Todos los pequeños vasos sanguíneos (los capilares arteriales y venosos), nervios y vías linfáticas terminan, o bien comienzan, en el tejido conjuntivo. No tienen contacto directo con las células orgánicas. En vez de a ellas, ceden sus sustancias alimentarias, oxígeno e impulsos nerviosos al tejido conjuntivo. Éste tiene la misión de aprovisionar con ello a las células. A la inversa, el tejido conjuntivo recibe sustancias de desecho, dióxido de carbono y toxinas de las células orgánicas y las sigue dando a las vías linfáticas y capilares venosos.
¡Todo aprovisionamiento y eliminación de las células orgánicas debe pasar a través de este tejido! El tejido conjuntivo es, pues. un tejido de acceso o tránsito, tiene una función transportadora.
EL TEJIDO CONJUNTIVO COMO ALMACÉN PROVISIONAL Y ÓRGANO DE ALMACENAJE
Gran parte de los productos de desecho y las toxinas que, en principio, el hígado debe convertir en inofensivas y los riñones deben excretar, se «almacenan provisionalmente» en el tejido conjuntivo en caso de sobrecarga de los órganos citados. Si éstos permanecen sobrecargados o son insuficientes de manera duradera, el almacén provisional se convierte en definitivo. Entonces se convierte en un órgano de almacenamiento de sustancias tóxicas en el que los desechos y las toxinas se pueden organizar y acumularse a lo largo de años y décadas: desechos del metabolismo, pesticidas, plomo, formaldehído, mercurio, vacunas, toxinas del metabolismo bacteriano, sustancias proteínicas putrefactas, virus, restos de antibióticos y muchas otras.
Si el tejido conjuntivo está «entarquinado» por los desechos almacenados, se obstaculiza precisamente el transporte de sustancias descrito, se provee de manera insuficiente a las células orgánicas, que no pueden depurarse suficientemente por sí mismas.
En consecuencia, se presentan perturbaciones del metabolismo, pérdida de vitalidad, débil rendimiento, dificultad de concentración, perturbaciones de la regulación, enfermedades orgánicas y sistémicas.
EL TEJIDO CONJUNTIVO COMO ESPACIO EXTRACELULAR DE LiQUIDO
Gran parte de los fluidos corporales se encuentran en el tejido conjuntivo. El agua, y con ella, el agua del cuerpo, es un destacado almacén de oscilaciones electromagnéticas y, por lo tanto, de información. Por eso se debe partir de la base de que el agua que se encuentra en el tejido conjuntivo es un almacén de toda posible información.
Todos los desechos almacenados ceden sus oscilaciones al agua del cuerpo. Así, el agua corporal puede actuar de modo positivo o negativo sobre el organismo.
EL TEJIDO CONJUNTIVO COMO ÓRGANO REGULADOR
Eel sistema regulador básico, es decir, el sistema que representa la regulación subyacente del cuerpo. Eso significa, nada más y nada menos, que el tejido conjuntivo es uno de los órganos más importantes del cuerpo.
Así, el tejido conjuntivo es un órgano que es igualmente importante para el diagnóstico como para la terapia. Para el diagnóstico, hay que aclarar si está «entarquinado» o es «hiperreactivo», pudiendo ser en tal caso la causa de muchas enfermedades alérgicas o crónicas.
Si tal afirmación es cierta, tiene amplísimas consecuencias terapéuticas: un tejido conjuntivo entarquinado debe, primero de todo, «depurarse»; uno hiperreactivo debe recuperar su función reguladora normal.
Si se deja el tejido conjuntivo fuera de observación en el diagnóstico y la terapia, se corre el peligro de que ésta quede sin efecto. Si el tejido conjuntivo vuelve a su funcionamiento normal, la regulación del cuerpo mejora automáticamente, lo que ocasiona repercusiones globales.
La teoría de la medicina natural antigua, que enfatiza que se debe desintoxicar y depurar el tejidoconjuntiva, ha reconocido esto con pleno acierto.
5. EL TEJIDO CONJUNTIVO COMO ÓRGANO DE ALMACENAJE DE SUSTANCIAS TÓXICAS Y DE LAS CARGAS DE ELLAS DERIVADAS
En la terapia bioenergética global, el tejido conjuntivo encuentra el lugar que le corresponde. Los resultados del test del meridiano del tejido conjuntivo se ponen en relación con todos los demás meridianos y órganos en el marco de la teoría de los 5 elementos, y muchos factores perturbadores se examinan en sus interacciones con el tejido conjuntivo, por ejemplo, bacterias, metales pesados, pesticidas, grasa de cerdo.
