Doce pétalos.
Doce pétalos, en cuyo interior se dibuja una estrella de seis puntas. En el centro se ha el shiva lingam, con un triángulo invertido (trikuna) y yam, el símbolo de la semilla. Se representa a Isvara, dios de la Unidad, y a la Shakti Kakini. En base de la estrella, el antílope simboliza la libertad
Elemento: Aire (ligero)
Características
Localización: Al lado del corazón (el medio del tórax, y no a la izquierda).
Trabajo con Reiki (colocación de las manos) (4): En el centro del pecho Corresponde al plexo cardiaco (4).
Glándula: Timo.
Otras partes del cuerpo:
Pulmones,
corazón, pericardio,
brazos, manos.
sistema vago
Sistema circulatorio (4).
Significado de este chakra
Clave: Es el del medio. Chakra cordial. Integra lo espiritual y lo material. Amor.
Es el centro del eje energético humano.
Intacto.
Está abierto hacia delante, teniendo también un vórtice posterior; representa el amor incondicional que nos permite amar enteramente y sin condiciones.
Se asocia a: Los significados del corazón. Es una espiral que nace en el corazón y recorre los otros.
Funciones
Hasta hace poco, se pensaba que la glándula timo era una glándula inútil e incluso nefasta; se ha descubierto recientemente que, por el contrario, rige todo el sistema inmunitario.
Preserva la fuerza vital del Ser Supremo.
Da energía a la sangre y al cuerpo físico con la fuerza vital.
Circulación de la sangre.
Es el pasaje entre los chakras inferiores, más ligados a la materia, y los superiores, más evolucionados.
Es de él de donde proviene la energia que alimenta los elementos superiores de la afectividad, la fraternidad y la expansión interior.
Es muy probable que con la Nueva Era, la primacía del tercer chakra sea reemplazada por la del cuarto, el corazón.
Unicamente si está abierto y vitalizado, podremos brindar energía de curación (Reiki).
Por ello, algunos reikianos, tras la activación, sienten fluir la energía con mayor intensidad, debido a que poseen un chakra cardíaco más armonizado que el de las demás personas.
Dominios principales de nuestra existencia: el amor (las relaciones)
Cualidades positivas (4):
Amor divino incondicional.
Capacidad de perdón, compasión, entendimiento, equilibrio, conciencia de grupo, unidad con la vida.
Aceptación, paz, franqueza, armonía, satisfacción.
Cualidades negativas (4):
Represión del amor, inestabilidad emocional, desequilibrios. Problemas cardiacos y circulatorios. Psoriasis.
Miedos: temor a la pérdida de dinero, pareja, trabajo, etc.
Síntomas y actitudes mentales:
Los bloqueos en el chakra cardiaco devienen frecuente~ mente en síntomas y actitudes mentales como la imposición de condiciones al amor (« ¡Si no haces lo que quiero, me voy a separar de ti! »), de amor sofocante (« ¡Hijo querido, yo sólo quiero lo mejor para ti! »), de egoísmo (« i Tienes que estar aquí en caso de que yo necesite ayuda! »).
Su disarmonía produce patologías tales como: síndrome de pánico, calambres, acidez, palpitaciones, arritmia cardiaca, rubor, presión alta, enfermedades de los pulmones, problemas con el nivel de colesterol, intoxicación, tensión y cáncer.
EL SISTEMA SIMPÁTICO
La anatomía describe dos sistemas nerviosos en el cuerpo humano: el cerebro espinal y el simpático.
El cerebro espinal comienza en el cerebro, prosigue por la médula espinal y se distribuye por todo el cuerpo mediante ganglios de que arrancan los nervios entre dos
vértebras contiguas. El sistema simpático consiste en dos cordones tendidos por casi toda la longitud de la columna vertebral, a uno y otro lado de ella y algo hacia adelante de su eje.
