Seis pétalos en un círculo + otro círculo excéntrico
Elemento: Agua (líquido que fluye)
Características
Localización: 4 cm debajo del ombligo. En el bajo abdomen, rige genitales, matriz. Ligeramente por debajo del ombligo, al nivel del sacro y, en las mujeres, de los ovarios.
En la zona de los órganos genitales, corresponde al plexo prostático.
Trabajo con Reiki (colocación de las manos): Sobre el pubis (4).
Glándula: Ovarios/testículos y próstata
Otras partes del cuerpo:
Matriz, genitales,
riñones, vejiga,
sistema circulatorio.
Próstata,
bazo
Significado de este chakra
Clave: Deseo, placer.
Está abierto hacia adelante y tiene un vórtice posterior. Dulzura, sexualidad, procreación, curiosidad, búsqueda creativa del placer material, cosas bellas, arte, emociones, relaciones afectivas.
Se asocia a: Cambio. Moverse, cambiar ayuda a despertar. Explorando descubrimos n/ limites. Descubrir las dualidades, el sentimiento y el deseo.
Funciones
Procreación, asimilación de los alimentos, fuerza, vitalidad física, centro de la energía sexual, centro de las sensaciones y de las emociones, sexualidad.
Dominios principales de nuestra existencia: la sexualidad
vida emocional, estados emotivos,
orientaciones y preferencias sexuales
Cualidades positivas (4):
Dar y recibir emociones,
deseo, placer, amor sexual, pasión,
cambio, movimiento,
asimilación de nuevas ideas,
salud, familia,
tolerancia, entrega.
Trabajar armoniosa y creativamente con los demás.
Amor a la vida y hacerla más placentera.
Cualidades negativas (4):
Gratificarse excesivamente con la comida o el sexo.
Dificultades sexuales.
Confusión, despropósito,
celos, envidia,
afán de posesión,
impotencia,
problemas uterinos y/o urinarios.
Miedos: temor al qué dirán, al hablar en público, miedo a estar solo, a no ser apreciado y aprobado
Síntomas de mal funcionamiento
Afecciones:
Impotencia, frigidez,
dolencias de matriz, la vejiga o los riñones,
rigidez de espalda en la parte baja.
Síntomas y actitudes mentales:
Puede transformar la vida en un pequeño «infierno» personal que termina reflejándose en las personas con las que vivimos y nos relacionamos.
Miedos, de los fantasmas y fantasías negativas de la sexualidad, y del comportamiento hacia el sexo opuesto.
Síntomas mentales, como
miedo de la proximidad física (« ¡no me toques! »), y
repugnancia por el cuerpo (« ¡el sexo es para los animales; los seres humanos nacieron para algo más elevado! »),
manía de limpieza, incomprensión (« ¡no entiendo! »),
una mente muy centrada en la razón (« ¿para qué sirven los sentimientos? »),
énfasis excesivo en sentimientos impulsivos (« ¿para qué reflexionar? ¡Yo actúo por instinto! »),
desórdenes rítmicos («¡ni sé, ni puedo bailar! »), (« ¿por qué sufro siempre de dolores menstruales? »), (« ¡prefiero trabajar de noche! »),
aislamiento (« ¡casamiento y relación no me sirven de nada! »),
frigidez, impotencia, falta de apetito sexual (« ¡no necesito sexo, no veo lo que los demás obtienen de ello! »),
miedo de caerse (« ¡nunca saltaría de un trampolín! »).
La afirmación « no tiene alegría de vivir», resume la condición de un chakra sexual desordenado;
los bloqueos en ese chakra acaban frecuentemente en síntomas físicos, como enfermedades relacionadas con los fluidos del cuerpo (laringe, linfa, saliva, bilis) o con órganos procesadores de esos líquidos (riñones, vejiga, glándulas linfáticas).
