En muchas ocasiones el trauma se produce cuando la persona no disponía de recursos suficientes para asimilar la situación y trascenderla.
Tenemos que aprender a recargarnos de energía y acumular bienestar y recursos. Una vida equilibrada, el deporte en la naturaleza, una dieta adecuada, un buen descanso, etc.
Nosotros podemos aprender ha realizar técnicas craneosacrales a nosotros mismo como el CV4 o puntos de parada en cualquier parte del cuerpo. Esto ayuda a mejorar la circulación del líquido cefalorraquídeo y demás fluidos, recargando el circuito de energía del aura humana.
Para continuar siendo consciente de todo podemos decir que la moralidad y las buenas acciones son parte del camino para la curación. Ser bueno para los demás equivale a ser buenos para con uno mismo. Todas las buenas energías que creamos y las buenas acciones que hacemos se acumulan en el cuerpo de energía. Al ayudar a los demás, al dar atención, cariño, alegría y amor nos llenamos de energía positiva, creando una reserva extra que podrá ser necesaria en algún momento de esta vida o de otra.
Hay que cultivar el cuerpo la mente y el Espíritu y alimentarlo con productos naturales y llenos de energía.
Para una vida plena y feliz necesitamos alimento para nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro Espíritu. Yo veo muy interesante pensar que a partir de ahora voy ha hacer un trabajo personal para acercarme todo lo mas posible a la felicidad y bienestar personal, para ello aprenderé a ser amable conmigo mismo, a amarme y a curarme. Buscar la fuente original y ayudar a que se desarrolle en mi interior. Y los mismo que hago para mi lo haré para los demás.
Si el movimiento respiratorio primario esta distorsionado, desviado o simplemente es inexistente, tenemos que entender que existe un hecho traumático en dicha zona, sea físico o psíquico., tenemos que animar al organismo a descargar dicha energía para recuperar el MRP. Una técnica buena para la descarga es el desenroscamiento fascial y el punto de parada, entre otras, en estos casos puede aparecer movimientos vibratorios en el sistema corporal que estamos tratando, los dejaremos que sucedan. Esto lo debemos de tomar como que las fuerzas traumáticas están empezando a descargarse.
Esto no quiere decir tener que revivir las emociones del pasado, de hecho pocas veces he podido recordar acciones del pasado, si no simplemente desde el presente mueves la energía y ésta se libera y ya esta.
Bueno, la verdad es que cuando uno empieza a sanarse pueden aparecer crisis curativas, momentos en donde te parece que estas peor, aparecen viejas heridas, viejas emociones o sentimientos que lo mejor es dejar simplemente que pasen, sin bloquearlas ni obsesionarse en ellas.
Hay recursos que debemos de familiarizarnos para poder hacer un buen trabajo como terapeutas y no llegar a posibles extremos con los pacientes. Tenemos que procurar que el paciente disponga de recursos salutíferos y no provocar una crisis de curación a alguien que no tenga recursos propios para superar. El paciente tienen que entender que aquí y ahora estamos bien y si sucediera alguna crisis curativa, no es real o forma parte del pasado y no del presente. Nunca obsesionarse por dicha sensación, olvidarla y vivir el presente, respirar tranquilamente, observar el cuerpo aquí y ahora como respira, se expande y se contrae, etc. Estar totalmente presente y con nuestro cuerpo nos permite vivir las sensaciones del pasado sin que nos veamos influenciados por ello.
El terapeuta también tiene que tener la delicadeza, si observa que se desborda el asunto, en ir poco a poco y parar cuando lo vea oportuno. Esta señal a veces la podemos percibir porque se produce un colapso en el sistema craneosacral, y el movimiento respiratorio primario se detiene, como por un bloqueo, es hora de parar y ayudar al paciente a acumular energía y recursos propios, hasta que el ritmo craneosacral vuelva.
Se le puede preguntar al paciente como se siente y si quiere que sigamos. Tomar respiraciones lentas y profundas de vez en cuando así como tragar saliva nos pueden ayudar en situaciones difíciles.
Hay escuelas que se basan o fundamentan en las regresiones del pasado y para ello reviven las circunstancias traumáticas, pero en mi caso basado en el Reiki y la terapia craneosacral, no lo veo necesario. Se trabaja desde el presente, para el presente y más bien percibimos energía, plasma energético más o menos denso que se libera.