De los ganglios de estos dos cordones, no tan numerosos como los de la columna vertebral, arrancan los nervios simpáticos que forman los plexos, de los cuales a su
vez, como de estaciones de relevo, derivan otros nervios que forman ganglios menores con las arborizaciones terminales.
Sin embargo, ambos sistemas están relacionados por diversos medios y tan gran número de nervios conectores, que no es posible considerarlos como dos organismos neuróticos independientes.
Además, tenemos un tercer sistema, llamado vagal, formado por dos nervios que arrancan de la médula oblongada y descienden distintamente muy adentro del cuerpo,
entremezclándose constantemente con los nervios y plexos de los otros dos sistemas.
La médula espinal, el cordón simpático izquierdo y el nervio vago izquierdo están representados en la lámina VI, que muestra las conexiones nerviosas entre los ganglios espinales y simpáticos, y los conductos por donde los últimos ramifican los nervios que forman los principales plexos del sistema simpático. Se observará que los plexos
tienden a inclinarse hacia los ganglios de que se originan; y así, por ejemplo, el plexo solar depende mayormente del gran nervio esplénico, que en la lámina aparece derivado
del quinto ganglio simpático torácico, conectado a su vez con el cuarto ganglio torácico espinal, que está casi al nivel horizontal del corazón; pero el nervio desciende a unirse con los nervios esplénicos menor y mínimo, que arrancan del ganglio torácico inferior, el cual atraviesa el diafragma y se enlaza con el plexo solar. Hay también otros
enlaces entre este plexo y los cordones, mostrados de algún modo en la lámina, pero demasiado complicados para descritos. Los principales nervios que van al plexo cardíaco se inclinan hacia abajo de manera análoga. En el caso del plexo laríngeo no hay más que una leve inclinación, y el plexo carótido asciende desde el nervio carótido interno, proveniente del ganglio simpático cervical superior.
LOS GANGLIOS ESPINALES
Análoga inclinación se observa en los tallos etéreos que conectan la corola del chakra, situada en la superficie del doble etéreo, con sus correspondientes ganglios espinales, situados aproximadamente en las posiciones señaladas de rojo en la lámina VI y explicadas en la Tabla 2. Los radios de los chakras proporcionan a los plexos simpáticos la energía suficiente para desempeñar su función subsidiaria; y en el actual estado de nuestros conocimientos me parece temeridad identificar los chakras con los plexos como sin suficiente fundamento han hecho algunos autores.
Los plexos hipogástricos o pélvicos están indudablemente relacionados con el chakra swadhisthana situado cerca de los órganos de la generación y que mencionan los
libros indos, pero que no consta ni se usa en nuestro plan de desenvolvimiento. Los plexos agrupados en la región pélvica están mayormente subordinados al plexo solar en
todo lo relativo a la actividad consciente, pues tanto aquellos dos como el plexo esplénico están muy íntimamente relacionados con el solar por numerosos nervios.
El chakra coronal no está relacionado con ningún plexo simpático del cuerpo físico, pero sí lo está con la glándula pineal y el cuerpo pituitario, según veremos en el
capítulo IV. También influye en el desenvolvimiento del sistema cerebro-espinal.
