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Resumen
 
MUNDO DE LAS TERAPIAS
 
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Los dientes y los empastes dentales

 

UN CASO: absceso retrotonsilar
Sch. W, varón, 52 años. Desde hace 9 años el paciente sufre dolores en el omóplato izquierdo, que desde hace un par de años se fuertes. Estos dolores se irradian como un cinturón hasta el esternón. Las tensiones en la musculatura de la nuca repercuten como dolores de cabeza. También la cadera izquierda le ha dolido mucho siempre. Todos los dolores se presentaban a intervalos irregulares, y en general su intensidad variaba mucho. .
Ningún tratamiento pudo remediarlos, ni la fisioterapia, ni la terapia neural ni, hasta ahora, tampoco la terapia de biorresonancia.
Hace 6 años, debido a molestias del corazón provo­cadas por una angina de pecho, al paciente se le implantó un bypass. De esta operación, muy gravosa para él, el paciente nunca se ha recuperado verdaderamente. Nunca ha vuelto ha sentirse bien después de ella.
El año pasado le fue extraída la amalgama dental. La prueba bioenergética encontró un absceso retrotonsilar modélico con carga de estreptococos hemolíticos. Éste se sostenía por una carga de escarlatina con intoxi­cación regresiva que todavía actuaba. Las bacterias se esparcían hasta el corazón y las articulaciones, también por la apófisis mastoides, hacia el oído medio y el seno paranasal maxilar. En las vías linfáticas de cabeza y cuello se encontraron todos los estreptococos y estafilococos posibles, así como otras bacterias patógenas.
Una segunda fuente de fuerte carga eran las muelas del juicio, que asimismo actuaban energéticamente sobre las amígdalas faríngeas y el corazón. Existían también reacciones alérgicas al trigo y los huevos de gallina, así como a la levadura. También las cargas de las amal­gamas dentales contribuían al cuadro clínico. El sistema inmunitario del intestino estaba bloqueado.
La terapia comenzó con una recuperación de la ple­na funcionalidad de la linfa de la pared intestinal. Sin ésta, no se pueden excretar las toxinas a través del intestino, sino que se almacenan en el cuerpo. Luego se tra­taron las vías linfáticas de cabeza y cuello y se extrajeron las muelas del juicio, para reducir las cargas. y, final­mente, protegiendo intensamente el corazón, se accedió al punto cardinal del proceso de la enfermedad: el abs­ceso amigdalar. Si se purifica éste, se purifican los focos restantes: la apófisis mastoides y el seno paranasal maxilar, para eliminar así las bacterias patógenas. Para concluir, se realizó el saneamiento de la dentadura.
Mientras tanto, habían pasado los dolores. Y el paciente ha superado también la operación de bypass. Se siente otra vez bien, y física, anímica y espiritualmente, su estado es bueno.
Si hay algún problema con los dientes, se va al dentista. Eso, natu­ralmente' es correcto. Pero al mismo tiempo, recurrir a este especialista puede originar fácilmente la impre­sión de que los dientes son algo aislado, que no tienen nada que ver con el resto del cuerpo.
En realidad, los dientes, naturalmente, están engarzados en el organismo como cualquier otro tejido u órgano. Cada diente está en relación y en interacción con el tejido que lo rodea, así como con los tejidos y órganos separados espacialmente.
Así, por ejemplo, los 8 dientes frontales están relacionados con los riñones, la vejiga y las gónadas (y, por 10 tanto, también con el sistema hormonal), al igual que con el seno frontal, el seno esfenoidal y las amígda­las faríngeas y, en el marco del elemento descrito Agua, también están directamente relacionados con el meri­diano linfático y el de la alergia. Así, un diente frontal muerto (desvitalizado) puede actuar, por ejemplo, sobre los riñones, la vejiga o los genitales mediante productos proteicos en descomposición y causar allí inflamaciones crónicas o agudas que sólo se podrán tratar con éxito si se remedia la causa en la zona dental.
Otro ejemplo son las interrelaciones de las 4 muelas del juicio con sus órganos subordinados. Están en relación, como ya se ha descrito, con el corazón, el sistema hormonal y las amígdalas de la lengua. Como parte del elemento Fuego, están en relación directa con el meridiano del intestino delgado y el de la circulación. Así que, en los círculos de dentistas que trabajan biológica­mente, es conocido que el infarto es, muy a menudo, la consecuencia a largo plazo de un cambio o de una muela del juicio perturbada por otra cosa. En el capítulo 3 ya hemos tratado detalladamente el aspecto hormonal de las muelas del juicio. Usted puede ver que un diente «enfermo» y el tejido inmediatamente circundante (odontono) pueden actuar sobre tejidos y órganos específicos a él subordinados.
En el marco de la teoría de los 5 elementos, sin embargo, cada órgano puede actuar sobre cualquier otro. Así, un odontono enfermo puede actuar indirectamente sobre casi cada órgano. Estas acciones indirectas son, no obstante, más raras (y más difíciles de diagnosti­car) que las directas.
