Los tratados indos hablan frecuentemente de los cinco principales vayús pránicos, cuya situación señala brevemente el samhita Gheranda, como sigue:
“El prana actúa siempre en el corazón; el apana en la esfera del ano; el samana en la región del ombligo; el udana en la garganta; y el viana penetra todo el cuerpo” (15).
Numerosos otros libros dan la misma descripción y nada más dicen acerca de sus funciones, aunque algunos añaden pocos más informes, como siguen:
“El aire llamado viana es la parte esencial de todos los nervios. El alimento, tan pronto como ingerido, queda descompuesto en dos por dicho aire. Al entrar cerca del ano separa las porciones sólidas de las líquidas. Al colocar el agua sobre el fuego y lo
sólido sobre el agua, el prana, que está debajo del fuego, lo inflama lentamente. El fuego, inflamado por el aire, separa la substancia de los desechos. El aire viana difunde la esencia por todas partes, y los desechos se expulsan del cuerpo forzados por los
doce portales (16).
Los cinco aires así descritos concuerdan adecuadamente con las cinco modalidades de vitalidad que hemos observado, según muestra la tabla 4.
En los tratados indos la palabra prana suele significar también aliento, acaso porque al respirar absorbemos asimismo glóbulos de vitalidad. El principal objeto de la respiración es inhalar oxígeno del aire, que pasa a los pulmones, y expeler el nitrógeno con el cual está mezclado en la atmósfera. El glóbulo de vitalidad es el principal constituyente del átomo de oxígeno (fig. 8).
En la obra Química oculta quedó expuesto que las dificultades con que la doctora Besant y yo tropezamos al observar el oxígeno fueron mucho mayores que las encontradas al examinar el hidrógeno y el nitrógeno, a causa de la extraordinaria actividad de dicho elemento y de la ofuscante brillantez de algunos de sus constituyentes. Cuando se le observa en estado gaseoso, aparece el átomo de oxígeno
como un ovoide en cuyo interior gira velozmente un cuerpo semejante a una espiral enroscada con cinco brillantes puntos luminosos.
La espiral parece ser un sólido redondeado, pero al transportar el átomo al subplano etéreo del plano físico, se desdobla la espiral longitudinalmente en dos tenues serpientes, una positiva y otra negativa, y entonces se observa que la aparente solidez dimanaba, de que estas dos espirales enroscadas giran en torno de un eje común en opuestas direcciones, de modo que ofrecen el aspecto de una superficie continuada, tal como al dar vueltas a un carbón candente atado al extremo de un bramante, describe en el aire un círculo de fuego, y lo mismo ocurre cuando se dan vueltas de molinete a un palitroque encendido por la punta.
Los puntos brillantes observados en el átomo gaseoso, se echan de ver en el estado etéreo en la cresta de las ondas de la serpiente positiva y en los huecos de la negativa. La serpiente o espiral enroscada consta de pequeños corpúsculos a manera de gránulos, once de los cuales se interponen entre los puntos de mayor brillantez.
Al transportar el átomo de oxígeno al subplano hiper-etéreo se quiebran las serpientes, y cada punto brillante se lleva seis gránulos por un lado y cinco por otro. Estos puntos con sus gránulos se enroscan y entrelazan con la misma extraordinaria actividad, semejante a luciérnagas que giraran velocísimamente. Los puntos brillantes contienen cada uno siete átomos ultérrimos y los gránulos sólo contienen dos. En el subplano sub-atómico los fragmentos de las serpientes se disgregan, y los corpúsculos d y d' , positivo y
negativo, muestran diferente ordenación de los átomos que contienen.
Al desintegrarse estos corpúsculos en el subplano atómico, dejan en libertad 290 átomos físicos ultérrimos, de los cuales 220 proceden de los gránulos y 70 de los diez puntos brillantes.
El corpúsculo positivo d es el glóbulo de vitalidad y de su virtud proviene la extraordinaria energía del oxígeno. Al llegar el oxígeno a los pulmones en la función respiratoria desprende los glóbulos de vitalidad que se combinan con otras substancias para formar algunos de los principales constituyentes de la sangre. Así es que mientras
la vitalidad se difunde desde el bazo por todo el doble etéreo, la «esencia» mencionada en la cita del purana Garuda se distribuye por todo el cuerpo denso (17).