Sobre el origen y relaciones entre los sistemas cerebro-espinal y simpático dice la doctora Annie Besant en su obra Estudio sobre la conciencia:
“Veamos cómo se inicia y desenvuelve la formación del sistema nervioso por los vibratorios impulsos dimanantes del plano astral. Vemos que hay un diminuto grupo de células nerviosas enlazadas por tenues ramificaciones. Este grupo se forma por la acción de un centro previamente aparecido en el cuerpo astral. . . o sea una agregación de materia astral dispuesta de modo que forma un centro a propósito para recibir impulsos del exterior y responder a ellos. Las vibraciones pasan desde este centro astral al cuerpo etéreo, determinando pequeños vórtices etéreos que entrañan partículas de materia física densa y acaban por constituir una célula nerviosa y grupos de ellas. Estos centros
físicos reciben vibraciones del mundo exterior y devuelven impulsos a los centros astrales cuyas vibraciones acrecientan, de suerte que los centros físicos y astrales accionan y reaccionan recíprocamente, y cada uno de ellos se hace más complicado y
eficaz. A medida que trascendemos el reino animal, encontramos en constante perfeccionamiento el sistema nervioso físico como factor cada vez más y más predominante en el cuerpo; y este primitivo sistema se convierte en los vertebrados en el gran simpático que gobierna y dinamiza el corazón, los pulmones, el aparato digestivo y demás órganos vitales. Por otra parte, va formando poco a poco el sistema cerebro-espinal, íntimamente relacionado en sus operaciones inferiores con el simpático, y acrecienta por grados su predominio hasta llegar a ser en su máximo desenvolvimiento el órgano normal de la "conciencia despierta". El sistema cerebro-espinal se forma por impulsos originados en el plano mental, no en el astral, con el que indirectamente se relaciona por medio del sistema simpático cuya formación proviene del plano astral”.(10) .
VITALIDAD
Todos experimentamos alegría y bienestar al beso del sol, pero sólo los ocultistas conocen el por qué de esta placentera sensación. De la propia suerte que el sol inunda de luz y calor su sistema, así también derrama perpetuamente en él otra energía aún insospechada por la ciencia moderna, a la que se ha dado el nombre de «vitalidad»,
que reciben todos los planos y se manifiesta en el físico, emocional, mental, etc.
Sin embargo, nos limitaremos a considerarla en el plano físico, donde penetra en algunos átomos cuya actividad acrecienta inmensamente y de maravillosa manera
los anima e infulge.
No se ha de confundir la vitalidad con la electricidad, pues aunque tienen algunos puntos de semejanza, la vitalidad actúa muy distintamente de la electricidad, el calor
y la luz. Cualquiera de estas otras energías determina la oscilación del átomo en conjunto, y el tamaño de la oscilación es enorme, comparado con el del átomo; pero la
vitalidad le llega al átomo desde el interior y no desde el exterior.
EL GLÓBULO DE VITALIDAD
El átomo en sí no es más que la manifestación de una energía. El Logos quiso alojar Su energía en una forma determinada, a la que llamamos átomo físico ultérrimo (fig. 7) y por el esfuerzo de Su voluntad se mantienen en dicha forma unos catorce mil millones de burbujas. Conviene recalcar el hecho de que del esfuerzo de voluntad del Logos depende enteramente la cohesión de las burbujas en dicha forma, de modo que si por un instante retirara el Logos Su voluntad, se separarían las burbujas, y todo el mundo físico cesaría de existir en menos de lo que dura el fulgor de un relámpago.
He aquí por qué aun desde este punto de vista el mundo entero no es más que una ilusión, sin contar con que las burbujas constituyentes del átomo son agujeros en el
koilon o verdadero éter del espacio.
Por lo tanto la voluntad del Logos continuamente ejercida mantiene en cohesión los átomos, y al examinar la acción de esta energía volitiva vemos que no penetra en el átomo desde fuera sino que surge de su interior, lo cual significa que se infunde en el átomo procedente de superiores dimensiones. Lo mismo sucede con la vitalidad, que surge del interior del átomo acompañada de la energía que lo mantiene en cohesión,
en vez de penetrar en él desde el exterior como la luz, el calor y la electricidad.
Cuando la energía vital se infunde así en el átomo lo dota de suplementaria vida y le comunica fuerza de atracción, de suerte que al punto atrae a sí otros seis átomos físicos ultérrimos dispuestos en definida forma de un subatómico o hipermetaproto elemento, según ya dejé explicado.