Pero no hay sólo efectos de los odontonos en tejidos y ambas. direcciones órganos, sino que los tejidos y los ór­ganos pueden, a su vez, actuar sobre los dientes. Así, por ejemplo, un intestino crónicamente perturbado puede conducir a largo plazo a perturbacio­nes de la pulpa de los molares y de los premolares.
Si observamos, por ejemplo, una parodontitis (inflama­ción de la encía y degradación ósea) en la zona de los molares (dientes 6 y 7) del maxilar superior, podemos derivar de ello que a este paciente lo domina una alergia a las proteínas de leche de vaca. Si comprobamos, ade­más, que este paciente tiene degradación ósea en el frente maxilar superior y en el inferior, existe al mismo tiempo una carga de los meridianos de los riñones y la vejiga. Si se puede comprobar en cambio, que la degradacion ósea se exnenáe sobre la zona áemai, debemos derivar de ello que nos enfrentamos a una car­ga generalizada, sobre todo del tejido conjuntivo en su totalidad. En último término, la debilidad de las cápsulas suprarrenales y de la falta endógena de cortisona por ella provocada, conduce a este debilitamiento del tejido conjuntivo.
La situación es diferente si únicamente reconocemos la degradación ósea en la zona de los caninos. Aquí tenemos que ocuparnos, manifiesta­mente, de una alergia al trigo o bien al gluten. Los cani­nos están en el meridiano del hígado y la bilis. Si a consecuencia de una intoxicación latente se llega a cargar el hígado, el diente correspondiente reacciona a ello.
Pero también los componentes del trigo, como la gliadina (el gluten del trigo) y el trigo sarraceno, así como la espelta, pueden conducir a síntomas semejantes.
Para anticiparse: un tratamiento de la parodontosis, por más sistemáticamente que lo lleve a cabo la medicina académica, no puede conducir, en estos casos, a ningún éxito a largo plazo. Más bien, a este tratamiento indispensable se le debe anticipar un tratamiento sistémico imprescindible, es decir, un tratamiento del organismo. Éste tiene como condición previa el saneamiento del intestino y asegurar la capacidad de eliminación de riñones, vejiga, piel, mucosas, sistema linfático e hígado. Además, se requiere obligatoriamente una reducción del potencial alérgico del alergeno individual por medio de la terapia de biorresonancia.
El terapeuta establece el diagnóstico de las interrela­ciones dientes-órganos debido a su conocimiento de las conexiones globales del organismo o a las pruebas bioenergéticas. En éstas se comprueba, en determinados puntos del meridiano de la linfa en el marco de la técnica de tests en red, qué dientes están cargados. Esto se puede verificar con las correspondientes ampollas de testar, por ejemplo, con la ampolla «granuloma dental».
Después se puede comprobar en los puntos de acu­puntura del meridiano supuestamente afectado si los daños dentales repercuten sobre el órgano subordinado al diente, esto es, si se condiciona, por parte de los dien­tes, una enfermedad del órgano; es decir, si se pueden atribuir las causas a una enfermedad dental.
Un ejemplo: un terapeuta encuentra en un paciente, por medio de las pruebas, que el hígado está cargado. Por otro test puede probar si esta carga emana del em­paste de amalgama del canino superior subordinado.
Terapéuticamente, la carga puede suprimirse extra­yendo la amalgama; se alivia la función desintoxicado­ra del hígado, que estará a disposición de otras toxinas, lo que repercute de nuevo positivamente en todo el cuerpo.
Cargas por los materiales dentales

encuentran en la boca como de los que se prevé introducir. Las pruebas necesarias para eüo se pueden efectuar con los tests bioenergéticos y las correspondientes ampollas de testar. Como resultado, el paciente y el terapeuta saben si el material dental es compatible con el pacien­te o no.
Las cargas más frecuentes las causan aleaciones de poco valor y sus componentes incompatibles, por ejem­plo, el mercurio en la amalgama, el paladio, el cobre, la plata. el estaño, Cargas el níquel, el galio, el indio, el cromo, el por los metales cobalto y el molibdeno.
De momento, el material sobre el que se discute más acaloradamente es Amalgama
la amalgama. Se trata de una unión de al menos un 50% de mercurio con otros metales, por regla general un 30% de plata y el resto de cobre, estaño, zinc y otros materiales.
El mercurio es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el contaminante ambiental número uno. Actúa, en primer término, sobre los sistemas nervioso e inmunitario. Como material dental causa, según la experiencia de dentistas que trabajan biológicamente, un abanico casi sin fin de daños, especialmente crónicos.
Los síntomas que pueden provocarse con ello son, casi siempre, de tipo general y pueden presentarse también por otras causas. Por eso es tan difícil reconocerlos como condicionados por la amalgama.
Algunos de los síntomas más im­portantes son alergias, dolores de síntomas de estómago, úlceras del intestino grueso, amalgainfl son más sensibilidad a la electricidad, pérdida bieninespecíficos de energía, caída del cabello, arritmias, inmunodeficiencias, perturbación de la concentración, dolores de cabeza, dificultad en el aprendizaje, esclerosis múltiple, síndrome de Parkinson, perturbaciones psí­quicas, reuma, vértigo, acúfenos e inflamaciones de las encías.