Si tenemos que hacer un esfuerzo en recordar patrones lo tenemos que hacer cuando nos enfadamos por cosas que no tienen importancia, porque ahí dentro casi seguro hay un patrón de energía distorsionada y traumática que nos hace caer siempre en el mismo patrón de conducta, ahí si es necesario recordar que esta conducta te suena, te recuerda otras similares. Ese trabajo de recordar que desde pequeño eso o lo otro te viene disgustando, observar el porque y hacer un trabajo de consciencia y transformación para que cada vez que vuelva a aparecer, soltarlo, no entrar, ver y limpiar, hablar con tu maestro interno o con la luz divina para que se limpie y se purifique por siempre. Esto es renacer y hacer un trabajo de consciencia. Esto también se puede hacer para eliminar viejos e insalubres hábitos, como el tabaco y demás.
Rejuvenecer, vivir mejor, vivir más tiempo
Cuando la gente deja de crecer, envejece.
Anónimo
Deepak Chopra, es considerado actualmente uno de los “gurús” de la medicina alternativa; nació y creció en Nueva Delhi, India. Se graduó de médico especializándose en cardiología. Después se traslada a Estados Unidos donde se especializa en medicina interna y endocrinología a. Su necesidad de llevar a la práctica médica una visión más holística del ser humano; (cuerpo-mente- espíritu), lo llevó a ampliar cada vez más su perspectiva sobre los procesos de curación. Se interesaba por un enfoque que tratara el ser humano como un ser integral, donde la mente ejerce una gran influencia: liberarse de la enfermedad y del envejecimiento, dependen del conseguir un gran equilibrio interior. La mente y el cuerpo son inseparablemente uno.
En este enfoque tuvo una gran influencia su origen, además de la puesta en práctica de los principios de la medicina ayurvédica.-enfoque milenario de la India, con más de 5000 años de existencia. Ayurveda, viene del sánscrito y se basa en dos palabras: Ayus, que significa “vida” y Veda, que significa “conocimiento”. El conocimiento de nuestra vida.
El Dr. Chopra es una de las figuras más resaltantes de la llamada “new age”, en procesos de sanación, donde se combinan desarrollos teóricos- principios de la física cuántica- y principios filosóficos y espirituales que contribuyen a elevar la calidad de la experiencia humana. Se ha convertido en un best-seller y un conferencista de primer renombre- En 1999 fue seleccionado por la revista Times como uno de los 100 principales Iconos y Héroes del siglo, describiéndolo como poeta-profeta de la medicina alternativa.
Su pensamiento se puede resumir en lo siguiente:
Nosotros somos como gotas de cristal que reflejamos la luz del universo.
Como es el átomo es el universo.
Salud significa “unicidad” “integridad” “santidad”.
La salud es “un nivel de conciencia fuera del ego”.
Lo que está pasando actualmente es una ruptura en el sentido ecológico. Somos una “trama de relaciones”.
A pesar de nuestra evolución tecnológica, conservamos nuestras marcas tribales: odios, prejuicios. Nos hacemos preguntas como ¿de dónde vengo? ¿Tengo alma? ¿Existe dios? ¿Se preocupa por mí?
La Internet la define como la “clonación de nuestra alma colectiva”
Nuestro tradicional enfoque del hombre y su contexto, ha tenido una gran influencia el enfoque “newtoniano” del universo, basada en hechos. “Si es posible comprender la realidad física, se puede comprender todo”. Este concepto impactó todas las disciplinas del saber.
“La vida es una enfermedad incurable que es contagiosa y se termina con la muerte”
La nueva física, los conceptos de ecología, utilizados por nuestros antepasados y redescubiertos por la modernidad y post-modernidad, nos hacen ver al cuerpo humano como “un río que se está renovando continuamente”. Cada año el 98% de las células de nuestro cuerpo se renuevan y son cambiadas por otras nuevas. Por lo tanto la reencarnación si existe: reencarnamos cada momento en otro cuerpo nuevo.
La física cuántica nos dice que no hay un mundo objetivo independiente del observador. Objeto observado y observador se funden para construir realidades. Vivimos en mundos perceptivos. Una rosa es diferente para un humano y para una abeja. El mundo es el reflejo del aparato sensorial que lo registra.
El antiguo modelo de espacio- tiempo está siendo reemplazado por uno atemporal y fluyente campo de transformación n constante. Esto incluye nuestro cuerpo humano, que es hecho de nuevo cada segundo. Somos el resultado de millones de años de inteligencia. El envejecimiento es una pérdida de esta inteligencia. El universo se esta regenerando a cada instante. Somos parte de este proceso.
“Tu y Yo somos polvo de estrellas”
“Somos los jinetes montados en un caballo que es nuestro cuerpo”
“Lo que tú eres grita tan fuerte que no escucho lo que me dices”
“Todos estamos intercambiando nuestro cuerpo con cada uno”
“Cualquier idea es una idea colectiva”
“Somos seres universales pretendiendo ser persona”
Los ángeles y dioses son proyecciones de nuestra conciencia. Dioses y diosas son arquetipos proyectados. La creatividad es una conducta esencial del universo.
