La nueva visión
LA ARMONÍA Y EL ENTORNO ACTUAL
El término armonía, procede del verbo griego ‘armotso’, que significa ajustar, casar, acordar. Dentro de este campo semántico, una acepción muy significativa de la palabra armonía es ‘conformación de los espíritus’. Cuando busqué sus paralelismos conceptuales en diferentes diccionarios de sinónimos, encontré palabras muy interesantes para re-definir la ‘armonía’ como son: compatibilidad, concordancia, unión, acuerdo, enlace, simetría, equilibrio, ritmo, cadencia, afinación, agradable, cordialidad, paz, inteligencia, hermanamiento, afecto, distensión…
Después del segundo gran ítem mundial que transformó a la humanidad entera, es decir, la revolución industrial (que apareció una vez madurado ya el primer ítem que fue la aparición de la agricultura), la vida del hombre se modificó por completo y desde luego no sólo cambió radicalmente sus formas tecnológicas y mecánicas sino que también cambiaron todas sus costumbres, su psicología, su economía, sus formas políticas, e incluso sus manifestaciones artísticas. Aunque lo indudable es que esta aparición de la industria mayormente incidió sobre la salud del planeta, sobre su piel, sobre sus entrañas y sobre sus fluidos, como nunca antes en la Historia había ocurrido.
Hoy nuestros hijos, nietos y todos sus parientes, viven sobre un suelo y dentro de una atmósfera que difícilmente podrán sostener. Ni sus cuerpos, ni su mente, ni sus bolsillos, podrán mantener este maremagnum que sostiene forzadamente el sistema capitalista. Incluso contando con la increíble y maravillosa capacidad de adaptación que tiene el ser humano (y sobretodo la que tienen nuestros hijos y nietos), el grado de toxicidad actual, a varias escalas, parece insostenible. Sin querer ser catastrofista, es evidente y estadístico que hay más intoxicación y saturación que nunca, más trastornos psíquicos, más polución y más escasez de medios naturales como nunca antes había habido. Y naturalmente, hay más población que nunca en este planeta.
Incluso, si hablamos de futuro, hoy los hijos ya no heredan casas y tierras sino que heredan hipotecas por pagar. O mirando hacia arriba, heredan un planeta con una agujereada capa protectora en la atmósfera cargada de ozono, unas partículas sabiamente protectoras de la radiación solar alteradora para el hombre, un manto eternamente protector que hemos conseguido estropear por la gran emisión de gases carbónicos procedentes de nuestra actividad industrial y la locomoción. Y aquí tenemos el grave calentamiento de la atmósfera terrestre. Es como si el ser humano hubiera llegado a un ‘cul de sac’, un camino sin salida, sin perspectiva; al menos, lo que sí podemos asegurar es que nuestros hijos y nietos no lo tienen nada fácil, eso es evidente.
No obstante, ahora estamos entrando de forma definitiva e irreversible en la tercera revolución mundial: la informática, la expansión plena de la comunicación, de la interacción, del contacto e intercambio instantáneo entre los seres. Me pregunto cómo vamos a desarrollar el tercer gran fenómeno mundial sin haber resuelto de una forma coherente, ética, sensata y saludable las consecuencias de la anterior revolución industrial.
Personalmente he encontrado una vía de solución, a pequeña escala tal vez, pero he constatado que resulta muy efectiva porque es como una estrategia y una táctica de ‘lluvia fina’, o de 'mancha de aceite', que se expande despacio pero de forma penetrante. Cada uno, individual y familiarmente, puede contribuir con su pequeño grano de arena a la solución del caos industrial, de la fealdad, de la toxicidad, de la ignorancia ecológica y energética, de la enfermedad y del hiperconsumo, el cual fomenta y alimenta a la industria y a todo ese microsistema (material y psíquico) organizado alrededor de ella.
Esta vía de solución es… la recuperación de la Armonía. En todos los campos posibles. La estrategia, la dinámica cotidiana de cada persona, puede ser simplemente la de buscar, activar y fomentar la armonía, la belleza y el equilibro en cada rincón de la Tierra, en cada parcela de tu vida y en cada momento. Pero ésta, aunque no lo parezca, no es una solución estética sino energética, médica, psicológica, ecológica, coherente y… tal vez urgente.
