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Este articulo ha sido traducido del ingles al castellano por Itaca Centre de

Biodinámica Craneosacral y Osteopatía. Debido a la extensión del texto original..

Publicación con el permiso del autor (*)”. 

 

 

 

 Nuestra profesión de buen grado o no, atraviesa un proceso de divorcio

entre “craneales” y “estructurales”. Ambos campos expresan, de forma creciente

en sus foros escritos y orales, disconformidad los unos por los otros. Los

“estructurales” consideran que los “craneales” carecen de cualquier base racional

y no son muy diferentes de la “curandería” o el “reiki”. Estos consideran puros

engaños la movilidad de las suturas craneales o los ritmos del fluido

cerebroespinal. Para los que manipulan, compartiendo el mismo nombre

profesional con médicos irracionales esto supone una gran carga, particularmente

en un momento en que la osteopatía esta obteniendo respetabilidad.

 

 Desde el punto de vista de los “craneales”, los trust osteopáticos son algo

más que el simple ajuste del hueso. El arte sofisticado de Sutherland de recuperar

la “fluidez” de las suturas craneales no puede compartir la misma institución que

los brutos que se dejan caer, con todo su peso, sobre las uniones sacro ilíacas. La

osteopatía estructural es, para ellos, la parte de la oscura prehistoria de nuestra

profesión.

 

 El autor cree que estos desacuerdos son los efectos tardíos del Big Bang que

siguió a la muerte de Still. El fundador había integrado cuatro modelos en su

descubrimiento. Estos son por orden cronológico: la medicina, la cirugía, la

curandería y el ajuste del hueso. Ya durante su vida, los seguidores de Still

bifurcan su herencia. Unos se identificaron con el modelo alopático y quirúrgico de

Still y se convirtieron en los nuevos D.O. (Doctor en Osteopatía) americanos. Otros

se identificaron con la curandería de Still y evolucionaron hasta los actuales

“osteópatas craneosacrales”. Los otros se identificaron con el ajuste del hueso del

fundador y evolucionaron hacia la moderna “osteopatía estructural”.

 

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 Durante los últimos cien años, la profesión osteopática ha sido regularmente,

agitada por las batallas entre “Estructurales” y “Funcionales”, como ambos campos se

denominan el uno al otro. El público ha sido involucrado en dicha batalla. Los pacientes

que están acostumbrados a tratamientos se sentirían engañados por la “colocación” de

las manos por parte de los médicos craneales.. En el extremo opuesto, los pacientes

tratados por los médicos que solo “escuchan” con sus manos se sentirían sumamente

agredidos por los trust. Apenas algo sobrevive de los días en que los “craneales” y

“estructurales” eran cabeza y cola de un mismo cuerpo.

 

A principios del siglo pasado fue cuando se produjo la Gran División.

 

 

 El principio del conflicto, simbólicamente, podríamos datarlo en el día en que

Still catapultaba a J.M. Littlejohn, el primer Decano de la ASO, fuera de Kirsville. El

fundador de la osteopatía americana creía que la estructura imperaba sobre la función.

El fundador de la osteopatía europea pensaba que esa idea era sumamente ridícula y

afirmaba que la función imperaba sobre la estructura. Con tales paradigmas opuestos,

Still y Littlejohn no podían impartir su enseñanza bajo la misma institución y tuvieron

que separarse. Juzgando según las cartas que ambos intercambiaron, su separación fue

bastante maliciosa, tan maliciosa como las recientes discusiones entre los campos que

heredaron sus ideas.

 

 Muy pocos comprendieron cuán significativa sería esta separación para el futuro

de la profesión. HH Fryette DO, el maestro de la osteopatía estructural, dijo una vez.

cuando se marchó, Littlejohn sacó todos los sesos de Kirsville”.Esta no fue una

declaración muy agradable para Still por quien entonces era el responsable. Fryette sin

embargo tenia razón, en que la osteopatía americana perdió la mayor parte de su función

y permaneció en su estructura.

 

 Las ideas de Littlejohn no se desvanecieron con su salida de Estados Unidos.

Una vez en Inglaterra, desarrollo su llamado “Tratamiento General de Osteopatía”, que

externamente parece “estructural” pero que en cuanto a la naturaleza es muy

“funcional”. Dos de sus estudiantes, uno conceptuado como estructural, HH Fryette, y

el otro como funcional, WG Sutherland, también mantuvieron viva la llama. Mas tarde,

otras técnicas “funcionales” evolucionaron, como la “Funcional” de Hooker, la “Energía

del Músculo” de F. Mitchell, o la “Tensiones Reciprocas” de LH Jones. Todos estos

métodos representan las diferentes formulaciones de los principios defendidos por Still

y Littlejohn, y durante muchos años han logrado alguna respetabilidad.

