Sistema de Fascias y de tejido conjuntivo
           
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EL TEJIDO FASCIAL Y SUS FUNCIONES

 

Todo el cuerpo está rodeado y envuelto por  tejido fascial, somos una gran fascia.  Todas las partes de nuestro cuerpo como los músculos, huesos, tendones, nervios, vasos sanguíneos, órganos, etc. están envueltos en tejido fascial y por tanto todo el organismo está interconexionado a través de las fascias.

Este tejido es el que transporta el movimiento respiratorio primario por todo el cuerpo y por tanto es de  vital importancia para nuestra salud.

Este tejido fascial se puede ver afectado por traumatismos físicos antiguos o recientes. Todos nosotros tenemos tensiones internas difíciles de percibir, pero que nos repercuten seriamente en todo nuestro organismo. Muchas de estas tensiones sutiles se almacenan sobre todo en la cabeza y en la médula espinal.

Si las fascias se encuentran agarrotadas o en constante tensión el líquido cefalorraquídeo no podrá pulsar por su interior y la comunicación nerviosa,  electromagnética y comunicación neuronal no funcionarán correctamente.

Los últimos estudios clínicos nos confirman todas estas teorías.

Es de vital importancia armonizar esta pulsación tan sutil y devolver el micro-movimiento de flexión y extensión en todos los huesos del cráneo y del sacro.

El tejido fascial es de vital importancia y es el responsable de muchos dolores internos difíciles de eliminar. Todo el cuerpo esta formado por tejido fascial y éste  es el encargado de comunicar e interrelacionar todo el organismo.

Aquí tenemos el puente entre el mundo físico y el mundo sutil. El tejido fascial como parte del sistema nervioso se ve muy influenciado por las tensiones emocionales y mentales.

 

 

EL SISTEMA DE FASCIAS

 

El conocimiento sobre las fascias es relativamente moderno.

También reciente es el conocimiento de la ciencia anatómica sobre el movimiento pulsátil de los huesos del cráneo y de la médula espinal, así como la fluctuación del líquido cefalorraquídeo por el interior de las meninges.

Taylor Still empezó a hablar del tejido fascial al principio de su trabajo como osteópata, considerándolo de gran importancia en el estudio y desarrollo de una lesión osteopática. Decía también que aún nos quedaba mucho para comprender mínimamente el papel de las fascias.

El hombre está formado por huesos, músculos, nervios, ligamentos, vasos sanguíneos, etc. y todos estos sistemas están íntimamente interrelacionados a través del tejido fascial, asegurando así la cohesión del conjunto y  estableciendo un vínculo interno entre todos sus sistemas por medio de una perfecta red de comunicación electro-química y neuronal.

El tejido fascial se encuentra por todo el cuerpo, aunque reciba en anatomía diferentes nombres según dónde se encuentre o la función que realice. Por ejemplo el tejido aponeurótico, el tejido conjuntivo, las meninges, las membranas exocraneales e indocraneales, los ligamentos, los tendones, los músculos, etc. son tejidos fasciales.

 

 

 

             

 

 

 

Al tejido conjuntivo rodea y protege al tejido muscular. El tejido fascial es una capa ancha de tejido conjuntivo fibroso y el tejido conjuntivo comparte estructura, forma y componentes similares al tejido fascial.

El tejido conjuntivo es el más abundante en el cuerpo humano. El tejido conjuntivo es el órgano de la forma. Este tejido también llamado fascia, está formado por capas reticulares de tejido que envuelven todos los componentes de nuestro cuerpo. Cada músculo, órgano, hueso, nervio, ligamento, etc. tiene o está envuelto por tejido fascial, todo en menor o mayor medida dispone de capas de tejido conjuntivo.

Si se quitaran todos los órganos, huesos, músculos, etc. del cuerpo humano, dejando solamente el tejido fascial, anatómicamente hablando quedaría un mapa perfecto de dicho cuerpo.

Las fascias son el elemento de subdivisión y clasificación de nuestro cuerpo, a la vez que informan al sistema nervioso central sobre la estructura interna de nuestro cuerpo.