Los síntomas pueden ser muy parecidos en los casos de reacciones condicionadas por alergias y toxinas; sus diferentes causas (que requieren terapias diferentes) pueden averiguarse con los procedimientos bioenergéticos de testar.
Una vez se dijo que todo buen católico que comía cada viernes 200 gramos de pescado recibía mucho más mercurio que de sus empastes de amalgama durante toda la semana. Esta afirmación se ha revelado como insostenible. Mientras tanto, se ha demostrado que con el número creciente de empastes de amalgama crece también la concentración de mercurio en el organismo. Así, se mostró en exámenes que en las personas con un alto número de empastes de amalgama, la concentra­ción de mercurio en el hígado, los riñones y el cerebro era, en parte, 20 veces más alta que en las personas que no los tenían.
Más tarde se comprobó que la concentración de plata en la corteza cerebral depende asimismo del nú­mero de empastes de amalgama en la boca. Eso significa que dichos empastes no ceden sólo mercurio, sino también plata.
Lo sorprendente de estos exáme­nes fue, que las altas concentraciones de mercurio se comprobaron no sólo en usuarios de amalgamas, sino tam­bién en niños de corta edad y fetos cu­yas madres iban provistas de empastes
de amalgama. Además se encontró que la concentración más alta que en adultos sin empastes de amalgama. La concentración era claramente más alta en el hígado que en los riñones.
En cambio, en los adultos se puede observar un descenso en la concentración exactamente opuesto. El motivo es que, en el estadio prenatal, el organismo no está irrigado de igual manera como después del parto. Más bien, el mercurio se almacena como toxina en el hígado, y así se impide que esta toxina se ceda a otros órganos -como los riñones y el cerebro En el momento del parto el hígado es fuertemente irrigado y se llega a una liberación del mercurio. Cuando este mercurio llega ahora a los pequeños riñones del lactante, se retie­ne aquí de nuevo, por lo que se explica, entre otras cosas, la alta concentración de mercurio en los riñones del lactante después del parto.
Así, está claro que la amalgama llega, a través de la placenta, al cuerpo del no nacido. En qué medida una carga posnatal de mercurio provocada por la leche materna tiene un papel no se ha aclarado todavía definitiva­mente; sin embargo hay algunas explicaciones aceptables.
Los caminos por los que la amal­gama, desde los dientes, llega lentamente al organismo, sólo se detallarán
la amalgama .
aquí brevemente (se han descrito detaal·cuerpo. lladamente en el libro Bioresonanz-The­rapie):
por el desgaste al masticar;
por el calor de la boca (como vapor de metales);
por comidas ácidas que arrastran las partículas de mercurio de la superficie de los empastes de amalgama;
por comidas y bebidas calientes;
por reacciones bioquímicas causadas por el humo del tabaco;
por la «filtración» de la amalgama en los canalillos de la dentina y luego en los maxilares (véase di­bujo en la página 189);

• por la transmisión de moléculas de amalgama con la saliva al tracto del estómago y del intestino, y luego a la sangre así como al cerebro (por ejemplo, a la hipófisis), al hígado, a los riñones, a las cápsulas suprarrenales, a las gónadas, al páncreas, al corazón, a los nervios y al sistema hormonal.
En el curso de la metilación, el mercurio inorgánico se transforma en orgánico. Se ha mostrado que este mercurio orgánico es 1.000 veces más tóxico que el inorgánico.
Además, se puede observar también que el estaño, casi siempre presente en la amalgama, es 10 veces más tóxico que el mercurio. También aquí tiene lugar la me­tilación, por lo que, por esta potenciación, el estaño orgánico es 10.000 veces más tóxico que el mercurio inorgánico.
Además, se puede observar el comportamiento fuer­temente corrosivo de la plata y el cobre. Si alguna vez ha comido un huevo con una cuchara de plata, conocerá el efecto: la cuchara se deslustra enseguida (se corroe). y el verdor del tejado de la iglesia es cobre corroído. ¿Le gustaría tener cardenillo en la boca?
Un problema añadido se presenta si las pacientes, además de los empas­tes de Cobre res de amaigama demaies, üevan una espiral de cobre o DIU para prevenir la concepción. La interacción catalizadora origina corrientes galvánicas entre los empastes de amalgama y la espiral, es decir, a través de todo el cuerpo. Éstas tie­nen graves repercusiones moleculares y energéticas sobre el organismo. Se puede decir incluso que las con­secuencias de la presencia de amalgama se refuerzan una y mil veces por la presencia de las espirales de cobre.
Con respecto a los efectos de la amalgama, se puede observar: cuantos más empastes de amalgama y ma­yor sea la cantidad de ésta que lleven los dientes, mayor será la carga del organismo. Cómo pueden resistirse es­tas cargas, depende de la capacidad de compensación, regulación y reacción.
Debido a los daños subsiguientes por la amalgama o bien el mercurio, países como Japón y Suecia han pro­hibido su empleo. En Alemania, los fabricantes principales han suspendido, a su vez, la pro­ducción. Mientras tanto, el propio Instituto Federal de Medicamentos y Productos Médicos (BIAM) es de la opinión de que las embarazadas y los niños hasta los 6 años no tendrían que llevar amalgama alguna. Con ello, el BIAM ha reconocido, al menos en parte, la peligrosidad que éstas suponen.
