermedad, hasta cierto punto, en nuestros cuerpos físicos. Si se rastrea la causa
original se observará que siempre se deriva del olvido de quiénes somos. Mientras sigamos creyendo
que hemos de separarnos para individualizarnos, continuaremos creando enfermedad. Una vez más
volvemos directamente al lugar donde empezamos: la visión holística u holográfica del universo.
Revisión del capítulo 15
1. ¿Qué relación existe entre la enfermedad psicosomática y el aura?
2. ¿Cuál es la causa básica de toda enfermedad, desde el punto de vista del CEH?
3. Describa cómo se crea la enfermedad a través del campo energético humano.
Alimento para la mente
4. Dedique unos minutos a meditar cómo se puede estar produciendo el proceso patológico en su
cuerpo. Descríbalo.
5. ¿Cómo han dado forma nuestras creencias a nuestras experiencias y qué papel desempeña nuestro
CEH en esta creación?
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