Podemos decir que el tejido fascial es el órgano de la forma.

Por ejemplo si introdujéramos una fina aguja por la piel del brazo hasta el hueso, la aguja pasaría por varias capas de fascias. Primero atravesaríamos la fascia superficial, justo debajo de la piel, luego las sucesivas fascias de los músculos, primero su envoltorio, luego el tejido conjuntivo y al final atravesaríamos la capa conectiva entre el músculo y el periostio.

Las fascias definen planos y volúmenes dentro de nuestro cuerpo. Entre sus funciones están la de ayudar al movimiento y deslizamiento de músculos y de órganos entre sí,  la de protegerlos, nutrirlos y servir de apoyo al sistema nervioso central.

En terapia cráneo-sacral consideramos al tejido conjuntivo como un tipo de tejido fascial, ya que está constituido por muchos de los componentes y dispuesto de manera parecida al tejido fascial.

Por tanto definimos que nuestro cuerpo esta formado en su mayoría por tejido conjuntivo, cuya algunas de sus propiedades es responder a influencias químicas o mecánicas con cambios momentáneos o permanentes. Serán permanentes si la frecuencia y la intensidad son reiteradas y por tanto el tejido organizado en fascias que recorren todo el cuerpo y envuelven los músculos  se va viendo afectado  y por tanto se organiza de forma diferente, desviando  las estructuras de su forma habitual, esto afectara por tanto a las articulaciones y a su movilidad. Este tejido fascial tras el trauma físico o psíquico repetitivo se contrae y arrastra en su desplazamiento a las demás estructuras, y si la situación no es corregida a tiempo, con mucha facilidad producirá desviaciones en diversas partes del cuerpo, que con el tiempo se pueden hacer crónicas.

 

El sistema de fascias, en el que se basa esta terapia, dispone de un gran poder de almacenaje del trauma físico o psíquico y es el único sistema capaz de conectar los sistemas mental, emocional, sensorial y locomotor a través de la memoria y durante las 24 horas del día, mediante su intrincado sistema de fibras fasciales que sobrepasa aspectos de espacio y tiempo.

Es decir, uno se puede torcer un tobillo y después de un mes tener un dolor de mandíbula que el dentista no podrá localizar. En este aparentemente simple proceso de torcedura del tobillo se ha producido una compleja reacción en cadena.

A través de este tejido especializado o fascia,dicho golpe será compensado y el efecto del impacto y el dolor serán re-dirigidos propagándose como una onda en dirección opuesta.

Hasta ahora las investigaciones anatómicas modernas no han mostrado mucho interés por las fascias. Los libros y atlas de anatomía muestran los músculos, órganos, huesos, nervios, etc. al descubierto. Aunque todos estos órganos sean los mismos en todas las personas puesto que fisiológica y morfológicamente apenas existen diferencias entre dos cuerpos, lo que sí varía de un cuerpo a otro es el estado del tejido fascial de cada órgano, de cada parte del cuerpo.

Recordemos que las fascias conforman la estructura y la forma del cuerpo humano que a su vez no es más que un reflejo de ciertos patrones básicos y circunstanciales adoptados.

Estos patrones estructurales tienen una larga historia, los adoptamos en la infancia, en la pubertad o incluso en el nacimiento.

Todos los patrones físicos están sometidos a un proceso de formación a lo largo de la vida humana. Las influencias internas y externas determinan nuestra apariencia corporal. Lo que hemos vivido, las experiencias emocionales que hemos experimentado, las circunstancias traumáticas que hemos pasado, según cómo lo hemos experimentado o vivido en nuestro Ser y cómo hemos permitido que repercuta en nuestra morfología, determinará en gran medida nuestra estructura corporal. Todos estos aspectos psicológicos y/o energéticos repercuten muy directamente en el tejido fascial.

Si entendemos la vida como una secuencia de reencarnaciones, podemos entender también cómo desde nuestro nacimiento tenemos ya rasgos muy particulares sobre nuestra morfología. Podemos decir que la morfología corporal crea aspectos psicológicos y que éstos a su vez crean nuestra estructura corporal. Al nacer venimos con deformaciones de la columna o rasgos morfológicos propios de cada uno, desde el nacimiento y es muy probable que traigamos estos defectos de otras vidas, ya que las fascias van más allá del tiempo y del espacio.