10 pasos para revertir los procesos de envejecimiento
“Temo a la vejez” advirtió Platón, hace más de dos mil años. “Pues no viene sola”. Lo que más nos aflige del envejecer, no es con frecuencia la ancianidad, sino las enfermedades que la acompañan.
Los animales envejecen de acuerdo a una tabla física. En el hombre este envejecimiento es mucho más flexible. Puede acelerarse por factores asociados a la vida moderna. El stress ocasionado por las tantas situaciones inacabadas, en donde nos hallamos atrapados, sin posibilidades de salida, y que se van acumulando, es uno de los principales factores de envejecimiento. Estas situaciones, si bien están ahí, podemos, si tomamos conciencia, manejarlas para que no nos hagan daño. El envejecimiento prematuro, si es reversible.
La humanidad ha hecho progresos asombrosos en cuanto a las expectativas de vida del ser humano: En el imperio romano era de 28 años. A comienzos del siglo XX, era de 49 años. Hoy nuestras expectativas son de 80 años. Para dentro de 10 años, esta expectativa puede llegar a los 90 años.
El hombre tiene tres edades: La cronológica (representada por tu fecha de nacimiento). La sicológica (La hace tu filosofía y actitud ante la vida). La biológica (representada por nuestros valores corporales). En este último aspecto, existen 15 marcadores biológicos. A medida que envejecemos:
Tensión arterial: Se incrementa
Densidad ósea: Tiende a disminuir
Ritmo metabólico: Es más lento
Grasa: Se incrementa sobre todo, en abdomen y caderas
Capacidad respiratoria: Disminuye
Colesterol: Se incrementa
El metabolismo de los azucares es más lento
Temperatura corporal: menos capacidad para regularla
Masa muscular: Se pierde
Resistencia: Disminuye
Función inmune: más débil
Espesor de la piel: Disminuye. Nos arrugamos
Secreción hormonal: más lenta
Capacidad auditiva: Disminuye
Capacidad visual: Disminuye
Todos estos factores biológicos se pueden revertir. Existen experiencias documentadas que demuestran que cambiando, actitudes y hábitos (alimentación, sedentarismo), se pueden revertir el envejecimiento.
Existe lo que llamamos “la mente colectiva “, la cual nos condiciona. Muchos de esos factores se aceleran producto de este acondicionamiento. Cuando cumplimos 60 años nos jubilan. Nos sentimos deprimidos. Nos comportamos como ancianos. Existen civilizaciones donde el ser anciano significa sabiduría y respeto. En estas civilizaciones, se llega hasta avanzadas edades en perfectas condiciones.
El cuerpo humano hay que verlo como un “holograma”. Cada factor biológico hay que verlo como parte de este holograma. Cuando se cambia un factor todos los demás cambian.
¿Cuáles serian estos 10 pasos para vivir mejor?
Cambia la percepción de tu cuerpo Es como un río de constante energía
Cambia la percepción del tiempo. El no tener tiempo origina angustias e infartos.
La conciencia del universo es infinita. “estoy en este mundo, pero no soy parte de el”. Vive el presente con toda su plenitud. Fluye con él. Está demostrado que las personas que saben fluir son más felices.
Cambia tus expectativas de vida: suficiente descanso, mejor nutrición. No contamines tu cuerpo con toxinas, incluyendo las emociones negativas.
Logra una mejor coordinación mente-cuerpo. El yoga, taichí, y otras técnicas de relajación, son excelentes técnicas
Práctica ejercicio: 10 minutos dos veces diarias por tres días a la semana
Aprende a conocer tus emociones, a expresarlas y compartirlas
Consume mucha agua. El 80% de nuestro cuerpo es agua.
Practica la flexibilidad. La creatividad. La intuición
El amor, es la mejor medicina antienvejecimiento. Reemplaza la conducta que motiva el miedo, por la conducta que motiva el amor. El miedo yace en el pasado.
Comienza a pensar como una mente joven. Sigue creciendo. No pierdas la capacidad de asombro y de jugar.
Ejercitar el cuerpo, hacer deporte, caminar, bailar o respirar tienen claros efectos terapéuticos, y se consideran un espléndido recurso para reducir la ansiedad, la tensión, la agresividad y la frustración. Además, aumentan la sensación de bienestar, mejoran el sueño y el apetito, y fomentan la concentración y la creatividad. En sentido inverso, potenciar la mente a través de la meditación y la relajación, mejora la salud, aumenta la longevidad y la resistencia a la enfermedad.