UN CASO: fuerte carga retrotóxica del tejido conjuntivo
A. 0., varón, 22 años. El paciente sufre desde hace años,
en los meses de mayo a junio, de rinitis alérgica. Ésta es de intensidad variable de un año a otro. Además, acusaba un resfriado «normal», que se presenta con frecuencia.
Hace 18 años se le extirparon unos pólipos de la nariz, hace 7 tuvo un herpes labial y un herpes zóster (culebrilla) en el arco costal izquierdo. Hace 4 años recibió una terapia de antibióticos a causa de una prostatitis (inflamación de la próstata); desde entonces, ya no tuvo más infecciones.
El diagnóstico bioenergético con la técnica de tests en red declaró que casi todos los meridianos, o estaban bloqueados o eran insuficientes. Los meridianos de los nervios, del sistema hormonal, del hígado, el tejido conjuntivo y el meridiano de los riñones estaban bloqueados por ambos lados, y el meridiano del intestino grueso era insuficiente por ambos lados.
El test según la técnica de tests en red dio como resultado una fuerte carga heredotóxica por tuberculina y toxinas de enfermedades venéreas de los antepasados. Se mantenía una situación de reacción alérgica múltiple a la leche y y sus productos, los huevos y sus productos, así como a la levadura, una situación de partida muy restringida desde el punto de vista alimentario.
La situación intestinal del paciente correspondía a la carga alérgica: colonización bacteriana defectuosa con afección micótica. Los dientes contenían mucha amalgama, con las correspondientes repercusiones sobre el cuerpo; en algunos dientes, la pulpa (cavidad que contiene la pulpa en la dentina) está inflamada crónicamente.
La dispersión de estreptococos hemolíticos de un absceso en las amígdalas (absceso tonsilar) como foco tóxico desencadenó una prostatitis. Esta prostatitis se encontraba como foco en interacción con los focos de la cabeza y con el intestino. Además, las ampollas de testar respondieron como focos tóxicos para la mastoiditis (inflamación de las apófisis mastoides detrás de la oreja) y una otitis media (inflamación del oído medio). La terapia de antibióticos con penicilina y estreptomicina ha legado claramente daños mensurables.
Estas cargas, entre otros factores, han bloqueado el tejido conjuntivo, así como los meridianos del sistema nervioso y del sistema hormonal. Por eso, la purificación del tejido conjuntivo, concebido como un tejido regulador que atraviesa todo el cuerpo, debe contarse entre los primeros objetivos de la terapia.
La terapia, pues, da comienzo con el saneamiento del intestino y de la diátesis alérgica; sigue con la supresión del bloqueo por los antibióticos y ésta se une al saneamiento de los focos de la cabeza (las amígdalas, la apófisis mastoides y el oído medio), y luego de los dientes.
Una toxicosis focal es una inflamación local del tejido conjuntivo que se compone de sustancias orgánicas e inorgánicas que no se degradan. Lo decisivo es que esta inflamación local disemina sus sustancias por el cuerpo, o bien irradia las oscilaciones de sus sustancias al cuerpo. Así, actúa de manera global
y sobre otras partes del cuerpo que están lejos de la inflamación en las que se pueden provocar reacciones alérgicas o inflamatorias o irritaciones del sistema de regulación.
Las amígdalas (tonsilas) forman parte de las «estaciones de trabajo» más importantes del sistema linfático.
Normalmente, el sistema linfático no tiene problemas para acabar con los virus, bacterias y hongos que penetran constantemente en la boca y la faringe por medio de la respiración y los alimentos. Esto sucede o de manera totalmente imperceptible o, en cargas más fuertes, por una inflamación aguda en el espacio faríngeo, es decir, en las amígdalas.
Sin embargo, si las inflamaciones se repiten con frecuencia o si duran demasiado, muchos terapeutas tienden a el caso de las amigdalitis por estreptococos, pues las bacterias estreptococos hemolíticos pueden ser muy peligrosas para el organismo.
Sin embargo, la exterminación de bacterias significa, al mismo tiempo, si no se aplica paralelamente una terapia linfática correctamente ejecutada un almacenamiento de sustancias bacterianas en descomposición, y con éstas, de toxinas bacterianas en el tejido circundante, así como la supervivencia de bacterias resistentes que acto seguido aumentan nuevamente. Eso da motivo de nuevo a inflamaciones que tienen que eliminar estas toxinas y sustancias en descomposición, pero que a menudo son obstruidas, por su parte, nuevamente por los antibióticos. Así se origina un círculo vicioso de inflamaciones y terapias de antibióticos que resulta difícil romper.