 

 El “craneal”, sin embargo, nunca fue aceptado por la institución “estructural”.

En los días de Sutherland, solo encontraba desaprobaciones. Fue considerado entonces,

como una entre las muchas excentricidades de la osteopatía. Hoy día, se ha convertido

en una amenaza para la profesión osteopática establecida. El craneosacral, bajo muchos

nombres diferentes, surge como una profesión competitiva. La determinación sobre

quien es osteópata esta en juego aquí. ¿Los que ponen las manos o los que empujan?

¿Quiénes serán conocidos en el futuro como los verdaderos herederos de las ideas

planteadas por Still? En esta lucha, todos buscan ayuda de otros campos. Los

“craneales” siguen adelante con las ondas del holismo de la Nueva Era. Los

“estructurales”, deciden unir los rangos de la medicina convencional y “racional”, p. ej.,

el enemigo de antaño.

 

 Estos conflictos osteopáticos son de hecho, batallas locales de una guerra mucho

mas grande que opone a los defensores de dos principios muy nobles. Ciertamente, la

relación reciproca entre la Estructura y la Función es una cuestión que plantean muchas

otras ciencias, incluyendo la física, la química, la filosofía, el arte, la historia, o la

psicología. Y durante los últimos cien años, la guerra se ha agravado en todos los

frentes.

 

El leproso

 

Desde su origen, los craneales fueron marginados. Durante muchos años, sus trabajos

fueron reservados para una minoría selecta. El “iniciado” y sus asociaciones

funcionaron como sociedades secretas. A diferencia de todas las otras “técnicas

funcionales” no parece utilizar ninguna fuerza física o fisiológica conocida. A diferencia

de la osteopatía común, con sus raíces sólidas en las leyes de la física clásica, la

“craneal” no ha encontrado, todavía, su residencia científica oficial. Los médicos

“estructurales” la descartan como una técnica ineficaz, comercializada por una mezcla

demagógica de misticismo y ciencia.

 

Los craneales rechazan estas acusaciones. Ellos sienten que son tan “científicos” como

cualquier otro. Consideran la  osteopatía “estructural” como un dinosaurio sobrante,

condenado a desaparecer. Los trust son una violencia impuesta y, como tal, son inútiles

o incluso peligrosos. Para los craneales, el osteópata no debe hablar a los tejidos. El esta

allí para escuchar. Ellos se consideran como los únicos terapeutas capaces de oír, con

sus manos, la voz del impulso vital en los tejidos humanos. En paralelo con este

lenguaje bastante esotérico, los craneales desarrollaron, durante años, una explicación

racional de su propia técnica, basada en hechos “insólitos” anatómicos y fisiológicos.

Por el contrario, p. ej., cuando estos no se refieren a las “dimensiones etéreas” de la

realidad, su vocabulario es idéntico al de la osteopatía “estructural”. Su cráneo

biométrico, por ejemplo, es bastante similar a aquel utilizado en le contexto de la

columna vertebral.

 

Los estructurales no aceptan esta incursión en sus principios. A estos les indigna que los

craneales empleen términos como la “inflexión lateral” o la “torsión” con respecto a la

sínfisis esfeno basilar. La afirmación adicional de que tales movimientos micrométricos

tienen alguna importancia clínica se considera una ridiculez del arte racional de la

osteopatía.

 

 Los radicales de cada campo esperan al día en que profesionales y laicos

reconozcan el valor de la autentica osteopatía, enviando al bando vencido a la fosa de la

“medicina alternativa”. Muchos tienen puesta su esperanza en la investigación

“definitiva” clínica o sustancial que conducirá a uno de los dos al olvido definitivo o a

la gloria. Los osteópatas no se oponen a mostrar su lucha. Escriben artículos, a veces

con biografías más densas, para demostrar o refutar la realidad del CRI o algún otro

principio craneal.

 

El autor cree que esta guerra nunca se terminara poniendo a alguno de los bandos fuera

de combate por definición histórica y medica. “Estructurales” y “craneales” están aquí

para quedarse. Las dos prácticas corresponden a los modelos que claramente planteó

Still en sus obras. Simplemente la osteopatía no puede existir sin esas dos

sensibilidades. Así como no puede haber física sin una variante “estructural” y

“funcional”, p. ej., sin las dos lecturas complementarias de la realidad llamadas física

“clásica” y “quántica”.