Resumen
Aunque la sabiduría popular reflejada en el viejo aforismo romano "Mens sana in corpore sano" reconocía ya la evidente conexión entre salud física y mental, sólo recientemente la comunidad científica ha prestado atención a la relación entre ejercicio físico y función cerebral. Al principio se pensaba que los efectos positivos del ejercicio físico se debían fundamentalmente a que el flujo de sangre al cerebro aumenta significativamente, con lo que las células cerebrales se encuentran mejor oxigenadas y alimentadas y esto contribuye a que estén más sanas. Aún siendo esto un aspecto importante, el ejercicio produce una gran variedad de efectos sobre el cerebro, que sólo ahora estamos empezando a conocer, y que no se pueden explicar exclusivamente por un aporte mayor de nutrientes. Por ejemplo, no sólo la actividad intelectual es importante para mantener la capacidad intelectual a medida que se envejece; el ejercicio físico también lo es, y aún no entendemos bien cómo. El ejercicio ha demostrado ser un método excelente de protección frente a enfermedades neurodegenerativas, e incluso puede ayudar a disminuir el impacto de estas enfermedades. En este artículo nos ocupamos de los mecanismos responsables de estos efectos beneficiosos, aunque hemos de decir que todavía no los conocemos en detalle.
Básicamente, el ejercicio parece activar una serie de procesos encargados de mantener y proteger a las células nerviosas, lo que podemos llamar sistemas de neuroprotección fisiológica. Si el ejercicio protege al cerebro de las agresiones tanto internas como externas a las que se ve sometido a lo largo de la vida, es evidente que la vida sedentaria, muy acentuada en las sociedades modernas, es un factor de riesgo para enfermedades neurodegenerativas, tan devastadoras en la sociedad actual. El mensaje parece sencillo: las enfermedades neurodegenerativas pueden agruparse, junto con las coronarias, dentro del conjunto de patologías en las que la vida sedentaria es un factor de riesgo.
Primero debemos aclarar a qué nos referimos con "ejercicio físico". Desde luego no estamos hablando de una vida de deportista. Nuestra sociedad ha llegado a tal grado de sedentarismo que a lo que nos referimos aquí casi se podría catalogar de mera "actividad física". En nuestros estudios en el laboratorio sometemos a los animales de experimentación (roedores) a niveles de ejercicio muy modestos. Les hacemos andar a paso rápido 1 Km. al día. En su hábitat natural, estos roedores pueden recorrer a diario distancias muy superiores, a gran velocidad y sin gran esfuerzo. Si lo traducimos a escala humana, probablemente estemos hablando de unos pocos kilómetros al día andados a paso vivo. Es decir, lo que los médicos llevan años recomendando a aquellas personas de irredentos hábitos sedentarios. Probablemente, cuanto más ejercicio se haga – tomando como base esta mínima actividad-, tanto más beneficioso será. Vamos a intentar razonar por qué, ya que contamos con observaciones en el laboratorio que nos ayudan a explicarlo.
Haremos primero un mínimo de historia retrospectiva para situar mejor nuestros argumentos. Nuestros antepasados, y no tenemos que irnos hasta el hombre de Cromagnon, simplemente hasta antes de la revolución industrial, se veían forzados a realizar todo tipo de tareas físicas en su quehacer cotidiano. El cuerpo humano está diseñado para mantener una actividad física constante, que para el hombre de hoy puede considerarse muy elevada: correr, brincar, trepar, etc. durante muchas horas al día. La fisiología humana se ha desarrollado, por tanto, para cubrir estas necesidades físicas; y más aún, la requiere. Mientras que nuestros hábitos han cambiado en poco menos de 1 siglo, nuestra fisiología sigue siendo la misma. Éste es el argumento que siempre se ha utilizado para explicar los efectos nocivos del estrés asociado a la vida moderna; un mecanismo de adaptación fisiológica al hábitat natural humano que deja de tener utilidad (de hecho, en el caso de la respuesta de estrés ésta es nociva) en un hábitat transformado drásticamente por la civilización. Para entendernos, el cuerpo humano necesita la actividad física para mantener una serie de funciones básicas.
Esto no es nada nuevo. Lo que ocurre es que una de estas funciones básicas, de la que hasta ahora no se hablaba, es mantener la salud de nuestras neuronas. Y ésto aparece conectado a la actividad física. ¿Cómo, y para qué? Del cómo nos vamos a ocupar de forma detallada, del para qué, podemos decir que es consecuencia de cómo está construido el cuerpo humano (y el de los animales, ya que esto no es exclusividad humana; estamos hablando de mecanismos de organización funcional muy primitivos). Actividad y capacidad funcional están íntimamente ligadas. Pondremos un ejemplo conocido, y que tiene directa implicación al caso que nos ocupa. Las áreas cerebrales dedicadas (entre otras muchas cosas) a una tarea que podemos concretar, por ejemplo, a mover los dedos de la mano, están más desarrolladas en individuos que hacen uso de sus manos de forma intensa, por ejemplo, por motivos profesionales, como los músicos (Merzenich et al., 1996). Ésto se explica porque el uso intensivo de los circuitos neuronales no sólo favorece su mantenimiento sino que incluso produce una expansión física de los mismos: cuanto más se realiza una tarea, tantas más neuronas se van dedicando a ella y por lo tanto esta tarea se va perfeccionando en su ejecución (de nuevo el ejemplo de los músicos). Se produce lo que llamamos en términos técnicos un "reclutamiento" de nuevas neuronas. Estas nuevas neuronas generalmente se hallan contiguas a las que están activas, y así se va produciendo la expansión de las áreas cerebrales. Desde luego esto sucede a expensas de que otras áreas, comparativamente menos utilizadas, disminuyan su tamaño. Se produce de esta forma una especialización, que por supuesto es dinámica.