Con la aniquilación de las bacterias por los antibióticos se termina de golpe con el estímulo de las bacterias que excita las defensas. Eso conduce a una inmediata caída en picado del rendimiento inmunitario. La consecuencia es una especie de paralización del sistema inmunitario.
Una terapia con antibióticos alcanza a casi todos los agentes patológicos; sólo un pequeño resto sobrevive al ataque terapéutico, pero quedan las sustancias tóxicas que salen de los cadáveres bacterianos. Eso implica, con la paralización inmunitaria que se da al mismo tiempo, una carga tóxica regresiva (retrotóxica) del sistema.
Eso pasa siempre así, y es también el motivo por el que, a modo de ejemplo, después de una inflamación (amigdalitis, nefritis, cistitis, etc.) tratada con antibióticos, se presente con frecuencia una recaída y se inicie una larga serie de inflamaciones.
El resultado es, en el caso de la amigdalitis -si el sistema inmunitario está lo bastante debilitado (lo que hoy en día es habitual con los antibióticos)-, la amigdalitis crónica. Así, la inflamación queda «revestida» por cuerpos de defensa, para que las sustancias inflamatorias ya no puedan abandonar la región inflamada.
Si la carga crónica de las tonsilas (amígdalas) sigue por mucho tiempo, se forma inevitablemente un absceso amigdalar (es decir, la muerte del tejido tonsilar provocada por las toxinas bacterianas, con el consiguiente enquistamiento del pus así formado). Éste es ahora, puesto que en muchos casos
la medicina académica no puede tratarlo con éxito, a menudo motivo de una tonsilectomía, es decir, la extirpación quirúrgica de las amígdalas.
Actualmente, en la amigdalectomía se extirpan las laminillas de las amígdalas (las capas de piel finas, superpuestas' de las amígdalas) y los ganglios linfáticos tonsilares, es decir, todas las defensas locales. Si el faringe, esta mucosa -el llamado espacio retrotonsilar, es decir, el espacio detrás de las amígdalas-queda sin protección después de la operación, y las bacterias anidan y permanecen ahí incluso después de que la herida esté curada, Así, la inflamación crónica se ha almacenado en una región que prácticamente ya no ofrece defensas.
Las amigdalitis crónicas y agudas, así como los abscesos amigdalares, permanecen restringidos localmente mientras se mantenga la barrera inmunitaria es decir, la «impermeabilización» del lugar inflamado contra el resto del cuerpo. Pero si se rebasa, por ejemplo debido a una debilidad inmunitaria, la inflamación local o bien el absceso local se convierte en foco, en centro irradiador.
Si una tonsila o el espacio retrotonsilar (la zona de mucosas detrás de las amígdalas) se ha convertido en foco, puede comprobarse con la técnica de tests en red y las correspondientes ampollas de testar. Lo mismo vale también para otros focos irradiadores.
Si se extirpan las amígdalas mientras exista el absceso amigdalar se causará un daño que nunca podrá repararse bien, pues las bacterias de la inflamación se encuentran, claro, también ¡en el tejido retrotonsilar (en la mucosa de detrás de las amígdalas y en el tejido de detrás de la mucosa)!
Si no se erradican esas bacterias antes de extirpar las amígdalas, después ya no será posible, puesto que con las laminillas tonsilares se arrastró el tejido linfático de las mismas. Entonces deberá intervenir todo el sistema linfático. Éste actúa, sin embargo, mucho más débilmente que el tejido tonsilar local de las laminillas tonsilares. Y en la mayoría de los casos no puede aniquilar las bacterias que anidan ahí y que permanecen, según las circunstancias, toda la vida, esparciendo sus toxinas por el cuerpo.
Si, debido a las debilidades inmunitarias, se presentan una y otra vez abscesos amigdalares y las amígdalas deben verdaderamente extirparse, sólo puede hacerse después de una terapia exitosa contra esos abscesos. Y luego de ello, la región operada (con la terapia de biorresonancia) debe ser objeto de tratamiento posterior; si no, la mínima infección volverá a «echar por tierra» al paciente.
El tejido retrotonsilar permanece, después de una amigdalectomía «con éxito» y después de una extirpación «con éxito» del absceso amigda1ar, como un foco constante de infecciones en el que la mínima infección y el menor dolor de cuello deben tratarse energéticamente. También tendría que examinarse una vez al año el estado del espacio retrotonsilar y, asimismo,
tratarse, para impedir las cargas de focos tóxicos del cuerpo a través del espacio retrotonsilar. El paciente de amigda1ectomía con ectomía del absceso amigda1ar es un paciente eterno.
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