Además, hay todavía numerosos  materiales que asimismo están clasificados, al menos, como dudosos. Entre éstos se cuenta en primer lugar el paladio. Los efectos tóxicos del paladio y sus sales se han examinado y des­crito en experimentos con animales. Así, ratones a los que se suministró toda la vida 5 ppm (véase el glosario) de cloruro de paladio en el agua, enfermaron de cáncer con una frecuencia doble que los animales de control no tratados. Luego se demostró en ensayos de laboratorio el efecto inhibitorio de la actividad enzimática en personas y animales.
Pero también en la prueba bioenergética le es posible a un profesional del diagnóstico experimentado demostrar la incompatibilidad de estos materiales. Según nuestra experiencia, el número de pacientes que tolera­ban el paladio era claramente minoritario. Más bien se mostró que una combinación de amalgama y paladio conducía a graves perjuicios para la salud, cuyo espectro de síntomas era igualmente el doble que en las cargas de amalgama puras.
Según nuevos exámenes de re­nombrados conocedores de los ma­teriales, son tres los ámbitos principa­problemas les de problemas en los metales . aplicados a la odontología:
el efecto galvánico;
la corrosión;
el efecto antena.

Con un elemento galvánico se
Efecto galvánico origina una tensión eléctrica igual a la de una batería. Entonces, siempre que dos metales diferentes estén bañados por una solución de electrólitos, los iones van del metal de menor valor al de mayor valor. La validez se rige según la posición del metal en la escala de tensión de los elementos.
Durante la corrosión se modifica la superficie del metal a causa de ac­mada «acción fresadora». La tasa de corrosión mínima la muestran las aleaciones de alto contenido de oro. Las aleaciones base de paladio del tipo paladio-plata, las aleaciones bajas en oro, las de base de plata, las aleaciones base de cobalto y las de base de níquel muestran, en cambio, un alto comportamiento corrosivo. Las aleacio­nes con una proporción alta de cobre y plata corroen más fuertemente que las aleaciones comparables con una proporción reducida de ambos metales.
En general, las soldaduras dentales salen mal. Por eso, las soldaduras en trabajos proté­sicos deben reducirse absolutamente a lo mínimo necesario. Además, es fundamental observar que el níquel y el paladio reaccionan con alergias cruzadas. Eso significa que, si está presente una alergia al níquel, también es de esperar una alergia al paladio, y a la inversa. Es conocido que las alergias al níquel están fuertemente difundidas (alergia a la bisutería) y las alergias al paladio muestran una tendencia creciente.
Los metales en la boca actúan como antenas para los campos elec­tromagnéticos del ambiente. Pueden recibir esas corrientes y conducirlas al cerebro, por ejemplo, a la hipófisis y la epífisis.
Incluso las aleaciones de alto valor (con más del 98% de oro y platino) pueden provocar incompatibilidades. Hay que admitir que la creciente incompatibilidad del platino y también del paladio la provoca la técnica cata­lizadora. En tales casos, los dentistas pueden recurrir a ti­tanio puro o, en casos especialmente difíciles también a proveer los dientes sin metales. (¡Pero también otros ma­teriales odontológicos pueden conducir a cargas del organismo!)
En esta relación debe enfatizarse de una vez que ¡en ninguna otra disciplina médica se trabaja de manera tan incontrolada con materiales diferentes, que, además, se implantan en el organismo! Estos materiales muchas veces ni están sujetos a un reglamento farmacológico ni a otras disposiciones legales.
Así, hasta hace poco se utilizaba el arsénico para matar el nervio dental inflamado (la pulpa). El arsénico está designado como «el rey de los venenos» Y ¡todavía está considerado hoy en día un veneno mortífero! (Ciertos problemas entre las personas se podrían resol­ver con él también odontológicamente -lo que natural­mente, no debería dar ideas, sino sólo clarificar la pro­blemática de los empastes dentales.)

abstenerse del implante sin crítica de los materiales dentales. Más bien deberían testarse todos los materiales dentales antes de su implantación, específicamente con la técnica de tests en red.
Focos dentales toxicosis
Junto a los materiales dentales , Otros focos de incompatibles, también los propios dispersión en la boca dientes y los tejidos circundantes pue­den representar una carga para el cuerpo. estos focos diseminan sustancias y sus oscilaciones en el organismo. Esto sucede si la pared defensora que rodea al «foco» es atravesada debido a una debilidad. Como focos que tienen su origen en la zona maxilar, de la boca y de los dientes, actúan los dientes muertos, los quistes, los dientes desplazados, las inflamaciones de los huesos, la inclusión de cuerpos extraños y las enfer­medades de las articulaciones maxilares, por nombrar sólo algunos.