Por el contrario, mover el cuerpo mientras se realiza ejercicio requiere una activación cerebral generalizada, ya que no sólo se trata de mover de forma coordinada grupos musculares, sino también de aumentar el flujo sanguíneo, el consumo de glucosa, la respiración, el ritmo cardíaco, la capacidad del sistema sensorial y propioceptivo, etc. Todo esto está regulado por distintos centros nerviosos distribuidos en zonas muy dispares del cerebro. Por lo tanto, la diferencia estriba en que el ejercicio físico activa amplias zonas cerebrales, y no unas pocas concretas. Un símil muy usado por los que trabajamos en este fenómeno, al que llamamos "plasticidad" de las neuronas, es que el cerebro es un músculo más, y cuanto más se usa, más se desarrolla. Esto puede parecer hasta una simpleza, pero no es así, y mucho menos cuando consideramos las consecuencias prácticas de esta propiedad funcional del cerebro: se pueden desarrollar estrategias combinando actividad física con actividad mental para prevenir enfermedades neurodegenerativas y a la vez mantener en buen estado, a medida que envejecemos, las capacidades intelectuales. Un dato epidemiológico que apoya este tipo de conclusiones es que las personas con mayor índice cultural, más proclives a utilizar su capacidad intelectual, tienen una menor incidencia de demencia senil (Stern et al., 1999).
Podemos resumir diciendo que el que la capacidad funcional de las neuronas dependa del uso que se haga de ellas supone una optimización continuada de los recursos: se dedican a una tarea tantas neuronas como hagan falta, y si la tarea cada vez demanda más dedicación, el número o capacidad funcional de las neuronas aumenta. Si la tarea va demandando menos esfuerzo, las neuronas encargadas de ella se reutilizarán para otras tareas o acabarán infrautilizadas. En este contexto, la infrautilización determina finalmente una atrofia funcional. ¿Es éste el proceso de envejecimiento cerebral? No, pero un cerebro menos estimulado está sujeto a mayor deterioro que uno estimulado (Hultsch et al., 1999). ¿Cómo estimula el ejercicio físico al cerebro?
Hemos de empezar reconociendo que aún no lo sabemos, sólo estamos empezando a conocer algunos de los mecanismos implicados. Los mejor establecidos son aquellos mecanismos de respuesta inmediata a las demandas que el ejercicio produce y que por lo tanto son de tipo adaptativo. Cuando realizamos una actividad física, aparte de coordinar el movimiento de los músculos implicados en el movimiento que se esté realizando, el cerebro coordina todas las funciones corporales necesarias para que esos músculos funcionen correctamente en una situación que básicamente demanda un mayor consumo de energía. Los mecanismos metabólicos activados y controlados por el cerebro se conocen razonablemente bien desde hace años, y están detalladamente descritos en los manuales de fisiología (http://www.els.net). Las señales que envía el cuerpo para que el cerebro ponga en marcha las adaptaciones fisiológicas necesarias a la nueva situación que el ejercicio demanda no están establecidas, pero se cree que incluyen cambios en la concentración de metabolitos sanguíneos, de la concentración de CO2 en la sangre, del pH sanguíneo, y otros.
Sin embargo, existen cambios en el cerebro, que no están relacionados con el control de funciones metabólicas asociadas a la ejecución del ejercicio, tales como la respiración, el pulso cardíaco o el consumo de glucosa, sino con las características funcionales de las propias neuronas. En 1995 fue publicada una pequeña nota en la revista Nature, que hacía referencia a las acciones del ejercicio sobre el cerebro desde una perspectiva inusual: ratones que podían correr a diario dentro de sus jaulas, mostraban aumentos en la síntesis de factores neurotróficos en zonas concretas del cerebro que no se daban en sus hermanos sedentarios (Neeper et al., 1995). Como las neurotrofinas son substancias de tipo hormonal que ejercen todo tipo de efectos positivos sobre las neuronas adultas, esto sugería que el ejercicio protege a las neuronas. Durante unos años esta observación pasó relativamente inadvertida, aunque se continuó analizando la relación entre factores neurotróficos y ejercicio físico, llegándose a la conclusión de que la producción cerebral de algunos de estos factores protectores de la salud de las neuronas se estimula por el ejercicio físico (Isaacs et al., 1992; Kramer et al., 1999; Neeper et al., 1996).