Podemos decir también que a los 15 años tenemos el cuerpo con el que hemos nacido y a los 30 años tenemos el cuerpo que nos hemos hecho. Cuando hablamos de cuerpo estamos refiriéndonos a su forma exterior e interior.

En biología el tejido fascial está considerado entre la morfología y la fisiología. La morfología se encarga de sistematizar, clasificar o distinguir el cuerpo humano. La fisiología se ocupa de los procesos del cuerpo viviente, cómo funciona y qué actividades realiza.

Los tejidos conectivos, y en particular las fascias, se encuentran en un estado de reorganización continua. El constante intercambio metabólico, posible gracias a la íntima relación de la fascia con el metabolismo del agua, favorece la reorganización  estructural. Aunque la fascia sea un tejido de fibras de colágeno, a éstas hay que imaginarlas incluidas en la sustancia fundamental, que es en sus mayor parte un gel amorfo semilíquido. Es posible demostrar que las fibras de colágeno son lentas para cambiar por lo que la rapidez tan claramente manifiesta en los cambios fasciales debe ser un propiedad de su compleja sustancia fundamental (gel coloidal ). Parece que toda  célula viviente esté en contacto con este gel y que su modificación, cuando se le somet6e a los cambios de presión, podría explicar la amplia gama de efectos observados en la integración estructural.

 

Esta ciencia todavía no tiene claro qué alcance y qué función realiza el sistema fascial en los procesos del organismo. Sin embargo antes o después la ciencia descubrirá la gran importancia del tejido conjuntivo o fascial para la formación y mantenimiento de la vida.

Podemos asegurar que el tejido fascial tiene un papel muy importante en el control del crecimiento del organismo, así como su mantenimiento y relación con el sistema nervioso central.

Repetimos pues que lo que fundamentalmente establece las diferencias entre un cuerpo y otro son las fascias

 

 

 

LA FASCIA SUPERFICIAL Y LA PROFUNDA

 

Se puede decir que las fascias se encuentran en todo el cuerpo. Podemos diferenciarlas en dos capas de fascias principalmente: la fascia superficial y la profunda.

Estos dos componentes corporales tan importantes en este trabajo cráneo-sacral son los que se encargan de la interacción entre las tensiones locales y el conjunto de la compleja forma corporal.

Iremos observando y comprendiendo las sorprendentes conexiones existentes entre el tejido fascial y todo nuestro cuerpo físico e incluso nuestra estructura emocional y mental.

 

LA FASCIA SUPERFICIAL: La fascia superficial es un sistema fibroso que envuelve todo el cuerpo por debajo de la piel, permitiendo la transmisión de tensiones a través de distintas partes del cuerpo sin que puedan ser descritas u observadas mediante un análisis de los elementos anatómicos. Se encuentra unida a la cara inferior de la piel y es un tejido fibro-elástico, tejido conjuntivo areolar y tejido adiposo de confección holgada. Aquí encontramos grasas y estructuras vasculares (incluyendo redes capilares y canales linfáticos) y estructuras nerviosas, en especial los corpúsculos de Paccini, que nos sirven de receptores cutáneos.

La piel puede desplazarse en todas las direcciones sobre las estructuras más profundas gracias al holgado diseño de la fascia superficial. Aquí hay espacio potencial para la acumulación de fluidos. Gran parte de la grasa de las personas con sobrepeso se almacena en esta fascia superficial.

Esta fascia cumple cuatro importantes funciones:

  • Aquí se almacena agua y grasa.
  • Protege frente a la perdida de calor, es aislante.
  • Proporciona protección mecánica frente a los traumatismos.
  • Constituye un camino por donde los nervios y vasos sanguíneos entran y salen de los músculos.

Las anormalidades palpatorias de la textura tisular no son más que el resultado de cambios en la fascia superficial. Esta fascia superficial nos envuelve como una película y puede tener un grosor diferente según el sitio donde se encuentre.

