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La vida es movimiento

Todo en esta sección pertenece al libro de Terapia Bioenergética de Martin K. , Reinhold D. y Norbert O.

La vida es movimiento, el movimiento es vida. Esta sabiduría ancestral fundamenta otro aspecto importante de la Casa Terapéutica: el movimien­to corporal. Alguien que se mueve poco se vuelve perezoso y reacciona también con pereza. La carencia de movimiento debilita las funciones corporales, hace que el cuerpo se anquilose,
conduce a la atrofia de los órganos y del rendimiento, así como a una disminución del bienestar hasta la pérdida de la autoestima.
El movimiento, en cambio, activa, construye la sustancia corporal y pre­
viene procesos de degradación y envejecimiento. El movimiento mejora el trabajo del corazón. Se amplían el lecho capilar y el recambio de sustancias, se acrecienta el volumen sanguíneo y el flujo linfático. Así se mejoran los procesos de alimentación y desintoxica­ción de las células, y se acorta la etapa de regeneración. En lo que al metabolismo se refiere, se favorece la ela­boración de azúcar y se alivian el hígado y el páncreas. Se estimula la obtención de energía procedente de las grasas, lo cual supone optimizar el metabolismo graso. Del tejido conjuntivo se movilizan y excretan los de­pósitos. Por la acrecentada respiración se expele CO2• regulando así la relación ácido-base.

Psicólogos, psicoterapeutas y psiquiatras subrayan cada vez más la importancia de la psique, que influye en los procesos de salud y enfermedad. Se habla entonces de enfermedades psícosomátícás; últimamente, incluso en la dos. caras de.Ja medicina académica, se habla de psico­neuroinmunología, para referirse a la interacción de psique, sistema nervioso y sistema inmu­nitario. Mas esto no es algo realmente nuevo, pues la medicina china lo postulaba desde hace siglos. Para ellos, psique y cuerpo siempre eran dos caras de la misma moneda. También los antiguos griegos sabían de la estrecha vinculación entre los rasgos del carácter en el compor­tamiento y la enfermedad. Un tranquilo flemático (flema, «mucosidad») debe tratarse de manera diferente que un alegre sanguíneo (sanguis, «sangre») y estos, de nuevo, de modo diferente que un ardiente colérico (chale, «bilis»).
Debido al conocimiento sobre las conexiones psicosomáticas y las repercusiones de la situación social en la psique, la situación psicosocial se ha convertido en uno de los pilares básicos de la Casa Terapéutica. En el interrogatorio del paciente (anamnesis), queda de manifiesto cómo vive, qué lo agobia especialmente y a qué problemas psicosociales se enfrenta.

Evidentemente, una enfermedad condicionada psíquicamente debe incluirse en el plan de terapia. Debe meditarse qué método de tratamiento psicoterapéutico es el adecuado para el paciente respectivo.