Dos líneas de trabajo independientes han hecho que recientemente se esté prestando más atención a la conexión entre ejercicio y funcionamiento cerebral. La primera se refiere a la observación de hace ya unas décadas de que el ambiente incide de forma insospechadamente importante en el desarrollo y mantenimiento de la capacidad de aprendizaje y memoria. Experimentos ya antiguos muestran que los ambientes que proporcionan una mayor cantidad y calidad de estímulos favorecen un mayor desarrollo cerebral, tanto desde el punto de vista anatómico, como funcional (Greenough et al., 1987). En el laboratorio llamamos a esto un ambiente "enriquecido". De hecho, los programas pedagógicos tan en boga en la actualidad, dirigidos a niños de corta edad, se basan en gran medida en este tipo de observaciones. Estudios más recientes han mostrado que una parte importante de los efectos beneficiosos sobre el cerebro de este ambiente "enriquecido" se deben a que este ambiente siempre incluye realizar una mayor actividad física. Por ejemplo, la mera realización diaria de ejercicio físico es suficiente para hacer que los animales de experimentación produzcan más neuronas (aunque es un hecho poco conocido aún, el cerebro continua formando nuevas neuronas a lo largo de toda la vida) o que las que ya tienen no se pierdan a medida que envejecen (Larsen et al., 2000; van Praag et al., 1999).
El segundo tipo de observaciones viene derivado del estudio sobre la fisiología del deporte. Analizando cómo se promueve el desarrollo muscular por las llamadas hormonas anabólicas, se vio que el ejercicio estimula la liberación a la sangre de hormona de crecimiento (GH, de su nombre inglés ‘Growth Hormone’), que es la principal responsable del crecimiento del cuerpo (Eliakim et al., 1999). La GH a su vez hace que el hígado produzca un factor de crecimiento denominado IGF-I (de su nombre en inglés ‘ Insuline-like Growth Factor I; ver Figura 1). El IGF-I hace que el músculo crezca en tamaño. Esto lo saben bien los culturistas, que utilizan esta sustancia de forma clandestina, para promover crecimiento muscular masivo. Pues bien, el IGF-I es un factor neurotrófico muy potente (Torres-Alemán, 2001). Como ésto se conoce tan sólo desde hace unos años, sólo muy recientemente se ha relacionado la capacidad neurotrófica del IGF-I con la práctica de ejercicio. Como el ejercicio físico estimula al eje hormonal GH-IGF-I, pensamos que era posible que el ejercicio ejerciera efectos protectores sobre el cerebro a través del IGF-I. Cuando comparamos los efectos del ejercicio y del IGF-I sobre el cerebro vimos que eran idénticos (Carro et al., 2000). Es más, si impedíamos que el IGF-I funcionara, también interrumpíamos los efectos del ejercicio sobre el cerebro. Esto nos hizo considerar al IGF-I como un mensajero que utiliza el cuerpo para informar al cerebro de que se está produciendo una situación de ejercicio físico. En el laboratorio hemos comprobado que cuando se realiza ejercicio, el cerebro acumula más IGF-I producido por el hígado (Carro et al., 2000).
Figura 1: El eje endocrino de la hormona de crecimiento hipofisaria (GH) y del IGF-I hepático controla el crecimiento de muchos tejidos así como su funcionamiento adecuado. Observaciones recientes indican que también el cerebro sería uno de los órganos diana de las acciones tróficas del IGF-I hepático, incluyendo un efecto protector contra agresiones internas y externas.
Hay ya suficientes evidencias para pensar que esta sustancia trófica estimulada por el ejercicio es una de las responsables de los efectos beneficiosos del ejercicio físico a nivel cerebral (ver Figura 2). Al llegar al cerebro, el IGF-I estimula la producción de otras sustancias tróficas, que por cierto son las mismas que estimula el ejercicio; además, incrementa la actividad de las neuronas, mejora la capacidad del cerebro de recibir información del resto del cuerpo (información propioceptiva), estimula el flujo de sangre al cerebro, aumenta el consumo de glucosa por las neuronas, y protege a las neuronas de todo tipo de alteraciones que puedan producir su malfuncionamiento o incluso su muerte (Torres-Alemán, 2001). El cómo esta sustancia actúa de tantas formas es sorprendente, pero a su vez esto refuerza la idea de que este factor trófico es uno de los mediadores fundamentales de los efectos beneficiosos del ejercicio físico sobre el cerebro. Poniéndolo de una forma más inteligible, podemos decir que el ejercicio físico estimula mecanismos protectores del cerebro. Uno de ellos sería la producción de IGF-I. No sabemos si esta hormona hepática es la única o la principal, pero si impedimos que el IGF-I entre al cerebro, el ejercicio deja de tener una serie de efectos positivos; no aumenta la actividad neuronal, las neuronas se siguen muriendo, etc.