 

Los Cuatro modelos de Still

 

A.T. Still era un medico autodidacta. Había probado la educación médica ordinaria

durante unos meses, pero no podía soportarla y abandono. Rechazo el sentido de la

autoridad y las medicinas, pero mantuvo una fascinación por la ciencia. Y entre todas

las ramas de la medicina, consideró la cirugía como la más “científica”. Su lógica era

impecable: los desgarros debían ser suturados, las acumulaciones de pus eliminadas, las

obstrucciones abiertas y los derrames atajados. El amor indiscutible de Still por esta

lógica es obvio en su nombre favorito para la osteopatía: “cirugía sin bisturí”.

 

La Medicina y la cirugía trajeron a la osteopatía sus convicciones científicas y poco

más. Still rechazo, obstinadamente, sus medicinas y sus bisturís, sus hierbas y sus

agujas. El decía: Primero prueba la cirugía sin bisturí, y solo alguna vez, la vertiente del

bisturí.

 

Still tenía buenos fundamentos teológicos, científicos y emocionales para rechazar estos

procedimientos. Buscó en la medicina lo que su Dios racional había significado para

este mundo. ¿Era posible?, se preguntó, ¿aquel Dios tenia en mente venenos y bisturís,

cuando El nos dio la capacidad de curar? Dios, si El es bueno, y Still está convencido de

que es bueno, seguramente ha colocado los remedios dentro del cuerpo, justo donde

coloco las enfermedades. De igual manera que, seguramente, una medicina divina no

debería necesitar nada más sino el agua dulce, la buena comida, lo que las manos

pueden hacer y lo que la boca puede decir.

 

A finales de los años 60, el Fundador sabía hacia donde se dirigía: hacia una medicina

sin instrumentos. Una medicina del desierto. No siendo un verdadero simpatizante de la

psicología y la dietética, Still se quedó solo con lo que sus manos podían hacer.

 

En la época de Still, había dos escuelas que no prescribían medicinas, hierbas, dietas,

ejercicios ni tratamientos psicológicos. Eran conocidos como “curanderos” y

“ensalmadores” y eran accesibles, tanto abiertamente como en secreto, en cada condado

y cada ciudad.

 

Cada disciplina se ocupo de patologías diferentes y cada uno tenía sus prácticas y

principios distintos. Tenían de hecho, muy poco en común excepto el hecho de que sus

manos eran sus únicos instrumentos.

 

Piensa en tus pacientes

 

Cientos de años antes de Still, médicos y laicos habían desempeñado la “curanderia”.

Unos la utilizaron como un método puramente médico, otros la consideraban una

experiencia religiosa. Médicos famosos ortodoxos la utilizaron. En el siglo XVII por

ejemplo, JB Helmont, el “Hipócrates” de su tiempo, pensaba que era la esencia misma

del arte medico. La curandera encontró su príncipe azul, en el siglo XVIII, en Franz

Antón Mesmer. El medico austriaco aporto a la “curandera magnética” sus principios

característicos. Después de el, los curanderos se hicieron conocidos como “imantadotes”

o “hipnotizadores” y, durante muchos años, A.T. Still fue uno de ellos. Estudiar los

principios y las prácticas de Mesmer es, por tanto, estudiar las técnicas y las

convicciones de Still al principio de su carrera.

 

Mesmer y, después de el, todos los curanderos, creían en la existencia de una fuerza que

llena el Universo entero llamada “Fluido” o “Impulso Vital”. Todos los objetos y los

sujetos de este universo, árboles, estrellas, personas y animales, son “cristales” hechos

de aquel Fluido, ya que no hay nada mas, sino aquel Fluido, en toda realidad. Mesmer,

inspirado por muchos anteriores a el, describió las propiedades únicas de esta sustancia

noble. Primero, el Impulso Vital es auto correctivo, por ejemplo se estabiliza así mismo

cada vez que es desequilibrado. Segundo, el Fluido une a todo lo demás, estrellas y

plantas a las personas y las personas a otras personas. Esta “conectividad” explica

porque un terapeuta puede tratar a un paciente. Ambos están conectados por el Fluido.