Los dientes muertos se descom­ponen, por lo general, con el tiempo y Dientes luertos forman productos proteínicos en des­composición. Estas sustancias tóxicas pueden causar enfermedades crónicas o reforzarlas. Pero también los materiales de relleno de la raíz son en parte muy dudo­sos, pues sus componentes son, con frecuencia, formal­dehídos, metales pesados, cortisona y antibióticos. Des­graciadamente, debe admitirse que un relleno biológico de la raíz es una ilusión. Más bien hay que ver todos los dientes con rellenos en la raíz como bombas de relojería, que, desgraciadamente, sólo pueden ser reconocidos como tales por terapeutas que trabajan de manera bioe­nergética.
Las muelas del juicio pueden ejercer un efecto de foco tóxico sumamente importante. La frase «no hay infarto sin la participación de la muela del juicio», encuentra siempre confirmación. Uno de los autores de este libro, el doctor Schmedtmann, siempre vio esta ase­veración confirmada en su actividad durante 10 años como dentista que trabaja globalmente.
Un repaso al esquema de la teoría de los 5 elemen­tos de la página 82 le mostrará que las muelas del jui­cio están en relación energética con el corazón. De ma­nera especialmente sensible, los hombres reaccionan con la muela del juicio inferior izquierda, mientras que las mujeres están más bien cargadas por la muela del juicio inferior derecha (en dirección a su sistema hormonal). Sólo aproximadamente el 10% de los pacientes del doctor Schmedtmann tenían muelas del juicio sin síntomas.
Pero también después de realizar una extracción de las muelas del juicio se presentaban problemas en su entorno, si no se extraía plenamente la bolsita dental inmediata o si se manifestaba en esta región una infla­mación crónica.
Para finalizar el tema de las toxi­cosis focales se mencionará que la in­clusión de cuerpos extraños, sean de la clase que sean, tamblen puede conducir a perturbaciones. El cuerpo extraño que se puede observar con más frecuencia aquí es la amalgama, la cual, por ejemplo, después de una extracción cae de manera imper­ceptible en el alvéolo vacío o, en el curso de una resección de la punta de la raíz (descabezamiento quirúrgico de la punta de la raíz), permanece en los huesos.
QUÉ PAPEL TIENEN LOS PUNTOS CARDINALES
Desgraciadamente, hasta hace pocos años se reali­zaban resecciones con los llamados empastes retrógrados de amalgama. Aquí, después de extraer la punta de la raíz, se rellenaba de amalgama la parte inferior del diente restante a través del agujero del hueso. Eso significa que la amalgama tiene un contacto directo con el hueso y así, puede difundir toda su toxicidad mediante reacciones bioquímicas y oscilaciones bioenergéticas en un tejido fuertemente irrigado. Pero también se emplea­ron clavijas de plata para ocluir la punta de la raíz al hacer la resección. A su vez esta plata, por más noble que fuera (por ejemplo, la plata esterlina), mostró su efec­to de toxicosis focal. Se podía apreciar la corrosión de la plata por medio de una coloración de oscuro a negro de la mucosa circundante.
Si se proyecta sanear la dentadura, este saneamiento debería tener lugar en el sentido de un complejo restablecimiento de la función de la masticación. Esto se refiere por un lado, a liberar al paciente de los materiales incompatibles y perturbadores; por otro, al saneamiento por ope­ración de las zonas óseas cargadas. Todos estos saneamientos deben prepararse en cualquier circunstancia según la medicina global.
Forma parte de esto la preparación con éxito de los órganos de secreción más importantes, el intestino, los ri­ñones, la vejiga, la piel, las mucosas, el sistema linfático y el hígado. En la práctica esto se ejecuta con la ayuda de la técnica de tests en red. Cada sesión de saneamiento reci­be tratamiento individual según la medicina global antes, durante y después de las intervenciones.
El saneamiento de las amalgamas debe llevarse a caso con grandes cuidados. Se tiene que evitar por todos los medios que este material tóxico entre en contacto con la mucosa durante la perforación. Para ello es adecuado emplear la llamada goma de tensión (goma doble de ma­leta), la cual se pone sobre los dientes para que éstos sobresalgan entre ella. De esta manera, el lodo de amal­gama perforada no aterriza en la mucosa, donde se absor­berían muy rápidamente grandes cantidades de sustancias tóxicas, sino en la goma protectora, donde se puede succionar enseguida.
En casos de saneamiento quirúrgico del foco, casi se puede renunciar plenamente al empleo de antibióti­cos si se realizan los correspondientes tratamientos previos, de acompañamiento y posteriores.
La necesidad de medios analgésicos después de las operaciones es claramente más reducida de lo usual con esta terapia de acompañamiento, y a menudo se puede renunciar a ellos totalmente.
Por regla general, se aplica una inyección de anestesia para insensibilizar al dolor durante las perforaciones o en ¡as operaciones. Desgraciadamente, el número de pacientes crónicos y muy alérgicos crece, de modo que son cada vez más los pacientes en la práctica del doctor Schmedtmann para los que no se puede encon­trar anestesia alguna. Se puede ayudar a estos pacientes con la hipnosis y facilitar así un tratamiento sin dolor. Además, este método, desarrollado por Milton H. Erickson, ofrece la posibilidad no sólo de hacer llevadero el tra­tamiento dental a pacientes que tienen miedo, sino convertirlo incluso en una experiencia aceptable e inolvidable. Bajo la hipnosis no sólo se realiza la perforación sin dolor, sino que también es posible la intervención quirúrgica.
