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EL ESTRÉS

El estrés es difícil de definir porque suele significar cosas diferentes para distintas personas, aunque lo que si que está claro es que se suele asociar con malestar tanto a nivel físico, mental, emocional e incluso espiritual.El estrés aparece en el entorno laboral, personal, de relaciones con otras personas o como resultado de problemas de salud cuyas causas no son identificables.
El estrés es la reacción natural de nuestro organismo ante los cambios que la persona percibe en un momento dado como amenazantes. Si el organismo no vuelve a su estado natural o se relaja y se queda en estado de “alerta” queda en situación de estrés. Hay cambios que producen más o menos estrés y esto depende del umbral de tolerancia que tenga cada persona.
El estrés se detecta porque necesariamente nos produce síntomas emocionales como ansiedad, miedo, irritabilidad, tristeza, sentimiento de impotencia; síntomas físicos como pueden ser la fatiga, dolores de cabeza, tensión muscular, dolores de espalda y cuello; y enfermedades psicosomáticas relacionadas como tensión arterial alta, diabetes, artritis, indigestión, diarrea, cardiopatías, ulceras, colon irritable, pérdida o exceso de apetito, insomnio, infecciones, eczema, soriasis, alergias, asma, problemas sexuales, entre las más comunes.

¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una respuesta que tenemos los seres humanos (y también los animales) cuando nuestro cerebro comprueba que existe un peligro que pone en riesgo nuestra vida.

Pero, ¿qué ocurre si nuestro cerebro interpreta como peligroso algo que es inofensivo? Inmediatamente envía síntomas de ansiedad, como si el peligro fuera real. Si existe un peligro real, la ansiedad hace que huyamos o evitemos esa situación, es decir, nos ayuda a ponernos a salvo.

Podríamos decir que hay dos tipos de ansiedad: la ansiedad positiva, que es consecuencia de peligros reales, y la ansiedad negativa, que responde a miedos que sólo están en nuestra imaginación. La primera es buena porque nos moviliza y nos lleva a buscar una solución, mientras que la segunda es negativa porque nos bloquea y nos impide sacarle gratificación a la vida.

La ansiedad se produce siempre como consecuencia de dificultades a la hora de adaptarnos a los cambios que se van produciendo en nuestra vida.

El cerebro tiene una forma concreta de funcionar. Cuando algo tiene especial importancia para él, el cerebro produce una respuesta emocional. Sea buena o mala, el cerebro repite esa misma respuesta una y otra vez ante el mismo estímulo. Por ejemplo, ¿qué pasa por tu cabeza siempre que escuchas aquella canción especial o cuando hueles un aroma familiar? La canción o el aroma hacen que te vengan a la cabeza, no sólo el recuerdo de lo que ocurrió, sino también las sensaciones que tu cerebro tiene relacionadas con aquella situación. La ansiedad funciona de la misma manera, se queda "enganchada" y se activa cada vez que algo se lo recuerda a tu cerebro. Muchas veces, la ansiedad se produce por un motivo real (un susto, por ejemplo), pero se sigue manteniendo una vez que ha pasado el peligro real, ya que queda asociado el suceso que la motivó con la respuesta de miedo.

La ansiedad provoca de forma inmediata una serie de síntomas en el sistema nervioso con la finalidad de poner a salvo la vida. Experimentas sudoración, taquicardia, palpitaciones, un nudo en el estómago, falta de aire, la cabeza que se embota... hay más de cuarenta síntomas relacionados con la ansiedad. Esto es maravilloso si el peligro es real, pero es un gran problema si no lo es.

Una vez que la ansiedad se ha "enganchado", cada vez hay más cosas cotidianas y habituales que te provocan esos síntomas, cada vez hay más estímulos que provocan la misma reacción de ansiedad. La ansiedad se generaliza hacia cosas parecidas (primero te da miedo ir a una tienda, después te da miedo pasear por la ciudad, finalmente te da miedo salir de casa, por ejemplo)

A través de mi método exclusivo es muy fácil resolver el problema. Te enseño a cortar desde el principio los estímulos que ponen en marcha la ansiedad. Lo más importante es conocerte a ti mismo, descubrir cómo funcionas interiormente y qué herramientas necesitas para eliminar la ansiedad definitivamente.

Con el método que pongo a tu disposición aprenderás a solucionar rápidamente el problema de la ansiedad, los trastornos de ansiedad, las crisis de ansiedad, dirás adiós a las fobias y evitarás para siempre los miedos y los momentos de angustia. Yo te explicaré cómo hay que darle instrucciones al cerebro. Tienes ansiedad porque el cerebro interpreta que tus pensamientos de miedo son reales. Hasta ahora has tratado de enviarle mensajes racionales "no pasa nada, tranquilízate, etc". Eso el cerebro no lo entiende. Mi gran aportación es haber entendido cómo comunicarse directamente con el cerebro, dándole órdenes que sea capaz de comprender.