VITALIDAD Y SALUD
El flujo vital de estas diversas corrientes regula la salud de las partes del cuerpo por donde pasan. Si una persona sufre trastornos digestivos, se lo conocerá quien posea
vista etérea, porque la corriente vital de color verde será lenta o escasa.
Si la corriente amarilla es intensa y copiosa producirá el vigor y regularidad del funcionamiento del corazón, al paso que al fluir en torno del chakra cardíaco interpenetrará la sangre impelida por el corazón y con ella se difundirá por todo el cuerpo. Sin embargo, también va al cerebro parte de la corriente amarilla, y parece que el vigor de los pensamientos metafísicos y filosóficos depende en gran parte del volumen e intensidad de la corriente amarilla con el correspondiente despertamiento de la flor dodecapétala situada en el centro del chakra coronal.
Los altos pensamientos y nobles emociones de elevada espiritualidad parece que dependen mayormente del rayo violado, mientras que el vigor de los ordinarios pensamientos está estimulado por la acción del azul mezclado con parte del amarillo. En algunas modalidades de idiotez hay completa inhibición de los flujos de vitalidad amarilla y azul-violada que debieran bañar el cerebro. La extraordinaria actividad o mucho volumen del azul pálido que penetra por el chakra laríngeo mantiene la salud y vigor de los órganos de esta región del cuerpo. Da fuerza y elasticidad a las cuerdas vocales, de modo que en los oradores y cantantes aparece dicha corriente como si estuviera dotada de mucha brillantez y actividad.
La debilidad o dolencia en cualquier parte del cuerpo va acompañada de la escasez o falta de flujo de vitalidad en aquella parte.
LOS ÁTOMOS DESCARGADOS
Según efectúan su obra las corrientes de átomos van descargando la vitalidad en ellos contenida, lo mismo que se descarga un acumulador eléctrico. Los átomos rosados
palidecen gradualmente según pasan por los nervios y al fin salen por los poros para formar lo que en El hombre visible e invisible hemos llamado el aura de salud.
Al salir del cuerpo los átomos, la mayor parte de ellos han perdido su rosado color, de modo que en conjunto ofrecen un color blanco azulado. También pierde su peculiar color la parte del rayo amarillo absorbida por la sangre.
Los átomos así descargados de vitalidad pasan a formar parte de alguna de las combinaciones que se están efectuando constantemente en el cuerpo o bien salen por los
poros o por los conductos ordinarios. Los átomos vacíos del rayo verde, relacionado principalmente con la digestión, parece que pasan a formar parte de los desechos del
cuerpo y se expelen con éstos. Lo mismo sucede con los átomos del rayo anaranjado-rojo en el caso del hombre ordinario. Los átomos de los rayos azules, correspondientes
al chakra laríngeo, salen del cuerpo en el acto de la espiración respiratoria; y los del rayo azul obscuro y del violado salen por el chakra coronal.
Cuando el hombre sabe deflectar la corriente de color anaranjado-rojo de modo que ascienda por el conducto medular, los átomos descargados de dicha corriente y los de
la violada-azul salen por el chakra coronal en ígnea cascada que, según muestra la fig. 2, se representa como una llama en las antiguas imágenes del Señor Buda y otros insignes santos. Dichos átomos vuelven a utilizarse como vehículos físicos de alguna de las esplendentes y benéficas energías que los hombres sumamente evolucionados irradian del chakra coronal.
Una vez que han descargado los átomos la energía vital, vuelven a ser precisamente lo mismo que cualesquiera otros átomos, sin más diferencia que la de haber mejorado en
algo por virtud del uso hecho de ellos. El cuerpo absorbe cuantos necesita para formar parte de las diversas combinaciones que constantemente se efectúan en el organismo
físico, y los no necesarios para tal propósito se eliminan por el conducto más conveniente.
El flujo de vitalidad que penetra por los chakras y la intensificación del flujo no se han de confundir con el desenvolvimiento del chakra, que se efectúa por la avivación del aspecto superior del fuego serpentino en una ulterior etapa evolutiva del individuo, según veremos en el capítulo siguiente. Todos absorbemos vitalidad y la especializamos, pero no todos la utilizan completamente, porque en muchos aspectos no son nuestras vidas puras, sanas y razonables cual debieran ser.