Pero este elemento difiere de todos los hasta ahora observados en que la energía que lo origina y mantiene en cohesión sus componentes, procede del primer aspecto del Logos y no del tercero. Este glóbulo de vitalidad (figura 5 c) es el pequeño grupo que constituye el sumamente brillante gránulo en la serpiente masculina o positiva del químico elemento oxígeno, así como también es el corazón del globo central del radio.
Estos glóbulos de vitalidad se distinguen por su brillantez y extremada actividad de todos cuantos flotan en la atmósfera, pues denotan muy intensa vida, y probablemente
son las vidas ígneas tan a menudo mencionadas por Blavatsky, como por ejemplo en el siguiente pasaje de La Doctrina Secreta:
“Se nos dice que todo cambio fisiológico, es decir, la vida misma, o más bien los fenómenos objetivos de la vida, producidos por ciertas condiciones y cambios de los tejidos del cuerpo que obligan a la vida a actuar en dicho cuerpo, se han de atribuir a
los invisibles "Creadores" y "Destructores", generalmente llamados microbios. Cabría suponer que las vidas ígneas y los microbios de la ciencia sean idénticos; pero no hay tal. Las vidas ígneas son la séptima y superior subdivisión del plano físico, y se
corresponden en el individuo con la Vida única del universo, aunque sólo en el plano físico”.
Si bien la energía que vivifica los glóbulos de vitalidad es completamente distinta de la luz, parece que depende de la luz en su poder de manifestación. Cuando el sol luce en todo su esplendor, se renueva copiosamente la energía vital y se forma increíble número de glóbulos, mientras que en días nublados disminuyen considerablemente, y durante la noche queda en suspenso la operación, según las observaciones hasta ahora efectuadas. Por lo tanto, durante la noche vivimos a expensas de las reservas de vitalidad acumuladas en días anteriores, y aunque parece realmente imposible el agotamiento de las reservas, deben de disminuir notablemente cuando está el cielo nublado durante muchos días seguidos. Una vez cargado el glóbulo obra como elemento subatómico y no está expuesto a transmutación o pérdida de energía hasta que lo absorbe un ser viviente.
PROVISIÓN DE GLÓBULOS
La vitalidad, como la luz y el calor, dimana continuamente del sol, pero a veces surgen impedimentos impedientes de que toda la provisión llegue a la tierra. En los hiemales y melancólicos climas mal dichos templados, suele haber una larga sucesión de días grises en que el cielo está cubierto con un sudario de cerradas nubes, lo cual afecta a la vitalidad lo mismo que a la luz, pues aunque no la intercepte por completo, mengua notablemente su cantidad. Por lo tanto, en los días tristes y sombríos disminuye la vitalidad, y todos los seres vivientes anhelan instintivamente el fulgor del sol.
Cuando los átomos vitalizados están así más escasamente difundidos, el hombre de robusta salud acrecienta su poder de absorción, lo extiende a más vasta área y de esta suerte mantiene su vigor al nivel normal; pero los inválidos y personas de escasa energía nerviosa son incapaces de este acrecentamiento de absorción, por lo que
suelen sufrir gravemente y se ponen de mal humor y se debilitan aún más sin comprender la causa. Por la misma razón la vitalidad es más baja en invierno que en verano, pues aunque el corto día invernal lo sea de sol, lo que es raro, las noches son muy largas, durante las cuales hemos de vivir a expensas de la vitalidad acopiada en la
atmósfera durante el día. Por el contrario, los largos días de verano, si están despejados y con sol, cargan la atmósfera tan plenamente de vitalidad que apenas disminuye durante las cortas noches del estío.
Del estudio de este asunto de la vitalidad, el ocultista no puede menos de inferir que, independientemente de la temperatura, el solaire es uno de los más importantes
factores de la conservación de la perfecta salud, pues ningún otro puede compensarlo. Puesto que la vitalidad se difunde por todos los mundos y no exclusivamente por el
físico, es evidente que cuando en otros respectos se cumplen las necesarias condiciones, la emoción, la mente y la espiritualidad recibirán muy favorable influencia del solaire en un día de claro y despejado firmamento.