En el curso del planeado tratamiento dental se de­bería redactar, a ser posible, un protocolo sobre los ma­teriales odontológicos empleados para asegurarse de que no se integra en la boca de nuevo un cuerpo extraño incompatible; pues, como ya se ha descrito, casi no hay material dental que sea compatible con todos los pacientes por igual.
Especialmente la realización de un puente conduce en el frente maxilar superior mediante la retirada de huesos y mucosas a menguas estéticas y fonéticas. En cambio, los implantes ayudan a detener esta atrofia ósea. Hoy en día también se está en condiciones de recuperar, en parte, los huesos dados por perdidos con la ayuda de la regeneración guiada de tejidos.
Para concluir, tiene que mencionarse todavía que determinadas terapias de acompañamiento de otras especialidades son totalmente útiles en el restablecimiento de la función de la masticación. Así, son muy útiles determinadas terapias musculares y de relajación como la terapia craneosacral y el trabajo de Feldenkrais en las enfermedades musculares y en las tensiones musculares de la musculatura de la cabeza, la nuca y la espalda condicionadas por el estrés. A la hora de juzgar las enfermedades musculares de la articulación temporoman­dibular no puede faltar la columna vertebral. Aquí la quiroterapia está acreditada como una medida terapéutica de apoyo.
UN CASO: M. S., mujer, 26 años
La paciente sufre, desde hace dos años y medio, una cistitis crónica acom­pañada de una ovaritis. Cada 15 días se le presentaban pérdidas. Tenía un fuerte acné en la cara. El diagnóstico de rayos X mostró que los 4 dientes frontales del maxilar superior tenían rellenos en la raíz. Toda la zona de la vejiga y los órganos sexuales está conectada con los dientes frontales de los maxilares su­perior e inferior debido a la relación energética órgano­diente. Debido a pruebas bioenergéticas detalladas de las relaciones órgano-diente de esta paciente, el médico que la trataba pudo comprobar que los dientes frontales del maxilar superior ejercían realmente un efecto focal irradiador, además de otros dientes que· tienen relación con el meridiano del estómago, el del bazo, el del pán­creas y el del corazón.
Eso significaba para la paciente, lamentablemente, que los dientes frontales que actuaban como focos tóxicos debían extraerse si quería desembarazarse de sus inflamaciones abdominales. Puesto que ella vio esta ne­cesidad, siguió el consejo. Después de una cuidadosa preparación bioenergética, se ejecutó la extracción. A continuación, la paciente recibió cada vez con una tera­pia de base las oscilaciones invertidas (véase el glosario) de los dientes extraídos y de los restos de la operación (partículas de encías, sangre de la herida. El resultado: las heridas de la extracción curaron muy rápidamente, pues ya a los 4 días habían desaparecido todas las mo­lestias. También el acné se curaba a buen ritmo. Debido a la terapia bioenergética, la paciente no necesitó tomar producto alguno contra el dolor.

Se probó la compatibilidad de los materiales denta­les, incluidos los implantes, que era preciso introducir después de la extracción. Aquéllos se introdujeron 12 semanas después de la extracción en los orificios centrales. Puesto que esto también tuvo lugar bajo una terapia bioenergética de acompañamiento, el odontólogo pudo observar una curación destacada de huesos y he­ridas. '
Hoy la paciente ya no siente dolores y su asistencia dental no suscita deseo «cosmético» alguno. Éste es, con toda seguridad, un buen ejemplo de una terapia global.
Un tema especial del cuidado de los dientes es el problema de la profilaxis de fluoruros. Aquí están especialmente enfrentadas las opiniones de defensores y detractores. Los defensores consideran la profilaxis de fluoruros irrenunciable para endurecer el esmalte dental y prevenir así la caries; los detractores lo consideran un peli­gro global para la persona, así como una desviación de las verdaderas cau­sas de la caries.
¿De qué se trata?
El flúor es un gas tóxico que, como elemento alta­mente capaz de reaccionar, está unido a otros numero­sos elementos; por ejemplo, en forma de fluoruro sódico. En la industria se presenta como producto de desecho, por ejemplo, en la industria del aluminio. Este hecho constituyó la ocasión, en la producción industrial americana del aluminio, para buscar un motivo a fin de emplear el flúor. En­tonces se sugirió la posibilidad de endurecer el esmalte dental con flúor. Este endurecimiento del esmalte significa al mismo tiempo protección contra la caries, con lo que aquí también hay una profilaxis contra las consecuencias, peligrosas para la salud, del consumo de azúcar.
Después de que el Ministerio de Sanidad de Estados Unidos se pusiera de acuerdo con los asesores legales de la industria del aluminio, quedó el
camino expedito para forzar la medi­cación de flúor por medio de estudios adaptados y de intensas campañas publicitarias. Los resultados ya los conoce: fluoruro en todas las bocas.
Las intensivas medidas de imposición apenas deja­ron hablar a los detractores. Así se podían suprimir fácilmente los argumentos de peso que había en contra: la situación actual de información unívoca es clara­mente el producto de una estrategia dirigida de mar­keting.