 

Tercero, el Fluido fluctúa de forma natural. Todos los objetos de este mundo fluctúan

con él siguiendo muchos ritmos, lentos y rápidos. Esto es lo que conocemos como

“mareas de la realidad” y se encuentran absolutamente por todas partes. Dentro del

cuerpo, estas pulsaciones causan un hinchazón periódico y un acortamiento de los

tejidos. Siguiendo las indicaciones de Mesmer, los curanderos pondrían sus manos

sobre sus pacientes, o a una pequeña distancia para sentir esas mareas.

 

Ellos creían, y continúan creyendo, que la salud y la enfermedad dependen de la calidad

de la “circulación” del Fluido Universal en los tejidos. Con sus manos, en consecuencia,

ellos “dirigían” y “equilibrarían” la  Sustancia Noble alrededor y dentro de sus

pacientes, hasta conseguir el equilibrio.

 

Para lograr esto, una mano sugeriría una “dirección” para el fluido. Otra mano “lo

recibiría” en el lado contrario del cuerpo. No hay ningún movimiento real de las manos

en estos procedimientos, estos son “pensados” mas que representados, ya que nadie

puede forzar el Fluido. Y cuando el fluido llega a las zonas enfermas, se recupera la

salud dado que esa sustancia, la más noble de todas las sustancias, solo puede traer

salud.. Curar a alguien consiste, por lo tanto, en imaginar el Fluido dentro de

determinadas partes del cuerpo.

 

Aquí descansa el paradigma fundamental de la “curandera” y, como veremos, de la

osteopatía: no hay ninguna diferencia sustancial entre la Materia y las actividades de la

Mente. Pensar es cambiar, físicamente, la realidad. Las ultimas dos paginas del ultimo

libro de Still, su testamento, hablan magníficamente acerca del poder de este encuentro

entre la mente y la materia viva.

 

Los curanderos son aquellos que han acostumbrado su pensamiento a la salud y la

enfermedad de la gente. Ellos imaginan a su paciente a través de sus manos, sus ojos y

oídos, alcanzando, capa tras capa, las profundidades del cuerpo.

 

En lo profundo de los tejidos

 

Durante muchos años, Still experimento, desempeñó, la “hipnotización”. Se identifico

con cada uno de sus principios. Estos eran teológicamente exactos y eso es lo que

contaba para él. Durante carios años, él se anuncio como un “hipnotizador”. Hasta el

final de su vida profesional, Still continuaba hablando como tal, incluso afirmaba que él

obtenía su primer diagnostico sobre sus pacientes a partir de su aura. En aquella área

indefinida alrededor del cuerpo, el Fluido interno encuentra el Fluido externo,

ciertamente, un encuentro muy privilegiado.

 

Su alumno WG Sutherland, por si mismo curandero, afirmaba que él podía practicar su

“Extensión de V” a unas yardas del cuerpo de sus pacientes. Vemos que tanto Still

como Sutherland diagnosticaban y trabajaban de lejos. En la primera osteopatía, la

distancia no era ningún problema. El cordón umbilical que sujetaba a los primeros

maestros con la curandera era demasiado fuerte.

 

Still y Sutherland, como todos los otros curanderos, experimentaron la continuidad entre

su pensamiento y la materia viva de su paciente. El fundador de los craneales llamo a

esta capacidad: “dedos pensantes”. Daba a entender que nuestros pensamiento tienen

“dedos” lo bastantes fuertes para agarrar y mover la mayoría de las partes de la realidad,

 

no importa cuan distantes puedan estar. Con sus manos puestas sobre la cabeza, el

osteópata craneal afirma que puede alcanzar los pies. Con esto quiere decir que sus

“dedos del pensamiento” alcanzan y agarran los pies. Del mismo modo que afirma Still

que podía liberar el uréter y los riñones, el intestino o el hígado, con idénticas presiones

de sus manos sobre el abdomen de sus pacientes. La diferencia entre la curación del

intestino o del hígado se encuentra en la visualización del operador, no en la posición de

las manos.

 

En la primera osteopatía, lo que el “pensamiento” hace a los tejidos, era tan importante

como lo que “las manos” hacían. Tanto si el operador presiona los tejidos o no. Lo que

verdaderamente cuenta, lo que hace este tratamiento especifico, son sus imágenes

internas, su “visualización”.

 

Al igual que habían hecho los curanderos durante cientos de años antes que ellos, Still y

Sutherland solían colocar sus manos sobre tejidos y luego “visualizar”, sincronizar las

pulsaciones del Fluido, listo para “dirigir” y “equilibrar” las Mareas del Impulso Vital.