LOS CHAKRAS
C. W. LEADBEATER
Traducción directa del inglés
por
Federico Climent Terrer
Un aporte de: www.santuario.cl
PREFACIO
Cuando un hombre comienza a agudizar sus sentidos de modo que pueda percibir algo más de lo que los otros perciben, se despliega ante él un nuevo y fascinador mundo, y los chakras son de las primeras cosas de dicho mundo que le llaman la atención. Se le presentan las gentes bajo un nuevo aspecto y descubre en las personas mucho que antes estaba oculto a su vista; y por tanto, es capaz de comprender, apreciar y en caso necesario auxiliar al prójimo mucho mejor de lo que antes le era posible. Los
pensamientos y emociones de las gentes se manifiestan a sus ojos con toda claridad de forma y color; y el grado de su evolución y las condiciones de su salud son para él
notorios en vez de conjeturables. El brillante colorido y el rápido e incesante movimiento de los chakras colocan a las gentes bajo la inmediata observación del investigador, quien naturalmente desea conocer qué son y significan.
El objeto de esta monografía es dilucidar dicho punto y dar a quienes aún no han intentado educir sus latentes facultades una idea de esta pequeña parte de lo que ven
y en la medida que les es posible comprenden sus más dichosos hermanos.
A fin de evitar desde luego toda mala inteligencia, conviene tener muy en cuenta que nada hay de fantástico ni contra naturaleza respecto de la potencia visiva que
capacita a algunos para percibir más que otros, pues consiste sencillamente en una extensión de las facultades con que todos estamos familiarizados, y quien dicha extensión logra puede percibir vibraciones más rápidas que las a que los sentidos físicos están normalmente habituados a responder .
En el transcurso de la evolución ya su debido tiempo todos ampliarán sus ordinarias facultades, pero hay quienes se han tomado el trabajo de agudizarlas antes que los
demás, a costa de una labor mucho más ardua de la que la generalidad de las gentes querría emprender.
Bien sé que son todavía muchísimos los tan atrasados respecto de la marcha del mundo, que niegan tal amplitud de facultades, como hay todavía aldeanos que nunca han visto una locomotora ferroviaria o salvajes del Africa Central que no creen en la solidificación del agua.
Me faltan tiempo y espacio para argüir contra tan invencible ignorancia, y me contraigo a recomendar mi obra Clarividencia y otras de distintos autores que tratan del mismo asunto, a cuantos deseen investigarlo. La clarividencia se ha comprobado centenares de veces, y no puede dudar de ella quien sea capaz de ponderar el valor de las pruebas.
Mucho se ha escrito sobre los chakras, pero todo ello en sánscrito o en alguno de los varios idiomas vernáculos de la India, y hasta muy recientemente no se había publicado nada sobre ellos en inglés. Los mencioné hacia el año 1910 en La Vida interna, y desde entonces ha aparecido la magnífica obra The Serpent Power de sir John Woodroffe, y se han traducido algunos tratados indos. En The Serpent Power se reproducen los dibujos simbólicos que de los chakras usan los yoguis indos; pero en cuanto se me alcanza, las ilustraciones que exornan esta monografía son el primer intento para representar los chakras tal como efectivamente aparecen ante los ojos de quienes los pueden ver .
A la verdad, me movió principalmente a escribir esta monografía, el deseo de mostrar los hermosísimos dibujos trazados por mi amigo el Rev. Edward Warner, a quien manifiesto lo muchísimo que le debo por el tiempo y trabajo empleados en tal tarea. También he de agradecerle a mi infatigable colaborador, el profesor Ernest Wood, la compilación y cotejo de los valiosos informes que respecto a las opiniones dominantes en la India sobre nuestro asunto contiene el capítulo V, según verá el lector .
Como quiera que estaba yo atareado en otra obra, se contrajo en un principio mi intención a coleccionar y reimprimir cuanto desde tiempo muy atrás había escrito sobre los chakras y darlo como texto explicativo de las ilustraciones; pero al repasar los artículos se me acudieron algunas insinuaciones, y un poco de investigación me dio
a conocer puntos adicionales que he insertado debidamente. Uno de los más interesantes es que el año 1895 la doctora Besant observó la vitalidad del globo y el anillo kundalini y los catalogó como hipermetaproto elementos, aunque entonces la investigación no fue lo bastante extensa para descubrir la relación de ambos elementos entre sí y la importante parte que desempeñan en la economía de la vida humana.
C.W.L.