ENERGÍAS PSÍQUICAS
Las tres energías mencionadas, la primaria, la vitalidad y el kundalini no están directamente relacionadas con la vida mental y emocional del hombre, sino tan sólo
con su bienestar corporal. Pero también penetran por los chakras energías que pueden calificarse de psíquicas y espirituales. Los dos primeros chakras no manifiestan ninguna de estas energías, pero el chakra umbilical y los demás situados cuerpo arriba son puertas de entrada para las energías que afectan a la conciencia humana.
En un artículo sobre los centros mentales inserto en La Vida interna, expuse que los pensamientos son cosas muy definidas que ocupan lugar en el espacio. Los pensamientos sobre un mismo asunto y de la misma índole propenden a agregarse; y por lo tanto, para algunos asuntos hay en la atmósfera un centro mental, un definido espacio, al cual quedan atraídos y acrecen su extensión e influencia todos los demás pensamientos sobre el mismo asunto. De este modo el pensador puede contribuir a fomentar un centro mental, pero a su vez queda influí do por él, y esta es una de las razones porque las gentes piensan a manadas como carneros. Mucho más fácil es para un hombre de perezosa mentalidad aceptar un pensamiento elaborado por otra mente, que emplear sus facultades en la consideración de los varios aspectos de un asunto hasta llegar a la decisión de su propio discernimiento.
Lo que así sucede en el plano mental respecto del pensamiento, sucede también con las adecuadas modificaciones en el plano astral con respecto a los sentimientos. El
pensamiento vuela con la rapidez del rayo por la sutil materia del plano mental, de modo que los pensamientos unánimes del mundo entero sobre determinado asunto pueden fácilmente congregarse en un centro y ser accesibles a quienquiera que piense sobre el mismo asunto.
La materia astral, aunque mucho más sutil que la física es, sin embargo, más densa que la mental, de suerte que las voluminosas nubes de «formas emocionales» que en el mundo astral engendran los intensos sentimientos no se reúnen todas en un solo centro, sino que se entrefunden con otras vecinas de la misma índole, resultando de ello
enormes y potísimos bloques de emoción que por doquiera flotan y pueden influir en quien con ellos se ponga en contacto.
La relación de este asunto con nuestro tema capital consiste en que dicha influencia se ejerce por medio de uno u otro chakra. Para demostrarlo, pongamos por caso el de un hombre lleno de miedo. Quienes hayan leído El hombre visible e invisible recordarán que la lámina XIV de dicho libro representa la condición del cuerpo astral del temeroso. Las vibraciones de un cuerpo astral en semejante estado atraerán las nebulosas formas emocionales de temor que floten por la vecindad. Si el individuo logra recobrarse y vencer el temor, las nubes de esta emoción se alejarán mohinas; pero si el temor subsiste y se acrecienta, las nubes descargarán su acumulada energía por medio del chakra umbilical, con riesgo de que el temor degenere en pánico y el individuo pierda la cabeza y se precipite ciegamente en un peligro.
De la propia suerte el que se enoja y destempla atrae nubes de cólera y se expone a un influjo emocional que transmute su indignación en furia, de modo que sin saber lo que hace puede cometer un homicidio por obcecación y arrebato. Análogamente, el que cede a la depresión de ánimo arriesga caer en un estado de permanente melancolía, o quien se deja dominar por deseos bestiales puede convertirse en un monstruo de lujuria y sensualidad y cometer crímenes que le horroricen al recobrar la razón.
Todas estas indeseables corrientes le llegan al hombre por el chakra umbilical. Afortunadamente hay otras y superiores posibilidades en las nubes de amor y devoción,
cuya energía recibirá por el chakra cardíaco quien sienta tan nobles emociones y las intensificará admirablemente, según muestran las láminas XI y XII de la obra: El hombre visible e invisible. Las emociones que afectan al chakra umbilical del modo mencionado, están indicadas en la obra: Estudio sobre la conciencia de la doctora Besant, quien divide las emociones en las dos grandes clases de amor y odio.