Quien engrosere su cuerpo con el uso de la carne, el alcohol o el tabaco no podrá aprovechar su vitalidad tan completamente como el hombre de puras costumbres. Un
individuo de hábitos viciosos puede ser ya menudo es físicamente más fuerte y robusto que otro de austera conducta; pero esto se ha de atribuir al karma, porque en
igualdad de circunstancias lleva inmensa ventaja el de pura conducta.
Todos los colores de la vitalidad son etéreos, aunque su acción es algo correlativa al significado de los matices análogos del cuerpo astral. Los armónicos pensamientos
y emociones reaccionan en el cuerpo físico y acrecientan su poder para asimilarse la vitalidad requerida por su bienestar .
Cuéntase que el Señor Buda dijo una vez que el primer paso en el camino del nirvana es la perfecta salud física; y seguramente el mejor medio de lograrla es el que el Señor Buda señaló en el Noble Óctuple Sendero. «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura.» También se nos dará la salud del cuerpo físico.
VITALIDAD Y MAGNETISMO
La vitalidad circulante por los nervios no debe confundirse con lo que se llama el magnetismo humano, que es el fluido peculiar de los nervios especializado en el conducto medular y constituido por la energía primaria entremezclada con el kundalini, Este fluido magnético mantiene la constante circulación de la materia etérea por los nervios, correspondientes a la circulación de la sangre por las arterias y venas; y así como la sangre lleva el oxígeno a todas las partes del cuerpo, así también la corriente etérea conduce la vitalidad por los nervios.
Las partículas del doble etéreo están cambiando incesantemente, lo mismo que las del cuerpo denso. Con los manjares que comemos y el aire que respiramos ingerimos
materia etérea que se la asimila el doble etéreo. Por los poros se elimina constantemente materia etérea y gaseosa, de modo que cuando dos personas están en íntimo contacto,
cada una de ellas absorbe gran porción de las emanaciones físicas de la otra.
El hipnotizador concentra por un esfuerzo de su voluntad gran cantidad de dicho magnetismo y lo proyecta sobre el sujeto cuyo fluido nervioso repele para substituirlo con el que ha emitido.
Como quiera que el cerebro es el centro de la circulación nerviosa, la parte del cuerpo afectada por el fluido magnético queda bajo el dominio del cerebro del hipnotizador en vez de estar bajo el dominio del cerebro del sujeto, de modo que éste experimenta cuanto el hipnotizador le sugiere. Si el cerebro del sujeto queda vacío de su propio
magnetismo y lleno del magnetismo del hipnotizador, éste podrá dominar a aquél de modo que sólo piense y obre lo que sugiera, pues temporáneamente lo tiene por completo dominado.
Aun en los casos de magnetización e hipnotismo terapéuticos, el magnetizador infunde en el sujeto mucho de sus personales emanaciones en unión de las corrientes de
vitalidad, y es evidente que de este modo cabe en lo posible que si el magnetizador padece alguna enfermedad la contagie al sujeto. Pero aunque la salud del magnetizador sea perfecta desde el punto de vista patológico, también hay enfermedades mentales y morales como las hay fisiológicas; y como quiera que el magnetizador proyecta en el sujeto materia astral y mental con las corrientes físicas, arriesga contagiarlo con dichas enfermedades.
Sin embargo, si el hipnotizador es hombre de puros pensamientos y henchidos del ardiente deseo de beneficiar al prójimo puede hacer mucho para aliviar los sufrimientos
si se toma el trabajo de estudiar este asunto de las corrientes que entran en el cuerpo por los chakras y fluyen por los nervios.
¿Qué infunde el magnetizador en el sujeto ? Fluido nervioso o también vitalidad, o ambas cosas a la vez y simultáneamente.
Si el sujeto está tan sumamente débil y agotado que es incapaz de especializar la vitalidad, el magnetizador puede suministrarle la necesaria infundiendo la suya en
los trémulos nervios, de modo que el enfermo recobre rápidamente la salud.