CAPÍTULO PRIMERO
LOS CENTROS DE FUERZA
SIGNIFICADO DE LA PALABRA
La palabra chakra es sánscrita y significa rueda. También se usa en varias acepciones figuradas, incidentales y por extensión, como en inglés y en español. De la propia
suerte que hablamos de la rueda del destino o de la fortuna, así también los budistas hablan de la rueda de la vida y de la muerte, y designan con el nombre de Dhamma-
chakkappavattana Sutta (1) el primer sermón en que el Señor Buda predicó su doctrina, nombre que el profesor Rhys Davids traduce poéticamente por «la puesta en marcha de
las ruedas de la regia carroza del Reino de la Justicia». Este es el exacto significado de la expresión para el budista devoto, aunque la traducción de las palabras en sentido
recto es «el giro de la rueda de la Ley». El uso en acepción figurada de la palabra chakra, de que tratamos en este momento, se refiere a una serie de vórtices semejantes
a ruedas que existen en la superficie del doble etéreo del hombre.
EXPLICACIONES PRELIMINARES
Como es posible que este libro caiga en manos de alguien no familiarizado con la terminología teosófica, no estará de más una preliminar explicación.
En las superficiales y ordinarias conversaciones, el hombre suele hablar de su alma, como si el cuerpo por cuyo medio habla fuese su verdadero ser, y que el alma fuera una propiedad o feudo del cuerpo, algo semejante a un globo cautivo que sobre el cuerpo flota ligado a él en cierto modo. Esta afirmación es vaga, inexacta y errónea. La verdadera es su contraria. El hombre es un alma que posee un cuerpo, o en realidad varios cuerpos, porque además del cuerpo visible por cuyo medio despacha sus
negocios en este bajo mundo, tiene otros cuerpos invisibles a la visión ordinaria con los que se relaciona con los mundos emocional y mental. Sin embargo, de momento no tratamos de estos otros cuerpos.
Durante el pasado siglo se adelantó enormemente en el conocimiento de los pormenores del cuerpo físico, y los fisiólogos están ahora familiarizados con sus desconcertantes complejidades y tienen al menos una idea general de cómo funciona su asombrosamente intrincado mecanismo.
EL DOBLE ETÉREO
Desde luego que los fisiólogos han limitado su atención a la parte del cuerpo físico bastante densa para que la vean los ojos, y la mayor parte de ellos desconocen
probablemente la existencia de aquel grado de materia, todavía física, aunque invisible, a que en Teosofía llamamos etérea (2) . Esta parte invisible del cuerpo físico es de suma importancia para nosotros, porque es el vehículo por el cual fluyen las corrientes vitales que mantienen vivo el cuerpo, y sirve de puente para transferir las ondulaciones del pensamiento y la emoción desde el cuerpo astral al cuerpo físico denso. Sin tal puente intermedio no podría el ego utilizar las células de su cerebro. El clarividente lo ve como una distinta masa de neblina gris violeta débilmente luminosa, que interpenetra la parte densa del cuerpo físico y se extiende un poco más allá de éste.
La vida del cuerpo físico cambia incesantemente y para vivir necesita continua alimentación de tres distintas fuentes. Ha de tener manjares para la digestión, aire para la respiración y tres modalidades de vitalidad para la asimilación. Esta vitalidad es esencialmente una fuerza, pero cuando está revestida de materia nos parece como si fuera un elemento químico sumamente refinado. Existe dicha fuerza o energía en todos los planos, aunque por de pronto, y para el objeto que nos ocupa sólo hemos de considerar su manifestación y expresión en el plano físico.
Para mejor comprensión de todo esto conviene conocer algún tanto la constitución y ordenamiento de la parte etérea de nuestro cuerpo. He tratado hace muchos años de
este asunto en diversas obras, y el comandante Powell ha coleccionado recientemente todo cuanto hasta ahora se ha escrito sobre el particular, y lo ha publicado en su libro: The Etheric Double.