Si cada uno se hace consciente de la necesidad de armonizar su pequeño entorno (en mi libro 'Lecturas del entorno' propongo muchas) de alguna forma esa conciencia de armonía se transmite hasta los vecinos, a los hijos, se contagia a los amigos; algo ocurre cuando tienes un despacho armónico, una vivienda sana y equilibrada, cuando la Belleza en mayúsculas, prima-hermana de la Armonía (y ésta, a su vez, es hermana del Amor) entra a formar parte de nuestras vidas y sana un sinfín de alteraciones insanas individuales, grupales y ambientales.
Pero incluso si solo habláramos de estética, debemos recordar que la estética no es estática. Las ondas de forma, de color y de luz que tiene cada objeto, cada cuadro, su simbología, cada elemento de la vivienda, también modifican el comportamiento de nuestras células, de nuestras pautas de conducta y de nuestra armonía interior. En mis publicaciones, aunque sean sobre Medicina del Hábitat, el arte o sobre Geocromoterapia, siempre se habla mucho de psicología, del alma y de la evolución del ser humano.
Observemos lo que está ocurriendo ahora. Paralelamente a esos dos últimos ítems sucedidos en nuestro planeta, industrialización e informática, que desde luego están consiguiendo mutar la vida del hombre (respecto a sus costumbres anteriores, lo cual no quiere decir que sea negativo, como veremos), está sucediendo también otro pequeño fenómeno en el mundo occidental: se pone de moda el Feng Shui, un método procedente de Oriente para armonizar casas. No solo eso sino que muchísima gente sabe ya que existen las ‘geopatías’ y que hay una práctica llamada geobiología para detectarlas. También paulatinamente se pone de moda el Vastu Shastra procedente de la India, otro antiquísimo método ayurvédico para construir un lugar energéticamente equilibrado. Todos esos métodos antiguos y modernos justo aparecen, o reaparecen en la sociedad industrial, conforme el hombre se hace más ‘consciente’ de su infelicidad, de su desarmonía, de la fragilidad de su entorno, de su salud y de su psicología, cuando se da cuenta de la delicadeza de Gaia, de la fealdad de nuestro territorio intoxicado. La toma de conciencia es precisamente lo que activa ‘el encuentro’ de posibles soluciones.
Son caminos que cursan paralelos. Conforme más nos decepciona el sistema sanitario vinculado al sistema capitalista, o neoliberal, que no es nada más que la faceta actual del capitalismo, más búsqueda y más encuentros hay de medios alternativos e independientes para equilibrarnos. Conforme más infelicidad y menos armonía, más se extienden los métodos de trasformar el caos. Conforme más bajas laborales existen, más personas se acercan a la búsqueda de las causas reales y profundas de sus síntomas aparentes.
De hecho, podría decirse que no existen las ‘modas’ tal como las entendemos sino que, lo que se da realmente son fenómenos de reacción, de contraposición a una presión. ¿Y cual es la presión? Nuestros propios pasos anteriores. O sea, lo que hicimos con el planeta inconscientemente, es decir, sin tener conciencia (e información) de lo que hacíamos. Algo parecido al habitual comportamiento de los adolescentes…pero tal vez la humanidad ya esté llegando a los veintiún años (el tercer septenio…), así que deberíamos empezar a actuar con madurez y sobretodo con responsabilidad.
Sin embargo, es evidente y cierto que casi nadie puede vivir ya, ni puede trabajar, sin ordenadores ni automóviles, sin máquinas, sin teléfonos, sin vestidos; incluso en los núcleos urbanos, que tantos seres congregan, ya no podríamos ni siquiera comer sin la tecnología agraria y los medios de transporte actuales para distribuir los alimentos. Entonces, observando el panorama actual y el estado del planeta, lo que ha ocurrido tan solo es que… hemos abusado. Nos hemos emborrachado de tecnología y de dinero. Dicho de otro modo: perdimos los límites, los valores, la coherencia, la prudencia, la sensatez, y sobre todo, sin saber cómo, perdimos el respeto hacia nuestra tierra nutriente y consecuentemente perdimos la ‘armonía natural’ de nuestras vidas.
Porque la Armonía es una fuerza que pertenece y procede de la Tierra y del Universo, por tanto, siempre ha estado ahí, al menos como potencial. No obstante, incluso teniendo en cuenta dos cosas, como son nuestra gran 'capacidad de regeneración' y también nuestra 'capacidad de concienciación', creo sinceramente o siento que esta situación actual es reversible y que la fuerza de la Armonía es recuperable.
© MARTA POVO, enero 2007 (www.geocromoterapia.com)
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