Este proceso es análogo al de la nutrición. Cuando el paciente llega a un estado tal de debilidad que el estómago no digiere, tampoco puede nutrirse el cuerpo y aumenta
por ello la debilidad. El remedio en tal caso es proporcionar al estómago alimentos ya digeridos por medio de la pepsina u otros preparados análogos de fácil asimilación
para restaurar las fuerzas.
De la propia suerte, el individuo incapaz de especializar por sí mismo la vitalidad puede absorber la especializada por otro y esforzarse en recobrar el normal funcionamiento de los órganos etéreos. Esto es cuanto se necesita en muchos casos de debilidad.
Hay otros casos en que se congestiona algún punto y la vitalidad no circula debidamente porque su vehículo nervioso anda tardo por enfermizo. Entonces conviene substituirlo por saludable materia etérea nerviosa procedente del exterior, y hay varios medios de efectuarlo. Algunos magnetizadores emplean para ello la violencia infundiendo
enérgicamente su propio éter con la esperanza de expulsar el que necesitan substituir. Es posible lograr éxito de este modo aunque consumiendo mucha más energía de la requerida.
Procedimiento más científico es el que obra con mayor suavidad, y elimina primero la materia congestionada o enferma, y la substituye después por materia etérea, sana,
para estimular poco a poco la actividad de la perezosa corriente. Por ejemplo, si el individuo tiene dolor de cabeza, seguramente que se habrá congestionado la enferma
materia etérea en algún punto del cerebro y lo primero que conviene es eliminar dicha materia.
¿Cómo se logra? De la misma manera que la emisión de la energía magnética, esto es, por un esfuerzo de voluntad. No debemos olvidar que la materia sutil queda
fácilmente modelada o afectada por la acción de la voluntad humana. Por muchos pases que haga el magnetizador no serán más que el apunte de su arma en determinada
dirección, mientras que su voluntad es la pólvora que impele el proyectil y produce el resultado o sea la emisión del fluido.
El magnetizador que sepa bien lo que hace puede obtener el mismo resultado con pases que sin ellos. Yo conocí uno que sólo se valía de su mirada fija en el sujeto. La mano sirve únicamente para concentrar el fluido y acaso para favorecer la imaginación del magnetizador, pues para querer firmemente ha de creer, también firmemente, y sin
duda el ademán le facilita la operación.
De la propia suerte que el hipnotizador o magnetizador puede emitir magnetismo por un esfuerzo de su voluntad, también por el mismo esfuerzo puede descargar al sujeto del magnetismo que le infundió, y en este caso puede valerse como auxilio del accionado de las manos.
Si se trata de un dolor de cabeza, colocará el hipnotizador las manos sobre la frente del sujeto y se las imaginará como esponjas que absorben el deletéreo magnetismo del cerebro. Muy pronto advertirá que en efecto está produciendo el resultado que imagina, pues si no toma la precaución de ir arrojando el nocivo magnetismo según lo va
absorbiendo, le sobrevendrá dolor de cabeza, o bien le quedarán doloridos el brazo y la mano con que efectúe la operación, porque está inoculándose materia enferma y conviene a su salud que la deseche antes de que se apodere de su cuerpo.
Por lo tanto, ha de seguir para ello determinado procedimiento y el más sencillo es el de hacer con las manos el ademán de arrojarlos como arrojaría el agua. Aunque el hipnotizador no la vea, la materia que ha extraído es física, y así podemos tratarla por medios físicos.
En consecuencia, es necesario que el hipnotizador no descuide estas precauciones ni deje de lavarse escrupulosamente las manos después de curar a un enfermo de dolor
de cabeza u otra dolencia de la misma índole.
Una vez eliminada la causa de la enfermedad, procede el magnetizador a cargar al enfermo de saludable magnetismo y resguardarlo contra la recaída en la enfermedad. Este procedimiento tiene múltiples ventajas en la terapéutica mental de las afecciones nerviosas, muchas de las cuales consisten en el trastorno circulatorio de los fluidos que pasan por los nervios, y que o bien se congestionan o son muy tardíos o muy rápidos, o escasos en cantidad o de mala calidad.
Los medicamentos de toda clase sólo tienen eficacia en el nervio físico, y muy poca en los fluidos circulantes, mientras que el magnetismo actúa directamente sobre los
fluidos mismos y penetra derecho en la raíz del mal.