LOS CENTROS
Los chakras o centros de fuerza son puntos de conexión o enlace por los cuales fluye la energía de uno a otro vehículo o cuerpo del hombre. Quienquiera que posea un ligero grado de clarividencia los puede ser fácilmente en el doble etéreo, en cuya superficie aparecen en forma de depresiones semejantes a platillos o vórtices, y cuando ya del todo desenvueltos semejan círculos de unos cinco centímetros de diámetro que brillan mortecinamente en el hombre vulgar, pero que el excitarse vívidamente, aumentan de tamaño y se les ve como refulgentes y coruscantes torbellinos a manera de diminutos soles. A veces hablamos de estos centros cual si toscamente se correspondieran con
determinados órganos físicos; pero en realidad están en la superficie del doble etéreo que se proyecta ligeramente más allá del cuerpo denso.
Si miramos en derechura hacia abajo la corola de una convulvácea, tendremos una idea del aspecto general del chakra.
El pecíolo de la flor arranca de un punto del pedúnculo, de suerte que según otro símil (lámina VIII) semejaría la espina dorsal un tallo céntrico del que de trecho en trecho brotan las flores con sus corolas en la superficie del cuerpo etéreo.
La fig. I, representa los siete centros de que tratamos, y la Tabla I da sus nombres en sánscrito y en español.
Todas estas ruedas giran incesantemente, y por el cubo o boca abierta de cada una de ellas fluye de continuo la energía del mundo superior, la manifestación de la corriente vital dimanante del Segundo Aspecto del Logos Solar, a la que llamamos energía primaria, de naturaleza séptuple, todas cuyas modalidades actúan en cada chakra, aunque con particular predominio de una de ellas según el chakra. Sin este influjo de energía no existiría el cuerpo físico.
Por lo tanto, los centros o chakras actúan en todo ser humano, aunque en las personas poco evolucionadas es tardo su movimiento, el estrictamente necesario para formar el vórtice adecuado al influjo de energía. En el hombre bastante evolucionado refulgen y palpitan con vívida luz, de suerte que por ellos pasa una muchísimo mayor cantidad de energía, y el individuo obtiene por resultado el acrecentamiento de sus potencias y facultades.
FORMA DE LOS VÓRTICES
La divina energía que desde el exterior se derrama en cada centro, determina en la superficie del cuerpo etéreo, y en ángulo recto con su propia dirección, energías
secundarias en circular movimiento ondulatorio, de la propia suerte que una barra imanada introducida en un carrete de inducción provoca una corriente eléctrica que fluye alrededor del carrete en ángulo recto con la dirección del imán.
Una vez que entra en el vórtice la energía primaria, vuelve a irradiar de sí misma en ángulos rectos, pero en líneas rectas, como si el centro del vórtice fuese el cubo de una
rueda y las radiaciones de la primaria energía sus radios, los cuales enlazan a guisa de corchetes el doble etéreo con el cuerpo astral. El número de radios difiere en cada uno
de los centros y determina el número de ondas o pétalos que respectivamente exhiben. Por esto los libros orientales suelen comparar poéticamente los chakras con flores.
Cada una de las energías secundarias que fluyen alrededor de la depresión semejante a un platillo tiene su peculiar longitud de onda y una luz de determinado color; pero en vez de moverse en línea recta como la luz, se mueve en ondas relativamente amplias de diverso tamaño, cada una de las cuales es múltiplo de las menores ondulaciones
que entraña. El número de ondulaciones está determinado por el de radios de la rueda, y la energía secundaria ondula por debajo y por encima de las radiaciones de la energía primaria, a la manera de una labor de cestería que pudiera entretejerse alrededor de los radios de una rueda de carruaje. Las longitudes de onda son infinitesimales y probablemente cada ondulación las contiene a millares.
Según fluyen las energías alrededor del vórtice, las diferentes clases de ondulaciones se entrecruzan unas con otras como en labor de cestería y producen la forma semejante a la corola de convulvácea a que ya anteriormente me he referido.
Sin embargo, todavía se parecen más los chakras a una salserillas de ondulado cristal iridiscente como las que se fabrican en Venecia. Todas estas ondulaciones o pétalos tienen el tornasolado y trémulo brillo de la concha, aunque generalmente cada una de ellas ostenta su predominante color según denotan las ilustraciones. Este nacarino aspecto argéntico suele estar comparado en los tratados sánscritos con el rielar de la luna en la superficie de las aguas del mar.