 

LA FASCIA PROFUNDA: En un nivel más profundo nos encontramos con que las fascias envuelven y separan los huesos, los músculos, rodean y aíslan las vísceras y contribuyen de manera importante a la forma y función del cuerpo. Podemos llamar a estas fascias profundas, fascias individuales de tejido conjuntivo denso e irregular.

Esta fascia profunda mantiene a los músculos unidos separándolos en músculos funcionales. Esta fascia permite que los músculos se muevan libremente.

La capa más externa que rodea a cada uno de los músculos es el epimisio. El perimisio rodea a los haces musculares compuestas por 10 o mas de 100 fibras musculares. Penetrando a cada fascículo y separando cada una de la fibras musculares de las demás se encuentra el endomisio.

El epimisio, el perimisio y el endomisio se continúan y proporcionan fibras de colágeno comunes al tejido conjuntivo, que une los músculos a otras estructuras, como los huesos u otros músculos. Estos tres elementos se pueden  unir y extender mas allá de fibras musculares formando un tendón, una cuerda de tejido conjuntivo denso que une los músculos al periostio del hueso. Algunos tendones disponen de una vaina tendinosa que permite que entre ellos se deslice con mayor facilidad. Cuando los elementos del tejido conjuntivo forman una capa ancha y plana el tendón recibe el nombre de aponeurosis. Esta estructura también se une al hueso, a los músculos o a la piel. Un ejemplo de aponeurosis es la epicraneal en la parte superior del cráneo.

El peritoneo, el pericardio y la pleura, son elementos especializados de las fascias profundas. Todos los órganos internos están envueltos en un tejido fascial que les protege y les da forma y sustentación. Esta fascia individual casi nunca termina exactamente donde el músculo o el órgano tiene su inserción o su origen, sino que en la mayoría de los casos continúa en otras fascias de otros músculos u otros órganos u otras partes del cuerpo. Este dato es muy relevante para la terapia cráneo-sacral.

Por eso los terapeutas de cráneo-sacral sabemos que liberando el movimiento respiratorio primario en una parte del cuerpo estamos ayudando y mejorando toda la función y estructura corporal.

Las fascias realizan la tarea de conectar, unir, vincular, separar, nutrir, soportar y deslizar. Sin embargo el papel prioritario de las fascias es el de conectador: recogen la información de un tejido y la envían a otro, además de establecer conexiones con el sistema sensorial, emocional y mental.

Otras de las principales funciones de las fascias son las de proteger y sostener.

Parece claro que todos los órganos internos están sostenidos por un tipo de tejido fascial (ligamentos) que evitan que estos órganos caigan y se descuelguen por el efecto de la gravedad. Recordemos que los ligamentos son fascias.

Las fascias dan soporte a los vasos sanguíneos y nervios de todo el cuerpo, hacen posible que tejidos adyacentes se muevan y rocen entre sí proporcionándoles estabilidad y contorno, y además es por el interior de este tejido donde circula el líquido cefalorraquídeo.

Todos los órganos y vísceras tienen su forma determinada de la energía Chi. Las fascias son acumuladores y distribuidores de la energía vital.

La buena circulación de la energía Chi por las fascias significa una buena simulación en todo el cuerpo. Las fascias sanas son sinónimo de energía beneficiosa, de flexibilidad e integridad estructural. Las fascias sanas parecen planchas tirantes de material delgado y resistente que ofrecen escudo protector flexible.

 

 

SISTEMA CONECTIVO FASCIAL: Somos una fascia grande. Nuestros nervios, músculos, capilares, huesos, etc. existen y pueden realizar sus funciones gracias al orden y conexión que permiten las fascias. Este sistema fascial mantiene al sistema nervioso en constante conexión con todo el organismo, es decir, ayuda  junto con los nervios  a que todo el organismo esté interrelacionado.

Las fascias proveen de líquido lubricante a las diferentes estructuras con el fin de permitir el movimiento y la nutrición de tejidos y órganos.