El profesor Harndt, de Berlín, lo admite: «En nuestra para Enfermedades dentales, bucales y maxilares, la manipulación provocó una actitud positiva hacia el fluoruro». y la fuerza influyente, decisiva, que ejercen los grupos de intereses en política es de dominio público.
La base de toda la controversia es la teoría de Miller sobre la caries, de 1889 y todavía válida hoy, según la cual los dientes eran destruidos ex­clusivamente por influencias externas, entre otras, el azúcar y el sarro (bacte­rias). Si se endurecía, pues, el esmalte, se prevenía o bien se evitaba así la caries (<<putrefacción dental», destrucción de la sustancia dura del diente).
Puesto que el fluoruro, según los estudios existentes, puede supuestamente endurecer el esmalte, parece posible aquí una profilaxis especial­mente favorable contra la caries que relegue a un segundo plano el problema del consumo de azúcar.
Debido a las intensas medidas mencionadas de imposición de la fluorización como uno de los «pilares» de la profilaxis contra la caries, se da hoy en muchos países, entre ellos en el líder en este aspecto, Estados Unidos, una fluorización del agua potable (<<fluoruro para todos») así como una fluorización de la sal. Comprimidos de flúor (<<los comprimidos contra las consecuencias de las golosinas»), jaleas fluoradas, lacas fluoradas, pastas dentífricas fluoradas, sustancias artificiales para empastes den­tales fluoradas y lacres completan la «profilaxis contra la caries».
Sin embargo, a pesar de todas estas medidas intensivas para «endurecer»· el esmalte, la caries no consiste en una enfermedad debida a la carencia de flúor como podría creerse, sino que es, y se trata en esencia de una señal de perturbaciones en el metabolismo debidas a una mala alimentación, por ejemplo al consumo de azúcar, pues el azúcar perturba el metabolismo y conduce al mal aprovisio­namiento de las sustancias de formación del diente y es asimismo un «saqueador de minerales», lo cual impide la correcta formación de la sustancia dental. Y, finalmente, el azúcar forma en el revestimiento del diente ácidos que pueden conducir a una desmineralización del diente.
Ciertamente, el tratamiento a tiempo de la caries impide el crecimiento de la superficie atacada; sin em­bargo, no el de los dientes enfermos.
El flúor está en los primeros lu­gares de la lista de los contaminantes ambientales. Se agrupa, como el metal pesado mercurio y el químico DDT, según la situación del metabolismo y de la capacidad de desintoxicación y excreción del cuerpo, en los tejidos, donde perturba el sistema de regulación fundamental.
Si consigue llegar a las células corporales, daña el metabolismo, intoxicando enzimas y cromosomas, y por su afinidad con el calcio, al dañar su metabolismo, ace­lera degradando y dañando asimismo la disposición de huesos y dientes (!).
Se ha demostrado que el flúor frena la actividad de 49 enzimas.
Debido a 1e­gativas, se sospecha que el fluoruro es cancerígeno. Las incompatibilidades y alergias al fluoruro aumentan constan­temente.
El fluoruro también frena la actividad de las bacte­rias eoli, 10 que conduce al hundimiento de las defensas contra las infecciones, circunstancia que también se ha descrito en el apartado «El intestino».
Esto, especialmente en vista del hecho de que, a base de combinaciones de preparados, se podría presentar fácilmente una dosificación excesiva que conduciría a los daños arriba mencionados.
Una dosis muy baja como profIlaxis contra la caries (0,25 mgldía) parece, puesto que sólo una minoría de entre nosotros sigue una alimentación óptima, sin embargo, justificarse y representa así un compromiso en la alimentación moderna.
Autoagresor significa «dirigido contra el propio organismo». Las enfermedades de autoagresión son, pues, enfermedades que se originan porque las defensas se dirigen contra el pro­pio cuerpo. Entre éstas se cuentan la esclerosis múltiple (EM), la artritis reumatoide, la colitis crónica (inflamación crónica del intestino grueso), el reuma y otras.
El tratamiento de todas las enfermedades de autoa­gresión es extraordinariamente difícil, tanto en la medicina convencional como en la naturista. El problema principal es el hecho de que las autoagresiones representan la forma más extrema de las defensas corporales mal encauzadas. La defensa está tan mal encauzada y es tan rigurosa que no teme atacar los propios tejidos. De repente, ve las estructuras propias como combatientes. Ya no reconoce la diferencia entre lo sensato y 10 absur­do y cava su propia fosa.
¿Qué puede hacer el terapeuta
en esta situación? Con seguridad, hay algo que no debe hacer: estimular las propias defensas. Eso avivaría todavía más su actividad autoagresora.
Pero el terapeuta tampoco puede estabilizar los mecanismos reguladores del cuerpo. Esto elevaría asimis­mo la predisposición de reacción del cuerpo, es decir, las medidas autoagresoras.