LAS ILUSTRACIONES
Las ilustraciones que adornan el texto (3) representan los chakras tal como los percibe un muy evolucionado y discreto clarividente que ya ha disciplinado los suyos lo bastante para que actúen ordenadamente.
Desde luego que ni los colores de las ilustraciones ni ningún color de este mundo tienen la suficiente luminosidad para igualar al del chakra respectivo; pero al menos da el dibujo una idea del verdadero aspecto de estas ruedas de luz.
Por lo ya expuesto, se comprenderá que los centros difieren de tamaño y brillo según la persona, y aun en un mismo sujeto pueden ser unos más vigorosos que otros.
Todos están dibujados en tamaño natural, excepto el sahasrara o centro coronario, que ha convenido ampliarlo para distinguir su asombrosa riqueza de pormenores.
En el caso de un hombre que sobresalga excelentemente en las cualidades expresadas por medio de determinado centro, no sólo aparecerá éste de mucho mayor tamaño,
sino especialmente radiante y emitiendo fúlgidos rayos de oro. Ejemplo de esto nos ofrece la precipitación que del aura de Stainton Moseyn hizo la señora Blavatsky, que se
conserva en el relicario de la Sede Central de la Sociedad Teosófica en Adyar y se reprodujo, aunque muy imperfectamente, en la obra del coronel Olcott titulada Old Diary Leaves.
Los chakras se dividen naturalmente en tres grupos: inferior, medio y superior. Pueden denominarse respectivamente: fisiológico, personal y espiritual.
Los chakras primero y segundo tienen pocos radios o pétalos y su función es transferir al cuerpo dos fuerzas procedentes del plano físico. Una de ellas es el fuego serpentino de la tierra y la otra la vitalidad del sol. Los centros tercero, cuarto y quinto, que constituyen el grupo medio, están relacionados con las fuerzas que por medio de la personalidad recibe el ego. El tercer centro las transfiere a través de la parte inferior del cuerpo astral; el cuarto por medio de la parte superior de este mismo cuerpo; y el quinto por el cuerpo mental. Todos estos centros alimentan determinados ganglios nerviosos del cuerpo denso. Los centros sexto y séptimo, independientes de los demás, están respectivamente relacionados con el cuerpo pituitario y la glándula pineal, y solamente se ponen en acción cuando el hombre alcanza cierto grado de desarrollo espiritual.
He oído decir que cada pétalo de los chakras representa una cualidad moral cuya actualización pone el chakra en actividad. Por ejemplo, según el upanishad Dhyiinabindu, los pétalos del chakra cardíaco representan devoción, pereza, cólera, claridad y otras cualidades análogas. Por mi parte no he observado todavía nada que compruebe esta afirmación, y no se comprende fácilmente cómo puede ser así, porque los pétalos resultan de la acción de ciertas fuerzas notoriamente distinguibles, y en cada chakra están o no activas, según se hayan o no actualizado dichas fuerzas, de suerte que el desenvolvimiento de los pétalos no tiene más directa relación con la moralidad del individuo que la que pueda tener el robustecimiento del biceps. He observado personas de no muy alta moralidad en quienes algunos chakras estaban plenamente activos, mientras que otras personas sumamente espirituales y de nobilísima conducta los tenían escasamente vitalizados, por lo que me parece que no hay necesaria conexión entre ambos desenvolvimientos.
Sin embargo, se observan ciertos fenómenos en que bien pudiera apoyarse tan extraña idea. Aunque la semejanza con los pétalos está determinada por las mismas fuerzas que giran alrededor del centro, alternativamente por encima y debajo de los radios, difieren éstos en carácter porque la fuerza o energía influente se subdivide en sus partes o cualidades componentes; y por lo tanto, cada radio emite una influencia peculiar, siquiera débil, que afecta a la energía secundaria que por él pasa y altera algún tanto su matiz. Varios de estos matices pueden denotar una modalidad de la energía favorable al desenvolvimiento de una cualidad moral; y luego de fortalecida esta cualidad, son más intensas las correspondientes vibraciones. En consecuencia la tenuidad o reciedumbre del matiz denotará la posesión en menor o mayor grado de la respectiva cualidad.