 

No debemos reírnos de estas palabras e ideas. Ellos están lejos de ser simples vestigios

del pasado. Los físicos contemporáneos llaman hoy día, las “Fluctuaciones del Vacío

(lagunas mentales)”, lo que Mesmer, Still y Sutherland llamaron “Mareas del Impulso

Vital”. Como estudiante de física y osteopatía, no puedo encontrar la diferencia entre las

dos versiones. Nosotros no deberíamos juzgar a la gente por su modo de expresarse.

Antiguos y Modernos apuntan a una misma realidad, solo que con palabras diferentes y

distintos grados de sofisticación.

El Santo Grial

 

Los ensalmadores, como los curanderos, trabajaban solo con sus manos.

Durante miles de años, cubrieron eficazmente, las necesidades ortopédicas de la

población. Su sistema era tan lógico como la cirugía y la ingeniería. Un hueso torcido

tenia que ser enderezado, una contractura tenia que ser relajada, una articulación

dislocada, o una fractura, tenia que ser restablecida. Las fuerzas curativas de los tejidos

harían el resto. Nadie podía impugnar la firmeza de sus prácticas, ya que muchos los

seguían y emulaban. A diferencia de la curandería, que hablaba de una realidad fluida e

invisible, el ajuste del hueso (“ensalmación”) era la personificación de la solidez y el

sentido común. Cuando estos trabajaban, producían resultados inmediatamente, a

diferencia de cualquier otra terapia. El cojo andaría libremente, los encorvados fueron

puestos derechos. Still se hizo tan experto y rápido en estos tratamientos que sus

pacientes lo apodaban “el ensalmador relámpago”.

 

A lo largo de los años, Still aprendió a ser ecléctico. A veces curaba como un curandero,

por la “escucha” y luego “dirigía” el Fluido hacia las profundidades del cuerpo. En otras

ocasiones, actuaba como un ensalmador, por lo que movilizaría cada articulación,

tendón o músculo con precisión y fuerza.

 

Con menos frecuencia, y disminuyendo a medida que su método maduraba, prescribía

medicinas.

 

Su dominio simultaneo de la curanderia y el ajuste del hueso (ensalmación) era insólito.

Estas profesiones tan distintas atraían a pacientes y médicos diferentes. Sus principios,


 

así como sus técnicas eran muy diferentes. No se puede comparar la “suavidad” de la

“curanderia” con la “violencia” del ajuste del hueso (“ensalmación”).

 

Still no se interesaba por las creencias establecidas. El utilizaba lo que le parecía bueno

para el paciente y aprendió a escoger la técnica apropiada para cada patología.

 

En su época, se rumoreaba que la curanderia funcionaba bien en trastornos “mentales” y

“nerviosos”. El ajuste del hueso, por otra parte, era eficaz en todos los problemas

ortopédicos. Sin embargo, ambos eran inútiles para combatir los grandes

exterminadores de la época, las enfermedades infecciosas. No había apenas respuestas

para estas, ni convencional, ni complementaria y la tos ferina, el sarampión, la peste o el

cólera continuaron su matanza desenfrenadamente. Su familia había muerto por estas

mismas razones, incluso él mismo estuvo a punto de sucumbir a dichos acometidos.

 

El tratamiento de infecciones se convirtió, al principio de su carrera, en el santo Grial de

Still. Como curar la fiebre intermitente, solo con las manos, es la obsesión del fundador

de la osteopatía. El no creía en la existencia de enemigos externos como los

“gérmenes”. El enemigo era producto del hombre, no de Dios. Still estaba seguro de que

tanto los remedios como las enfermedades venían de dentro del cuerpo. Nuestros

problemas deben estar perfectamente al lado de sus soluciones, y no hay nada que

buscar fuera del paciente, ni gérmenes, ni medicinas. La pregunta que se hacia era:

¿Cómo podemos llegar a estos problemas internos y soluciones sin otro instrumento que

nuestras manos humanas?

 

Ajuste de las fracturas de la realidad

 

Los “curanderos” se refieren al Impulso Vital con respeto absoluto. No lo interfieren

con sus elaboraciones secretas, a sea por violencia física o química. Cuando la “dirigen”

el Impulso Vital a una área enferma, los curanderos no fuerzan nada, solamente piden

humildemente al cuerpo que lleve a cabo su autocuración. Los síntomas se consideran,

más a menudo, como signo de que el cuerpo lucha por su cura. Las fiebres, escozores o

erupciones son parte de estos esfuerzos de eliminación y nunca deben ser suprimidos o

agravados artificialmente.