Figura 2: La realización de ejercicio físico moderado en roedores de laboratorio que presentaban distinto grado de discapacidad motriz antes de comenzar el ejercicio produce mejoras substanciales de sus habilidades motoras. En un primer grupo de ratones “moderadamente discapacitados” (panel izquierdo), los animales son incapaces de sostenerse en un rodillo en movimiento constante por mas de 200 segundos. Esta tarea es muy sencilla de realizar para animales normales sanos capaces de caminar en el rodillo por tiempo indefinido, aunque no se les tiene mas de 360 segundos para evitar que se desmotiven. Tras una semana de ejercicio moderado (corriendo 1 km/hora/día) los animales enfermos tienen una motricidad normal que se mantiene mientras continúen haciendo ejercicio. En un segundo grupo de animales, “severamente discapacitados” (panel derecho), el ejercicio no sólo aumenta de forma significativa su capacidad motriz (aunque no alcancen niveles normales), pero aún más importante es el hecho de que los animales que realizan ejercicio sobreviven mucho más tiempo y en mejores condiciones. Esto se puede interpretar como que el ejercicio mantiene vivos a grupos neuronales que son esenciales para la vida.
El conocer los mecanismos por los que el ejercicio físico resulta beneficioso al cerebro no es de interés puramente académico. Por ejemplo, nos puede permitir desarrollar estrategias terapéuticas basadas en un mejor conocimiento de estos mecanismos. Desde luego la mejor opción es realizar ejercicio como medida preventiva y de mantenimiento. Es en el caso de situaciones patológicas que imposibiliten la práctica de ejercicio cuando las alternativas son importantes. Un ejemplo obvio es administrar IGF-I a personas con problemas neurológicos que les impidan realizar ejercicio. Quizás más adelante, cuando conozcamos por qué mecanismos el IGF-I evita que las neuronas mueran, podremos imitar o potenciar estos mecanismos con nuevas drogas. Conclusiones
Realizar ejercicio físico moderado es beneficioso para mantener el cerebro sano y prevenir enfermedades neurodegenerativas. El ejercicio estimula al cerebro de dos formas principales: 1) Mantiene un aporte adecuado de nutrientes interviniendo en la homeostasis de la glucosa y del oxígeno y en los procesos de vascularización cerebral, y 2) Optimiza la eficacia funcional de las neuronas interviniendo en procesos de excitabilidad neuronal y de plasticidad sináptica. Estamos empezando a conocer algunos de los mecanismos implicados en los efectos beneficiosos del ejercicio sobre el cerebro, que sorprendentemente incluyen a una hormona producida por el hígado.
Referencias
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Neeper SA, Gomez-Pinilla F, Choi J, Cotman CW (1996) Physical activity increases mRNA for brain-derived neurotrophic factor and nerve growth factor in rat brain. Brain Res 726: 49-56.
Stern Y, Albert S, Tang MX, Tsai WY (1999) Rate of memory decline in AD is related to education and occupation: cognitive reserve? Neurology 53: 1942-1947.
Torres-Alemán, I. (2001) Serum neurotrophic factors and neuroprotective surveillance: focus on IGF-I. Molecular Neurobiology 21: 153-160.
van Praag H, Kempermann G, Gage FH (1999) Running increases cell proliferation and neurogenesis in the adult mouse dentate gyrus. Nat Neurosci 2: 266-270.