Ni tampoco puede, en primer lugar, estimular la desintoxicación y depuración del cuerpo, lo que es una condición previa absoluta para curar con éxito la mayo­ría de las enfermedades; pues, en caso de que las toxinas disueltas en el tejido conjuntivo no puedan abandonar el organismo, por ejemplo, por estar sobrecargados los órganos excretores por las hornadas de toxinas, o porque el paciente haya bebido muy poco durante la terapia, se almacenarán de nuevo y ciertamente en el lugar de mínima resistencia, que es el lugar de los procesos autoagresores.
En vista de esta precaria situación, el punto de referencia de la medicina convencional es suprimir las de­fensas en las enfermedades de autoagresión, no dejarlas de la mano. Pero este camino daña, naturalmente, todo el sistema inmunitario y abre las puertas a nuevas enfermedades que pueden entonces sobrecargar el organismo definitivamente.
¿Qué hacer, pues, en esta situación aparentemente sin salida? Buscando una salida, el terapeuta debe sumergir­se profundamente en la materia, esto es, en la esencia de las enfermedades de autoagresión.
• Cada enfermedad es una enfermedad individual. Éste es también el caso de las enfermedades de autoagresión. No hay dos esclerosis múltiples iguales o dos casos iguales de reuma. Hay sólo desarrollos individuales de la enfermedad y causas individuales. Un punto básico en el diagnóstico y la terapia de las enfermedades de autoagresión es, pues, la busca del componente individual, el trasfondo individual en el que se ha organizado la energía patógena de la enfermedad.
Una enfermedad de autoagresión es una sensibilización contra el propio cuerpo; es, pues, comparable a una enfermedad de alergia. Puesto que las reacciones alérgicas (al menos en la primera fase) son reacciones hiperérgicas, en las enfermedades de autoagresión hay que preguntarse por este punto.
Las falsas reacciones de las defensas no suceden por pura casualidad ni en las enfermedades de autoagresión ni en las alergias. Tienen sus motivos, y éstos residen siempre en la sobrecarga del sistema inmunitario. Por regla general, son multicausales, como enfatizamos siempre. A menudo se hilvanan unas con otras en el transcurso de la vida y se acumulan y conducen después de mucho tiempo a falsas regula­ciones. Vale la pena tener a la vista los muchos factores de carga que pueden presentarse aquí, pues sólo entonces quedará claro lo complicados que son el diagnóstico y, la terapia de las enfer­medades de autoagresión y por qué hasta ahora se han podido conseguir tan pocos éxitos en su curación:

-carga por toxinas hereditarias; -carga por vacunas; -cargas por enfermedades infantiles
tratadas retrotóxicamente; -cargas por desarrollos psíquicos defectuosos y cargas psicosomáticas de ellos resultantes;
-cargas por daños anteriores de determinadas zo­nas de los tejidos y partes de órganos a causa de enfermedades infecciosas pasadas, reacciones inflamatorias o parecidas que, por regla general,
se trataron de manera retrotóxica (intoxicación regresiva) ;
-cargas por virus, especialmente cargas virales que han desarrollado un efecto a largo plazo, por ejemplo, virus que cargan el organismo, el sistema. Éstos pueden ser, por ejemplo, el her­pes, el virus Epstein-Barr, el virus Coxsackie;
-cargas por bacterias, por ejemplo, cargas focales crónicas de las amígdalas faríngeas por la dis­persión de bacterias estreptococos hemolíticos después de una escarlatina tratada retrotóxica­mente en un foco bacteriano crónico de dispersión en la zona dental y en cargas bacterianas crónicas en la zona de los senos paranasales;
-cargas por efectos sistémicos de toxinas micóticas;
-cargas por excesiva concentración de toxinas ambientales en determinadas partes de los tejidos (por ejemplo, los tejidos conjuntivo y adiposo) por formaldehídos, insecticidas, herbicidas, dioxinas, metales pesados -aquí especialmente por materiales dentales como la amalgama y el paladio-;
-cargas por toxinas del lugar de trabajo como el asbesto, colorantes, sustancias de combustión, etc.;
-cargas por intoxicación crónica causada por una intoxicación regresiva masiva procedente del intestino;
-cargas por sobrecarga crónica del tejido conjuntivo con sustancias de putrefacción procedentes del intestino y de la zona maxilar y dental;
-cargas por sobrecarga crónica del hígado por sustancias de fermentación procedentes del intestino;
-cargas de todo el cuerpo por carencia crónica de excreción debido a la sobrecarga o el bajo funcionamiento del hígado y los riñones;
-cargas de todo el organismo por carencia cróni­ca de excreción a través de la piel.

Para hacer retroceder el descarrilamiento del siste­ma inmunitario, esto es, para frenar los procesos de autoagresión, se debe, pues, en primer lugar, abarcar con el diagnóstico todas estas cargas de fondo y luego suprimirlas terapéuticamente. Éste es terreno del diag­nóstico energético y de la terapia energética o, dicho más exactamente, del método de la Casa Terapéutica.
Una terapia de las enfermedades de autoagresión presupone la capacidad de regulación del organismo. Si ésta ya no se da, el cuerpo ya no puede regular y entonces este destacado método deja de estar en condiciones de influir en las enfermedades de autoagresión. Mas éste raramente es el caso.