En los tendones y ligamentos las fascias presentan características distintas, aunque comparten con la fascia general elementos como el colágeno, fibras elásticas y otras sustancias celulares. En estos componentes especializados de las fascias existen mecano receptor y propio receptores que envían información a la médula espinal y al cerebro sobre las posiciones corporales y los diferentes movimientos  que realizamos.

El tejido fascial también ayuda en la defensa del sistema inmunitario ante cualquier agresión, sea ésta por impacto, por disminución del aporte nutritivo o de oxígeno, por el aumento de gas carbónico y de desechos metabólicos, proliferación de microbios o por la irritación de los receptores nerviosos. En estos casos las fascias tienden a inflamarse,  enrojecerse, crear calor y producir dolor. Aquí tiene lugar un proceso automático de reparación y cicatrización basado en mecanismos complejos en los que el tejido fascial o conjuntivo juega un papel muy importante gracias entre otros al LCR que circula en su interior.

Las fascias son tejidos de protección y unión que envuelven a todos y cada uno de los órganos de nuestro cuerpo. Hacen posible que nuestra piel, músculos, huesos, todos nuestros órganos y diferentes sistemas permanezcan unidos ofreciendo un escudo de protección y lubricación. Los libros de medicina enumeran más de 100 tipos diferentes de fascias.

Las fascias son estructuras de energía Chi a las que se puede  fortalecer y conservar húmedas y flexibles cargándolas con grandes cantidades de energía. Son como finos  conductos de energía  que circulan por el cuerpo. Los canales y meridianos de energía de los órganos pasan por las fascias. Para mi entender las fascias son uno de los más importantes conductos físicos por donde la energía, el alma y el espíritu se mueven y habitan.

Cuando las fascias no tienen demasiada energía, se endurecen y vuelven frágiles. Cuando la persona pierde su energía o ésta no circula  bien (como en el caso de una cicatriz), el cuerpo se endurece y los movimientos pueden resultar dolorosos y poco armónicos. Sabemos que en la mayoría de los casos de cicatrización el tejido dañado no recupera su suavidad ni calidad original. Lo que predomina en estos casos es el tejido fibroso responsable del aspecto rígido denominado fibrosis. Además, esta cicatrización va acompañada por adherencias responsables de diversas patologías como son irritaciones, espasmos o fallos energéticos en dicha zona producidos por la falta de comunicación eléctrica entre las células del tejido fascial y sus alrededores, así como el acortamiento de tejidos (una operación donde hay cicatriz siempre tendrá estos inconvenientes). Como ya hemos dicho, en el proceso de cicatrización se produce un acortamiento del tejido fascial que tiende a compensar dicho acortamiento ocasionando un exceso de tensión en zonas distales que posiblemente cause dolor o malestar en algún otro punto del cuerpo.

Vemos pues que a través de las cadenas musculares o fasciales estas cicatrices pueden producir molestias en otras partes del cuerpo.

De igual manera, cuando una persona recibe un impacto en la cabeza su sistema fascial intenta que el cerebro quede lo menos dañado mediante ajustes elásticos. Intenta protegerle amortiguando dicho impacto como si fuera un muelle, es decir, absorbiendo los impulsos del golpe y re-dirigiéndolo hacia zonas menos importantes.

Es como echar una piedra en un estanque: las ondas circulares que se forman tras el impacto de la piedra en el agua son simplemente un sistema de amortiguación.

Este impacto se transmite por las fascias de las suturas craneales externas, las fascias internas, las fascias longitudinales y transversales y por los envoltorios musculares del cuello.

Aunque es difícil percibir este principio en el tejido fascial, es cierto que tras un traumatismo existe un movimiento dinámico del tejido fascial o aponeurótico ya que funciona como sistema protector amortiguando el impacto.

Las fascias se caracterizan por su continuidad de una zona a otra, recubriendo completamente todos y cada uno de nuestros elementos corporales y llegando incluso a todas las células del organismo en un sistema complejo pero unificado y unitario.

Al hablar de fascias hablamos de diferentes tejidos que tienen la misma función. Dependiendo de dónde se ubique la fascia, de dónde esté el tejido de relleno, recibirá un nombre u otro.