Marco racional y teórico
Las técnicas de relajación (Benson y col., 1975; Stuart y col., 1987), biofeedback (Fotopoulos y Sunderland, 1978; Basmajian, 1979), imaginación guiada (Achterberg, 1984) e hipnosis (Zacharie, 2001), han sido ampliamente estudiadas en las últimas décadas. El Dr. Herber Benson de la Universidad de Harvard demostró en una serie de investigaciones, reconocidas a nivel mundial, que la relajación ejerce efectos positivos para la salud, a nivel de diversos sistemas: respiratorio, cardiovascular, metabólico, muscular y también en el sistema inmune (Benson, 1975, 1996). Así mismo, la validez científica de la hipnosis y la imaginación guiada ha sido evaluada en diversos programas de intervención psicosocial que van desde el cáncer (Spiegel, 1987, Fawzy y col., 1994), el asma (Castés y col., 1999) , obstrucciones coronarias (Ornish, 1991) y otras patologías (Caudill y col., 1991 ). A pesar de esto pareciera que no es suficiente el conocimiento científico para cambiar un paradigma científico. Aunque a nivel mundial se incrementa el número de personas, tanto sanas como enfermas, que utilizan estas técnicas y reconocen sus bondades, también siguen teniendo detractores en algunos miembros de la medicina convencional, que a pesar de las evidencias científicas, las siguen incluyendo en el grupo de "terapias alternativas", como sinónimo de "no comprobado científicamente". En esta ponencia haremos el intento, con el apoyo de tres grupos de investigaciones, lideradas por investigadores del alto prestigio internacional, y publicadas en revistas de gran impacto, de ahondar aún mas en las bases científicas que apoyan estas técnicas ampliamente utilizadas desde hace mucho tiempo en la psicoterapia, particularmente en la Psicoterapia Humanista.
Los tres grupos de investigaciones se refieren en primer término a la psiconeuroinmunología, en segundo lugar a investigaciones del campo de la neurociencia y la teoría de la información propuesta por la Dra. Candace Pert, candidata a premio Nobel de Medicina por su descubrimiento en los receptores a los opiacios en el cerebro, y tercero el conjunto de investigaciones sintetizadas magistralmente por el Dr. Bruce Lipton (2002) y sus colegas quienes desde la biología celular y molecular aportan evidencias que apoyan esta línea de razonamiento. Cada una de ellas serán discutidas por separado, y luego intentaremos una integración de las mismas.
Las Siete Reglas de Paracelso
1.- Lo primero es mejorar la salud. Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y
rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una
ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua,
comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto
posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que
estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte
diariamente, es un hábito que debes a tu propia dignidad.
2.-Desterrar absolutamente de tu ánimo, por más motivos que
existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza,
venganza y pobreza. Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas
maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas,
vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de
entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus
discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de
importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura
de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este
depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.
3.- Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas
debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y
huir de todo sentimentalismo.
4.- Hay que olvidar toda ofensa, mas aún: esfuérzate por pensar bien
del mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio.
Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz
interior, pero no te hablara así de pronto, tienes que prepararte
por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos,
pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y
perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le
ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.
5.- Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte,
siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los
ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en
contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento
y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas,
susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los
problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una
voz interior que te guiará en tales instantes de silencio, a solas
con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates.
6.- Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a
los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas,
aprendas, sospeches o descubras. Por un largo tiempo al menos debes
ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.
7.- Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de
mañana. Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas
solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no
concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda
tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo.
El miedo y desconfianza en el futuro son madres
funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con
ellas el desastre. Si estudias atentamente a las personas de buena
suerte, veras que intuitivamente, observan gran parte de las reglas
que anteceden. Muchas de las que alegan gran riqueza, muy cierto es
que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero
poseen muchas virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte, la
riqueza no es sinónimo de dicha; Puede ser uno de los factores que a
ella conduce, por el poder que nos da para ejercer grandes y nobles
obras; pero la dicha más duradera solo se consigue por otros
caminos; allí donde nunca impera el antiguo Satán de la leyenda,
cuyo verdadero nombre es el egoísmo.
Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la
humildad como de la vanidad. La humildad te sustraerá fuerzas y la
vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal
contra el Espíritu Santo.
Cálculo de los biorritmos personales
El biorritmo es un campo bioenergético y sus ciclos tienen un período de acción, vitalidad y efectividad, llamado positivo, y otro de recarga, con menor eficiencia, llamado negativo. Estas diferencias, son manifiestas en algunas personas muy sensibles y apenas son perceptibles para otras.
Los días más inestables de cada ciclo, son los días críticos o de transición de positivo a negativo, y viceversa. Durante estos días críticos, las capacidades físicas, emocionales o intelectuales pueden variar de forma radical, con resultados excelentes o desastrosos. Por tanto, son días en los que hay que tomar precauciones, y evitar acometer actividades trascendentes.
Su cálculo se establece a partir de la fecha de nacimiento, con unos ciclos regulares, expresado en el siguiente cuadro:
Ciclo Físico
Ciclo completo de 23 días. Tiene influencia sobre los aspectos físicos, como la fuerza, resistencia física, coordinación, y prevención de enfermedades.
Ciclo Emocional
Ciclo completo de 28 días. Controla los estados emocionales, como optimismo o pesimismo, euforia o depresión, amor u odio, entusiasmo o pasividad.
Ciclo Intelectual
Ciclo completo de 33 días. Tiene influencia sobre nuestra actividad mental, cálculo, memoria, receptividad, alerta, vigilancia, razonamiento, aprendizaje.