 

Los curanderos tenían objetivos modestos. Su propio tratamiento les impedía interferir

demasiado en la enfermedad. Una fiebre debería mantenerse baja, no demasiado alta ni

demasiado baja. Ellos no podían cambiar, por la fuerza el curso y la sustancia del

impulso vital. Esperaban que el cuerpo eliminara lo que tenia que ser eliminado y, a

menudo, esto que tenia que ser eliminado era el alma. Los curanderos no podían, por

sus propios principios, violar la Realidad. Como Mesmer, o el joven Still, los

hipnotizadores hacen preguntas desde los tejidos y luego escuchan las respuestas, y toda

esta petición y la contestación son conducidas por los “dedos pensantes”. La curanderia

comparada con el ajuste del hueso (“ensalmación”) o la medicina convencional, es una

técnica modesta, correcta e inofensiva. Respeta tanto la realidad que los curanderos, la

mayor parte del tiempo, no se atrevían a cobrar ningún honorario a sus pacientes. ¿No

estaban ellos tratando con el Fluido, esa bondad de Dios, la suatncia misma de nuestra

alma?¿Quien podría atreverse a cobrar dinero por ello?¿Puede alguien serio cobrar a la

gente por respirar el aire? El aire es gratis al igual que el Fluido es gratis.

 

Los ensalmadores actuaban de manera muy diferente. Sin ninguna vacilación, forzaban

a la vez los dos extremos de una fractura, la cabeza de un fémur apoyada en su cavidad,

cogiendo por sorpresa a su paciente, causando a menudo un dolor extremo. Por tanto,

dejaban que el Impulso Vital – su propia versión de este – continuara siendo su sello.

Tenían que terminar su trabajo rápidamente. Los agricultores y aldeanos no tenían

dinero ni tiempo en exceso y tenían que ser enderezados de nuevo en los propios

campos. Como pago por sus servicios, los ensalmadores aceptaban cualquier cosa, una

tarta o un ganso gordo. Hasta este mismo día, en los campos franceses o ingleses, estos

médicos siguen visitando a “los vecinos” para ayudarles en sus dolores y handicaps. Su

regla de oro es encontrarlo, fijarlo y dejarlo solo.

 

Independientemente de sus límites, Still creía en estas técnicas y en sus principios

subyacentes. Las utilizó todo el tiempo, por separado o conjuntamente. Durante la

misma sesión, él golpearía un hueso devolviéndolo a su lugar o “escucharía el Fluido”,

lo que hizo de sus tratamientos una experiencia original para sus pacientes. Pero él no

podía bajar una fiebre permanente con su curandería – que no tiene esta posibilidad en

cuenta – ni con su ajuste del hueso (“ensalmación”) que no tenía ningún tratamiento que

ofrecer.

Contra altas fiebres, los curanderos solo podían rezar, ya que ellos tenían miedo de ir

contra la voluntad de Dios y su Fluido.

Los ensalmadores ni siquiera se molestaban en acudir cuando se trataba de un caso de

estos. ¿Qué articulación se supondrían que tenían que manipular en un caso de plaga o

cólera?

La creencia de Still en la bondad de Dios era mas fuerte que su fe en los profesores

humanos. El sabía que tenía que haber una solución.

 

Un hombre muy inteligente, reflexionaba sobre si “fallaba” algo en los modelos de la

curanderia y el ajuste del hueso (“ensalmación”). No tenia ninguna duda de que cada

uno tenía gran parte de la “verdad suprema”.El se lo había demostrado así mismo las

cientos de veces que había ajustado los husos y había curado problemas de ansiedad. Su

práctica era buena, sus principios eran buenos y divinos. ¿Qué podía ir mal?¿Por que

ellos no podían curar las “fiebres intermitente”?¿Porque los curanderos fallaron al tratar

el dolor de la espalda y los ensalmadores no podían curar la ansiedad?¿Porque unos

servían para el alma y los otros para el cuerpo?¿No eran el cuerpo y el alma uno solo?

 

Still curó durante años, planteándose estas y otras preguntas. Y a lo largo de estos años,

como él colocaba sus manos, a veces como curandero y a veces como ensalmador, se

preguntaba: ¿Qué estoy haciendo o pensando mal? ¿O mejor que les falta a mis manos

cuando actuó como ensalmador y que le falta a mi pensamiento cuando actuo como