El tejido aponeurótico, el envoltorio que se encuentra entre músculo y músculo, es una fascia.

El hueso tiene su propio envoltorio, el periostio, otra fascia que protege y nutre al hueso.

Una arteria tiene diferentes hojas o túnicas que la envuelven y cuya función es la de proteger y nutrir, pues bien, esto también forma parte del tejido fascial.

El abdomen tiene varias capas de fascias, en realidad allí es donde se encuentra la mayor concentración de fascias del cuerpo de ahí la necesidad de mantener sano y energetizado todo el abdomen. En técnicas orientales y en artes marciales mantienen esta zona, el punto hara como el lugar donde almacenar la energía y donde sale el poder y fuerza descomunal que un practicante necesita sacar en un momento dado.

Mejorar nuestra energía equivale a mejorar nuestro sistema fascial, especialmente si tenemos en cuenta que las fascias son los distribuidores y almacenadores de la energía de nuestro cuerpo.

Las fascias sanas son como láminas tirantes de un material delgado y resistente que ofrece un escudo protector flexible. Fascias sanas son sinónimo de flexibilidad, de unidad estructural y de que disponemos de un cuerpo sano y vigoroso. Son ellas las responsables en gran medida de nuestro estado de salud y es ahora cuando nos estamos dando cuenta de la importancia de este tejido.

Como ya hemos dicho, la fascia posee una elasticidad y ésta le permite tanto mantener su forma como responder a la deformación.

La deformación elástica es la capacidad de la fascia para recuperar su forma original cuando ha desaparecido la carga.

Sin embargo, aunque la fascia tiene la capacidad de dar de sí cuando se la somete a una carga de estiramiento constante, si esta carga es grande y se aplica durante un periodo de tiempo prolongado, la fascia puede no ser capaz de recobrar su tamaño y formas originales pudiendo dar lugar a una deformación plástica y pérdida de energía. A éste fenómeno se le llama histéresis.

Tras la relajación que se acompaña a esta nueva adaptación del tejido estirado, éste recibe un desgaste y posteriormente dispone de menor resistencia a una segunda aplicación de carga. Éste fenómeno es de importancia clínica para el terapeuta cuando se observan los efectos del tejido conectivo o fascial provocados por lesiones agudas, micro-traumatismos repetitivos o debido a una tensión constante.

Siguiendo el principio de “dañar lo menos posible a lo más importante” y gracias a la inherente tendencia a la salud, supervivencia y conservación del cuerpo, este tejido siempre intentará alejar el trauma físico de las zonas más importantes.

 

 

EL TEJIDO FASCIAL ES RESISTENTE Y SENSIBLE A LA VEZ

 

Podemos decir que las fascias son resistentes a los traumatismos y realizan un papel de protección, pero sin embargo son sensibles a las energías de baja vibración o energías negativas. Este tejido se da cuenta de muchas cosas que nosotros no nos damos cuenta, de muchas energías que son o no son buenas para nuestro organismo. Este tejido tiene su propia inteligencia y memoria y si  ha sido dañado por ejemplo por los cafés o el alcohol, cuando queramos o tengamos intención de tomar algo de esto, el cuerpo entero se pondrá malo incluso antes de haber tomado nada. Es la sabiduría natural del cuerpo. El tejido fascial es extremadamente sensible a las influencias energéticas del entorno y del interior.

La fascia está hecha de colágeno, elastina y ácidos. Esta constitución la  convierte en una estructura elástica, dura y resistente.

El tejido conjuntivo tiene la capacidad de responder a influencias mecánicas o químicas realizando cambios en su estructura y forma.

Como ya hemos visto, una carga constante en el cuerpo hace que éste modifique su configuración para acomodar dicha carga y como consecuencia puede dejar rasgos permanentes en el cuerpo. Las experiencias traumáticas pueden provocar el acortamiento de un músculo y de sus fascias. Bajo tensión los músculos se contraen, pero si esta tensión persiste, el acortamiento se puede hacer permanente ya que la fascia empieza a unirse al músculo y a entremezclarse con éste en patrones de acortamiento. Esto hace que el músculo se endurezca causando al conjunto del cuerpo que se acople en una postura desviada o asimétrica.

