Hay que hacerla con la imaginación.
Con la cabeza aplomada y los dedos hundidos en la región occipital notaremos una sensación viscosa elástica en nuestros dedos, como de mantequilla. A continuación arrastramos el occipital un poco hacia nosotros, cerramos los ojos y cada vez producimos un poco más de tracción de la médula espinal y con la mente imaginamos éste recorrido a través de las vértebras cervicales, de ahí a las dorsales, lumbares, hasta terminar en el sacro.
Percibiremos qué parte de la médula está atascada mediante una sensación viscosa. Aquí haremos una parada, regresaremos un poco atrás y haremos que se libere. Es en este momento que sentimos un borboteo o temblequeo en la médula y paramos esperando a que se ajuste. Una vez logrado esto, seguiremos nuestro viaje por el tubo medular fraccionando cada vez un poco más. Si volviésemos a sentir una resistencia en esta tracción, volveríamos a realizar la operación antes descrita.
Con esta manipulación también liberamos la tensión en el occipucio, atlas y axis.
A partir de aquí hacemos el viaje imaginativo en donde se produce la descompresión del tubo dural hasta llegar al sacro, o lo que es lo mismo realizamos el viaje por la médula hacia abajo, segmento a segmento. La sensación es como la de una goma que se va estirando poco a poco. Cuando se para, es que hay un bloqueo.
Nosotros sólo hacemos una inducción espacial, el cuerpo hace el desenroscamiento del tubo dural, él sólo.

Las yemas de los dedos van a arder, a quemar, que es sinónimo de la descarga de los músculos extensores cervicales.
Las hernias postero-laterales son tratables. Sin embargo, en los derrames craneales esta técnica está desestimada.
La médula espinal siempre está en movimiento de subida y bajada y con ella los pares raquídeos, por ello los agujeros de conjunción son tan grandes.
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