Las emociones de odio afectan al chakra umbilical y las de amor al cardíaco.
Dice la doctora Besant:
“Hemos visto que el deseo tiene dos capitales expresiones: atracción para poseer o ponerse en contacto con un objeto que de antemano proporcionó placer, y repulsión para rechazar o eludir el contacto con un objeto que previamente infligió dolor.
Hemos visto que la atracción y la repulsión son las dos modalidades del deseo que domina al Yo. Como la emoción es el deseo entremezclado con el intelecto, inevitablemente ha de ofrecer la misma división en dos modalidades. Se llama amor la emoción de índole atractiva que placenteramente une dos objetos. Es la energía desintegrante del universo. Se llama odio la emoción de índole repulsiva que dolorosamente separa dos objetos. Es la energía desintegrante del universo. Tales son los dos troncos de la raíz del deseo y de ellos arrancan como ramas todas las emociones.
De aquí la identidad de las características del deseo y emoción. El amor anhela atraerse el objeto atractivo o va en pos de él para unirse con él y poseerlo o ser poseído por él. Lo mismo que el deseo, liga con lazos de placer y dicha; pero estos lazos son más complicados y duraderos por estar compuestos de más numerosas y sutiles hebras muy complejamente entretejidas, si bien el enlace de entrambos objetos, la esencia del deseo atrayente, es la misma esencia del amor o emoción atractiva. De igual suerte, el odio procura eliminar de sí el objeto repulsivo o huye de él para apartarse de él y repelerlo o ser repelido por él. Separa por dolor y desdicha; y así la esencia del deseo repelente,
de la separación de dos objetos, es la misma esencia del odio o emoción repulsiva. Amor y odio son las elaboradas e intelectivas formas de los elementales deseos de poseer y rehuir” (11).
Más adelante expone la doctora Besant en su dicha obra que cada una de estas dos capitales emociones se subdivide en tres partes según la fortaleza o debilidad del
que las sienta. Dice así:
“La benevolencia es el amor que mira hacia abajo, al inferior y al débil; la veneración es el amor que mira hacia arriba, al superior y al fuerte. Así benevolencia y veneración son las universales características comunes al amor entre superiores e inferiores.
Las ordinarias relaciones entre esposos y hermanos nos ofrecen campo donde estudiar las manifestaciones del amor entre iguales. Aquí vemos cómo el amor se muestra en mutua ternura y confianza, en consideración, respeto y deseo de complacer, en el esfuerzo de cumplir los ajenos gustos, en magnanimidad y dulzura.
También aquí se hallan los elementos de las emociones de amor entre superiores e inferiores, pero con el carácter de mutualidad impreso en ellas. Así cabe decir que la común característica del amor entre iguales, es el deseo de auxilio mutuo.
Tenemos, por lo tanto, que la benevolencia, el mutuo auxilio y la veneración son las tres capitales divisiones de la emoción de amor, y de ellas se derivan las demás emociones amorosas, pues todas las relaciones amorosas se resumen en estos tres órdenes: de superior a inferior, de igual a igual y de inferior a superior” (12).
Después explica análogamente las emociones de odio y dice:
“El odio al inferior es menosprecio y al superior es miedo. Asimismo, el odio entre iguales se manifiesta en cólera, hostilidad, desatención, violencia, agresividad, envidia e insolencia, es decir, cuantas emociones repelen a los rivales que están frente a frente
y no mano a mano. La común característica del odio entre iguales resulta de este modo mutuo agravio, y las tres capitales características de la emoción de odio son menosprecio, agravio mutuo y miedo” (13).
C. W. LEADBEATER
Traducción directa del inglés
por
Federico Climent Terrer