Si las influencias externas dejan rasgos permanentes en la estructura del cuerpo, entonces deducimos que al realizar el proceso inverso devolveremos al organismo su estructura corporal correcta.

Veamos qué puede suceder tras un trauma físico o psíquico.

Un traumatismo físico puede ser una lesión o golpe tras un accidente de motociclismo o de cualquier otro deporte y un trauma psíquico puede ser el ocasionado por un miedo intenso o por el enorme sufrimiento por la pérdida de un ser querido.

Como consecuencia de un trauma lo normal es que la onda expansiva del tejido fascial adopte una dirección determinada para protegernos y aliviar el dolor y que luego vuelva a su posición inicial. No obstante, ocasionalmente en el proceso de retroceso las fibras no se alinean bien y se atascan. Debido a que las fascias están repartidas por todo el cuerpo de forma continua y a que los músculos se complementan y equilibran unos con otros, dicho traumatismo tensará y acortará el músculo en la zona local, pero de igual manera se producirá una tensión compensatoria en otra parte del cuerpo.

Al cabo de años o meses el sujeto puede tener problemas de pérdida de olfato, de oído, dolor de hombro, molestias en el cuello, en la cabeza, problemas respiratorios, fallo de memoria, etc. que difícilmente podremos asociar con algo que nos sucedió hace 3 ó 4 años.

Por supuesto el proceso de deterioro provocado por un traumatismo es reversible en la mayoría de los casos. El cuerpo se puede manipular y dirigir a una posición mejorada, ya que el cuerpo es maleable. Incluso los huesos están continuamente regenerándose y cambiando su estructura.

La energía del terapeuta cráneo-sacral calienta y libera las fascias de todo el cuerpo, ayudando al paciente a recobrar su mejoría.

Aquí prestaremos especial interés a la duramadre raquídea o médula espinal.

La médula espinal es fuerte y resistente así como rica en fibras de colágeno. Su débil rigidez proporciona cohesión entre las estructuras del cráneo internas y externas, la columna vertebral, el sacro y el cóccix.

Debido a tan estrecha vinculación entre estos componentes del cuerpo humano, un problema en el sacro repercute en la columna y en el cráneo, y viceversa.

Muchos problemas de origen psíquico, por no decir todos los problemas emocionales, mentales y sentimentales que a lo largo de la vida sufrimos, derivan en auténticos traumas que afectan a nuestras fascias.

Por ejemplo, situaciones emocionales traumáticas con los padres, con los hijos, con la pareja o cualquier otra relación, repercuten en la tensión de las fascias de todo nuestro organismo.

Es muy posible que una discusión, una pena o tristeza, un enfado, una depresión, una duda o incertidumbre, un no decir lo que uno quiere decir, o cualquier emoción negativa, pueda producirnos tensión en el tejido fascial y dolor en alguna parte del cuerpo.

Nuestras emociones entristecen nuestro cuerpo, alma y espíritu, y como el tejido fascial interconecta estos tres pilares del Ser, es de vital importancia el cuidado y relajación de este tejido tan especializado.

Es importante que seamos conscientes de que si nos vamos llenando de pequeñas capas de energía negativa o traumática sin aprender a liberarlas, al cabo del tiempo éstas se pueden convertir en una distorsión psicológica y finalmente materializarse en una lesión física. Sin embargo es muy posible que hasta que esto suceda continuemos viviendo sin apenas darnos cuenta, sin demasiadas molestias palpables. Quizá seamos un poco más infelices o tengamos cierta dosis de ansiedad hasta que estos estados “soportables” deriven en serios problemas, como por ejemplo en una esquizofrenia o un cáncer.

Hasta la fecha aún no se han efectuado estudios que relacionen la causa con el efecto, o lo que es lo mismo, lo psíquico-emocional con lo físico. Aunque sabido es por la comunidad científica que casi un 80% de las enfermedades actuales son de tipo psicosomático. VOLVER