Cómo vivir en la amargura y la infelicidad**
****Créate problemas, y si no tienes bastante con los tuyos asume como
propios los de los demás. Llena tu vida de complicaciones reales o
ficticias, y concede gran importancia a todos los sucesos negativos.
*
**
*Piensa que siempre tienes la razón. Todo es blanco o negro, y sólo existe
una verdad absoluta: la tuya. Rechaza de entrada lo que digan los demás,
incluso cuando pueda aportarte algo positivo. Si la idea o propuesta no es
100% tuya, deséchala, seguro que no merece la pena.*
**
*Vive obsesionado. Elige un acontecimiento suficientemente negativo de tu
memoria, conviértelo en recuerdo imborrable y tráelo a tu mente una y otra
vez, hasta que sólo vivas para pensar en ello. Así, las dificultades
cotidianas no absorberán tu atención.
*
**
*El presente no merece la pena, piensa siempre en el futuro. Aplaza el
disfrute de los placeres de este o aquel momento, porque no puedes saber lo
que te deparará el futuro. Confórmate con lo malo conocido y no te
arriesgues ante lo bueno por conocer. Tortúrate pensando en todo lo negativo
que te podría ocurrir dentro de unos años.
*
**
*Jamás te perdones. Llegarás a un punto en el que tan sólo sentirás
autocompasión. Piensa que tú eres el único responsable de lo que te ocurre,
y nunca creas que hay situaciones que escapan a tu control.*
*Estas recomendaciones se plantean en un tono irónico con la intención de
despertar la autocrítica y de que nos veamos un poco ridiculizados ante este
tipo de pensamientos que nos invaden y determinan nuestra conducta hasta el
punto de amargarnos la vida.*
 <risayalma-unsubscr...@yahoogroups.com?subject=Unsubscribe>

 

Por Merlina Meiler
Te vuelves a encontrar con tu viejo amigo, el dolor. Ya has pasado por situaciones donde el corazón se te ha hecho trizas: te han abandonado, engañado, han traicionado tu confianza… estas situaciones se repiten, tus anclas de dolor vuelven a dispararse con la misma intensidad que en el pasado… Te estremeces

El minuto que estás viviendo ahora, es el más importante de tu vida, donde quiera que te encuentres. Presta atención a lo que estás haciendo. El ayer ya se fue de tus manos. El mañana todavía no llegó. Vive el momento presente, porque de él depende todo tu futuro. Procura aprovechar al máximo el momento que estás viviendo, sacando toda la utilidad que puedas para perfeccionarte siempre

 

La condición humana: perdidos en el pensamiento. La mayoría de la gente se pasa la vida aprisionada en los confines de sus propios pensamientos. Nunca van más allá de un sentido de identidad estrecho y personalizado, fabricado por la mente y condicionado por el pasado. En ti, como en cada ser humano, hay una dimensión de conciencia

 

Es demasiado fácil culpar a un amigo, a nuestra pareja o a un compañero de trabajo
por la variable calidad de nuestras vidas.  Si los demás se comportaran de acuerdo
con nuestros planes y dictados, todo iría bien, pensamos.  Lo que pocas veces recordamos
o incluso comprendemos, es que cada uno de nosotros posee una perspectiva individual de
cada hecho.

Para comprender una experiencia desde el punto de vista de otro, necesitamos expandir
nuestras mentes y nuestros corazones.  Sin embargo, no es necesario que comprendamos
siempre cómo percibe la vida otra persona.  Sólo necesitamos aceptar que su perspectiva
es legítima.

Nuestra felicidad no depende de las percepciones ni de las acciones de nadie, ni de la atención
o falta de ella que nos brinde un ser querido.  Quizás nuestra ocupación sea estimulante y
satisfactoria; sin embargo, la alegría que nos proporcione dependerá de la actitud con la que
emprendamos el trabajo.  Ya sea en compañía de otros o en soledad, cada día construimos
nuestra propia felicidad.

Con Amor en mi corazón
Graciela

Si el día de hoy opto por la felicidad,
tengo asegurada mi oportunidad de conseguirla.

 

 

EN LAS HORAS DE CRISIS*
 

Serena tu corazón inquieto y sigue adelante.
Si erraste, existen recursos para la rectificación.
Si otros están engañados, algún día llegarán a la verdad.
Si determinados compañeros no te han podido comprender, la vida, en
nombre de Dios, te acercará a otros que te entenderán.
Bendice a quienes te abandonaron en el camino, puesto que no todos
están capacitados para cumplir varias tareas consecutivas.
Agradece a los que te amparan y auxilia a quienes posean menos
recursos que los tuyos.
Trabaja para el bien, donde estuvieras y como estuvieras.
No esperes ser un santo para servir, porque aun somos criaturas
humanas con los defectos inherentes a nuestra condición y, por tal
motivo, Dios no nos confía ningún tipo de trabajo propio de los
ángeles.
No admitas el que puedas evolucionar sin problemas o que consigas
perfeccionarte sin sacrificios.
Nunca dudes del poder de progresar y mejorarte a costa del propio
esfuerzo.
Consérvate alegre sin intermitencias.
Convéncete de que el desánimo no presta ayuda a nadie.
Si alguien te ofendió, olvida.
Reflexiona cuantas veces hemos herido a alguien, sin la más mínima
intención, y cubre el mal con el bien.
Si oyeras referencias despreciativas acerca de una persona, medita
en las buenas acciones que ella habrá practicado o en las buenas
obras que habrá deseado realizar sin que eso le haya sido posible.
Ante cualquier dificultad, déjate llevar por la esperanza, porque
Dios todo lo está modificando para mejor.
Persevera en el trabajo que la vida te ofreció para ejecutar.
Piensa en el bien y habla con el bien.
Bendice siempre.
Y si alguna prueba extremadamente dolorosa te afecte y no logres
evitar lágrimas, aun llorando, confía en Dios, en la certeza de que
Dios, mañana, ha de concedernos otro día.


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*Extraído del libro "Compañeros"