LA TELA ETÉREA
Ya dije que los chakras astral es y etéreos están en íntima correspondencia; pero entre ellos e interpenetrándolos de manera difícil de describir hay una cubierta o tela de
compacta textura constituida por una capa de átomos físicos ultérrimos muy comprimidos y bañados por una especial modalidad de energía vital.
La vida divina que normalmente desciende del cuerpo astral al físico, está sintonizada de modo que pasa por la tela con toda facilidad, pero esta tela es infranqueable
barrera para las demás modalidades de energía que no pueden utilizar la materia atómica de los planos físico y astral, y así es el instrumento natural para impedir la prematura comunicación entre los planos, que fuera irremediablemente perjudicial.
Dicha tela impide en condiciones normales el claro recuerdo de lo ocurrido durante el sueño, y es la causante de la temporánea inconsciencia que subsigue siempre a la
muerte.
Sin la misericordiosa provisión de la tela etérea, el hombre ordinario que nada sabe de estas cosas y está completamente desprevenido contra ellas podría ser en cualquier momento víctima de una entidad astral que lo pusiera bajo la influencia de energías irresistibles; o bien estaría expuesto a la constante obsesión por parte de cualquier
entidad astral deseosa de apoderarse de sus vehículos.
Desde luego se comprende que un desperfecto o daño en esta tela ocasionaría un terrible desastre. Muchas maneras hay de estropear la tela, y por lo tanto, debemos esforzarnos cumplidamente en evitarlos. Puede estropearse por accidente o por algún hábito. Una violenta sacudida del cuerpo astral ocasionada por un terrible pasmo puede desgarrar de parte a parte la tela y enloquecer al individuo (20) . También puede producir el mismo efecto un tremendo arrebato de cólera o cualquier otra violentísima emoción de siniestra índole.
EFECTOS DEL ALCOHOL Y NARCÓTICOS
De dos clases son los hábitos viciosos o prácticas nocivas que pueden estropear la tela protectora: el uso del alcohol y los narcóticos o el empeño en abrir puertas que la naturaleza mantiene cerradas, por medios como los descritos en algunas comunicaciones espiritistas.
Ciertos alcaloides y bebidas, sobre todo el alcohol y los narcóticos, incluso el tabaco, contienen substancias que al descomponerse se volatilizan y algunas de ellas pasan
del plano físico al astral (21) por conducto de los chakras en dirección opuesta a la normal, de modo que la repetición de esta anormalidad deteriora gravemente y al fin
destruye la delicada tela protectora.
Este deterioro y destrucción puede ocurrir de dos maneras distintas según el tipo del individuo y la proporción de las substancias nocivas en su doble etéreo y en su cuerpo astral. En primer lugar, las substancias volatilizadas queman la tela y con ello abren la puerta a toda clase de bastardas energías y malignas influencias. En segundo lugar, dichas substancias volatilizadas, al pasar por el átomo físico ultérrimo, lo endurecen y embarazan sus pulsaciones de modo que ya no puede vitalizarlo la especial energía que los entreteje, resultando de ello algo así como una osificación de la tela que intercepta las comunicaciones entre uno y otro plano.
Podemos observar en el beodo habitual los efectos de ambas clases de deterioro. Los que dan libre paso a las nocivas influencias se vuelven locos, quedan obsesos o mueren delirantes, aunque son raros los de este tipo. Más frecuente es el deterioro por interceptación, que debilita las facultades y sume al individuo en el grosero sensualismo
y la brutalidad, sin el más leve sentimiento de delicadeza y la imposibilidad del propio dominio. Pierde el sentimiento de responsabilidad, y aunque en estado lúcido ame a su
mujer e hijos, en cuanto le acometa el ansia de bebida no reparará en gastarse en vino el dinero que debiera emplear en mantener a la familia, porque se desvaneció el afecto
y la noción de responsabilidad.
EFECTOS DEL TABACO
La segunda clase de deterioro de la tela etérea es muy frecuente en los esclavos del tabaco, y vemos que persisten en su vicio aunque conozcan perfectamente que molestan
a los no fumadores. Prueba del estropeamiento de la tela tenemos en que es el único vicio en que un caballero persiste a pesar de darse cuenta del disgusto que causa a los
demás. Claramente se ve que en este caso se han embotado los sentimientos delicados. De tal modo esclaviza este nocivo hábito a los que lo contraen, que no son capaces de vencerlo, y todo instinto de caballerosidad se olvida en tan insensato y horrible egoísmo. Sus perniciosos efectos son evidentes en los cuerpos físico, astral y mental.
Empapa al hombre de partículas sumamente impuras cuyas emanaciones son tan groseramente materiales que hieren el olfato.
Astralmente no sólo introduce impurezas el tabaco, sino que amortigua muchas vibraciones y por esta razón suele decirse que «calma los nervios». Mas el adelanto en ocultismo no requiere que se amortigüen las vibraciones ni que se cargue el cuerpo astral de nauseabundas y ponzoñosas partículas. Por el contrario, necesitamos responder instantáneamente a toda posible longitud de ondas y al propio tiempo dominarnos tan completamente que nuestros deseos sean como caballos regidos por la razón, que nos lleven a donde queramos y no nos arrastren en su desenfreno como hace el pernicioso hábito del tabaco, colocándonos en situaciones donde la naturaleza superior comprende que jamás debiéramos hallarnos. Sus resultados después de la muerte son también de lo más desastroso, porque determinan una especie de osificación o parálisis del cuerpo astral, de suerte que durante largo tiempo, por semanas y aun meses, permanece el hombre desamparado, estólido, apenas consciente y como preso en una mazmorra sin poder comunicarse con nadie e incapaz de recibir entretanto las influencias
superiores. ¿Vale la pena de sufrir todas estas aflicciones por una pitada de tabaco ? Es el tabaco muy pernicioso y debe cuidadosamente evitarlo quien verdaderamente anhele
disciplinar sus vehículos y adelantar en el Sendero de Santidad.
Según dijimos, las vibraciones sólo pueden pasar de un plano a otro por los subplanos atómicos; pero cuando por el uso del tabaco se aminora su potencia responsiva, afecta
también esta aminoración o amortiguamiento a los subplanos segundo y tercero, de suerte que la comunicación entre el astral y el físico por intermedio del doble etéreo sólo puede efectuarse por los subplanos inferiores de cada plano, donde hormigueen las siniestras y malignas influencias cuyas groseras y violentas vibraciones excitan la respuesta.
APERTURA DE LAS PUERTAS
Aunque la naturaleza toma exquisitas precauciones para resguardar los chakras, no es su propósito que permanezcan siempre rígidamente cerrados. Hay un normal procedimiento de abrirlos. A caso fuera más propio decir que la naturaleza no se propone abrir los chakras más de lo que están, sino que el hombre debe perfeccionarse de modo que acreciente hasta la plenitud su actividad.
La conciencia del hombre ordinario no es capaz todavía de utilizar la materia atómica del cuerpo físico ni la del astral; y por lo tanto, en circunstancias normales no puede
establecer voluntaria comunicación entre los dos planos. El único medio de lograrlo es purificar ambos vehículos hasta que se vitalice la materia atómica de ellos, de modo que
todas las comunicaciones entre uno y otro pasen por su obligado camino. En tal caso, la tela etérea se mantiene en el mayor grado de posición y actividad, y en consecuencia
ya no es un obstáculo para la intercomunicación, pero prosigue impidiendo el contacto entre los subplanos inferiores que darían paso a toda ralea de siniestras influencias.
Por este motivo amonestamos siempre a los estudiantes de ocultismo ya todos en general, que esperen a que las facultades psíquicas se actualicen a su debido tiempo como una consecuencia del perfeccionamiento del carácter, pues según inferimos del estudio de los chakras así ciertamente ha de suceder. Tal es la evolución natural, el único medio seguro, que allega al estudiante todos los beneficios y le evita todos los peligros. Tal es el Sendero que nuestros Maestros hollaron en el pasado y es por lo tanto nuestro actual Sendero.